Categoría: Opinión

  • ¡Larga vida a los Alitos Moreno!

    ¡Larga vida a los Alitos Moreno!

    Si existe un adalid de la cuarta transformación es Alito Moreno. Y no lo es a pesar de golpear a sus opositores, ser sospechoso de desviar más de 83 millones de pesos, tener un inexplicable crecimiento patrimonial, afirmar que “a los periodistas… hay que matarlos de hambre”, y aferrarse a la presidencia del PRI hasta reducirlo a su mínima expresión. No. Alito Moreno es el adalid de la cuarta transformación justamente por golpear a sus opositores, ser sospechoso de desviar más de 83 millones de pesos, tener un inexplicable crecimiento patrimonial, afirmar que “a los periodistas… hay que matarlos de hambre”, y aferrarse a la presidencia del PRI hasta reducirlo a su mínima expresión.

    Alito es un demócrata humanista porque ha creado una caricatura del enemigo al que la 4T dice combatir, por ser un indefendible sinvergüenza que desprecia la democracia, el bienestar social y la dignidad humana, permitiendo que a nadie le quede duda de que la oposición es indeseable, que dejar de votar por Morena es un balazo en el pie, no porque Morena sea un movimiento sacrosanto, incorruptible, ejemplar y genuinamente transformador, sino porque Morena no es Alito Moreno.

    Eso garantiza que Alito Morone sobreviva, sea intocable, jamás juzgado y que tenga una larga vida política que le permita pasar a la historia como el más despreciable de los despreciables y justo por ello, el más demócrata de los demócratas, su contribución es demasiado útil como para desaprovecharla por una tontería como la justicia.

    Pero Alito Moreno —por fortuna— no está sólo, Alito es el paradigma de lo indefendible, el arquetipo de la impunidad, pero solo es uno de muchos Alitos que hacen de lo público un circo, los Alitos son Jorge Romero y su cartel inmobiliario, Xóchitl Gálvez y el ser bien güey si a los 60 años no has podido hacer un patrimonio, Alessandra Rojo de la Vega y su autoatentado, Maru Campos y su subordinación ante la CIA, Samuel García y la gente muy valiosa que vive con un sueldito de 40 mil pesos, Francisco Martín Moreno y su quemar “vivo a cada uno de los morenistas en el Zócalo capitalino”,  o los Salinas Pliego y lo “lamentable sería que usted y yo viviéramos en igualdad”, entre muchos otros que representan la versión más burda, torpe y despreciable de lo burdo, torpe y despreciable.

    Entrados en gastos

    La noble nobleza de los Alitos, al ser absolutamente innobles, no sólo hace que Morena se vea menos mal al lado de los impresentables de la oposición. No. Los Alitos hacen menos desagradable la existencia de personajes como Rocha Moya, Pedro Haces, Ricardo Monreal, Adán Augusto, Sergio Mayer, Cuahutémoc Blanco, Guadalupe Taddei, Bartlett o Salgado Macedonio entre las filas de la transformadora cuarta transformación, despejando el camino a Morena para contener una verdadera transformación de la vida pública en México.

    • Carlos Bortoni es escritor. Su último libro es Polvo, publicado por Casa Editorial Abismos.
  • Cuauhtémoc Cárdenas: la ruptura que cambió el rumbo de la democracia mexicana

    Cuauhtémoc Cárdenas: la ruptura que cambió el rumbo de la democracia mexicana

    Hay figuras políticas cuya trascendencia no puede medirse exclusivamente por los cargos que ocuparon ni por las elecciones que ganaron o perdieron. Su importancia histórica reside en su capacidad para alterar las relaciones de poder, abrir nuevas posibilidades de participación y modificar el horizonte político de una nación. Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano pertenece a esa categoría. Su trayectoria constituye uno de los capítulos fundamentales en la construcción de la izquierda democrática mexicana y en la crisis del régimen priista que dominó el país durante buena parte del siglo XX.

    Heredero de la tradición nacionalista y social de Lázaro Cárdenas del Río, Cuauhtémoc Cárdenas representó la reivindicación de un proyecto de Estado comprometido con la soberanía nacional, los derechos sociales y la rectoría pública de sectores estratégicos de la economía. Sin embargo, reducir su trayectoria a una herencia familiar sería desconocer su principal aportación: haber convertido una disidencia dentro del sistema político en un movimiento nacional capaz de desafiar sus mecanismos de reproducción del poder.

    La ruptura comenzó con la Corriente Democrática del Partido Revolucionario Institucional. En la década de 1980, mientras el gobierno de Miguel de la Madrid profundizaba el viraje hacia las políticas de ajuste económico y apertura de mercados, un sector del priismo cuestionaba el abandono de los principios sociales del nacionalismo revolucionario. Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo encabezaron una rebelión política que exigía democratizar la selección de candidaturas y recuperar la deliberación dentro del partido.

