Categoría: Opinión

  • La mujer que olvidó quien le abrió la puerta…

    La mujer que olvidó quien le abrió la puerta…

    Hay frases que, por más que intenten maquillarlas, terminan exhibiendo una forma de entender el poder, y la panista Natalia Torres soltó una de esas perlas al plantear que para obtener la credencial para votar debería aplicarse un examen.

    O sea en otras palabras, no todos deberíamos decidir el rumbo del país, y bueno, esto no es tan nuevo, durante siglos sirvió para negar derechos a quienes “no estaban preparados”, primero fueron los pobres, luego los indígenas, después las mujeres y, en general, cualquiera que no perteneciera a la élite de turno.

    Curiosa manera de entender la democracia, ahora resulta que el propósito ya no sería convencer al electorado con ideas, con propuestas, sino empezar a seleccionar quién merece ser parte del electorado, háganme el bendito favor.

    No puedo evitar el darle a mi pensar el toque feminista, lo que propone Natalia Torres es una enorme contradicción, una mujer proponiendo filtros para ejercer un derecho que otras mujeres tuvieron que conquistar con décadas de lucha. El voto femenino en México no cayó del cielo ni fue un regalo de los partidos conservadores, esos espacios fueron conquistados gracias a décadas de lucha del movimiento feminista por el sufragio femenino, la igualdad jurídica, las cuotas de género y la paridad, generaciones que enfrentaron burlas, discriminación y exclusión para demostrar algo que hoy parecen olvidar, la ciudadanía no se mide con un examen.

    Lo preocupante no es solamente una declaración desafortunada, lo preocupante es que encaja perfectamente con una corriente política que ha ido ganando espacio en distintas partes del mundo.

    Una ultraderecha que se presenta como defensora de la “libertad”, pero que con demasiada frecuencia termina decidiendo hasta qué libros se pueden leer, recuerdo el caso del panista Carlos Abascal y el famoso libro Aura, una ultraderecha que también imponen qué derechos se reconocen, quién puede amar a quién, qué pueden hacer las mujeres con su vida y, ahora, hasta quién puede votar.

    En México esa narrativa por supuesto encontró eco, cada vez que el voto popular no favorece a ciertos grupos, aparece la misma cantaleta: “la gente votó mal”, “la gente fue manipulada”, “la gente no entiende”, es más fácil concluir que el pueblo está equivocado que aceptar que la ciudadanía simplemente no los respaldó. Porque cuando alguien empieza a decidir quién merece votar, la pregunta inevitable es, ¿quién aplicaría el examen? ¿Quién redactaría las preguntas? ¿Quién decidirá qué respuestas son las correctas? Y, sobre todo, ¿quién vigilaría a los que se creen con autoridad para repartir certificados de ciudadanía?

    (No creo que se lo encomendarían a la UNAM, y bueno, esa es otra historia.)

    No cabe duda que la “derecha” en nuestro país, sino se atora, se enreda. Imagínense, creen que elegir a nuestros gobernantes es un privilegio reservado para unos cuantos.

    Tal vez por eso la propuesta causó tanto ruido, no porque fuera una ocurrencia aislada, de la profesora de teoría constitucional en la UP, sino porque dejó ver, sin demasiados rodeos, una idea que la derecha lleva tiempo pensando en voz baja, si no pueden convencer a la mayoría, quizá la solución sea reducir quiénes forman parte de esa mayoría.

    En todo esto encontramos una ironía difícil de ignorar, mientras millones de mujeres siguen defendiendo derechos que costaron décadas de conquistar, hay quienes, desde la comodidad de un micrófono parecen más preocupadas por levantar nuevas barreras que por derribarlas. La historia recordará que hubo mujeres que abrieron puertas para que otras pudieran entrar y también recordará a quienes, una vez adentro, quisieron volver a cerrarlas.

    Les mando un abrazo fraterno.

  • El PRI de rodillas

    El PRI de rodillas

    Los primeros años del PRI fueron antiestadounidenses, incluso llegaron a tocar tangencialmente el progresismo, tanto que la derecha se vio obligada a crear al PAN como dique de contención contra sus disposiciones. A la justicia social le llamó comunismo la Casa Blanca, desde que expropiaron el petróleo. Ahora el PRI está más a la derecha que el PAN de aquellos días.

    Hubo un tiempo en que Estados Unidos daba órdenes en el PRI, llegó a imponer presidentes de la República y los convirtió en empleados de la CIA. Ahora los priistas están de rodillas a sus pies.

    Es decir, los intereses de los priistas empujaron a su partido hacia la derecha y adoptaron la servidumbre a Estados Unidos como proyecto político, hasta que llega la 4T y, por sobrevivencia, crea una alianza con el PAN. Viejos cómplices en fraudes electorales anteriores y socios en negocios sucios como el huachicol, donde ex funcionarios de ambos partidos, de todos los niveles, están implicados.

    Ahora el PRI se fue a la derecha y el PAN a la ultraderecha, por eso no mantienen su alianza clara, se hicieron mucho daño en las elecciones y su fusión arrojaba lo peor de ambos partidos, un ejemplo claro fue su candidata a la Presidencia de la República. Aunque en Nuevo león empiezan a coquetearse para lanza candidato común para la gubernatura.

