Categoría: Opinión

  • Zunzunegui y los youtuberos que se volvieron mercenarios

    Zunzunegui y los youtuberos que se volvieron mercenarios

    La derecha ahora tiene un profundo interés por imponer una narrativa que le limpie la cara a los españoles de la supuesta “Conquista” en México y les ha gustado la versión inventada por el comunicólogo (que no historiador) Juan Miguel Zunzunegui. El matraquero de Ricardo Salinas Pliego ahora es financiado por la derecha española y el conservadurismo en México abriéndole todos los micrófonos y colocándolo como producto chatarra en todas las ferias y festivales de libro, musicales y conferencias magistrales, así, al estilo Milei en Argentina haciendo de un Don Nadie un Rock Star.

    Como al Tío Richie no le funcionó su fiasco de videograbaciones de la “Revolución de la Libertad”, entonces ha optado por mandar a Zunzunegui a “BBVA Aprendemos juntos México”, al podcast de Marco Antonio Regil y hasta con el clasista de Franco Escamilla. Pero la lista de espacios mercenarios no termina ahí, también lo han enviado con supuestos “influencers” que hablan estupideces y/o se creen genios por usar ChatGPT como en el caso de Adrián Marcelo, o los “Chicos Tec – Whitexican” como Roberto Martínez, Farid Dieck, o los hermanos Mateus y Diego Ruzzarin.

    Salinas Pliego ha encontrado en las redes sociales un espacio altamente corrompible por el cual con su dinero pueda crear una narrativa golpista, de esa manera, un youtubero con millones de seguidores como Lusito Comunica puede crear contenidos “buena ondita” y de la noche a la mañana convertirse en especialista en refinerías o en comercio internacional hablando idioteces con un sesgo favorable para la oposición en México. Hay que tener cuidado con esta doble cara de los personajes famosos supuestamente apolíticos o “neutrales” que suelen ser los peores y los que más daño hacen a la población, la confunden y desorientan y cumplen con su objetivo de la desinformación o la construcción virtual del caos. 

    Recuerdo claramente cuando ocupaban la televisión y le preguntaban a Andrea Legarreta sobre economía y salía diciendo sandeces lavándole la cara a Peña Nieto sobre la devaluación del peso o el alza de los precios de la gasolina, ahora al Tío Richie le atraen más las redes sociales y ahí es cuando sale la mercenaria Eva María Beristain o Julio Cesar Fuentes Cruz “Yulay” que se hacen pasar por creadores de contenido social cuando en realidad cuando han pasado tragedias en el país como temblores, huracanes o inundaciones como en Acapulco y Veracruz salen como Santa Fe Klan golpeteando al gobierno con una clara miopía y sesgo conservador y de derecha. 

    Vendidos al mejor postor, en el mismo cajón está el Oso Trava, el Master Muñoz y Jorge Carrillo de Albornoz Torres “Jordi Wild”, por citar sólo algunos. Sin duda Zunzunegui es el ejemplo de lo que puede hacer la derecha y el conservadurismo con las redes sociales y con youtuberos mercenarios sin valores y sin principios, sin duda, el pueblo ha de estar más vigilante frente a estos lobos con piel de oveja.

  • 5 de mayo: cuando México derrotó a un imperio (y por qué no debemos olvidarlo)

    5 de mayo: cuando México derrotó a un imperio (y por qué no debemos olvidarlo)

    Cada 5 de mayo no celebramos una efeméride vacía ni un acto folclórico reducido a desfiles escolares y militares. Recordamos una lección histórica que incomoda a los poderosos: México, con recursos limitados pero con dignidad intacta, fue capaz de derrotar al ejército más poderoso del mundo. La Batalla de Puebla no solo fue una victoria militar; fue un golpe directo al corazón del imperialismo.

    En 1862, el ejército francés —sí, el mismo que presumía ser invencible en Europa— llegó a tierras mexicanas con la arrogancia típica de los imperios. Bajo el mando de Ignacio Zaragoza, un ejército compuesto en gran medida por campesinos, indígenas y ciudadanos comunes resistió y venció. No era solo una batalla por territorio: era una lucha por la soberanía, por el derecho de un país a decidir su destino sin imposiciones extranjeras.

    Aquella victoria no terminó la intervención, pero marcó el inicio de una resistencia que años después lograría lo impensable: expulsar definitivamente al invasor. El imperio francés, que pretendía instaurar una monarquía a modo en México, terminó derrotado por un pueblo que nunca aceptó la subordinación.

    Hoy, más de 160 años después, el eco de Puebla sigue resonando. Por que aunque las formas cambian, las intenciones imperiales persisten. La injerencia extranjera no siempre llega en forma de ejércitos; ahora se disfraza de “cooperación”, de “inteligencia compartida” o de acusaciones mediáticas que buscan desestabilizar.