    El conflicto trascendía una disputa entre élites. Cuestionaba la concentración de las decisiones políticas en la Presidencia de la República y la práctica del dedazo, mediante la cual el titular del Ejecutivo influía decisivamente en la designación de su sucesor. Cuando Carlos Salinas de Gortari fue elegido candidato presidencial del PRI, la ruptura se volvió irreversible. Cárdenas abandonó el partido y articuló una candidatura opositora que reunió corrientes nacionalistas, organizaciones sociales y sectores de la izquierda histórica. El Frente Democrático Nacional se convirtió así en una convergencia política que desbordó las estructuras partidistas tradicionales.

    El 6 de julio de 1988 constituye el punto de inflexión de esta historia. La elección presidencial enfrentó a Cárdenas con Salinas de Gortari en un contexto de desigualdad institucional, cuestionamientos a la imparcialidad de las autoridades electorales y creciente inconformidad social. La interrupción del sistema oficial de cómputo, conocida como la «caída del sistema», profundizó la desconfianza cuando el país esperaba conocer las tendencias de la votación.

    La posterior declaración de triunfo de Salinas, sin una revisión capaz de disipar las dudas de la oposición, produjo una crisis de legitimidad que marcó a varias generaciones. El fraude de 1988 no debe entenderse únicamente como una controversia sobre cifras electorales: fue la expresión de un régimen que carecía de condiciones suficientes para garantizar una competencia democrática auténtica. Investigaciones académicas posteriores identificaron alteraciones en una proporción significativa de las actas electorales, aportando evidencia empírica a las denuncias sobre la integridad del proceso.

    La dimensión histórica de Cárdenas radica también en su respuesta a aquella crisis. Frente a un escenario de profunda confrontación, mantuvo la movilización dentro de los cauces políticos y constitucionales. En 1989 participó en la fundación del Partido de la Revolución Democrática, una organización que dio cauce partidista a diversas expresiones de la izquierda y contribuyó a consolidar una oposición nacional con capacidad de disputar el poder. Su elección como jefe de Gobierno del Distrito Federal en 1997 confirmó que aquella ruptura había transformado de manera duradera la competencia política mexicana.

    Sería equivocado presentar a Cárdenas como el único protagonista de la democratización nacional. Su trayectoria se inscribe en una historia colectiva protagonizada por movimientos sociales, sindicalistas, estudiantes, militantes de izquierda, periodistas y ciudadanos que resistieron el autoritarismo. Pero también sería injusto minimizar su papel: su candidatura de 1988 articuló esas inconformidades en una alternativa nacional y aceleró la erosión del monopolio político priista.

    Hoy, cuando la democracia enfrenta nuevos desafíos, su legado obliga a distinguir entre conquistar el gobierno y transformar las estructuras del poder. La izquierda no puede reducirse a una identidad partidista ni a la administración de las instituciones; debe evaluarse por su compromiso con la justicia social, la soberanía, la participación ciudadana y la defensa irrestricta del voto.

    Cuauhtémoc Cárdenas cambió la historia porque se atrevió a romper con un sistema que parecía invencible. Su mayor legado no es una presidencia que nunca alcanzó, sino haber contribuido a demostrar que ningún régimen puede reclamar legitimidad indefinidamente cuando la ciudadanía exige democracia.

    La historia de 1988 permanece como una advertencia y una lección: el poder puede controlar instituciones durante décadas, pero no puede cancelar para siempre la voluntad de un pueblo que decide organizarse para transformar su destino.

  • A pesar del sabotaje, ganó Brasil

    A pesar del sabotaje, ganó Brasil

    Quienes afirman que hubo fraude electoral en Brasil, tienen razón. Porque manipular los resultados, sabotear el transporte público, echar a andar a los evangélicos radicales debió arrojar resultados con por lo menos 10 puntos de diferencia entre Bolsonaro Y Lula. A pesar de todos los esfuerzos como fake news, apoyo financiero desde Estados Unidos, guerra mediática ganó el pueblo.

    La diferencia fue peligrosamente corta, las elecciones reñidas son sólo un riesgo aparente, ya que esa oposición, como sucede en México, carece de apoyo popular sin el apoyo d ellos medios, los evangelistas y los bots utilizados en la campaña. La derecha tienen la mayoría en el Congreso pero carece de respaldo.

    Sin embargo, la derecha en Brasil aseguró primero no aceptar los resultados tomando como pretexto que al inicio de la contienda Bolsonaro comenzó con una mínima ventaja, como si esto determinara el triunfo.