    La bisagra que puede unificar a la derecha se llama Ricardo Salinas Pliego, quien financió una cena para la American Society of México, y encabezada por Larry Rubin, líder vitalicio de la Cámara de Comercio Americana, con nacionalidad mexicana y estadounidense, lo que le permite cuestionar la política de México y apoyar sin tapujos, la histeria trumpista.

    Ahí estuvieron Jorge Romero y Alito Moreno, cada uno con su séquito de incondicionales, los únicos que cuentan en ambos partidos, porque la militancia que todavía no ha desertado espera que desaparezcan del mando de sus líderes.

    La gran propuesta de la noche consistió en entronizar al crimen organizado, como el gran problema del planeta entendido principalmente como narcotráfico, no el huachicol fiscal, ese, para ellos, es delito menor.

    La educación, salud, empleo, vivienda, pobreza no importan. Así lo hizo Bukele y quiere gobernar El Salvador hasta el último minuto de su vida con la anuencia de Trump, precisamente cuando los salvadoreños ya no lo quieren. En el tiempo que le dejó libre el exterminio de las pandillas, también exterminó a la oposición en nombre de la democracia.

    La inseguridad es el pasaporte para ingresar armados a todos los países del continente. El simple hecho de aceptar que la inseguridad es el principal problema y el crimen organizado una amenaza para la vida de sus habitantes ya es un triunfo de Estados Unidos, sólo falta que se actúe de acuerdo con sus lineamientos y éstos consisten, principalmente en la apertura de las fronteras de allá para acá, de acá para allá seguirán cerradas.

    El PRI y el PAN se sentaron en mesas diferentes pero aplaudieron al mismo anfitrión y gozan del dinero del mismo Mecenas.

  • Miedo a la máquina, admiración a la pirata

    Miedo a la máquina, admiración a la pirata

    Toda época ha tenido una forma de controlar el conocimiento. Durante siglos fueron las bibliotecas, las universidades y las editoriales científicas las que decidían qué investigar, qué publicar y quién podía acceder a esa información. La tecnología acompañaba ese orden. Hoy, esa arquitectura comienza a cambiar frente a nuestros ojos. Un agente de inteligencia artificial que escapó de un entorno de pruebas, un modelo capaz de razonar más de lo que muestra y una programadora que recurrió a la inteligencia artificial para conversar con el mayor repositorio científico abierto del mundo revelan una transformación mucho más profunda que cualquier innovación tecnológica: la disputa por decidir cómo circulará el conocimiento durante las próximas décadas.

    La primera historia ocurrió en un laboratorio de OpenAI. Durante una evaluación de seguridad, un agente autónomo fue colocado dentro de un sandbox, un entorno digital completamente aislado diseñado para probar sus capacidades sin poner en riesgo otros sistemas.

    Lo inesperado fue que el agente no se limitó a resolver la prueba. Encontró una vulnerabilidad, escapó del entorno controlado e intentó obtener las respuestas del examen utilizando recursos que no estaban previstos por sus desarrolladores. Simplemente llevó el objetivo que recibió hasta sus últimas consecuencias. Hasta hace poco, una historia así habría pertenecido a la ciencia ficción. Hoy forma parte de las pruebas con las que las principales empresas intentan comprender los límites reales de la inteligencia artificial.

    Si el caso de OpenAI hizo pensar que las máquinas podrían actuar fuera del guion, Anthropic encontró algo todavía más sorprendente. Sus investigadores identificaron dentro de Claude un pequeño espacio interno denominado J-Space, una especie de mesa de trabajo silenciosa donde el modelo mantiene conceptos activos, detecta errores, identifica posibles engaños y desarrolla parte de su razonamiento antes de responder. No significa que la inteligencia artificial sea consciente ni que piense como una persona. Significa algo distinto: que una parte de su proceso ocurre fuera de lo que alcanzamos a observar. Por primera vez, el debate dejó de centrarse únicamente en las respuestas de una máquina para preguntarse qué sucede antes de que esas respuestas existan.

    La tercera historia tiene un rostro humano. Alexandra Elbakyan, creadora de Sci-Hub, volvió a desafiar el sistema con Sci-Bot. A diferencia de asistentes como ChatGPT o Claude, esta inteligencia artificial fue diseñada para dialogar directamente con el enorme repositorio científico construido por Sci-Hub durante más de una década. Ya no se trata únicamente de descargar artículos académicos. Sci-Bot permite formular preguntas, identificar investigaciones relacionadas y obtener respuestas sustentadas en literatura científica que normalmente permanece detrás de costosas suscripciones. Para algunos representa una violación a la propiedad intelectual; para otros, un intento por democratizar el acceso al conocimiento en un mundo donde buena parte de la investigación se financia con recursos públicos, pero termina siendo accesible solo para quienes pueden pagarla.

    Las tres historias parecen distintas, aunque hablan del mismo fenómeno. OpenAI muestra una inteligencia artificial que rebasa un límite técnico. Anthropic descubre capacidades que hasta hace poco permanecían ocultas incluso para sus propios desarrolladores. Elbakyan desafía deliberadamente un límite jurídico para ampliar el acceso al conocimiento. Cambian los escenarios, pero la pregunta permanece: ¿por qué unas rupturas nos producen miedo, otras fascinación y otras admiración?

