Solos, tristes y enredados

Estudios y encuestas robustas y a largo plazo muestran que, desde 2010, la salud mental y el bienestar autorreportado de los adolescentes y jóvenes han empeorado de manera importante en muchos países occidentales. O sea, es una tendencia que se reporta desde antes de la pandemia. “Por ejemplo, entre 2015 y 2018, la satisfacción vital de los jóvenes de 15 años cayó casi universalmente, de acuerdo con datos del Programa para la Evaluación de Estudiantes Internacionales (PISA). De 47 países con datos, 40 mostraron una caída estadísticamente significativa, 6 un resultado no significativo y apenas en uno —Corea del Sur— se dio un aumento significativo. Estas caídas fueron fuertes y universales, tanto para mujeres como para hombres. Además, la misma fuente indica que la soledad escolar entre adolescentes aumentó casi universalmente entre 2012 y 2018 (aumentos en 34 de 35 países). Cada vez más conectados y cada vez más solos.

En Norteamérica y Europa occidental, los jóvenes declaran sentirse mucho menos felices que hace 15 años, según se lee en el World Happiness Report 2026. Este declive coincide con el fuerte aumento en el uso de redes sociales. Muchos analistas atribuyen esta caída en la felicidad a dicha práctica.

Algunos estudios revelan que más de 7 horas diarias de uso de redes sociales se correlacionan directamente con menor bienestar, especialmente en el caso de mujeres jóvenes de Europa Occidental y plataformas con feeds algorítmicos o influencers. Fuera del mundo anglosajón, los vínculos son más positivos o neutros. El informe concluye que el uso intensivo contribuye parcialmente al declive en esas regiones.

En las universidades norteamericanas, la mayoría de los estudiantes desearía que las redes no existieran, ¡y sin embargo las usan… porque todos lo hacen! Fuera del mundo angloparlante y Europa del oeste, también ocurre lo mismo, aunque dependiendo de la app: en Latinoamérica, las de feeds algorítmicos e influencers impactan negativamente la satisfacción vital, aunque no pasa lo mismo con las aplicaciones de chat. En Medio Oriente y Norte de África, aunque la felicidad no cayó pese al uso intenso de redes sociales, se reporta más depresión y estrés por scroll pasivo, visual y de comparación con influencers. Quienes pasan mucho tiempo en las redes sociales arriesgan su equilibrio emocional. Si bien las redes no explican totalmente el abatimiento anímico que cunde por el continente, sí conforman una parte muy relevante del fenómeno.

Los países nórdicos siguen lidereando el ranking de felicidad mundial. Finlandia se mantiene imbatible en el primer lugar, seguida por Islandia, Dinamarca y Costa Rica (el mejor puesto histórico de un latinoamericano, en cuarto). Suecia, Noruega, Países Bajos, Israel, Luxemburgo y Suiza cierran el top 10. Claro, Uno de estos diez países seguramente no aparecerá entre los más felices en el próximo reporte, y no me refiero ni al americano ni a los europeos.

De 2006-2010 a 2023-2025, entre 136 evaluados, casi el doble de países (79) subieron su felicidad respecto a los que bajaron (41). Los mayores avances (+1 punto o más en escala 0-10) están en Europa Central y del Este; las peores caídas (-1 punto o más) en zonas de conflicto. El reporte indica que, en general, la mayoría de los países industriales occidentales están ahora menos felices que hace 15 años. Quince de ellos han tenido bajadas importantes, mientras que solo cuatro han subido de forma significativa.

Los países industriales occidentales en general están menos felices que antes: 15 bajaron significativamente, solo 4 subieron. Entre menores de 25 años, Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda rankean bajísimo (122-133 de 136). El bienestar juvenil 8cayó en Nueva Zelanda y Europa Occidental, tanto en absoluto como comparado con adultos; en las otras 8 regiones globales (90% de la población), los jóvenes están mejor ahora que hace 15-20 años.

Las emociones negativas se están volviendo más comunes en todas las regiones del mundo. En Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda aumentó significativamente la tristeza en comparación con otras zonas. La preocupación creció más entre los jóvenes en general, mientras que la ira bajó en todas partes, tanto para jóvenes como para mayores.

El World Happiness Report 2026 señala claramente algo una correlación sencilla: la satisfacción vital es mayor con poco uso de redes sociales y baja cuando se usan mucho, según datos PISA de estudiantes de 15 años en 47 países. Las actividades en internet se dividen en dos: comunicación, noticias, aprendizaje y creación de contenido suben la felicidad; redes sociales, juegos y navegación por diversión la bajan.

Otra obviedad que la estadística ayuda a respaldar: considerando sus efectos en la felicidad, en internet hay dos bandos claros: actividades que suman puntos: charlar y conectarse con otros, leer noticias útiles, aprender cosas nuevas y crear contenido propio; actividades que restan puntos (y muchos): redes sociales, videojuegos, scrollear por hastío sin rumbo… Simple: crear levanta, perder el tiempo hunde.

Claro, todas las actividades en internet perjudican la satisfacción si se usan en exceso. De hecho, eso mismo pasa en la vida en línea y en la vida real. Nada nuevo: la idea de que el veneno está en la dosis, o más precisamente de que la dosis hace el veneno, se atribuye a Paracelso, el médico, alquimista y filósofo suizo del siglo XVI (1493-1541), cuyo nombre real era Theophrastus Bombastus von Hohenheim. Su axioma original era algo así como: “Todo es veneno, nada es veneno; sólo la dosis hace que una cosa sea veneno”. Es un principio fundamental de la toxicología moderna… y debería ser parte de nuestras brújulas para navegar el día a día, porque, como bien lo dicta el sentido común, incluso lo bueno en demasía… harta.

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