    Ahí están los reportes recientes sobre operaciones encubiertas de la CIA en Chihuahua, actuando en coordinación con autoridades locales, pero al margen de la soberanía nacional y la constitución. Ahí están también las filtraciones y señalamientos contra funcionarios de Sinaloa, muchas veces sin pruebas concluyentes, pero con un claro impacto político y mediático. ¿Casualidad? Difícil creerlo.

    Estados Unidos ha perfeccionado una forma de intervención menos visible, pero igual de peligrosa. No necesita invadir con tropas cuando puede influir con agencias, presionar con narrativas o condicionar con acuerdos y aranceles.

    Por eso, recordar la Batalla de Puebla no es un acto nostálgico: es un acto político. Nos obliga a preguntarnos si hoy estamos defendiendo la soberanía con la misma firmeza que aquellos soldados que, con fusiles precarios, enfrentaron a un imperio. Nos confronta con la realidad de que la independencia no es un estado permanente, sino una lucha constante.

    México ya demostró que puede derrotar imperios. Lo hizo cuando parecía imposible. Lo hizo cuando todo estaba en contra. Y lo volvió a hacer al expulsar a los invasores años después.

    Hoy, la batalla no se libra en los fuertes de Loreto y Guadalupe, pero sigue en pie. Está en la defensa del territorio, en la autonomía de las decisiones políticas, en la resistencia frente a cualquier forma de injerencia extranjera.

    Porque si algo nos enseñó Puebla es esto: los imperios no son invencibles. Y los pueblos que defienden su soberanía, tampoco.

  • Envejecer

    Envejecer

    Sin ánimo de deprimir a nadie y en cambio sí con toda la intención de hacer conciencia, enseguida apunto qué debemos entender por envejecimiento, según el glosario que integra el documento conceptual de la Encuesta Nacional sobre Salud y Envejecimiento en México 2024:

    Proceso natural, continuo e irreversible de cambios biopsicosociales que ocurren a lo largo de la vida, desde el nacimiento hasta la muerte, caracterizado por una acumulación de daño celular que lleva a un descenso gradual de las capacidades físicas y mentales.

    Apostillemos… Envejecer es un proceso que ocurre por sí mismo, como parte del funcionamiento normal de la vida o del mundo, sin necesidad de intervención externa. Es algo “que simplemente sigue su curso porque así está determinado por naturaleza. Es continuo porque no ocurre en saltos ni en momentos aislados ni a resultas de eventos específicos, sino que avanza todo el tiempo, día tras día. Desde que nacemos, el cuerpo está cambiando constantemente: crecemos, maduramos y luego, poco a poco, nuestras funciones van disminuyendo. No hay pausas en ese proceso, aunque no lo notemos. Es irreversible porque esos cambios no pueden deshacerse. Puedes mejorar tu salud, retrasar ciertos efectos o compensarlos (con ejercicio, buena alimentación, medicina), pero no puedes regresar el organismo al estado biológico de una etapa anterior. Es como una vela que se consume: puedes hacer que dure más, pero no puedes devolverle la cera que ya se quemó.

    El envejecimiento se presenta como una serie de cambios biopsicosociales porque no afecta nada más al cuerpo, sino a tres dimensiones que están íntimamente conectadas: el organismo cambia (crecimiento, maduración, desgaste de órganos y células), pero también evolucionan la memoria, las emociones, la forma de pensar y de afrontar la vida. De igual modo, a lo largo del tiempo, cambian los roles y relaciones (ser estudiante, trabajador, padre/madre, jubilado, cuidar y ser cuidado, etc.) de cada persona. Y todos esos cambios suceden todo el tiempo, desde el nacimiento hasta la muerte, porque no empiezan en la vejez: desde que nacemos ya estamos en un proceso de transformación constante. Lo que cambia es el tipo de transformación: al inicio predominan el crecimiento y desarrollo; después, el mantenimiento; y más adelante, el declive gradual. Las células que nos integran trabajan, se dividen y se reponen y reparan constantemente. Pero ese trabajo continuo va dejando pequeñas fallas: daños en el ADN, desgaste en sus estructuras y la capacidad de corregir errores se va desgastando. Con el tiempo, esos daños se acumulan porque el sistema ya no logra repararlos con eficacia. Esa acumulación va afectando cómo funcionan los tejidos y órganos. Por eso, de manera gradual, el cuerpo y la mente pierden parte de su capacidad para responder, adaptarse y mantenerse en equilibrio.