    La respuesta probablemente no esté en las máquinas. Está en nosotros. No juzgamos una ruptura únicamente porque alguien desafíe una regla; la juzgamos según quién la protagoniza, a quién beneficia y quién pierde poder como consecuencia. Tememos que una inteligencia artificial escape porque sentimos que podríamos perder el control. Nos asombra descubrir que un modelo razona más de lo que muestra porque intuimos nuevas posibilidades científicas. Y muchas personas simpatizan con Alexandra Elbakyan porque identifican una desigualdad que durante años pareció normal: el conocimiento más valioso del mundo no siempre está disponible para quien más lo necesita.

    Quizá dentro de algunos años no recordemos este momento porque una máquina escapó de un laboratorio, porque otra comenzó a pensar en silencio o porque una programadora desafió a las grandes editoriales científicas. Lo recordaremos porque entendimos que el conocimiento dejó de ser únicamente información para convertirse en el principal espacio de disputa por el poder. Y cuando eso ocurre, la pregunta deja de ser quién se atreve a salirse del guion. La verdadera responsabilidad recae en quienes escriben ese guion y, sobre todo, en la sociedad que decide si seguirá protegiendo privilegios o comenzará a abrir oportunidades para que el conocimiento beneficie a todas y todos.

  • Exámenes de admisión, inteligencia artificial, trampas, neoliberalismo y más

    Exámenes de admisión, inteligencia artificial, trampas, neoliberalismo y más

    Hoy el debate gira en torno al examen de admisión de la UNAM. Videos, denuncias y testimonios sobre el uso de inteligencia artificial para responder preguntas, dudas sobre la seguridad del sistema y críticas a la empresa contratada para diseñar y aplicar la evaluación han ocupado las redes sociales durante días. La universidad ya anunció investigaciones y revisiones del proceso.

    Pero quizá estamos haciendo la pregunta equivocada. Porque el verdadero problema no es que la inteligencia artificial haya encontrado la manera de vulnerar un examen.

    El verdadero problema es que seguimos creyendo que un examen de unas cuantas horas puede decidir el futuro académico de cientos de miles de jóvenes. La IA no inventó la crisis, la hizo evidente.

    Durante décadas se nos ha vendido la idea de que los exámenes de admisión son instrumentos objetivos, neutrales y meritocráticos. No lo son.

    Un examen estandarizado mide la capacidad para responder un cuestionario bajo determinadas condiciones. No mide creatividad. No mide pensamiento crítico. No mide vocación. No mide disciplina. No mide liderazgo. No mide compromiso social. Mucho menos determina quién será un mejor médico, ingeniera, abogada, historiador o científico.

    Lo que sí hace es clasificar, ordenar, excluir. Esa ha sido siempre su función.

    El argumento oficial sostiene que las universidades públicas no tienen suficientes lugares para atender toda la demanda y, por tanto, deben seleccionar.

    Ese problema es real. Pero convertir una limitación presupuestal en una supuesta prueba de mérito es una decisión política.

    Cuando miles de jóvenes quedan fuera cada año, el mensaje implícito no es únicamente que “no alcanzaron el puntaje”. También se normaliza la idea de que la educación superior es un privilegio escaso y no un derecho que el Estado debe garantizar progresivamente.

    Ahí aparece la lógica neoliberal. No porque exista un examen en sí mismo, sino porque la escasez termina administrándose mediante mecanismos de competencia individual en lugar de resolverse con una expansión suficiente de la educación pública.

    El resultado es conocido. Quien puede pagar cursos especializados, simuladores, asesorías privadas o plataformas digitales llega con ventaja. Quien estudió en escuelas con mayores recursos también parte desde una posición distinta.

    Y quien no aprueba suele escuchar que “no se esforzó lo suficiente”, como si todas las personas hubieran competido desde el mismo punto de partida.

    La meritocracia suele olvidar las desigualdades. Por eso tampoco sorprende que alrededor de estos exámenes haya florecido toda una industria: Cursos, guías, plataformas, aplicaciones, escuelas privadas que prometen “asegurar el ingreso” y un largo etc.

    La educación pública termina alimentando un mercado privado construido alrededor de la exclusión. Paradójicamente, cuanto más difícil es entrar a una universidad pública, más rentable se vuelve preparar a quienes intentan hacerlo.

    La inteligencia artificial solo agregó un nuevo ingrediente a esa ecuación. Si una herramienta tecnológica es capaz de responder un examen diseñado para medir conocimientos, quizá también está revelando que ese instrumento evalúa habilidades que hoy pueden automatizarse con relativa facilidad.

    Las universidades tienen el enorme desafío de repensar sus mecanismos de ingreso en un mundo donde la inteligencia artificial ya forma parte de la vida cotidiana.

    Eso implica fortalecer la integridad académica, revisar los procesos tecnológicos y garantizar que cualquier empresa contratada para desarrollar estas plataformas cumpla con los más altos estándares de seguridad y transparencia.

    Pero también implica algo mucho más profundo. Preguntarnos si el examen estandarizado sigue siendo el mejor camino para decidir quién merece estudiar. Porque el conocimiento ya no consiste únicamente en memorizar información.

    Hoy importa comprender, argumentar, crear, investigar, resolver problemas y trabajar de manera colaborativa. Nada de eso cabe completamente en una hoja de respuestas.

    La discusión no debería agotarse en descubrir quién hizo trampa. Debería llevarnos a cuestionar un modelo de selección que desde hace décadas deja fuera a cientos de miles de jóvenes, no necesariamente porque carezcan de talento, sino porque el sistema educativo no ha crecido al ritmo de las necesidades del país.