    Los votos de lugares alejados del centro tardaron más en llegar, porque Bolsonaro canceló todo tipo de transporte público, motivo por el cual debieron ampliar el horario de elecciones, condición en la que ambos bandos estuvieron de acuerdo, aunque ahora la derecha asegure que se trató de una decisión unilateral.

    Los mecanismos legales recogieron los pasaportes Flavio, es hora d que se haga justicia por decenas de delitos perpetrados con lo pobres de Brasil.

    Sin los mecanismos de redes sociales y los medios convencionales Flavio Bolsonaro era un candidato no sólo débil sino prácticamente inexistente. Uno era el candidato y otro, la persona que lo encarnaba y por ese fantasma los conservadores y los pobres que se creen ricos que votaron por él sin saberlo, como sucedió en México con Xóchitl, era una botarga en la que depositaron sus intereses los poderosos y perdieron.

    La derecha sabe que por la vía de las urnas se aproximan derrotas de las que no podrá reponerse, el próximo en caer será Javier Milei, quien fuera uno de los factores de la derrota de Bolsonaro al realizar espectáculos de comicidad en Brasil como parte de la campaña del fascista, además de insultar gratuitamente al presidente Lula da Silva.

    Milei, en Argentina, ha sido un ejemplo para conocer el destino de los pueblos que votan por la derecha, hambre, desempleo, fuga de capitales, salida de empresas, inflación incontrolada, devaluación, dependencia, miseria, hambruna, pobreza creciente, escasez de alimentos. Todo para los poderosos para la población, nada.

    La contraparte es México que, aunque la oposición una parte desinformada de la clase media quieren perfección, no hay comparación el clima social de nuestro país con el de otros no sólo continente sino de Estados Unidos y de Francia, España, Italia, Alemania, etc.

    Para eso son las elecciones para darse cuenta de la realidad que padecen o gozan otros países y no la visión de los medios de información que intentan crear una historia paralela. Esta vez los brasileños entendieron que no es lo mismo las redes y los bots que la participación ciudadana y los votos. Al parece México tiene una amplia conciencia al respecto.

  • Lula demostró que sí se le puede ganar a Trump

    Lula demostró que sí se le puede ganar a Trump

    La victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil es mucho más que un triunfo electoral: es un mensaje para toda América Latina. La izquierda puede remontar, resistir a la ultraderecha y derrotar a los proyectos políticos que buscan someter a nuestros pueblos.

    Lula quedó en segundo lugar en la primera vuelta, pero logró remontar y ganar el balotaje con el 51.79 % de los votos. Derrotó a Flávio Bolsonaro, representante de una derecha que mantiene vínculos políticos con Donald Trump y los sionistas israelíes y forma parte de una corriente ultraconservadora que pretende recuperar el control de la región.

    También fue una victoria frente al poder de las grandes plataformas digitales y la desinformación. La campaña de Lula denunció un trato desigual por parte de Meta, acusación que la empresa rechazó y después terminó aceptando. Más allá de esa controversia, el resultado demuestra que las redes sociales no tienen la última palabra cuando existe organización popular y una estrategia de comunicación digital de izquierda que puede romper cualquier cerco de bots y desinformación.

    Lula no viene de las élites: fue obrero metalúrgico y dirigente sindical. Su historia representa a millones de trabajadoras y trabajadores que aspiran a vivir con dignidad. Sus políticas sociales, los programas contra la pobreza y la ampliación de oportunidades educativas demostraron que gobernar desde la izquierda significa poner en el centro a quienes históricamente han sido olvidados.

    Por eso su triunfo importa tanto. En tiempos en que Trump y la ultraderecha internacional intentan imponer su agenda, Brasil demuestra que los pueblos pueden defender su soberanía y elegir un camino distinto.

    La victoria de Lula no resuelve todos los desafíos de Brasil, pero sí deja una lección para quienes luchamos por una América Latina más justa: sí se le puede ganar a Trump, sí se le puede derrotar a la ultraderecha y sí existe una alternativa desde la izquierda.

    ¡Viva Brasil! ¡Viva la clase trabajadora! ¡Y que viva una América Latina libre, soberana y con justicia social!

    Redes sociales

  • Más poder, más responsabilidad: la lección del INE

    Más poder, más responsabilidad: la lección del INE

    ¿Qué revela de una institución la renuncia de quien la preside? Ayer, 25 de octubre, el INE difundió el mensaje en el que Guadalupe Taddei anunció que hoy lunes presentaría formalmente su renuncia ante la Cámara de Diputados. Ocurre cuando el árbitro electoral ya organiza los comicios de 2027 y enfrenta señalamientos sobre proveedores y posibles conflictos de interés. La pregunta no se agota en por qué se va Taddei: alcanza al poder que deja detrás.