    ¿Y qué tanto cambiamos? ¿Qué tanto queda de lo que fuimos, de lo que hemos sido, conforme vamos envejeciendo? Se estima que al nacer en un ser humano hay del orden de decenas de miles de millones de células (≈10¹⁰), aproximadamente dos billones de células, y que y hacia los 80 años el cuerpo tiene alrededor de 30–40 billones de células. El aumento con la edad se debe al crecimiento en tamaño y número de células (por ejemplo, músculo, grasa, tejido conectivo, etc.). Ahora, ¿algunas de esas células duraron vivas a lo largo de toda la vida o todas se renovaron? ¿algunas de esas células duraron vivas a lo largo de toda la vida o todas se renovaron? La mayoría gran de nuestras células (piel, sangre, intestino, hígado, etc.) se renueva constantemente. Pero no todas se renuevan: neuronas, células del cristalino, miocardiocitos y células del oído interno son ejemplos de células que pueden durar toda la vida (desde el nacimiento o incluso desde el desarrollo fetal). ¿Qué tantas permanecen? Científicamente, se estima que entre el 1% y el 4% de las células del recién nacido siguen vivas en la vejez. La mayoría de los biólogos aceptan que el porcentaje es inferior al 5%, siendo las neuronas las principales protagonistas de esa longevidad celular.

    Lo anterior resulta fascinante, porque si algo tiene que ver nuestra identidad con nuestra dimensión biológica, descansaría entonces en ese no más de 5% de células, el soporte material de la continuidad. Claro, hay otra respuesta: quienes tienen la fortuna de llegar a la vejez, en realidad han sido muchas versiones de sí mismos.

  • Llámenme Mike Flowers

    Llámenme Mike Flowers

    Como en la preprimaria, el gobernador de Nuevo León se esfuerza por ser el primero en todo, lo es en estulticia política también, donde su alumno, el secretario general de gobierno, se ganó a pulso ese lugar, tanto que mueve a risa.

    El secretario general de gobierno Miguel Ángel Flores Serna, autodenominado Mike Flowers, exige una explicación de Tatiana Clouthier sobre la responsabilidad y posible complicidad con Rubén Rocha Moya, por el simple hecho de haber nacido también en Sinaloa.

    Mike asegura que la acusación de Estados Unidos debe tomarse en serio, tomando en cuenta laos señalamientos del Departamento de Justicia como totalmente ciertos, aunque carezcan de pruebas.

    La falta de imaginación, por decir lo menos, de los emecistas raya en el absurdo. La falta de experiencia política y el exceso de improvisación caracteriza a los miembros de Movimiento Ciudadano salta a la vista. Queren hacer una política joven y desconocen la vieja política, tanto que la repiten por ignorancia.

    El caso de Mike es muy clara su despersonalización que es la condición para entrar al mundo del malinchismo, donde el chamaco considera, al igual que su jefe, una injusticia biológica haber nacido de este lado de la frontera.
    Pero su corazón y alma, están con Estados Unidos, y sus presidentes.

    Movimiento Ciudadano está desesperado porque vive su peor momento, precisamente en Nuevo León, donde el gobernador, que quiere ser el primero en todo, también ha ganado el primer lugar en corrupción al ser descubierto desviando recursos por más de mil millones de pesos al despacho familiar Firma Jurídica y Fiscal, para captar recursos públicos.

    La pueril advertencia de Mike sobre la fantasiosa complicidad de la supuesta responsabilidad de Rubén Rocha Moya, inicia un proceso de guerra sucia muy similar a la que tuvo por objetivo desestabilizar la campaña electoral de Rocío Nahle. Argumentar que no nació en Nuevo León, sino en Sinaloa como consigna de campaña.

    Pero Movimiento Ciudadano sí puede proponer a Luis Donaldo Colosio como candidato a gobernador, a pesar de que nació en Sonora, o convertirse en candidato a la gubernatura de esa entidad, aunque no haya vivido en ella los últimos 32 años.

    La guerra con balas de salva de la oposición emecista raya en el absurdo, su tarea ahora consiste en magnificar, en los medios a su alcance todo lo que de malo sucede en el gobierno. Y los difunden como si buscaran la perfección en el gobernó federal, de la cual ellos estuvieron más lejos que el actual régimen.

    El huachicol donde culpan al expresidente, los nexos con el crimen organizado, el desvío de fondos, el nepotismo, que se ha reconocido, investigado y castigado, es para ellos el mayor reclamo, cuando en su momento, eran incapaces de sancionar a sus correligionarios a pesar de las enormes cantidades de dinero que robaron, quienes dice que sí saben gobernar.

    La admiración, dependencia y sumisión que muestran personajes como Mike Flowers, Samuel, Luis Donaldo y la exigencia de actuar en consecuencia a los mandatos de Estados Unidos añade a la larga lista de deficiencias la traición a la patria, que para ellos no es delito, ni pecado ni falta administrativa sino una conducta congruente con su condicionamiento que desde la más tierna infancia les inculcaron sus padres.

  • La papa caliente

    La papa caliente

    México vuelve a estar en el centro de una tensión internacional que, lejos de ser nueva, hoy simplemente ha sido expuesta con mayor intensidad. Las recientes acusaciones provenientes de agencias del gobierno de los Estados Unidos en materia de narcotráfico y seguridad no descubren un problema reciente: ponen sobre la mesa una realidad que por años ha existido y que distintos gobiernos enfrentaron con resultados diversos.