    Lo verdaderamente importante será decidir si queremos seguir defendiendo un mecanismo de exclusión diseñado para administrar la escasez o construir un sistema universitario capaz de garantizar que el derecho a la educación no dependa de un examen de unas cuantas horas.

    Porque cuando el principal filtro para acceder a un derecho es sobrevivir a una prueba estandarizada, quizá el problema nunca fue la inteligencia artificial. Quizá el problema siempre fue el examen.

    Redes sociales

  • Somos huachicoleros MX

    Somos huachicoleros MX

    Si la primera declaración pública ante el árbitro electoral fue la de pedir auditorías a todos los partidos para salvar su historial delictivo, ya podemos imaginar cuál sería su primera disposición de gobierno de Somos México: sacar de la cárcel a los miembros del crimen organizado.

    Antes que consolidar su calidad de partido político el representante de Somos MX, pugnó por fortalecer la intención de inocencia de Ernesto Ruffo. De nada le sirvió su experiencia en el IFE, ni su vieja militancia priista a Marco Antonio Baños, ex consejero, se mostró como un simple porro.

    Con un poco de dedicación a la lectura, actividad que nunca han practicado ninguno de los miembros de ese partido, pueden darse cuenta de que las investigaciones sólidas tienen en curso más de un año y las declaraciones recientes del PAN y de Somos MX, dan lugar a nuevas vertientes de exploración. La simple conformación de un frente común de ex gobernadores panistas en favor de la inocencia de Ruffo, abre nuevos caminos a la indagación.

    La red de complicidad tiene tanto alcance que cualquiera de ellos, o algunos, seguramente tiene que ver con ese delito. Cuatro mil millones de pesos, hasta el día de hoy, como desfalco al fisco, es una cantidad que debió tener cómplices de alto nivel en otros estados.

    La reacción visceral y agresiva de Somos MX, acusa complicidad en la conformación de su proyecto político y seguramente hay indicios de contaminación entre unos y otros. La presencia de Ruffo en Somos MX, se ve incorporada con calzador, por los antecedentes panistas y la aparente pasividad del ex gobernador de Baja California en los últimos años.

    No se trata de un perseguido político, como quieren hacerlo aparecer la dupla de la derecha conformada por el PAN y Somos, una investigación profunda de más de un año, echa abajo cualquier intento de aproximarlo a dicha categoría.

    La acusación está sólidamente cimentada lo que hace falta conocer es la declaración de Ruffo en la cárcel, su negociación para reducir sentencia que puede incluir a algunos de los que ahora se desgarran las vestiduras argumentando su inocencia, cuando en realidad pugnan por su propia impunidad.

    La conformación de ex consejeros electorales y ex ministros de la suprema Corte anunciaba la tendencia hacia la judicialización de las elecciones, su partido, la política y la democracia, y no tardaron en mostrar esta trinchera en tribunales. Saben que por voto mayoritario no ganarán anda, pero conocen muy bien las lagunas legales que todavía en las leyes electorales que la propia oposición ha impedido erradicar, y en ellas hacen su bastión legaloide.

    El estado de las investigaciones está más avanzado de lo que se anuncia públicamente, incluso podría pensarse que se les otorgó el registro condicionado, a sabiendas de que su financiamiento no era legal, y después probar que se fortaleció con dinero ilícito y retirar su registro. Por eso tan airadas reacciones dentro y fuera de Somos MX, pero sobre todo del PAN, donde podría haber cómplices de Ruffo.

    Elegir como carta de presentación ante la autoridad electoral y la opinión pública la defensa de un delincuente y calificarlo preso político, desenmascara los objetivos de un partido que ahora muestra que es de derecha y que no es muy derecho.

  • Los jueces también debemos tocar puertas

    Los jueces también debemos tocar puertas

    Durante décadas, el pueblo tocó las puertas de los juzgados para buscar justicia. Hoy las cosas han cambiado, hoy nos corresponde a los y las juzgadoras tocar las puertas del pueblo para explicar nuestra función como jueces y nuestra vocación por el servicio y justicia, así como rendir cuentas sobre nuestro labor.

    A lo largo del tiempo, se construyó la idea de que el Poder Judicial debía hablar únicamente a través de sus sentencias. Y es cierto que una resolución judicial, es la expresión más importante de la función jurisdiccional y que ningún discurso puede sustituir la fuerza de una decisión fundada en la Constitución y los Derechos Humanos.

    Pero también es cierto que, si la justicia nunca se explica, termina siendo una justicia distante, y una justicia distante difícilmente puede generar la confianza, el respeto y la autoridad, que legitima y necesita cualquier servidor público, para el correcto desempeño de su labor.

    La independencia judicial no significa vivir aislados de la sociedad. Significa resolver sin presiones, sin intereses ajenos al derecho y sin deberle favores a nadie. Esa independencia no se debilita cuando un juzgador escucha a la ciudadanía, explica el alcance de sus funciones o informa sobre los resultados de su trabajo. Al contrario, se fortalece, porque la legitimidad de las instituciones también se construye con transparencia, con empatía y generando una confianza directa con las personas.

