Decenas de miles de personas tomaron las calles de la ciudad suiza para rechazar la cumbre de los países más poderosos del mundo. La jornada terminó con enfrentamientos, autos en llamas y gases lacrimógenos.
El centro de Ginebra amaneció este 14 de junio blindado. Mil 500 policías tomaron posiciones en cada esquina del recorrido autorizado. Las vitrinas de las tiendas llevaban días cubiertas con tablones de madera. La ciudad sabía lo que se venía.
Decenas de miles de personas marcharon ese día contra la cumbre del G7, que arranca este lunes en Évian-les-Bains, a menos de 60 kilómetros de Ginebra. Era la única protesta que las autoridades permitieron: Francia se negó a autorizar cualquier manifestación en su territorio, especialmente en la zona donde se celebra la reunión de tres días.
La marcha comenzó con consignas. Los manifestantes coreaban “El mundo entero odia al G7” y alzaban pancartas en apoyo a Cuba y Palestina. Una manifestación feminista se sumó al contingente desde el inicio, lo que amplió la convocatoria y diversificó los mensajes.
La tensión escaló conforme avanzó la tarde. Grupos de jóvenes con el rostro cubierto intentaron romper el cerco policial en varios puntos de la ruta. Lanzaron botellas contra los agentes e incendiaron vehículos estacionados. La policía respondió con gases lacrimógenos y potentes chorros de agua. Los gases afectaron también a los marchantes pacíficos y a los civiles que fungían como cordón de orden dentro de la manifestación.
En Ginebra aún persiste el recuerdo de la violenta marcha contra el G8 de 2003, que también se realizó en Évian. Ese año, los destrozos en la ciudad suiza fueron cuantiosos. Más de dos décadas después, la historia se repitió.
La cumbre de este año reúne a los líderes de Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Reino Unido, Estados Unidos y la Unión Europea, con países invitados como Brasil, India, Kenia, Corea del Sur y Siria.


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