    Medios nacionales como Reforma, El Universal y Milenio han documentado durante décadas la evolución de la violencia en México, evidenciando que se trata de un fenómeno estructural, no coyuntural. Las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública reflejan incrementos importantes en distintos periodos, particularmente desde años previos a la actual administración, lo que confirma que el problema tiene raíces profundas.

    Durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador se adoptó una estrategia distinta: priorizar la vida, contener la violencia y evitar confrontaciones que pudieran escalar en tragedias mayores. Esta visión partió de una premisa clara: ningún gobierno puede construir paz sobre montañas de muertos. Más allá del debate político, esta postura representó un cambio de paradigma frente a modelos anteriores centrados en la confrontación directa.

    Hoy, bajo el liderazgo de la presidenta Claudia Sheinbaum, se enfrenta una etapa particularmente compleja: contener una inercia acumulada por años, estabilizar regiones con alta presión criminal y, al mismo tiempo, mantener el equilibrio político en un entorno nacional e internacional altamente sensible. No es un escenario sencillo. Sin embargo, es claro que se está haciendo el mayor esfuerzo posible por contener esta ola de violencia y el desajuste político que la rodea, apostando por la coordinación institucional, la inteligencia y la continuidad de una estrategia que privilegia la estabilidad social.

    Sería simplista atribuir la seguridad del país a una sola administración. México es una federación compleja, donde la responsabilidad recae también en gobiernos estatales y municipales, con realidades, capacidades y, en muchos casos, visiones políticas distintas. Esta fragmentación institucional ha sido señalada por organismos como México Evalúa como uno de los principales retos para lograr resultados homogéneos en seguridad.

    A esto se suma un fenómeno recurrente: el incremento de la violencia en periodos electorales. Estudios de Integralia Consultores han identificado patrones donde la disputa territorial y política coincide con repuntes en homicidios y agresiones, lo que abre cuestionamientos sobre intereses que van más allá de lo estrictamente criminal.

    Hoy, además, enfrentamos una realidad social compleja: en diversas regiones del país, actores vinculados al crimen han logrado infiltrarse en dinámicas económicas y sociales, normalizando su presencia en espacios públicos y actividades empresariales. Reportajes de medios como Proceso han documentado este fenómeno, que refleja no solo un problema de seguridad, sino también un desafío cultural.

    En este contexto, los señalamientos recientes incluido el caso del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya deben analizarse con responsabilidad. México es un país de instituciones, y cualquier acusación, nacional o internacional, debe resolverse conforme a derecho, con pruebas, procesos claros y respeto absoluto al debido proceso.

    Es fundamental entender que la cooperación entre México y Estados Unidos en materia de seguridad es necesaria, pero también lo es el respeto a la soberanía. Las decisiones internas no pueden responder a presiones externas, sino a la aplicación firme de la ley.

    México no parte de cero. Se han sentado bases importantes para una transformación en materia social, económica y de seguridad. Pero el reto sigue siendo enorme y exige continuidad, coordinación y responsabilidad compartida.

    La “papa caliente” no es de un solo actor. Es de todos: de las instituciones, de los distintos niveles de gobierno y de una sociedad que debe rechazar la normalización de la violencia.

    Porque la paz no es solo la ausencia de guerra. Es la presencia de justicia.

  • Extraños enemigos

    Extraños enemigos

    Desde los primeros días de gobierno de Andrés Manuel López Obrador, quien tomó el poder en diciembre de 2018, se han venido dando distintas protestas contra el nuevo régimen, utilizando casi como si de un manual prediseñado se tratara, los mismos argumentos que se llegaron a utilizar contra distintos líderes de izquierda a lo largo de la historia reciente.

    Me tocó vivir muy de cerca el movimiento FRENAAA, que dentro de su enrevesado acrónimo decía ser un “movimiento anti AMLO”.

    Era sumamente difícil tomarlos en serio, empezando por su histriónico líder, el manipulador y contradictorio empresario regio Gilberto Lozano, quien ya llevaba desde 2015 haciendo videos contra Peña Nieto y enarbolaba las banderas del poder de los ciudadanos y que los políticos “son nuestros empleados”. Las traiciones a sus propios adeptos hicieron que su movimiento se diluyera. Aunque el odio hacia el régimen de la 4T no ha hecho más que crecer y volverse más rancio dentro de los sectores reaccionarios.

    En uno de los fallos de marketing más caros y ridículos de la historia, postularon a Xóchitl Gálvez en 2024 y a ella misma la hicieron creer que su personalidad disruptiva sería suficiente para embaucar al grueso del electorado para volver a votar por la derecha. Durante su campaña, prometía la privatización de las paraestatales y se burlaba del concepto de soberanía, que fue cultivado y reacuñado durante el mandato de AMLO.