    En 2023, su llegada coincidió con un Consejo General incapaz de reunir los ocho votos necesarios para designar titulares de varias áreas. Los encargados de despacho se prolongaron y la operación necesitaba estabilidad. En octubre de 2024, el Congreso respondió con una reforma: la presidencia pudo nombrar directamente a directores ejecutivos y titulares de unidades técnicas, antes sujetos a aprobación colegiada. También creció el papel de la Junta General Ejecutiva, que la propia presidencia encabeza. Era razonable terminar con la parálisis. Lo difícil era impedir que la salida a ese bloqueo se convirtiera en concentración de decisiones.

    Ahí aparece el dilema de esta crisis. El Consejo General siguió siendo el máximo órgano de dirección, pero perdió un filtro sobre quienes conducen la estructura operativa. La presidencia no adjudica por sí sola cada contrato; sí puede elegir a las personas que encabezan áreas desde las cuales se administran recursos y se preparan decisiones. Esa diferencia importa: no permite atribuir una irregularidad a la reforma, pero obliga a preguntar si el nuevo poder recibió controles a su altura.

    Los señalamientos sobre Taddei dan contenido a esa pregunta. Reportes periodísticos describen su cercanía con José Alfredo Hernández Casillas, vinculado con Cajas Graf y otras empresas proveedoras de material electoral; también mencionan el paso de personas relacionadas con ese grupo a puestos del INE. El caso de Jesús Octavio García González, antiguo representante legal de compañías señaladas y posteriormente responsable de la Dirección Ejecutiva de Administración, exige revisar la declaración de intereses, el nombramiento y las decisiones tomadas bajo su responsabilidad. Los contratos deben examinarse expediente por expediente. Una relación personal no demuestra una adjudicación irregular; tampoco deja de importar cuando involucra a quien suministra bienes al Instituto.

    La Auditoría Superior de la Federación abrió una investigación de oficio y la Unidad de Inteligencia Financiera investiga desde 2023 a empresas de ese grupo. Taddei rechaza que se anticipen conclusiones y en su mensaje advierte que su renuncia no releva a nadie del deber de esclarecer los hechos. En eso tiene razón. Su salida no prueba las acusaciones ni las borra. La diferencia la marcarán los documentos, el debido proceso y la publicación de resultados.

    Pero antes de conocer esos resultados habrá que tomar decisiones. La primera corresponde a los diez consejeros que permanecerán: elegir entre ellos una presidencia provisional y comunicarlo a la Cámara. El nombre de Arturo Manuel Chávez López circula como posible opción. Si resulta elegido, o si el Consejo opta por otra persona, la prueba será inmediata: ¿abrirá al escrutinio colegiado la información sobre contratos y nombramientos o administrará la crisis desde el mismo círculo de siempre?

    La segunda decisión estará en San Lázaro. Un comité técnico de cinco integrantes evaluará aspirantes y propondrá una quinteta; la Cámara buscará una mayoría de dos tercios para designar a quien concluya el periodo vacante. Esa convocatoria debe exigir trayectoria, independencia y una revisión verificable de vínculos con proveedores. La cercanía política o personal no puede sustituir esas respuestas. La presidenta Claudia Sheinbaum pidió que no haya ni la menor sombra de corrupción en el árbitro electoral; el criterio debe valer también para quien lo sustituya.

    Queda una tercera decisión, menos vistosa y más duradera. El INE puede reforzar la revisión de contratos relevantes, transparentar relaciones de interés y dar al Consejo un papel efectivo en el examen de riesgos administrativos. Si quiere recuperar la aprobación colegiada de nombramientos, deberá cambiar la ley. Mientras tanto, quien presida puede explicar públicamente sus designaciones y someterlas a mayor escrutinio.

    La renuncia anunciada ayer abre una puerta, pero no cambia por sí misma la forma de ejercer el poder. En 2024 se buscó un INE capaz de decidir sin parálisis. Hoy debe demostrar que también puede decidir sin depender de una sola persona. Esa será la verdadera lección antes de que la ciudadanía vuelva a las urnas.

  • La TV del absurdo

    La TV del absurdo

    Envían transmisión del programa donde aparecen de ultratumba los golpistas Carlos Castañeda, María Amparo Casar y Aguilar Camín, convertidos, inexplicablemente, por obra de magia en intelectuales desde el sexenio de Carlos Salinas de Gortari.

    La presencia de estos extraños seres habla de la visión de quienes los representan como si tuvieran algo que decir, y con un público que escucha sólo lo que quiere escuchar.

