Cada día se acerca más la época electoral y los golpes políticos vienen más duros. La pequeña oposición no quiere dejar escapar ningún detalle, ninguna acusación y, muchas veces, ni siquiera distingue entre hechos y versiones, con tal de intentar dañar la imagen de quienes hoy gobiernan México y mantienen la mayoría política en el país.
Y es ahí donde vale la pena detenerse un momento y hacer algo que pocas veces hacen quienes viven del escándalo mediático: revisar números, revisar obras, revisar resultados y preguntarnos con honestidad qué país queremos construir.
Porque más allá del ruido político, la realidad es que México vive una etapa de transformación social profunda que no puede negarse únicamente desde la narrativa del ataque permanente.
Hoy los Programas del Bienestar alcanzan a decenas de millones de mexicanos. Tan solo la Pensión para Adultos Mayores continúa creciendo como uno de los programas sociales más grandes del continente, mientras el Gobierno federal proyecta superar los 42 millones de beneficiarios de programas sociales en 2026.
Eso significa algo muy simple: millones de familias que antes no recibían absolutamente nada del gobierno hoy tienen un apoyo directo que les ayuda a pagar comida, medicamentos, consultas médicas, útiles escolares o simplemente sobrevivir en tiempos económicamente difíciles.
Y aunque algunos sectores se burlen de ello desde estudios de televisión o redes sociales, para una madre soltera, un adulto mayor o una familia de escasos recursos, ese apoyo puede representar la diferencia entre comer o no comer.
Mientras tanto, el sistema de salud mexicano también atraviesa una de las transformaciones más ambiciosas de las últimas décadas. La presidenta Claudia Sheinbaum anunció recientemente la creación del Servicio Universal de Salud, que integrará al IMSS, ISSSTE e IMSS-Bienestar para permitir que cualquier mexicano pueda recibir atención médica independientemente de su afiliación.
Y sinceramente, eso no es poca cosa
La idea de que cualquier ciudadano pueda acudir a un hospital y ser atendido sin la angustia de “¿tengo seguro o no tengo seguro?” es una visión que históricamente solamente se veía en países desarrollados.
Claro, faltan medicamentos, faltan especialistas, faltan muchas cosas todavía. Nadie serio puede negar que el sistema de salud mexicano tiene enormes retos acumulados durante décadas. Pero también sería injusto negar que existe una inversión histórica en infraestructura hospitalaria.
Tan solo para este año se anunció la construcción de 24 nuevos hospitales en el país, además de miles de millones de pesos destinados a equipamiento médico de alta tecnología.
El propio IMSS informó que durante los gobiernos de la llamada Cuarta Transformación se duplicará la creación de camas hospitalarias en comparación con los últimos seis sexenios anteriores: más de 10 mil nuevas camas frente a apenas 4 mil 300 construidas durante 36 años previos.
También se encuentran en proceso nuevas clínicas, hospitales regionales y programas como “La Clínica es Nuestra”, enfocados en mejorar unidades médicas rurales y urbanas marginadas.
Pero curiosamente, muchos de los comunicadores que todos los días hablan de tragedias, escándalos y ataques políticos, rara vez presentan estas noticias con el mismo entusiasmo.
¿Por qué no vemos grandes mesas de análisis celebrando que millones de personas podrían acceder a atención médica universal?
¿Por qué no escuchamos a ciertos periodistas de oposición hablar con bombo y platillo sobre nuevos hospitales, carreteras, programas sociales o inversiones industriales?
Porque la crítica muchas veces dejó de ser una herramienta democrática para convertirse en una industria política.
Y no, no se trata de decir que todo está perfecto. México sigue enfrentando enormes desafíos: inseguridad, corrupción, burocracia, violencia y desigualdad. Pero también debemos reconocer que el país no puede seguir viviendo atrapado en la nostalgia de los gobiernos del pasado.
¿De verdad queremos regresar a aquellos tiempos donde el presidencialismo se medía por el tamaño del avión presidencial, los lujos del poder y las giras internacionales millonarias?
¿Queremos volver a la época donde mientras el gobierno viajaba en medio del exceso, millones de mexicanos no tenían acceso a una clínica, una beca o una pensión?
Porque esa también es memoria histórica
Hubo años donde los viajes presidenciales costaban lo equivalente a construir escuelas, clínicas y carreteras. Años donde el poder político parecía vivir completamente separado de la realidad cotidiana del pueblo.
Hoy México vive otro momento político. Uno imperfecto, sí. Pero también uno donde los sectores históricamente olvidados finalmente aparecen en la conversación nacional.
Y mientras la oposición concentra buena parte de su estrategia en destruir narrativas, millones de mexicanos siguen recibiendo apoyos, siguen viendo obras públicas, siguen observando nuevos hospitales y siguen esperando que las cosas continúen mejorando.
México es un gran país
Un país que ha sobrevivido a errores históricos, crisis económicas, corrupción, violencia y gobiernos de todos los colores.
Y quizás precisamente por eso hoy muchos mexicanos prefieren apostar por seguir avanzando, aun con dificultades, antes que regresar a modelos que durante décadas prometieron modernidad mientras millones permanecían abandonados.
Las campañas seguirán subiendo de tono. Las acusaciones seguirán creciendo. Las redes sociales seguirán incendiándose todos los días.
Pero al final, como siempre sucede en democracia, será la propia gente quien decida qué camino quiere tomar para el futuro del país.
Hacemos comunicación al servicio de la Nación y si así no lo hiciéramos, que el chat nos lo demande.

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