    La actual consigna de la derecha, y que se nota más descarada en facciones como el PAN o Salinas Pliego (de las cuales Lilly Téllez es el vértice), es recurrir a llamar la atención del gobierno estadounidense para buscar una intervención que deponga al gobierno de Morena, legítimamente elegido por el pueblo.

    En 2023, la politóloga española Arantxa Tirado publicó su libro El lawfare: Golpes de Estado en nombre de la ley. Ya desde entonces daba cuenta de cómo los poderes fácticos, encabezados por el gobierno estadounidense, sin importar si era demócrata o republicano, retorcían la ley a su gusto para golpear a los gobiernos de izquierda. Explicaba también cómo, cuando las redes hicieron ya inoperantes las campañas negras de propaganda contra gobiernos como el de Hugo Chávez, de la nada aparecían acusaciones de nexos con el narcotráfico, lo cual, en el imaginario colectivo suele surtir efecto para lograr el repudio generalizado de cualquier figura pública.

    Otro título clave para entender la dinámica que se vive actualmente es Los cárteles no existen. Se trata de un profundo trabajo de investigación publicado en 2018 por el periodista mexicano Osvaldo Zavala. Con base en testimonios de agentes estadounidenses antinarcóticos, así como de muchos otros informantes y pesquisas en documentos, Zavala prueba su hipótesis de que los cárteles, así como muchos movimientos terroristas o contrainsurgentes alrededor del mundo, son una creación del propio EEUU, el Estado corruptor por excelencia, que, sin embargo, goza de inmunidad ante el mundo en general, por todos los intereses involucrados, así como en el imaginario colectivo, gracias a su perenne inversión en propaganda para asentar como verdad histórica la versión de que ellos son los buenos.

    La derecha mexicana actual no supera el hecho de que uno de sus integrantes, antes promocionado como una especie de prócer combatiente del crimen, esté refundido precisamente por narcotráfico en una cárcel gringa. Y, aprovechando la coyuntura actual, es decir; la presencia de uno de los seres humanos más aberrantes que han ocupado la oficina oval, no paran de hacer cabildeos de todo tipo, incluyendo las ridículas entrevistas de Fox News, para clamar por la tan anhelada intervención.

    Maru Campos ya dio cínicamente un paso que los tiene muy orgullosos. Y los más sensatos esperamos que enfrente la ley, por el bien de nuestra soberanía y para sentar precedente. Y si Rocha Moya debe algo, que se dirima en las investigaciones, primero de la fiscalía mexicana. El que nada debe, nada teme.

    El “extraño enemigo” contra el cual nos arengaba el himno nacional, tal vez no sea tan extraño. Los vendepatrias están a la orden del día, y a lo mejor saben que tienen hasta las intermedias de noviembre para lograr algo. Sigamos muy atentos.

  • La CIA en México: brazo armado del Imperio disfrazado de socio

    La CIA en México: brazo armado del Imperio disfrazado de socio

    La historia de la Agencia Central de Inteligencia no puede leerse con ingenuidad diplomática. Quienes la conciben como una simple agencia de recopilación de datos ignoran o eluden décadas de evidencia documentada, en gran parte por la propia agencia, sobre sus métodos reales de operación. La CIA no es un organismo de inteligencia en el sentido convencional del término; es el instrumento preferido de la política exterior estadounidense cuando la diplomacia no basta y la guerra abierta resultaría demasiado costosa en términos políticos. Su verdadera función ha sido, sistemáticamente, la desestabilización de gobiernos que no se alinean con los intereses de Washington, la manufactura de consensos a través de la desinformación, y la orquestación de golpes de Estado envueltos en retórica democrática.

    Los registros desclasificados no dejan espacio para la especulación: la CIA participó activamente en el derrocamiento de Mohammad Mosaddegh en Irán en 1953, de Jacobo Árbenz en Guatemala en 1954, apoyó la dictadura de Pinochet en Chile tras el golpe de 1973 contra Salvador Allende, presidente electo por su pueblo, y estuvo involucrada en múltiples operaciones de desestabilización en América Latina, África y Asia. En cada caso, el patrón es idéntico: primero la infiltración, luego la desestabilización económica y mediática, después el golpe o la crisis política, y finalmente la imposición de un gobierno funcional a los intereses corporativos y geopolíticos estadounidenses. La retórica cambia según la época, pero el método permanece.

    La narrativa de la “guerra contra el narcotráfico” merece un análisis particularmente riguroso, especialmente desde la perspectiva mexicana. Durante décadas, la CIA utilizó redes de narcotráfico como mecanismo de financiamiento para sus operaciones encubiertas, como quedó documentado en el escándalo Irán-Contra durante los años ochenta. El caso del piloto Barry Seal, las conexiones entre la Contra nicaragüense y el cartel de Medellín, y los testimonios de múltiples agentes desclasificados revelan que la agencia no solo toleró el tráfico de drogas sino que en ocasiones lo gestionó activamente cuando convenía a sus objetivos estratégicos. Afirmar que la CIA combate el narcotráfico en México es, en el mejor de los casos, una ingenuidad; en el peor, una mentira funcional diseñada para justificar presencia operativa en territorio soberano.