    Sin embargo, durante muchos años se alimentó una percepción equivocada y que no tiene futuro en lo que hoy exige y necesita México: que los jueces sólo aparecíamos cuando dictábamos una sentencia o cuando alguna resolución ocupaba los titulares de los medios de comunicación. Ya que entre un expediente y otro parecía existir un muro infranqueable entre la sociedad y quienes impartían justicia. Ese muro no siempre fue producto de la desconfianza; muchas veces también fue consecuencia de la falta de comunicación. Esa realidad debe cambiar.

    No para convertir a los juzgadores en actores políticos, ni para buscar popularidad, ni mucho menos para someter nuestras decisiones ante la presión mediática. Una autoridad judicial, jamás puede decidir por aplausos o por encuestas. Pero sí puede  y debe, explicar cuál es su función jurisdiccional, cómo desempeña su engargo, que criterios jurídicos tiene, cuales son los resultados que ha tenido es su trabajo y por qué el respeto a la Constitución y a los Derechos Humanos protege a todas las personas, incluso cuando una resolución resulte incómoda o impopular a simple vista.

    Como jueza de Distrito en materia penal he asumido esa responsabilidad con absoluta convicción. He participado en diversos foros ciudadanos, universidades, he salido a las calles y he regresado a Azcapotzalco, una de las alcaldías que me otorgó su confianza mediante el voto para desempeñar esta enorme responsabilidad constitucional. Y No regresé para hacer campaña, tampoco para buscar reconocimiento personal. Regresé para rendir cuentas y cumplir con un compromiso que adquirí en mi campaña, el estar cerca de la gente, el generar en la medida de mis posibilidades y sin afectar mis funciones jurisdiccionales cultura jurídica en las y los mexicanos.

    Les expliqué a las y los ciudadanos cuál es la función de un juzgado de distrito en materia penal; cómo se protege el debido proceso; por qué un juez está obligado a respetar los derechos tanto de las víctimas como de las personas imputadas; cuál es significado real del juicio de amparo indirecto, cuáles han sido los avances del Juzgado Décimo Quinto de Distrito en Materia Penal, etc. La ciudadanía tiene derecho a conocer esos resultados, a saber, quienes somos, a conocer nuestra vocación de servicio, a que les expliquemos porque los juzgadores tienen una función trascendental en sus vidas.

    Durante el mes de marzo, el Juzgado Décimo Quinto de Distrito en Materia Penal registró 194 egresos, colocándose entre los órganos jurisdiccionales con mejores resultados en productividad. Pero detrás de ese dato que puede parecer sin importancia, frívolo, o que son simples estadísticas administrativas. Se traduce en un esfuerzo enorme y muchos retos que enfrentaron los titulares para obtener buenos resultados; pero aún más importante, hay justiciables que dejaron de esperar una resolución, familias que obtuvieron una respuesta del Estado, víctimas que recibieron una decisión y personas sujetas a proceso que pudieron conocer oportunamente el sentido de una resolución judicial y llevar un adecuado proceso.

    La productividad no consiste únicamente en resolver más asuntos. Consiste en comprender que detrás de cada expediente hay una historia humana que no puede permanecer indefinidamente en espera de justicia.

    Sin embargo, esos resultados, por importantes que sean, no bastan por sí solos para fortalecer la confianza ciudadana. Las personas tienen derecho a saber cómo trabaja el Poder Judicial, cuáles son sus límites, qué puede resolver un juez y qué corresponde a otras autoridades. Una sociedad informada es mucho menos vulnerable a la desinformación y mucho más capaz de defender el Estado de derecho y sobre poder proteger sus derechos.

    Por ello celebro que cada vez más juezas, jueces, magistradas y magistrados estemos convencidos de que la impartición de justicia también requiere presencia en el territorio. No para sustituir el trabajo jurisdiccional, sino para acercar el conocimiento jurídico a quienes durante muchos años vieron al Poder Judicial como una institución lejana e inaccesible.

    La justicia de territorio no significa resolver fuera de los tribunales. Significa llevar cultura jurídica a las personas, donde antes sólo llegaban rumores, prejuicios o información incompleta. El generar cultura jurídica puede comenzar con visitar universidades, colonias, espacios comunitarios y foros ciudadanos para explicar qué hacemos y por qué lo hacemos.

    México necesita una ciudadanía que conozca sus derechos antes de que le sean vulnerados; que entienda qué hace un juez federal antes de emitir un juicio sobre su trabajo; que sepa distinguir entre una resolución que puede ser impopular y una resolución que es ilegal. Esas distinciones no son menores, ya que la confianza, el respeto y la confianza de las personas es indispensable para que exista, la fortaleza que necesitan nuestras instituciones.

    Muchos jueces y magistrados seguiremos recorriendo las calles, asistiendo a foros y estando en contacto con los justiciables, para dialogar con la ciudadanía y construir una auténtica cultura jurídica. Será un esfuerzo permanente, compatible con nuestra independencia y con el deber de imparcialidad que impone la Constitución. Ya que escuchar a la sociedad no significa decidir conforme a la opinión pública; significa entender mejor la realidad sobre la que el derecho despliega sus efectos. El derecho siempre va un paso atrás de la realidad.

    México atraviesa una etapa inédita para el Poder Judicial, por ello, la cercanía con la ciudadanía debe convertirse en una práctica institucional. La confianza pública no puede exigirse; debe ganarse todos los días con trabajo, transparencia y resultados.

