Cuando a la “oposición” la patria les queda grande y Washington les queda cerca

Hay algo que seguramente les quita el sueño a algunos políticos priistas, panistas y demás personajes que han decidido hacer de la política un negocio y esto es su propia conciencia.

Porque una cosa es ser oposición, criticar al gobierno, cuestionar decisiones, exigir resultados y hasta rasgarse las vestiduras, que para eso hoy por hoy existe la democracia. Pero otra muy distinta es cruzar la frontera de la dignidad nacional y comenzar a pedir, y promover la intervención de Estados Unidos en México.

Algunos personajes del PRI y del PAN parecen haber olvidado algo elemental, México no es una empresa que se entrega al mejor postor, ni un tablero donde Washington mueve las piezas a conveniencia. México es una nación construida con el trabajo, los sueños y los sacrificios de millones de mexicanas y mexicanos.

Mi pregunta es inevitable, ¿hasta dónde están dispuestos a llegar para recuperar el poder?

Porque cuando la ambición política comienza a pesar más que la soberanía, ya no estamos hablando simplemente de oposición, estamos hablando de una profunda crisis de conciencia y de una peligrosa renuncia a la dignidad nacional.

Y conviene poner las cosas en su lugar, una cosa es la cooperación internacional y otra muy distinta entregar la decisión sobre nuestro destino.

¿De verdad alguien cree que Estados Unidos intervendría en México por puro amor a los mexicanos? ¿Qué llegarían con una cobija, una taza de café, y buenas intenciones? Por favor.

Los mexicanos sabemos que las potencias no cruzan fronteras por filantropía. Detrás de cualquier intervención existen intereses, recursos, territorio, geopolítica y poder. Y aquí es donde la conciencia debería hacer su trabajo.

Porque un político puede perder una elección, puede perder una candidatura, puede perder una curul, una dirigencia o un cargo público. Pero no debería estar dispuesto a perder la soberanía de nuestra patria para recuperarlos.

Y si para volver al poder necesitan que otro país venga a resolverles lo que no pudieron resolver en las urnas, quizá el problema no sea México.

Quizá el problema sea que la patria les quedó grande y Washington les quedó demasiado cerca.

Y que quede claro, defender la soberanía no significa cerrar los ojos ante los problemas de México, significa entender que los problemas de México los debemos resolver los mexicanos, con instituciones, democracia, diálogo, justicia y participación ciudadana.

Porque los gobiernos pasan, los partidos cambian, los políticos se van, pero México se queda. Y no piensen que la historia no toma nota, porque los mexicanos podemos olvidar muchas cosas, una promesa de campaña, un discurso, hasta la politiquería barata, lo que difícilmente olvidamos es quién estuvo dispuesto a poner a México en manos de otros por recuperar el poder.

Les mando un abrazo fraterno.

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