En política no existen las casualidades como bien dice el dicho. En MORENA lo que existen son los errores sistemáticos, las omisiones calculadas y las decisiones que tarde o temprano terminan pasando factura. De hecho, parece absurdo que hoy Mario Delgado Carrillo salga a defender la “fortaleza” de ese partido frente a diversas acusaciones, sin asumir su responsabilidad política de muchas de las candidaturas que él mismo impulsó, negoció, avaló o permitió mientras dirigió al partido.
Partamos de una realidad: el verdadero problema no comenzó con las acusaciones (vengan de donde vengan) sino que comenzó cuando Morena dejó de revisar trayectorias políticas y empezó a medir únicamente rentabilidad electoral pues esto, por más que se señaló en su momento, desdibujó la frontera entre movimiento y maquinaria. Luego entonces, no es para nada casualidad pues ahí comenzó el pragmatismo que hoy tiene al partido atrapado entre la defensa institucional y el desgaste moral que realmente existe por más que alguien lo quiera negar.
Hay que echar un vistazo a la historia: durante años se dijo que ganar elecciones justificaba cualquier incorporación y, bajo esa lógica, Mario Delgado abrió las puertas de par en par a expriistas, expanistas, ex perredistas, grupos regionales de dudosa reputación y operadores cuya única línea ideológica era la del control territorial y todo bajo el argumento de que “había que construir mayoría”. El problema, y lo que Delgado no quiso asumir es que las mayorías sin filtros terminan convirtiéndose en estructuras sin identidad.
Ahora bien, no se puede hablar de “fortaleza” partidista cuando buena parte de las crisis actuales tienen origen precisamente en su intervención directa en los mecanismos de selección de candidaturas implementados más allá de lo establecido estatutariamente. Es cierto que hay quienes tienen un control territorial lo que no se traduce en automático como garantía ética. ¿De dónde pasan a creer que el posicionamiento mediático o la estructura electoral eran garantes de identidad con el proyecto de nación?
Y ya hablando de esas, el caso de Rubén Rocha Moya, con todo y que en este país se reivindica la presunción de inocencia, no sólo golpea a Morena por las acusaciones provenientes de Estados Unidos, que por cierto son por demás cuestionables y corresponden a una lógica por todos sabida; golpea sobre todo porque revive una discusión que dentro del propio movimiento muchos quisieron evitar: ¿quién decidió las candidaturas?, ¿bajo qué criterios?, ¿quién asumirá el costo político cuando esos perfiles terminan convertidos en pasivos para el movimiento?. Aquí vale decir algo importante: una cosa es rechazar cualquier intento de injerencia extranjera y exigir pruebas contundentes como lo ha hecho de manera contundente la presidenta de la república, y otra muy distinta es cerrar los ojos frente a los errores internos que Morena viene arrastrando desde hace algunos años. Insisto: se privilegia la presunción de la inocencia, pero eso no deja de lado los errores.
Hay que señalarlo con toda claridad por más que incomode. Es cierto que la crítica de la oposición no es otra cosa que ponerse de tapete, pero para MORENA, la autocrítica es indispensable como lo es para cualquier movimiento que aspire a mantenerse vivo. De lo contrario, se corre el riesgo de convertirse exactamente en aquello que se prometió combatir: un partido donde los grupos de poder pesan más que los principios. Lo anterior explica parte de la contradicción actual y el atinado cambio de dirigencia morenista: mientras la presidenta Claudia Sheinbaum construye una narrativa de institucionalidad, disciplina y continuidad con legitimidad democrática, no dejan de existir dentro del movimiento inercias heredadas de una etapa donde lo urgente era ganar elecciones a cualquier costo.
Pero bueno, con todo y eso, Morena sigue siendo una fuerza política profundamente respaldada por millones de mexicanos y bajo esa lógica, Ariadna Montiel debe entender que su mayor amenaza no viene desde Washington y menos de la raquítica oposición tradicional, sino desde adentro.
Luis Tovar
Secretario General de la Fundación para la Defensa del Medio Ambiente. FUDEMAH
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