    Y aquí el debate toca el corazón del asunto para México. La soberanía no es un concepto decorativo ni una cláusula de retórica nacionalista. Es el principio fundamental que distingue a una nación libre de un protectorado. Cuando funcionarios públicos permiten la operación de agentes de inteligencia extranjeros en suelo nacional sin aprobación del Congreso federal, están violando no solo la letra de la Constitución, sino el espíritu de una nación que pagó con sangre su independencia y que enfrentó múltiples intervenciones extranjeras a lo largo de su historia. México tiene memoria: recuerda la intervención francesa, recuerda la invasión norteamericana de 1846, recuerda la Embajada Pactista. No puede permitir que esa memoria se borre con el barniz de la “cooperación bilateral”.

    La posición de México debe ser clara e inquebrantable: ninguna agencia de inteligencia extranjera puede operar en territorio nacional sin el conocimiento, la aprobación y la supervisión de los órganos legislativos correspondientes. Esta no es una postura de confrontación; es una afirmación elemental de lo que significa ser un Estado soberano en el sistema internacional. La colaboración en materia de seguridad es legítima y posible, pero debe ser horizontal, transparente y subordinada a los intereses nacionales mexicanos, no a los cálculos geopolíticos de Washington.

    El imperialismo del siglo XXI no llega con barcos de guerra en todos los casos. Llega con agencias de inteligencia, con condicionalidades financieras, con acuerdos de “cooperación” que encubren subordinación, con narrativas mediáticas que criminalizan a los gobiernos que se niegan a ceder. México ha demostrado, a lo largo de su historia, capacidad para resistir esa presión cuando existe voluntad política y respaldo popular. La doctrina Estrada, que durante décadas orientó la política exterior mexicana con el principio de no intervención, sigue siendo un faro vigente en un mundo donde las grandes potencias continúan pretendiendo que su interés particular es el orden global.

    Quienes facilitan la operación de la CIA en México, sean funcionarios electos o no, deben responder ante las instituciones del país. La impunidad en estos casos no es un asunto administrativo menor; es una herida a la soberanía que, si no se cierra con consecuencias jurídicas reales, envía el mensaje de que México es un territorio abierto a la intromisión extranjera. La patria no se administra; se defiende.

  • VERDAD, JUSTICIA Y DEFENSA DE LA SOBERANÍA

    VERDAD, JUSTICIA Y DEFENSA DE LA SOBERANÍA

    Estas 3 palabras fueron la parte más importante del comunicado leído por la presidenta Claudia Sheinbaum durante la conferencia mañanera del 30 de abril; estas palabras encierran un mensaje poderoso dentro y fuera de México.

    VERDAD.

    Después del comunicado emitido el día de ayer por el Departamento de Justicia de EU, México exige que se compruebe con evidencias contundentes los señalamientos hacia sus funcionarios; dicha exigencia es totalmente justificada debido a que Estados Unidos tiene como costumbre señalar sin evidencia contundente, caso del presidente de Venezuela secuestrado y en juicio activo por un cartel que ni siquiera existe, razón más que válida para solicitar evidencia que sustente los dichos.

    JUSTICIA.

    De existir pruebas claras, el gobierno está obligado a realizar las diligencias judiciales para castigar a los señalados de estas imputaciones; sin embargo, en caso de que se demuestre la inocencia de los presuntos implicados, se tendrá que solicitar al Departamento de Justicia que se retracte de la misma manera como lo dio a conocer, por escrito y acompañado de una disculpa.

    DEFENSA DE LA SOBERANÍA.

    Esto aplica para Estados Unidos, que con su línea injerencista pretende desestabilizar a México al intentar desestabilizar a la 4ta Transformación solo por el hecho de no poder controlarnos como cuando gobernaba la oposición y está perdiendo control político sobre nuestro país; sin embargo, este punto también debe aplicar para los parias vende patrias como Lilly Téllez, Ricardo Anaya, Maru Campos y todos esos lastres que han estado apoyando a Estados Unidos en su intento de dar un golpe de Estado en nuestro país; estas lacras deben ser enjuiciadas por ser traidores a la Constitución mexicana.

    La diferencia entre Estados Unidos y México actualmente es abismal; mientras Trump apenas alcanza un 25% de aprobación, nuestra presidenta Sheinbaum goza de un 70%; la situación de consumo de estupefacientes en EU alcanza a más del 50% de la población menor de 12 años en el consumo de drogas, alcohol y tabaco; en México no llega al 14% de la población del mismo grupo de edad, por lo que nuestro país implementa políticas mucho más efectivas atendiendo las causas, mientras nuestros vecinos están más ocupados tratando de invadir otros países, mientras sus ciudadanos se hunden en una cotidianidad de adicciones, descontento ante la inoperancia de su gobierno, quien solicita billones para fines bélicos, pero deja de lado la salud pública como si le estorbara.