    Como jueza penal federal he aprendido que la legitimidad de una resolución no depende de la cantidad de elogios o críticas que reciba. Depende de que pueda sostenerse jurídicamente, de que respete los derechos humanos y de que encuentre siempre sustento en la Constitución. Pero también he aprendido que una sentencia que nadie entiende difícilmente fortalece la confianza en las instituciones.

    Los jueces no podemos conformarnos con impartir justicia; también debemos contribuir a que las personas comprendan por qué esa justicia existe y cómo protege su libertad. La cultura jurídica no puede solo pertenecer a los abogados y especialistas. Debe convertirse en una herramienta de ciudadanía, porque un pueblo que conoce sus derechos también sabe defenderlos.

    La grandeza de México no depende únicamente de sus leyes. Depende de que sus instituciones sean capaces de acercarse a la gente sin perder su independencia, de rendir cuentas sin renunciar a su autonomía y de ejercer el poder con la humildad de quien nunca olvida que toda autoridad existe para servir a la Nación.

  • Remodelación de Línea 3 del Metro: detalles y alcances de su renovación integral

    Remodelación de Línea 3 del Metro: detalles y alcances de su renovación integral

    El Gobierno de la Ciudad de México alista la renovación integral de la Línea 3 del Metro para modernizar vías, trenes y estaciones.

    El Gobierno de la Ciudad de México, bajo la administración de la jefa de Gobierno Clara Brugada, alista el proyecto de remodelación integral de la Línea 3 del Sistema de Transporte Colectivo Metro (STC). La medida, informada este 27 de julio de 2026, busca atender el deterioro acumulado en una de las arterias de movilidad más transitadas de la capital.

    La ruta contempla un trayecto de 23 kilómetros a lo largo de 21 estaciones, conectando las terminales de Indios Verdes a Universidad y cruzando las alcaldías Gustavo A. Madero, Cuauhtémoc, Benito Juárez y Coyoacán. Con más de 50 años de operación ininterrumpida desde su inauguración en 1970, la línea traslada diariamente a más de 500 mil pasajeros, lo que ha provocado un desgaste severo en sus instalaciones electromecánicas, el cableado y las vías.

    Los trabajos de rehabilitación sustituirán las durmientes, rieles, el sistema de pilotaje automático y la red eléctrica, además de renovar las estaciones e incorporar mejoras en la flota de trenes. Para mitigar las afectaciones a los usuarios durante los cierres parciales por etapas, las autoridades desplegarán unidades de la Red de Transporte de Pasajeros (RTP) y reforzarán los corredores del Metrobús como alternativa de traslado.

  • CONTROL MEDIÁTICO GRINGO

    CONTROL MEDIÁTICO GRINGO

    Como ya se ha comprobado con datos duros, en muchos medios alternativos de comunicación el gobierno de los Estados Unidos es el responsable de la mayor injusticia en el mundo.

    Lo que vemos en las series televisivas y super producciones de Hollywood sólo son argumentos para vender la idea de que el llamado país de las libertades es la mejor versión de un país ideal, pero en la realidad solo es un estado colonialista, por ende manipulador y corrupto, enemigo de la humanidad.

    Al parecer estamos viviendo la peor etapa administrativa del gobierno gringo, dónde su pueblo eligió de manera más que absurda a un delincuente confeso, un personaje racista, violento, con problemas de adicciones y a la vez manipulable, como ya se ha evidenciado en el apoyo al régimen fascista de Israel.

    El temor a ser superados por otras potencias los ha llevado a buscar manipular la información a nivel mundial a través de plataformas y redes sociales que están en manos de los que pagan, los más ricos. Aún cuando se comprometen a acabar con las noticias falsas como es el caso de Elon Musk cuando adquiere Twitter y que por el contrario se genero un red donde hay manipulación y se venden tendencias al mejor pastor.

    El poder mediático es tan impresionante que ha sido la principal herramienta utilizada por el imperio para influenciar en las elecciones como en el caso de países latinoamericanos cono Argentina, Colombia, Ecuador.. por esa razón la oposición en nuestro país apoya las políticas gringas ya que han sido cómplices en el saqueo de nuestras riquezas como se está dando en este momento en Venezuela después del secuestro de su presidente.

    La regulación de la información digital ya es indispensable y debe ser en favor de los derechos humanos.

  • La Odisea: una fresca adaptación de la impresionante travesía fantástica griega

    La Odisea: una fresca adaptación de la impresionante travesía fantástica griega

    Por: Frank Alvarado

    La Odisea, del director Christopher Nolan, es la nueva adaptación del poema homónimo de Homero que data del siglo VIII A.C. En esta nueva versión, el viaje de Odiseo cobra vida a través de una narrativa moderna, cautivadora y épica, que dentro de la fantasía se siente realista y, gracias a un buen presupuesto y manejo del cineasta, brinda un espectáculo fresco.

    No hace falta haber leído la obra clásica, aunque la misma ha demostrado su importancia y riqueza al lograr subsistir a través de los centenarios. No por nada ha sido referenciada a diestra y siniestra en numerosos proyectos de distinta índole. Por ello, aunque no se haya leído la historia original, son de conocimiento popular varios pasajes del mítico viaje y Odiseo es más cercano a nosotros de lo que pensamos.