    Los datos que lanzan al aire con gran irresponsabilidad sólo corren bajo el riesgo de la gente que llega a verlos, que, por cierto, es muy poco y menos aún quienes les creen. Se le augura poco tiempo porque es parte del proyecto para culpar al gobierno de falta de anuncios por orden de la presidencia por seri críticos. Las mentiras las intuyen los integrantes del auditorio.

    Los tres deberían estar en la cárcel, junto con el dueño de la televisora que transmite ese programa para le ley ha sido muy tolerante con cierto tipo de delincuentes.

    En el tema del Seguro Social, el autor de Morir en el Golfo asegura que los médicos internistas de esa institución ganan entre 6,200 y 7,900 pesos al mes, lo cual es mentira, su salario es de 12,844.20, más bonos, compensaciones, apoyos del Contrato Colectivo de Trabajo, aguinaldo, prima vacacional, estímulos por antigüedad. Etc.

    Esas plazas son muy peleadas entre los médicos mexicanos. El corrupto de Aguilar Camín compara este ingreso con el de Jóvenes Promoviendo el Futuro que es de 9, 500.00. La cifra exacta es de 9,582.00, con caducidad de un año, sin más prestación que el servicio del IMSS, no gozan de aguinaldo ni horas extras, a pesar de que en muchos casos, trabajan hasta 12 horas diarias por la convicción de su trabajo.

    Pareciera que la ignorancia invade con mala intención a Camín, porque el IMSS pertenece al gobierno de México, incluso al Estado y los jóvenes es una rama de empleo de Morena, como partido. Para su salario no sale ni un peso del presupuesto del país sino de las cuentas de Morena, partido que tiene mucho dinero y afortunadamente ofrece empleo a estas personas.

    Nunca antes ningún partido político había ofrecido empleo con salario y con la capacitación que mantienen permanentemente los jóvenes, al contrario, los llamaron ninis y los remitían cada vez que podían a la cárcel, con el mínimo pretexto.

    A Aguilar Camín se le olvidó cuando él y López Dóriga cobraban un cheque semanal del IMSS por mentirle a la población, por 600 mil pesos. Situación documentada en varios medios. No eran los únicos comunicadores, que utilizaban ese instituto y otras muchas dependencias del gobierno para sacar sus “chayotes” y vivir muy diferente ala mayoría de los ciudadanos del país.

    Los menos indicados para hablar de las instituciones de salud son los comentaristas que hicieron de las hospitales y clínicas públicas ruinas y un pésimo servicio.

    Desde luego el canal de transmisión de es tipo de pláticas entre “especialistas” corre bajo el riesgo de quiénes lo ven, y no hace falta imaginar la falta de credibilidad de un proceso de descomposición de los medios convencionales en México.

  • ​La trampa de la pureza: Por qué la militancia debe gobernar.

    ​La trampa de la pureza: Por qué la militancia debe gobernar.

    Una reflexión frente a los apuntes de Pedro Miguel.

    ​Estimado Pedro Miguel:

    ​Tu decisión de caminar durante casi dos décadas rechazando nombramientos y salarios es un testimonio de congruencia personal que todos respetamos profundamente. Esa es tu elección de vida y es intachable. Sin embargo, intentar convertir esa biografía y ese temperamento en una doctrina pedagógica para las juventudes de nuestro movimiento esconde, quizá sin desearlo, una trampa ideológica que lastima el corazón mismo del obradorismo.

    ​Afirmar que “un buen militante no necesariamente es un buen gobernante” suena a una verdad innegable, pero en el ajedrez del poder, es un postulado que despoja a la juventud de su legítimo derecho a dirigir. Durante más de treinta años, la tecnocracia neoliberal nos vendió el fetiche de que el Estado era un asunto exclusivo de los “aptos”, de los especialistas fríos y de la burocracia de escritorio, mientras que al pueblo solo le correspondía la calle, la marcha y el volanteo.

    ​Andrés Manuel López Obrador dinamitó ese espejismo con una brújula revolucionaria: 90% honestidad y 10% experiencia. La administración pública se aprende; el amor al pueblo y la dimensión ética, no se adquieren con un nombramiento.

    ​La historia de las verdaderas transformaciones nos da la razón. Ernesto “Che” Guevara no era economista de Harvard ni burócrata de carrera; era médico y guerrillero, y a los 31 años asumió la presidencia del Banco Nacional de Cuba para arrancar el capital de las manos de la dictadura. Thomas Sankara, a los 33 años, sin ser un administrador de élite, lideró la revolución en Burkina Faso y erradicó la hambruna y el analfabetismo de su país con pura voluntad política. Nuestro propio dirigente no esperó a tener una maestría en administración pública para asumir la dirección del Centro Coordinador Indigenista en Tabasco a los 24 años; le bastó su profunda convicción para caminar por el fango junto a los chontales.