    El comunicado del Departamento de Justicia fue solo una vil herramienta de presión política y mediática; muchos expertos hablan de que Trump está usando este recurso para no firmar el tratado de libre comercio, ya que formalizar la revisión del mismo fortalecería aún más a nuestro país, pues, por la cercanía, inversiones y proyectos, México lleva una gran ventaja que redituaría en un crecimiento político y financiero que nos situaría en los primeros planos mundiales.

    Las palabras de nuestra presidenta en su mensaje son contundentes: actuar con claridad y eficacia, sin linchamientos jurídicos ni políticos para los implicados ni para el país, así como que todo procedimiento legal debe ser realizado en nuestro país, sin ceder a presiones ni chantajes por parte de un país que está desesperado por retomar el control que por décadas ejerció en nuestro país y que, con la llegada del humanismo mexicano, no ha podido conservar.

    Es hora de cerrar filas con nuestra presidenta.
    ¡A México se le respeta!

    “La rebeldía es la vida: la sumisión es la muerte”
    Ricardo Flores Magón

  • México: presión interna, tensión externa y una narrativa que se desborda

    México: presión interna, tensión externa y una narrativa que se desborda

    México está que hierve. No es una percepción aislada ni un exceso retórico: es el reflejo de una acumulación de eventos que, en cuestión de días, han elevado la tensión política, institucional y social a niveles delicados.

    En el centro de la conversación se encuentra un tema particularmente sensible: la presunta presencia de agentes vinculados a la Central Intelligence Agency en territorio nacional, quienes habrían fallecido en un accidente que, lejos de cerrar el capítulo, ha abierto múltiples interrogantes.

    • Las preguntas son inevitables:
    • ¿Quién autorizó su ingreso?
    • ¿Bajo qué marco de cooperación operaban?
    • ¿Existía conocimiento pleno por parte del gobierno mexicano?
    • ¿O estamos frente a una operación que desbordó los canales diplomáticos tradicionales?

    En materia de seguridad e inteligencia, la colaboración bilateral entre México y Estados Unidos no es nueva. Sin embargo, históricamente ha estado sujeta a protocolos estrictos, acuerdos formales y mecanismos de supervisión. Cualquier desviación de ese esquema genera no solo dudas, sino implicaciones profundas en términos de soberanía.

    Y en ese mismo contexto de tensión, emerge otro elemento que intensifica el ambiente: los señalamientos y versiones sobre una posible solicitud de detención con fines de extradición contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya.

    Aquí es donde la narrativa se vuelve aún más compleja. Por un lado, existe una dinámica creciente en la que actores políticos, empresariales y sociales han acudido a instancias en Estados Unidos cortes y agencias para denunciar presuntas actividades ilícitas vinculadas a México. Por otro, está el principio fundamental del derecho: no hay culpabilidad sin pruebas.

    Estados Unidos opera bajo un sistema donde el delito de conspiración permite construir casos robustos a partir de redes de colaboración, testimonios protegidos y evidencia financiera. México, por su parte, exige procesos distintos, con estándares probatorios y garantías procesales propias. Esa diferencia jurídica es clave para entender por qué muchas acusaciones mediáticas no necesariamente se traducen en acciones inmediatas.

    Pero más allá del terreno legal, lo que realmente está en juego es la percepción de control del Estado.

    Es evidente que México enfrenta retos serios en materia de seguridad. También es cierto que el fenómeno no es reciente. Desde el inicio de la estrategia de confrontación directa contra el crimen organizado una etapa que todos identifican sin necesidad de nombrarla la violencia y la capacidad operativa de los grupos criminales han evolucionado. En ese proceso, la infiltración en estructuras de poder ha sido una constante señalada por distintos análisis.

    Hoy, el gobierno actual sostiene que existe un esfuerzo real por recuperar el control. Y aunque los resultados pueden ser debatidos, hay una realidad innegable: el problema es estructural, acumulado y profundamente complejo.

    Mientras tanto, la presión social también se manifiesta en otros frentes. La vida urbana, particularmente en la Ciudad de México, refleja síntomas de desorden: crecimiento del comercio informal, deterioro visual en ciertas zonas, aumento del uso de motocicletas sin regulación efectiva y una sensación generalizada de falta de control en espacios públicos.

    Esto no es menor. La imagen urbana también es gobernabilidad.

    A ello se suma el derecho legítimo a la protesta. México es un país donde la manifestación social ha sido históricamente un motor de cambio. Sin embargo, el límite siempre ha sido claro: la protesta no debe convertirse en destrucción del patrimonio colectivo. La línea entre expresión y vandalismo no solo es legal, sino moral.