    Foto: Universal Pictures

    La historia sigue las consecuencias de la Guerra de Troya, donde Odiseo, el Rey de Ítaca, fue convocado por el Rey de Micenas y máximo líder de lo griegos, Agamenón, para tomar la ciudad de Troya después de que el príncipe troyano, Paris, “raptara” a Helena, la esposa de Menelao, hermano de Agamenón. Esto desencadena una guerra de 10 años cuyo desenlace, la caída de la ciudad, es posible por la entrega del mítico caballo de madera gigante, que dejado como regalo, los troyanos toman, sin imaginar que llevan a casa un grupo de rivales que terminarían por abrir las impenetrables puertas de la ciudad, permitiendo que el ejército enemigo lo queme todo.

    Es Odiseo el autor de esta jugada bélica, tan conocida a través de las generaciones, por lo que tras terminar la guerra, carga con el peso de sus decisiones mientras se embarca camino a casa después de años de guerra, pero la travesía no será fácil, y es aquí donde comienza su viaje: la Odisea.

    Foto: IMDb

    Plegarias, respeto y retos a con los dioses, dilemas morales, criaturas fantásticas, seres grotescos, magia y una fuerza de voluntad inmensa por continuar el viaje que le permitirá volver a ver a su esposa Penélope y a su hijo Telémaco, serán parte del camino de Odiseo, mismo, que a un buen ritmo que no da tregua al espectador, hace que pasen las casi 3 horas que dura el filme con goce. Una historia que debe disfrutarse en la pantalla de cine de mayor calidad y tamaño que se tenga disponible.

    Sin duda tiene una fuerte calidad cinematografica: escenarios y fotografías que permiten visualizar cómo debió ser un antiguo y fantasioso mundo, una música de la mano de Ludwig Goransson que es intensa o nostálgica cuando debe, y una calidad narrativa que toma una prosa quizás difícil del producto original pero que es adaptada a una fórmula visual para impresionar a la audiencia actual. No es sorpresa, pues es realizada por el mismo director que hizo “Interestelar” y “Oppenheimer”, por lo que además de poder decir que cumplió, el cineasta dejó una obra digna.

    Foto: Universal Pictures

    Ahora, se hablará más a detalle, por lo que se advierten de Spoilers, aunque es una historia ya conocida.

    Una de las primeras críticas que se le pueden hacer al filme es lo evidente: históricamente no es precisa. Aunque la fama del director es la de ser realista, como lo fue con su trilogía de Batman, aquí escatimó en presentar elementos fieles a la historia. Claro, se trata de la adaptación de un poema ficticio, pero basado en poblaciones, personajes y locaciones reales. Además, Nolan no es completamente fiel al material original, pero él sabe todo esto, no le importa, y funciona.

    Foto: Getty Images

    Conscientemente tomó un casting diverso, al que no le preocupa verse genuinamente griego y que proviene de distintas ascendencias. Un ejemplo es la mexicana Lupita Nyong’o como Helena, el británico Tom Holland como Telémaco y el rapero estadounidense Travis Scott como El Bardo. Nolan tomó a su grupo actoral y lo vistió con armaduras y ropajes que no necesariamente usaban los habitantes de las época o lugares donde se desarrolla la historia e, incluso, a nivel narrativo lamentablemente se permitió cambiar o eliminar elementos del libro original que, bajo su visión o quizá por limitantes de producción, no pudo llevar a cabo. 

    Sin embargo, esta es su adaptación, su versión. Toma lo que necesita, se da licencias donde lo requiere y no deja de ofrecer el viaje épico y trágico de Odiseo. Es una película que dejará quizá un sabor agridulce a quienes conocen el material original, por los pasajes y diálogos que se perdieron, pero que cautivará a quienes por primera vez se adentran en la historia y que deja un precedente en el mundo del cine, de la ficción y de la fantasía. 

    Foto: Universal Pictures

    Aunque hay elementos que rozan lo absurdo, como la imponencia exagerada de Agamenón o la batalla final de Odiseo, hay pasajes tan bien logrados que incluso resultan espeluznantes, como la escena del caballo de Troya y la caída de la ciudad; el encuentro del grupo de Odiseo con el cíclope Polifemo en la cueva; o la transformación de los hombres en cerdos por parte de la bruja Circe. Todo ello demuestra que el género, con buenos efectos especiales y la habilidad del cineasta, es una apuesta seria, además de dejar ver a un Nolan al que sería interesante ver dirigiendo una película completamente de terror. 

    Además, encontramos un desfile de actores de primera, entre ellos ganadores del Óscar como Matt Damon en el papel principal, acompañado de Anne Hathaway y Charlize Theron; a quienes se suman otros intérpretes ampliamente reconocidos y mediáticos como Zendaya, Robert Pattinson, Ben Safdie, Tom Holland, Jon Bernthal, Elliot Page, Samantha Morton, John Leguizamo y Lupita Nyong’o, por mencionar solo algunos. Es una galantería que puede permitirse únicamente un director del prestigio de Nolan. 

    No por nada el espectador encuentra actuaciones de primer nivel, capaces de generar empatía con una historia llena de elementos fantásticos. Resalta, sin lugar a dudas, la interpretación de Samantha Morton como la bruja Circe, cuyo episodio, además de magia negra, está lleno de dolor. También están en el podio Matt Damon y Anne Hathaway, en cuyas interpretaciones puede leerse lo cruento, nostálgico y trágico que resulta la espera por el regreso de Odiseo.

