Vivimos en tiempos de una imaginación desbordada, desmedida y descontrolada. Vivimos en tiempos de un malestar tan profundo, de una angustia tan angustiante, que hay quienes imaginan que en Gaza sucede un genocidio, desean que en Gaza suceda un genocidio. Y no, no hablo de esos funcionarios israelíes que declaran que luchan “contra animales humanos” y que sus ataques sobre palestina ponen el énfasis “en el daño, no en la precisión”. No, hablo de esa gente a la que que según Ariana Harwicz —escritora argentina retirada del festival Cultur-Alh de Granada— “les angustia terriblemente que no haya genocidio [en Palestina]. Lo desean, desean que haya genocidio para confirmar su odio a Israel” (Harwicz dixit).
Se trata de personas que, recurren a consignas como “basta del genocidio en Gaza”, para manifestar su odio “a los judíos y pedir la aniquilación de Israel”, de ese Israel inocente, debil y desprotegido que cuenta con una superioridad militar abrumadora sobre la población a la que bombardea, sitia y desplaza; superior a la de Palestina, que no tiene un ejercito convencional, y la de Hamás que no tiene fuerza aérea, armada, defensa aérea integrada, ni capacidad para disputar el control territorial o aéreo a Israel. Personas que olvidan que Israel se creo para evitar un segundo genocidio judio, no para evitar que los sionistas cometieran un genocidio palestino, ¡faltaba más!
Estamos hablando de personas que condenan a los nazis por pensar como nazis, que —como el Tribunal Europeo de Derechos Humanos— consideran que “usar una falsedad histórica sobre un exterminio probado para degradar a sus víctimas, o propagar odio no merece la cobertura de la libertad de expresión como si fuera un debate académico ordinario”, y en consecuencia sancionan penalmente a los negacionistas del Holocausto.
Entrados en gastos
El exceso de imaginación y odio que condena Ariana Harwicz, y por lo cual se le condena, es el mismo que alimenta las luchas de afrodescendientes, indigenas, hispanos, mujeres, la comunidad LGBTTTIQA+, obreros, y cualquier minoría que —proyectando su odio y deseo de extermino sobre quienes odian y exterminan— imaginan que el supremacismo blanco cristiano y sionista controla el mundo, exprime lo que peda exprimir y explota todo lo que pueda explotar si al hacerlo les beneficia en algo. Se trata de una imaginación perniciosa que piensa que todos debemos vivir dignamente y no entiende que palestinos, afrodescendientes, indígenas, hispanos, mujeres, miembros de la comunidad LGBTTTIQA+, y obreros, viven mal porque quieren, porque se niegan a ser hombres blancos cristianos y sionistas.
- Carlos Bortoni es escritor. Su último libro es Polvo, publicado por Casa Editorial Abismos.
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