    ​Si aceptamos tu premisa y le decimos a los jóvenes de hoy que la militancia forjada en los principios no los capacita para gobernar, ¿qué mensaje le estamos enviando a las juventudes que integran los grupos de atención prioritaria mandatados en nuestra Constitución? ¿Qué horizonte le trazamos a una joven indígena, a un muchacho afromexicano, a las juventudes con discapacidad, a los colectivos de la diversidad sexual, o a los jóvenes que se forjaron en las periferias y laderas de Tláhuac, Iztapalapa o la Gustavo A. Madero?

    ​Decirles que la militancia no basta, es condenarlos a una eterna subalternidad política. Es decirles que deben conformarse con ser la “conciencia moral”, mientras observan desde la ventana cómo los puestos de toma de decisiones siguen siendo ocupados por los arribistas o por los “profesionales” de la política. Tu mensaje, aunque bien intencionado, no los forma: los subordina.

    ​El poder popular no nació para quedarse flotando en la plaza pública como una mística abstracta. Como bien planteó Antonio Gramsci, la revolución de las conciencias debe cristalizar en un Príncipe Colectivo: una militancia organizada que asuma, sin complejos, el control del aparato del Estado para transformarlo desde sus cimientos.

    ​Cuando los cuadros más probados y con mayor autoridad moral deciden dar un paso al costado porque “su carácter no armoniza con el servicio público”, las instituciones no se quedan vacías. Esos huecos son ocupados de inmediato por los técnicos sin alma y los oportunistas camaleónicos que sí tienen la “experiencia” de acomodarse en cada sexenio.

    ​Que tú te sientas más cómodo fuera del gobierno es un derecho que te has ganado. Pero el relevo generacional de la Cuarta Transformación no puede claudicar antes de gobernar. Nuestro movimiento no necesita formar juventudes que rehúyan del poder por el temor puritano a mancharse; necesitamos formar cuadros integrales que lleven la calle, el barrio y el territorio a las secretarías, a los congresos y a las alcaldías. Jóvenes que entiendan que su origen, sus ideales y su trabajo en territorio son la mayor y más urgente especialidad técnica que México necesita.

    ​Como bien lo ha consagrado nuestra presidenta Claudia Sheinbaum: hoy, cualquier niña puede soñar con ser lo que quiera, incluso presidenta de la República. Y como nos lo ha recordado nuestra Jefa de Gobierno Clara Brugada en la capital: las juventudes tienen el derecho inalienable a soñar y a hacer esos sueños realidad.

    ​Si les decimos a nuestros jóvenes que gobernar no es para ellos, les estamos cortando las alas y entregando el Estado a los burócratas. La técnica es solo un instrumento; la militancia es quien le da el rumbo y el alma a las instituciones.

    ​No desarmemos a nuestras juventudes; invitémoslas a gobernar.

  • IMPERIO DECADENTE

    IMPERIO DECADENTE

    El tema que marcó la pauta en la reciente Feria Internacional del Libro en el Zócalo de la Ciudad de México fue, sin duda, la intromisión del cada vez más cuestionado gobierno de los Estados Unidos.

    ​De manera coincidente en los distintos foros y conversatorios, se abordó la injerencia política del presidente Donald Trump y sus constantes amenazas contra los movimientos de izquierda. Esta presión ha impulsado el ascenso de la ultraderecha en recientes elecciones de América Latina, con el claro objetivo de afianzar alianzas serviles para apoderarse de las riquezas regionales mediante la extorsión, una práctica harto conocida de la mafia del poder.

    ​En el ámbito interno, se señaló el sistemático abuso de las autoridades del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), traducido en la persecución implacable contra las comunidades latinas catalogadas como indocumentadas. A pesar de la evidente violencia, represión y racismo con que operan, estas acciones pretenden justificarse bajo el absurdo argumento de la “seguridad nacional”, como si la gente trabajadora se dedicara al espionaje que, paradójicamente, sí ejecutan las agencias estadounidenses.

    ​Tema aparte, pero de suma relevancia, es la estrecha colusión norteamericana con el gobierno de Israel en la reciente invasión al territorio palestino, la escalada de guerra con Irán y el progresivo desgaste de su otrora incuestionable poderío armamentista. Todo esto, aunado al férreo control que ejercen sobre los medios de comunicación y las plataformas digitales para golpear y censurar a quienes se atreven a cuestionar sus decisiones.

    ​El que alguna vez pretendió erigirse como el país de las libertades, la economía más avanzada y el referente del “primer mundo”, hoy se encuentra en terapia intensiva. EE. UU. busca desesperadamente salvar su economía a través de la invasión, la violencia y el despojo de los recursos de otras naciones, degradado a la condición de un gobierno corrupto e invasor.

