Los más necios afirmarán (afirman) que de comprobarse aquello de lo que se acusa a Guadalupe Taddei como consejera presidenta del Instituto Nacional Electoral —favorecer proveedores, conflicto de interés, licitaciones con competencia simulada, triangulación y uso indebido de recursos públicos, autorizar contratos por materiales no entregados, y mantener aviadores— demuestra que el poder corrompe a la bestia. Los más puristas dirán que resulta evidente que Taddei jamás entendió aquello de que el poder sólo tiene sentido y se convierte en virtud cuando se pone al servicio de los demás. Ni lo uno ni lo otro es cierto, lo único cierto es que un político pobre es un pobre político que no sirve al poder.
El poder no corrompe a la bestia, le pone la mesa para que la bestia se sirva a diestra y siniestra. El sujeto capitalista —todos somos sujetos capitalistas aunque no pertenezcamos a la clase capitalista— no se corrompe, nace corrupto, pensando en sí mismo, sobreestimulado, ansioso y deprimido por no dar rienda suelta a sus deseos de consumo.
No es que el poder no tenga sentido, ni se convierta en virtud cuando se pone al servicio de los demás, es que el servicio a los demás está supeditado a la supervivencia del yo egoísta, ensimismado, alienado y volcado sobre sí mismo que solo entiende el servir a los demás como el conseguir que le sirvan a él.
Servirse del poder no es un acto mezquino como afirman quienes encuentran reprobable que un servidor público se corrompa y traicione los ideales que dice (o decía) defender. No. Servirse del poder es servir al poder en la importante tarea de aniquilar las esperanzas de la masa, del pueblo, de todos los que sin deberla ni temerla, la debemos y tememos. Servirse del poder, como se sirvió Taddei, es dar un lección de vida a todos aquellos que pensaban que la transformación era posible, que las estructuras serían derribadas, que se puede construir un nuevo hombre. Servirse del poder es poner al poder al servicio de los demás, pero de los que importan, que tienen nombre y apellido, acciones en la bolsa, inmuebles en renta, terrenos como inversión y un patrimonio diversificado que heredar a su descendencia sin pagar impuestos por ello.
Entrados en gastos
Más que una corrupta despreciable, Guadalupe Taddei pasará a los anales de la historia como un mártir que se lanzó a la hoguera pública en pos de demoler la ilusión de un cambio, pulverizar los peldaños que se han construido para garantizar una vida digna para todos, de no dejar más que cenizas de la voluntad popular que, cansada de privilegiar a los privilegiados, imaginó que otro mundo era posible. Afortunadamente Taddei no está sola, son muchos los lacayos de la casta privilegiada, los mercenarios dispuestos a hacer lo que sea con tal de que el maldito virus de la esperanza no se propague.
- Carlos Bortoni es escritor. Su último libro es Polvo, publicado por Casa Editorial Abismos.
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