Quienes detentaron el poder en el pasado no se adaptan a ser minoría y siguen intentando engañar a los mexicanos diciendo que son millones. La fuerza de los partidos la otorgan los votos, la solidez de los medios la determina el público y de las asociaciones, el número de miembros.
El PAN, por ejemplo, que hace todavía algunos meses era la segunda fuerza electoral del país, no rebasa los 20 militantes que dan la cara a los medios a declarar sus críticas contra acciones de gobierno, decisiones nombramientos sin trascendencia, pero aquí lo importante no es lo que digan sino los espacios que ocupan, sobre todo, dentro de los noticieros de los medios tradicionales que tampoco se resignan reconocer que cada día tienen menos público.
Desde meses atrás, los cuestionamientos de los líderes y personajes del PRIAN y MC se han limitado a criticas sin sentido. Cuestionaron el mundial futbol a cuya inauguración finalmente asistieron; también las obras de cuya comodidad disfrutaron, y en medio de aparentes contradicciones sólo queda el eco de la desinformación en el ambiente político. Surge la duda la causa real por la que asistieron al estadio.
El caso es emerger del anonimato de una reducida militancia para dar la impresión de que son muchos. Esta vez de la oscuridad del PAN surge la figura de una diputada federal del PAN, de los 72 que son para señalar que Laura Itzel Castillo, carece de experiencia, como titular de la Secretaría de Mujeres. Ningún cargo público ocupado por panistas tuvo un titular con experiencia, y los resultados lo comprueban. La experiencia no sólo son años acumulados en la misma actividad sino conocimiento.
El PAN ha mostrado que tiene mucha gente que ocupa las plurinominales desde hace muchos años y no por ello conocen el cargo. Uno d }e esos casos es el de la actual presidenta de la mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Kenia López Rabadán, cuyos errores, han mostrado innumerables veces.
Los gobiernos del PAN no están fuera de las críticas, el discurso de su actual y anterior líderes, nacionales, tienen fallas imperdonables, producto de la ignorancia y la falta de ejercicio político, pero ahora salen en defensa de la experiencia previa en cargos.
Esto por desgracia para México, también afecta a los medios, los cuales, antes de aceptar su poca audiencia, responsabilizan al gobierno de cooptar la libertad de expresión, porque son incapaces de aceptar que su estilo de ofrecer información no solo es viejo sino falso. Atribuyen su falta de credibilidad a una censura inexistente y piden apoyo económico a su público que es cada vez más reducido.
Hay medios que se autodenominan disidentes, más cercanos a la comedia que a la verdad, cuyos directivos aseguran que el gobierno presionó a los empresarios para no anunciarse con ellos, cuando lo que sucede es que a nadie les conviene comprar espacios en medios que nadie ve.
Los partidos de oposición sin votos y los medios sin auditorio, tienen la costumbre de anunciar millones de mexicanos como apoyo sin tenerlo, y sobre esa representación inexistente intentan hacer valer sus juicios sobre la realidad del país.
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