Una cuestión de equilibrio

El segundo fin de semana de enero de 2026, en las señales públicas de Canal 11 y Canal 14, se debió transmitir una entrevista realizada por la escritora Sabina Berman al otrora producto banal de Televisa y ahora activista de ultraderecha, Eduardo Verástegui. Sin embargo, la defensoría de las audiencias revisó el contenido a petición de la producción de Canal 11, y determinó que no debía salir al aire, debido a las reivindicaciones ultraconservadoras de Verástegui, sus loas a Donald Trump, criminalización del aborto, calumnias a AMLO y Nicolás Maduro, entre otras barbaridades.

Entre los comunicadores que surgieron o tomaron notoriedad a partir del triunfo de AMLO, se apoyó la decisión de la defensoría de las audiencias, desestimando las acusaciones de censura por parte de Verástegui, quien aprovechó el incidente para victimizarse y repetir sus reivindicaciones ya sabidas, no solo en el espectro de los medios corporativos, sino también en espacios digitales relacionados con la izquierda. Sin querer, se le proporcionó una gira de medios gratuita en la que pudo mostrar sus ideas a las audiencias conservadoras y progresistas por igual. Tal vez quien se salvó fue un sector despolitizado que potencialmente podría haber visto la entrevista en la televisión pública.

La postura de los comunicadores “progres”, esos que no ocultan su gusto por el dinero y desde un pedestal se desmarcan de la 4T, como Julio “Astillero”, Álvaro Delgado y Alejandro Páez Varela; fue de también señalar el asunto como censura, incluso sentenciando que fue un acto de torpeza por parte del defensor de las audiencias, Lenin Martell, quien en la entrevista que le realizó Julio Hernández López, arguyó simplemente haber actuado en apego a la nueva ley de medios.

Algo en lo que esta última facción no reparó demasiado, fue un antecedente preocupante. En marzo de 2025 debía igualmente aparecer una entrevista de Berman a Silvana Rabinovich, académica y activista de izquierda. Rabinovich ha comentado en entrevistas recientes que Sabina simplemente la bloqueó y no pasó la entrevista, en la cual se vieron contrapuestas las posturas, antisionista de Silvana y sionista de Sabina.

Aunque ya muchos espacios se van abriendo, la verdad es que no solo lo que en el rubro llaman “talento”, sino que en general todo el aparato de producción de las televisoras, ya sean públicas o privadas, sigue siendo el mismo de siempre, y defiende igualmente los intereses de siempre. A lo mejor ha relajado sus políticas de contenidos en algunos asuntos, pero en otros, como en la aparición de discursos radicales, o de franco señalamiento al genocidio que Israel, como punta de lanza de los intereses conservadores occidentales comete en Gaza, simplemente se ven rebasados y optan por la censura.

Refrendo mi solidaridad con el pueblo Palestino y la hago extensiva a Silvana Rabinovich. Sin embargo, para el caso de Verástegui, habiéndolo pensado más en frío, considero que sería un retroceso volver a lo de siempre. Recordemos que por décadas tuvimos que tragarnos una industria cultural que cosificaba a las mujeres, estigmatizaba a la comunidad LGBT, ridiculizaba a los pobres, hacía uso faccioso del fervor religioso del pueblo para manipular, caricaturizaba a las personas con ideología de izquierda, disuadía a las masas de votar y en general manipulaba a favor de la facción conservadora y autoritaria.

Muchos exponentes del conservadurismo han pisado foros de televisión pública y privada, y algunos aún siguen, mientras que otros ya solo caben en los medios digitales, y otros ya no viven. A saber: Alejandro Villalbazo, Jesús Silva-Herzog Márquez, María Amparo Casar, Brozo, Esteban Arce, Ciro Gómez Leyva, Joaquín López-Dóriga, Raúl Velasco, Jacobo Zabludovsky, Pedro Ferriz de Con, Adal Ramones, Fernando del Rincón, Pablo Hiriart; solo por mencionar a algunos. Y aunque algunos dicen que la televisión agoniza, tal vez deberíamos dejarla morir de muerte natural, con dignidad, y ya no como un aparato de propaganda.

Después de tantos años de contenidos y personajes conservadores, solo por equilibrar un poco las cosas, es mejor que las ideas de derecha radical se queden en redes y no vuelvan a la televisión. En ámbitos más interactivos, nos tocará seguirlas combatiendo.

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