    Esperemos que la intromisión de la ultraderecha fascista no logre degradar la incipiente democracia en Brasil.

  • Respeto a nuestra persona

    Respeto a nuestra persona

    En el capítulo cinco de la Cartilla Moral de Alfonso Reyes se trata del respeto a nuestra persona, quizá el más obvio pero al mismo tiempo el más difícil de todos los respetos. Habla del uso del cuerpo y del alma: El descanso, la limpieza, el buen humor, la libertad, la buena fe, la verdad, la dignidad y no intoxicar el cuerpo. Dice textualmente:

    “Los respetos que hemos considerado como mandamientos de la moral pueden enumerarse de muchos modos. Los agruparemos de la manera que nos parece más adecuada para recordarlos de memoria, desde el más individual hasta el más general, desde el más personal hasta el más impersonal. Podemos imaginarlos como una serie de círculos concéntricos. Comenzamos por el interior y cada vez vamos tocando otro círculo más amplio.

    Lo primero es el respeto que cada ser humano se debe a sí mismo, en cuanto es cuerpo y en cuanto es alma. A esto se refiere el sentimiento de la dignidad de la persona. Todos los hombres son igualmente dignos, en cuanto a su condición de hombres, así como todos deben ser iguales ante la ley.

    El hombre debe sentirse depositario de un tesoro, en naturaleza y en espíritu, que tiene el deber de conservar y aumentar en lo posible. Cada uno de nosotros, aunque sea a solas y sin testigos, debe sentirse vigilado por el respeto moral y debe sentir vergüenza de violar este respeto. El uso que hagamos de nuestro cuerpo y de nuestra alma debe corresponder a tales sentimientos.

    Esto no significa que nos avergoncemos de las necesidades corporales impuestas por la naturaleza, sino que las cumplamos con decoro, aseo y prudencia. Esto no significa que nos consideremos a nosotros mismos con demasiada solemnidad, porque ello esteriliza el espíritu, comienza por hacemos vanidosos y acaba por volvemos locos. También es muy peligroso el entregarse a miedos inútiles, error frecuente y signo de fatiga nerviosa.

    Una de sus formas más dañinas es el miedo a la libertad y a las hermosas responsabilidades que ella acarrea. El descanso, el esparcimiento y el juego, el buen humor, el sentimiento de lo cómico y aun la ironía, que nos enseña a burlamos un poco de nosotros mismos, son recursos que aseguran la buena economía del alma, el buen funcionamiento de nuestro espíritu.

    La capacidad de alegría y de humor es una fuente del bien moral. Lo único que debemos vedarnos es el desperdicio, la bajeza y la suciedad. De este respeto a nosotros mismos brotan todos los preceptos sobre la limpieza de nuestro cuerpo, así como todos los preceptos sobre la limpieza de nuestras intenciones y el culto a la verdad. La manifestación de la verdad aparece siempre como una declaración ante el prójimo, pero es un acto de lealtad para con nosotros mismos.

    Se ha dicho que la buena presencia es ya de por sí la mejor recomendación. Lo mismo puede decirse de la buena fe. Pero la limpieza de cuerpo y alma de que ahora tratamos no ha de procurarse por cálculo y para quedar bien con los demás; sino desinteresadamente, y para nuestra solitaria satisfacción moral.

    Aunque tengamos escasos recursos siempre es posible cuidar nuestro cuerpo y vestido, como lo hacen con dignidad tantos de nuestros campesinos. Y recordemos que si el desaseo es desagradable, el exhibicionismo y la afectación son ridículos.

    El respeto a nuestra persona nos exige también no envenenarla ni degradarla. Las huidas de la realidad que prometen los tóxicos destruyen las más notables facultades humanas.

    Los antiguos griegos, creadores del mundo cultural y moral en que todavía vivimos, distinguían este sentimiento de la propia dignidad, y la justa indignación ante las vilezas ajenas. Estos dos principios son el fundamento exterior de las sociedades.”

  • El perfil demográfico chilango I

    El perfil demográfico chilango I

    La Ciudad de México no para de cambiar. Los resultados recién publicados de la Encuesta Intercensal 2025 (EIC) realizada por el INEGI permiten mesurar el dinamismo demográfico de la capital de nuestro país, el corazón político, económico y cultural de México. Los datos revelan una urbe en plena transición demográfica, marcada por el envejecimiento acelerado, hogares en constante reconfiguración, notables avances educativos y contrastes socioeconómicos entre los habitantes de sus 16 demarcaciones territoriales.

