Hay imágenes que, por sí solas, parecen resumir una época. Esta semana México tuvo dos imágenes particularmente contrastantes de dos expresidentes: por un lado, Felipe Calderón, reapareciendo públicamente en el Foro América Libre, un encuentro de la derecha latinoamericana, hablando de democracia, libertad y de los supuestos riesgos que enfrenta México.
Horas después, una imagen recorrió el país: la estatua de Calderón, que ya se encontraba derribada en el Complejo Cultural Los Pinos, terminó decapitada por extrabajadores de Luz y Fuerza del Centro, quienes habían protestado previamente contra el expresidente.
Del otro lado, prácticamente al mismo tiempo, Andrés Manuel López Obrador reaparecía públicamente para presentar su nuevo libro, Pueblo, una obra en la que vuelve a reflexionar sobre la historia política de México y sobre el proyecto que encabezó durante su sexenio.
Dos expresidentes. Dos escenarios. Dos formas completamente distintas de reaparecer ante el país. Dos legados
Quizá por eso las dos imágenes resultan tan poderosas.
Mientras uno aparece en un foro de la derecha internacional hablando sobre los peligros que, según él, enfrenta la democracia mexicana; su propia figura escultórica termina convertida en el símbolo de lo que representó su sexenio para el pueblo de México.
El otro aparece con un libro titulado Pueblo, reivindicando precisamente al sujeto político que colocó en el centro de su discurso durante décadas y que lo acompañó durante toda su vida política.
El juicio de la historia es contundente, Calderón sigue condenado por aliarse al narco y desatar una guerra sinsentido con miles de muertos inocentes, robarse la presidencia con un fraude asqueroso, pero además por dejar a millones en la pobreza (incluidos los 44 mil del SME), y continuar saqueando nuestro país y entregando nuestros recursos a las empresas extranjeras.
En cambio, con el buen AMLO el dictamen es todo lo contrario (por más que salgan bots y derechosos resentidos a decir lo contrario). Existe un reconocimiento del pueblo de México a esa persona que con sus políticas sacó a más de 13 millones de la pobreza y que nos ha devuelto la dignidad con el reforzamiento y extensión de nuestros derechos humanos, porque mi presi siempre lo tuvo claro, la felicidad es un derecho del pueblo.
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