    En este entorno, el país se aproxima a un momento de exposición global con la cercanía del Mundial. Y eso introduce una variable adicional: la necesidad de proyectar estabilidad, orden y capacidad institucional.

    México vive una etapa de alta presión.

    • Interna, por los desafíos estructurales.
    • Externa, por la vigilancia y acciones de otros países.
    • Y mediática, por una narrativa que muchas veces mezcla hechos, versiones y especulación.

    Como diría Don Joaquín López Doriga en una frase que hoy resuena con fuerza: esto es una bomba.

    La diferencia es que, en este caso, no se trata de si explotará o no, sino de cómo se administrará la presión antes de que lo haga.

  • Soberanía en Riesgo: Agentes de la CIA y la Crisis en México

    Soberanía en Riesgo: Agentes de la CIA y la Crisis en México

    La reciente muerte de dos agentes de la CIA en el estado de Chihuahua ha encendido un debate profundo sobre la legalidad de su presencia en territorio mexicano, así como sobre las implicaciones que este hecho tiene para el Estado de derecho y la soberanía nacional de México. Más allá del impacto inmediato del incidente, el caso obliga a revisar los mecanismos de cooperación internacional en materia de seguridad y los límites que deben respetarse en un país que, constitucionalmente, es libre y soberano.

    De acuerdo con los primeros reportes, los agentes se encontraban operando en una zona estratégica vinculada a actividades del crimen organizado. Sin embargo, uno de los elementos más controvertidos es que no se ha esclarecido plenamente bajo qué marco legal realizaban dichas actividades. Si bien existe cooperación bilateral entre México y Estados Unidos en materia de inteligencia y combate al narcotráfico, esta debe regirse por acuerdos formales, protocolos diplomáticos y, sobre todo, por el respeto irrestricto a la jurisdicción nacional.

    La posible actuación de agentes extranjeros sin supervisión directa de las autoridades mexicanas constituye una violación al principio básico del Estado de derecho: nadie puede estar por encima de la ley. En este sentido, la presencia de elementos de la CIA operando de manera opaca o fuera de los canales institucionales pone en entredicho la capacidad del Estado mexicano para ejercer control efectivo sobre su territorio. Además, genera un precedente peligroso, ya que podría normalizar la intervención extranjera bajo el argumento de la cooperación en seguridad.

    Desde una perspectiva jurídica, la soberanía nacional implica la facultad exclusiva del Estado para tomar decisiones dentro de su territorio sin injerencias externas. La Constitución mexicana establece claramente que ninguna autoridad extranjera puede ejercer funciones públicas en el país sin autorización expresa. Si se confirma que los agentes actuaban sin un marco legal sólido o con un nivel de autonomía indebido, estaríamos ante una vulneración directa de este principio.

    Por otro lado, este caso también revela tensiones estructurales en la relación bilateral entre México y Estados Unidos. La lucha contra el narcotráfico ha sido, durante décadas, un terreno de cooperación, pero también de fricción. Mientras Estados Unidos busca frenar el flujo de drogas hacia su territorio, México enfrenta las consecuencias internas de la violencia generada por los cárteles. En este contexto, la participación de agencias como la CIA ha sido históricamente delicada, precisamente por el riesgo de cruzar líneas que comprometan la soberanía mexicana.

    La muerte de los agentes, además, abre interrogantes sobre la estrategia de seguridad en la región. ¿Hasta qué punto la presencia de actores extranjeros contribuye realmente a mejorar las condiciones de seguridad? ¿O, por el contrario, incrementa los riesgos al generar dinámicas paralelas de operación que escapan al control institucional? Estas preguntas son clave para replantear el modelo de cooperación vigente.

    Asimismo, el incidente pone en evidencia la necesidad de fortalecer las capacidades internas del Estado mexicano. La dependencia de inteligencia extranjera puede ser útil en ciertos contextos, pero no debe sustituir el desarrollo de instituciones nacionales sólidas, capaces de enfrentar por sí mismas los desafíos de seguridad. La construcción de un Estado fuerte pasa necesariamente por garantizar que todas las acciones dentro de su territorio estén sujetas a su marco legal.

    En el plano político, este suceso podría tener repercusiones importantes. La opinión pública suele reaccionar con sensibilidad ante cualquier indicio de intervención extranjera, especialmente en un país con una historia marcada por conflictos de soberanía. Por ello, la respuesta del gobierno mexicano será crucial: deberá esclarecer los hechos con transparencia, definir responsabilidades y, en su caso, ajustar los mecanismos de cooperación para evitar que situaciones similares se repitan.

    En conclusión, la muerte de los agentes de la CIA en Chihuahua no es un hecho aislado, sino un síntoma de tensiones más profundas entre seguridad, legalidad y soberanía. Este caso debe servir como punto de inflexión para reforzar el Estado de derecho en México, establecer límites claros a la actuación de actores extranjeros y reafirmar el principio fundamental de que la soberanía nacional no es negociable.