Sin ánimo de deprimir a nadie y en cambio sí con toda la intención de hacer conciencia, enseguida apunto qué debemos entender por envejecimiento, según el glosario que integra el documento conceptual de la Encuesta Nacional sobre Salud y Envejecimiento en México 2024:
Proceso natural, continuo e irreversible de cambios biopsicosociales que ocurren a lo largo de la vida, desde el nacimiento hasta la muerte, caracterizado por una acumulación de daño celular que lleva a un descenso gradual de las capacidades físicas y mentales.
Apostillemos… Envejecer es un proceso que ocurre por sí mismo, como parte del funcionamiento normal de la vida o del mundo, sin necesidad de intervención externa. Es algo “que simplemente sigue su curso porque así está determinado por naturaleza. Es continuo porque no ocurre en saltos ni en momentos aislados ni a resultas de eventos específicos, sino que avanza todo el tiempo, día tras día. Desde que nacemos, el cuerpo está cambiando constantemente: crecemos, maduramos y luego, poco a poco, nuestras funciones van disminuyendo. No hay pausas en ese proceso, aunque no lo notemos. Es irreversible porque esos cambios no pueden deshacerse. Puedes mejorar tu salud, retrasar ciertos efectos o compensarlos (con ejercicio, buena alimentación, medicina), pero no puedes regresar el organismo al estado biológico de una etapa anterior. Es como una vela que se consume: puedes hacer que dure más, pero no puedes devolverle la cera que ya se quemó.
El envejecimiento se presenta como una serie de cambios biopsicosociales porque no afecta nada más al cuerpo, sino a tres dimensiones que están íntimamente conectadas: el organismo cambia (crecimiento, maduración, desgaste de órganos y células), pero también evolucionan la memoria, las emociones, la forma de pensar y de afrontar la vida. De igual modo, a lo largo del tiempo, cambian los roles y relaciones (ser estudiante, trabajador, padre/madre, jubilado, cuidar y ser cuidado, etc.) de cada persona. Y todos esos cambios suceden todo el tiempo, desde el nacimiento hasta la muerte, porque no empiezan en la vejez: desde que nacemos ya estamos en un proceso de transformación constante. Lo que cambia es el tipo de transformación: al inicio predominan el crecimiento y desarrollo; después, el mantenimiento; y más adelante, el declive gradual. Las células que nos integran trabajan, se dividen y se reponen y reparan constantemente. Pero ese trabajo continuo va dejando pequeñas fallas: daños en el ADN, desgaste en sus estructuras y la capacidad de corregir errores se va desgastando. Con el tiempo, esos daños se acumulan porque el sistema ya no logra repararlos con eficacia. Esa acumulación va afectando cómo funcionan los tejidos y órganos. Por eso, de manera gradual, el cuerpo y la mente pierden parte de su capacidad para responder, adaptarse y mantenerse en equilibrio.
¿Y qué tanto cambiamos? ¿Qué tanto queda de lo que fuimos, de lo que hemos sido, conforme vamos envejeciendo? Se estima que al nacer en un ser humano hay del orden de decenas de miles de millones de células (≈10¹⁰), aproximadamente dos billones de células, y que y hacia los 80 años el cuerpo tiene alrededor de 30–40 billones de células. El aumento con la edad se debe al crecimiento en tamaño y número de células (por ejemplo, músculo, grasa, tejido conectivo, etc.). Ahora, ¿algunas de esas células duraron vivas a lo largo de toda la vida o todas se renovaron? ¿algunas de esas células duraron vivas a lo largo de toda la vida o todas se renovaron? La mayoría gran de nuestras células (piel, sangre, intestino, hígado, etc.) se renueva constantemente. Pero no todas se renuevan: neuronas, células del cristalino, miocardiocitos y células del oído interno son ejemplos de células que pueden durar toda la vida (desde el nacimiento o incluso desde el desarrollo fetal). ¿Qué tantas permanecen? Científicamente, se estima que entre el 1% y el 4% de las células del recién nacido siguen vivas en la vejez. La mayoría de los biólogos aceptan que el porcentaje es inferior al 5%, siendo las neuronas las principales protagonistas de esa longevidad celular.
Lo anterior resulta fascinante, porque si algo tiene que ver nuestra identidad con nuestra dimensión biológica, descansaría entonces en ese no más de 5% de células, el soporte material de la continuidad. Claro, hay otra respuesta: quienes tienen la fortuna de llegar a la vejez, en realidad han sido muchas versiones de sí mismos.
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