Si Benito Juárez sólo hubiera acuñado su fase célebre, sin mayores logros patrióticos, su lugar en la historia no existiría. No puede trascender el tiempo una simple frase sin más peso político que un discurso al que se le adjudican todos los méritos existentes, sólo porque el orador fue asesinado
El homicidio convirtió a Luis Donaldo Colosio Murrieta en un mártir del PRI, y los medios extendieron una admiración partidista a un culto artificial para un parte de la sociedad, totalmente desinformada. Aquí se ubica la necrofilia y la necesidad de mitos.
Colosio no fue un teórico de la política, ni un analista de la realidad del país, mucho menos aportó algo a México, simplemente dejó de existir injustamente para que fuera imposible comprobarse sus posibles méritos, supuestos y especulaciones.
Ni siquiera puede decirse que el homicidio de Colosio Murrieta influyó en la derrota del PRI, o en el triunfo del PAN. El cambio de partido fue negociado con Estados Unidos, con el objetivo de que nada cambiara.
El cambio de régimen en 2018, colocó a Colosio en el lugar que le corresponde en la historia, cuyo mérito fue haber sido asesinado, y su única obra una frase en un discurso de aniversario de su partido, ya para entonces, 1994, muy desgastado, porque seis años después perdería la presidencia de la República.
Lo que se pudo rescatar de la política que le caracterizaría fue una sola frase, sobre la sed y hambre de justicia de los mexicanos, de ahí extrajeron lo que algunos llamaron el “ideario” de Colosio, libros anécdotas fantasiosas y hasta amistades inexistentes.
Ahora, ante la posibilidad de que por fin su hijo se convierta en un político, los medios no saben cómo resurgir la imagen de Colosio Murrieta ante la total carencia d e méritos del junior, tanto que en el norte del país lo mencionan gratuitamente con el mínimo pretexto.
Por ejemplo, ante el asesinato de la periodista activista y candidata Lucy Aponte Polo en Perú, sin duda perpetrado por el gobierno que encabeza Keiko Fujimori, se hace referencia a Colosio Murrieta, por el simple hecho de que el homicidio sucediera en un mitin. La mayoría de los candidatos asesinados han tenido lugar en actos de proselitismo, pero para el diario Debate, dirigido por priistas de la vieja guardia, es necesario mencionarlo injustificadamente, todos los días para darle fuerza artificial a las simpatías del junior.
Revivir el recuerdo de Colosio Murrieta ante la imposibilidad de que el hijo tenga aciertos muestra su miseria intelectual, que nada tiene que hacer en la política, representa un recurso desesperado ante la posible muerte de un mito priista. Porque una vez que pierda las elecciones Colosio, el PRI y Movimiento Ciudadano se quedarán sin el chantaje sentimental que han mostrado con ese apellido durante más de 30 años.
Un ejemplo de falta de conciencia fue que dijera el junior que no descansará hasta encontrar a los culpables del asesinato de Carlos Manzo, cuando los responsables del homicidio de su padre todavía no están identificados.
A Colosio jr. lo hizo a un lado Samuel García, líder de facto de Movimiento Ciudadano, para que no le hiciera sombra a su esposa Mariana para competir por la gubernatura, le significa un estorbo que ni gana ni deja ganar.
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