Intemperie espiritual / Magnifica Humanitas I

Míster Robert Francis Prevost, septuagenario oriundo de Chicago, Illinois, y mejor como León XIV, publicó su primera encíclica el pasado 25 de mayo de 2026. El documento se titulada Magnifica Humanitas y fue firmado por el Romanus Pontifex estadounidense-peruano originalmente el 15 de mayo de 2026 —coincidiendo con el 135º aniversario de la histórica Rerum novarum de León XIII—. El eje central de la encíclica es la preservación de la persona humana en la era de la inteligencia artificial. El borrador original fue redactado en inglés —posteriormente, el texto fue revisado por especialistas de la Santa Sede para su traducción oficial a otros idiomas (español, italiano, alemán, francés, polaco, portugués y árabe) y para la elaboración de la versión final en latín—. El texto es muy extenso para una encíclica; tiene casi 42 mil palabras, unas 200 páginas.

Magnifica Humanitas está organizada en una introducción, cinco capítulos temáticos y una conclusión, siguiendo un hilo conductor que va desde el diagnóstico de la realidad actual hasta la propuesta de una “nueva ecología humana” digital.

León XIV plantea en la Introducción que no estamos viviendo una época de cambios, sino un cambio de época. Define el contexto actual como una “fractura antropológica” provocada por la aceleración tecnológica. No me parece que exagere.

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De entrada, conviene decir que la Introducción de la encíclica se titulada “El umbral de una nueva era”, es decir, el tono es esperanzador: se refiere no al fin de una época sino al inicio de otra. Con todo, el Papa establece el tono de urgencia que marcará el resto del documento. A diferencia de las encíclicas tradicionales, que suelen comenzar con una exposición histórica o una referencia exegética pausada, este texto se abre con una estocada directa al corazón de la modernidad tecnológica. El sucesor de San Pedro argumenta que la humanidad se encuentra en un momento de “fractura antropológica”, un concepto que utiliza para describir no sólo una transformación técnica, sino una mutación en la forma en que el ser humano se percibe a sí mismo, a su prójimo y a la realidad trascendente. 

En este umbral, el Papa plantea que la aceleración tecnológica no es un proceso neutral ni se limita a meras herramientas de progreso.; argumenta que se trata de una fuerza que ha alterado la arquitectura fundamental de la convivencia entre la gente. La tesis central que recorre estas páginas introductorias es que hemos confundido la acumulación de información con la sabiduría, y la velocidad de procesamiento con la profundidad del pensamiento. Al respecto, León XIV es incisivo: “Hemos construido torres de silicio que, a fuerza de querer tocar el cielo de la omnisciencia, han terminado por sepultar nuestra capacidad de mirar a los ojos a nuestro hermano, confundiendo la verdad con la coincidencia estadística”. Esta cita encapsula el núcleo del malestar que el Papa identifica: la reducción del misterio humano a un conjunto de puntos de datos que pueden ser procesados, vendidos y manipulados. La verdad, coincido, difícilmente cae en el promedio.

Para el máximo jerarca de los católicos, nuestro tiempo no debe ser visto simplemente como una era de cambios, sino como un verdadero cambio de época. La diferencia es fundamental: en un cambio de época, las estructuras de pensamiento que daban sentido a la existencia se desmoronan cuando las nuevas no han terminado de cristalizar, dejando al individuo en una intemperie espiritual. El Papa observa cómo la inmersión constante en entornos digitales ha creado una especie de “desierto interior”. La tecnología, lejos de liberarnos de las cargas mundanas, nos ha encadenado a una inmediatez asfixiante donde el silencio —entendido no como ausencia de ruido, sino como espacio para el encuentro consigo mismo— se ha vuelto un artículo de lujo. El Papa advierte: “La prisa algorítmica es la nueva forma de opresión. Mientras nos venden la ilusión de que todo está al alcance de un clic, nos están sustrayendo, de manera solapada, el derecho inalienable a la duda, al error y a la lentitud que requiere el amor”.

A lo largo de esta introducción, León XIV desmantela la narrativa predominante que presenta a la Inteligencia Artificial como un ente imparcial. Por el contrario, sostiene que los algoritmos son, en esencia, “cargados de intenciones” y sesgos que responden a las agendas de poder de quienes poseen la infraestructura de datos. El Papa señala que esta concentración de poder es un riesgo para la democracia y la paz social, llamando a los gobernantes a no abdicar de su responsabilidad ante las corporaciones tecnológicas. El texto subraya que el diseño de los sistemas digitales actuales, orientados a la optimización del beneficio y la retención de la atención, es fundamentalmente incompatible con la dignidad humana si no se impone una ética superior. En palabras del pontífice: “No podemos aceptar que el futuro del hombre sea una variable de un modelo predictivo. La libertad no es un error de sistema que debe ser corregido mediante una optimización algorítmica, sino la condición sagrada bajo la cual el ser humano responde a la llamada de su Creador”.

Finalmente, el Papa concluye la Introducción de su encíclica con una invitación que resuena con un tono profético. Reconoce la utilidad técnica de los avances, pero insiste en la necesidad de una “pedagogía de la resistencia”. No propone una huida del mundo ni una condena apocalíptica, sino una reorientación radical de nuestra mirada. La encíclica, por lo tanto, no se presenta como un tratado técnico para especialistas; pretende más bien ser un manifiesto de supervivencia para la humanidad. El Papa insta a los lectores a abandonar la lógica del “dataismo” y a recuperar la capacidad de asombro, la única herramienta capaz de distinguir lo auténticamente humano de la simulación. En el párrafo final de esta sección introductoria, León XIV lanza su exhortación más desafiante: “Es momento de detener la marcha frenética de nuestra autoproclamada omnipotencia tecnológica para preguntarnos, en el silencio del desierto de datos, si todavía sabemos qué significa ser, simplemente, un ser humano en presencia de otro ser humano”. 

@gcastroibarra

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