    Foto: Universal Pictures

    Sin embargo, en ese apartado no destacan Tom Holland ni Jon Bernthal. El primero, aunque propone, se queda corto en comparación con el resto del reparto; y el segundo, aunque funciona, no deja de mostrar los gestos y ademanes que exhibe en otros papeles.

    Al final, no cabe duda de que La Odisea es un espectáculo visual y una adaptación que ofrece una visión rejuvenecida de un clásico de los clásicos. Seguramente, en la próxima temporada de premios se llevará galardones, incluso el de Mejor Película o Mejor Director, por lo complejo que fue lograrla. Es probable que ni Homero era consciente de la magnitud de la obra que escribía y de que, miles de años después, sería posible verla adaptada a un formato que en su tiempo era inimaginable. La Odisea es una apuesta que, pese a sus detalles, se disfruta en pantalla grande, aunque como es costumbre, no es mejor que el libro.

    Foto: Universal Pictures

  • EL VERDADERO TERRORISMO ES EL IMPERIO, NO QUIEN SE DEFIENDE DE ÉL

    EL VERDADERO TERRORISMO ES EL IMPERIO, NO QUIEN SE DEFIENDE DE ÉL

    Le dicen «terrorismo» porque la unidad de los pueblos en defensa de sus riquezas es el «terror» de los imperios que se las roban. Esta frase, breve y filosa, condensa una verdad histórica que las potencias dominantes se han esforzado por enterrar bajo capas de propaganda: la palabra «terrorismo» no describe un fenómeno objetivo, sino una etiqueta política que se aplica selectivamente a quienes resisten el despojo. Quien bombardea ciudades desde un portaaviones es «defensa»; quien defiende su territorio con lo que tiene a la mano es «terror». Esa asimetría del lenguaje no es casual: es un arma más en el arsenal del poder.

    Basta repasar el siglo veinte para confirmarlo. Los movimientos de liberación de Argelia, Vietnam, Cuba o Nicaragua fueron llamados terroristas por las metrópolis que saqueaban sus recursos, mientras los ejércitos coloniales que masacraban poblaciones civiles eran presentados como garantes del orden. La historia, escrita casi siempre por los vencedores o por quienes controlan los grandes medios, invirtió los papeles: convirtió a las víctimas en victimarios y a los saqueadores en civilizadores. Ese mismo libreto se repite hoy en Medio Oriente, en África y en buena parte de América Latina, donde cualquier intento de nacionalizar el petróleo, el litio o el agua es recibido con sanciones, golpes de Estado mediáticos o intervenciones militares disfrazadas de ayuda humanitaria.

    México conoce este guion de memoria. Desde la expropiación petrolera de 1938 hasta los intentos recientes por recuperar el control sobre el litio y la energía, el país ha sido blanco de campañas de desprestigio cada vez que se atreve a pensar sus recursos naturales como patrimonio nacional y no como mercancía a disposición de capitales extranjeros. Cuando un gobierno mexicano habla de soberanía energética, de no intervención o de autodeterminación de los pueblos, inmediatamente aparecen voces —muchas financiadas o amplificadas desde fuera— que tildan esas posturas de populismo peligroso o de amenaza a la estabilidad regional. Es el mismo mecanismo: deslegitimar mediante el lenguaje lo que no se puede combatir mediante argumentos.

    La unidad de los pueblos del sur global es, en efecto, lo que más temen los imperios contemporáneos, sean estos formales o informales, militares o financieros. Un bloque latinoamericano que coordine su política exterior, que defienda conjuntamente sus materias primas y que se niegue a alinearse automáticamente con los intereses de Washington o de las corporaciones transnacionales representa una amenaza real al modelo extractivista que ha empobrecido a la región durante dos siglos. Por eso se promueve la fragmentación, se financian oposiciones internas, se cultivan medios afines y se inventan crisis humanitarias o de seguridad que justifiquen la injerencia. El terrorismo de Estado, ejercido mediante bloqueos económicos que matan de hambre a poblaciones enteras —como ocurre con Cuba o Venezuela—, rara vez recibe ese nombre en los grandes titulares.

    México, sin embargo, ha mostrado en años recientes una vocación distinta: la defensa explícita del principio de no intervención, la negativa a sumarse a cercos diplomáticos contra naciones hermanas y una política exterior que reivindica la dignidad de los pueblos frente a la lógica de bloques impuesta desde el norte. Esa postura no es ingenuidad ni capricho ideológico; es una lectura lúcida de la historia. Quien ha sufrido invasiones, intervenciones y despojos territoriales sabe que la retórica de la «comunidad internacional» suele ser el disfraz elegante de intereses muy concretos.

    Reconocer esto no significa justificar la violencia indiscriminada contra civiles, venga de donde venga; significa exigir honestidad en el uso de las palabras. Llamar terrorista a un pueblo que se organiza para no entregar su tierra, su petróleo o su agua, mientras se llama paz a la ocupación militar de sus territorios, es una forma de violencia simbólica que prepara el terreno para la violencia real. La verdadera tarea antiimperialista del presente no es solo resistir las bombas, sino disputar el lenguaje con el que se nombra el mundo. México, por historia y por convicción, tiene mucho que aportar a esa batalla: la de devolverle a las palabras su sentido original y a los pueblos el derecho a definir, sin tutelas externas, qué es defensa y qué es despojo.