Las críticas se desvanecen

Desde hace siete años puede observarse que las críticas de conservadores hacia la 4T son cada día más insulsas.
Los cuestionamientos estructurales pasaron de ser coyunturales y luego fueron frívolos hasta convertirse en ridículas observaciones sobre una interpretación subjetiva de “Los vio feo la presidenta”, “Estaba enojado el senador”, tenía cara de culpable el secretario,” no le quiso dar la mano al comandante”, etc.

Luego de la VII Sesión Ordinaria del Consejo Nacional, se buscó desesperadamente una rendija desde donde pudiera observarse una división digna de tomarse como escisión; sin embargo, no la encontraron, a pesar de anuncios de comentócratas que pronosticaban lo peor en esa reunión. Todo ahí fue aprobado por unanimidad, como muestra de unidad.

Un rumorólogo que deja su piel de comentócrata, García Soto, había previsto el derrocamiento de Luisa María Alcalde, de la presidencia del partido, quien según su imaginación, sería sustituida por Citlali Hernández. Días antes había anunciado la salida de Rosa Isela Rodríguez de Gobernación, y señaló a Sergio Salomón Céspedes, como sucesor.

La derecha advierte que sus argumentos contra el gobierno pierden fuerza no sólo por intrascendentes sino por repetitivos y se ven en la necesidad de inventar. En este intento por ser audaces y recuperar credibilidad frente a un público que se le escurre de las manos a los medios convencionales.

Las mentiras acaban por descubrirse, a veces muy tarde ante el sabotaje de los medios, otras casi de inmediato. Los personajes que los crean siguen apareciendo en las pantallas sin el menor sonrojo, que es lo que más sorprende esta manera de practicar una comunicación basura.

Ante esta necesidad de sobrevivencia surge otro remedo de periodismo, a la usanza de la derecha que tiene en sus manos esos medios y nada menos que el chileno Jorge Fernández Menéndez, da a conocer una noticia falsa, sobre el estado de salud del ex presidente, a quien ubica en el hospital militar, casi agonizando.

La intención no es nueva ni la práctica reciente. Así, con este tipo de avisos repentinos y movimientos extraños, el periodismo en México se fortaleció como empresa, pero no como instituciones informativas.

En ese espectro noticioso, la condena fue inmediatamente contra su hijo Andrés Manuel López Beltrán, a quien vieron comer en una taquería de la colonia Roma.

Los medios señalaban la falta de sensibilidad de López Beltrán, por estar tranquilamente comiendo mientras su padre agonizaba.

Todo un acontecimiento que debería quedar en la memoria de los mexicanos, pero este tipo de difusión trata de ocultarse. Se difunde el rumor, pero el desmentido se desvanece entre los rincones de los medios, para que nadie se dé cuenta de algo que todos saben: los medios convencionales mienten.

Si un médico se equivoca, se le retira la licencia, se le juzga y a veces llega a purgar penas corporales. Pero la impunidad en el periodismo es un alarde de prepotencia, complicidad practicada sin piedad todos los días contra sus consumidores.

Porque no engañan a los informados, sino a una clase acostumbrada a creer ciegamente en lo que dicen los medios convencionales. Medios que han quedado en el pasado por sus excesos y no por las nuevas tecnologías.

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