Nadie imaginó que Morena fuera tan frágil ante la invitación a la autocrítica. Sus mecanismos de defensa son todavía primitivos, porque considera que cualquier cuestionamiento es una trampa o una incursión con el contrincante.
Los extravagantes resultados de la elección de coordinadores en defensa de la Transformación.
Si todavía no identifican la autocrítica del sabotaje del contrincante, los cuestionamientos internos no representan ataques del enemigo sino una manera de mejorar lo que es perfectible.
La condición de Morena le permite tener este tipo de descalabros sin dañar la estructura del partido, su número de militantes y permanente trabajo con la gene le fortalece. Por otro lado, se trata de un tema en el que la oposición no puede utilizar como insumo a sus críticas.
Esto deben tenerlo muy presente las integrantes de la cúpula morenista, porque los procesos internos de selección de candidatos en cualquier partido de oposición, simplemente no existen, nada pueden criticar en ese sentido; sin embargo, la falta de autocrítica convirtió a los dirigentes del partido en un atentado a la legalidad, porque quienes protestaron por los resultados ilógicos y poco coherentes en la selección de precandidatos no fue la oposición ni la filtración del enemigo en las críticas mediáticas sino de morenistas convencidos de que las cosas no se hicieron como debían.
Esto tuvo una reacción inmediata, nunca nadie se ocultó para poner en duda los resultados, las expresiones fueron directas y abiertas, las reacciones en los medios fueron firmadas por sus autores y los reclamos de frente.
El viejo esquema de que si no estás conmigo estás contra mí, no cabe en la autocrítica y menos en el cuestionamiento interno. Morena está acostumbrado como partido a no tener críticas internas, esto sí debilita al movimiento y muestra que no está preparado para un sinnúmero de conflictos.
Donde hay traición, filtración de datos, intromisión de acciones como el caso de Ricardo Monreal no lo ven como un factor que afecte la estructura del partido, pero sí consideran que cuestionar lo que carece de lógica tiene una carga de la oposición.
La autocrítica debe ser bienvenida y la traición expulsada.
Morena y su cúpula ha tenido la suerte de caminar sin tropiezos importantes en su interior, prácticamente desde su nacimiento. Todo fue trabajo y pelear contra una oposición de juguete.
Esto es lo preocupante, porque el día que Morena tenga frente a sí una oposición real, pensante, con ideas y propuestas no resistirá el embate. La primera batalla para la fortaleza y consolidación de un proyecto político es la autocrítica, más aún en la izquierda.
Desde 2018 Morena ha concursado en las elecciones sin oposición. Aparece en los votos únicamente como referencia pero no como contrapeso. Consolida pero no de manera hegemónica, imaginemos escenarios con una oposición ilustrada, consciente de su papel, con vinculación social, informada y con estudios serios.
Desde luego una oposición así no surge de la noche a la mañana ni nace de la nada como partido nuevo, ante el panorama actual dicha escisión surgiría de las filas de Morena, hasta convertirse en competencia seria.
Este es el momento para abrirse a la autocrítica sin afectar la estructura del partido, rectificar los errores luego de reconocerlos y señalar a los verdaderos traidores.
Hacemos comunicación al servicio de la Nación y si así no lo hiciéramos, que el chat nos lo demande.

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