Bosnios llevan la bandera palestina a los estadios del Mundial 2026

Aficionados de Bosnia y Herzegovina convierten cada partido en un acto de memoria y solidaridad con Palestina, uniendo dos pueblos marcados por el horror de la guerra.

Palestina no clasificó al Mundial 2026, pero su bandera sí llegó a los estadios. La llevan los aficionados bosnios, que la alzan con orgullo en recintos de Estados Unidos y Canadá cada vez que su selección juegue.

Los cánticos se escuchan fuerte. La presencia es constante. Y el mensaje es claro: Bosnia no olvida lo que significa ver cómo el mundo mira hacia otro lado mientras un pueblo sufre.

Los bosnios vivieron en carne propia el horror de los años 90. Soportaron una guerra brutal, una ocupación y un genocidio que la comunidad internacional tardó demasiado en reconocer. Por eso, cuando ven las imágenes de Gaza, algo en ellos se activa desde un lugar muy profundo.

Ese dolor compartido es el puente entre ambos pueblos. No hace falta un comunicado ni una declaración oficial: basta con una bandera desplegada en las tribunas para que el vínculo quede expuesto ante el mundo.

El contexto del torneo agrega otra capa de significado. Este Mundial lo organiza Estados Unidos, el mismo gobierno que provee armas y recursos a las operaciones militares en Gaza y Líbano. En ese escenario, cada imagen de solidaridad cobra un peso enorme.

La FIFA y los gobiernos occidentales apuestan por normalizar la situación. Los pueblos que han sufrido bajo ocupaciones o agresiones, en cambio, eligen recordar. Bosnia, Palestina, Líbano: distintos nombres, una misma experiencia de resistir cuando el poder intenta borrarte.

Eso es también lo que estas escenas demuestran: que la causa palestina rebasa fronteras culturales y religiosas. No es exclusiva del mundo árabe ni del islam. Es una causa de justicia que resuena en cualquier comunidad que haya enfrentado la guerra o el despojo.

El fútbol sirve muchas veces como escaparate del poder. Pero los aficionados bosnios en este Mundial muestran que también puede convertirse en algo distinto: un espacio donde los que han sufrido se reconocen, se nombran y se niegan a desaparecer.

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