    Vivimos en la CDMX, antes Distrito Federal, 9.2 millones de personas. Hace cien años, en el entonces Distrito Federal vivía un millón de hombres y mujeres. El dato anterior no es un registro censal; hago la estimación (interpolación lineal, 1.05 millones) a partir de los resultados de los Censos de Población de 1921 (906 mil habitantes) y de 1930 (1.2 millones). También podemos estimar que, si en 1921 el país tenía una población total de 14.3 millones de habitantes y en 1930 de 16.5 millones, en 1925 debió de estar habitado por unos 15.3 millones. En 2025, México reportó un monto poblacional de 130,393,389 habitantes, mientras que la CDMX tuvo 9,165,819 habitantes; eso quiere decir que, durante el mismo período de cien años, mientras que la población nacional se multiplicó por 8.5, la de la CDMX lo hizo por 8.73. Quizá la diferencia no parezca importante, pero consideren que, si la población total se hubiera multiplicado tanto como la de la CDMX, en 2025 seríamos 3.4 millones más de habitantes (la población total en 2025 del estado de Guerrero).

      La capital del país se mantiene en la segunda posición a nivel nacional por su volumen de habitantes, sólo superada por el Estado de México (17.6 millones). En los casi 1.5 mil kilómetros cuadrados que tiene de superficie territorial la CDMX radica, pues, el 7% de toda la población de México. Lo anterior se traduce en la densidad de población más elevada a nivel nacional: 6,172 habitantes por kilómetro cuadrado. Claro, una población relativa tremendamente muy superior a la nacional, de apenas 66. 6 habitantes por kilómetro cuadrado. Para darnos una idea de la dimensión de esa diferencia, imaginemos que si en todo México se tuviera la misma densidad poblacional con la que vivimos en la CDMX, entonces el país tendría una población total de poco más de 12.1 mil millones de habitantes, es decir, 10.7 mil millones más que los que hoy día habitan India, la nación más poblada del orbe, y de hecho 3.9 mil millones más que la población total del planeta. A nivel entidad federativa, la población relativa más alta, después de la que presenta la CDMX, la registra el Estado de México, con 786 habitantes por kilómetro cuadrado; de nuevo, la diferencia es muy marcada: si en el Edomex, con una superficie de 22.3 mil kilómetros cuadrados, se alcanzara la misma densidad poblacional que la de la CDMX, no tendría poco más de 17.5 millones de habitantes, sino 138 millones de habitantes.

    A nivel municipal, la unidad más poblada de todo México no está en la CDMX, sino en Baja California: se trata de Tijuana, en donde viven 2 millones de personas. En segunda posición aparece una de las 16 demarcaciones territoriales de la capital de la República, Iztapalapa, en donde viven 1.9 millones de seres humanos, dos de cada diez habitantes de la CDMX. Enseguida se ubica la más norteña de las demarcaciones territoriales, la Gustavo A. Madero, con 1.2 millones de habitantes. En el extremo opuesto, la demarcación territorial con menor volumen de población es la sureña Milpa Alta, por cierto, la segunda más extensa, en donde viven sólo 154 mil personas. En Iztapalapa —en donde radican más personas que en Aguascalientes, Baja California Sur, Campeche, Colima, Nayarit, Tlaxcala y Zacatecas—, la densidad de población es de 16,590 habitantes por kilómetro cuadrado, es decir, en promedio, a cada habitante le corresponde una superficie de 60 metros cuadrados. Bueno, pues Iztapalapa no es la demarcación territorial más densamente poblada, sino Iztacalco, con 16,852 habitantes por kilómetro cuadrado —aquí a cada habitante le corresponde en promedio una superficie de 59 metros cuadrados—. En Milpa Alta, el panorama es muy diferente: con la población relativa más baja de la CDMX, 534 habitantes por kilómetro cuadrado, queda mucho panorama rural qué apreciar por allá. Si un día se distribuyera homogéneamente toda su población (154,384 habitantes) en sus 289.1 kilómetros cuadrados, cada habitante ocuparía un cuadrado de 43.3 metros por 43.3 metros; esto es, 1,872.66 metros cuadrados por persona. Mucho espacio. El promedio para la CDMX da cuenta de una realidad totalmente diferente: si un día se distribuyera toda la población chilanga (9,165,819 habitantes) a lo largo y ancho de todo su territorio (1,485.2 kilómetros cuadrados), cada persona ocuparía un cuadrado de 12.7 metros por 12.7 metros; esto es, 162 metros cuadrados para cada una de ellas. Para ponerlo en términos aún más ilustrativos: mientras a un habitante en Milpa Alta le correspondería prácticamente el tamaño de un pequeño terreno campestre o una huerta familiar, al capitalino promedio apenas le tocaría el equivalente exacto a una cancha oficial de voleibol (162 metros cuadrados). Ese es el espacio vital teórico en el que convive el pulso acelerado de nuestra metrópoli.

    @gcastroibarra