Categoría: Opinión

  • La izquierda se impone en Perú y frena el regreso del fujimorismo

    La izquierda se impone en Perú y frena el regreso del fujimorismo

    La segunda vuelta presidencial de Perú de 2026 volvió a mostrar la profunda polarización política que vive el país. En una elección sumamente cerrada, el candidato de izquierda Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, consiguió una ligera ventaja sobre Keiko Fujimori, candidata de Fuerza Popular, consolidando un resultado que fue interpretado por amplios sectores sociales como un rechazo al retorno del fujimorismo al poder y una apuesta por un proyecto político orientado hacia mayores transformaciones sociales.

    Con más del 95 por ciento de las actas procesadas por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), Roberto Sánchez mantenía una ventaja mínima sobre Fujimori, en una de las contiendas más disputadas de la historia reciente peruana. El respaldo al candidato de izquierda se concentró principalmente en las regiones rurales y en los sectores populares, mientras que la ex primera dama encontró sus principales apoyos en Lima y entre los votantes residentes en el extranjero.

    La victoria de la izquierda representó para millones de peruanos la posibilidad de impulsar cambios estructurales en un país marcado por la desigualdad, la inestabilidad política y el descontento con las élites tradicionales. Roberto Sánchez centró su campaña en propuestas para fortalecer los programas sociales, promover una mayor participación del Estado en la economía y abrir el debate sobre una reforma constitucional que permita responder a las demandas de los sectores históricamente excluidos.

    El resultado electoral también significó un nuevo revés para Keiko Fujimori, quien llegó a esta elección con el peso de un apellido que continúa generando fuertes divisiones en la sociedad peruana. Hija del expresidente Alberto Fujimori, condenado por corrupción y violaciones a los derechos humanos, la líder de Fuerza Popular enfrentó nuevamente un elevado rechazo entre los votantes, quienes asociaron su candidatura con prácticas autoritarias y con una clase política señalada por escándalos de corrupción.

    Más allá del estrecho margen, la ventaja obtenida por Roberto Sánchez fue vista por sus simpatizantes como una victoria popular y un mensaje de rechazo al retorno del fujimorismo. La elección de 2026 volvió a demostrar que el apellido Fujimori continúa siendo uno de los factores más polarizantes de la política peruana.

  • TRIAGE: “La pelota no se mancha”: teleSUR convierte el Mundial 2026 en una murga de resistencias del sur global ante el fascismo

    TRIAGE: “La pelota no se mancha”: teleSUR convierte el Mundial 2026 en una murga de resistencias del sur global ante el fascismo

    Por Alexandro Guerrero

    Con el grito de Diego Armando Maradona como bandera, teleSUR lanzó su cobertura especial rumbo a la Copa del Mundo de la FIFA 2026 bajo el lema “La pelota no se mancha”. Más que una consigna deportiva, la propuesta se presenta como un manifiesto cultural que defiende al fútbol como territorio de identidad, memoria y resistencia latinoamericana.

    Maradona, el punto de partida

    La frase elegida: “El fútbol es el deporte más lindo y más sano del mundo. Eso no le queda la menor duda a nadie. La pelota no se mancha” funciona como eje conceptual. Para Patricia Villegas, presidenta de teleSUR, el lema responde a un momento donde “el fútbol está más permeado, intentan ensuciarlo de una manera muy fuerte, con otras lógicas, pero el fútbol resiste porque es un hecho cultural de enorme importancia”.

    La murga uruguaya pone la música

    El corazón cultural del proyecto es un videoclip interpretado por La Gran Muñeca, murga fundada en 1921 y emblema del carnaval uruguayo. La canción, producida por Agustín Amuedo con arreglos corales y coproducción de Germán Pirri, cruza chacarera, tango, milonga y candombe. Amuedo la definió como “una alquimia sonora, rítmica y energética” pensada para representar la diversidad del continente.

    El coro lo integran Agustín Amuedo, Gonzalo Imbert, Rodrigo Poloni, Nicolás Grandal, Mathias Ferro, Daniel Mega, Guillermo Capo y Fabricio Ramírez. En guitarras, Poly Rodríguez; en percusión, Franco Perdomo, Martín Alaniz y Hernán Berriel. La dirección audiovisual es de Manuel Fernández Ceballo, con producción y cámara de Santiago Vivacqua.

    Montevideo, el escenario

    El rodaje eligió dos locaciones con peso simbólico: el Estudio Vivace, en el Palacio Salvo, y el Club Estrella del Sur, ícono del fútbol de barrio. La elección refuerza el enfoque territorial y comunitario, “evitando artificios y priorizando la autenticidad”.

    Daniel Mega, integrante de La Gran Muñeca, explicó la traducción de la frase de Maradona a la letra: “Por más que haya muchas cosas negativas atrás, lo esencial, la pelota, no se va a manchar”. Y agregó: “Preferimos honrar la esencia del juego, que es la pelota. Era la que nos conectaba a todos en el grupo de amigos”.

    Una línea que viene de “De Zurda”

    La alianza entre teleSUR, el fútbol y la cultura popular no es nueva. En 2015, La Gran Muñeca participó en un homenaje al programa “De Zurda”, conducido por Maradona y Víctor Hugo Morales durante dos Copas del Mundo. El nuevo videoclip retoma esa narrativa, destacando “la emoción, la memoria colectiva y la amistad entre los pueblos” como elementos centrales del relato informativo.

    México como centro y las mujeres en la cancha

    La cobertura tendrá como punto central de transmisión México, con corresponsales en Nueva York y Toronto. Villegas aclaró que la decisión trasciende la logística: “Es también aprovechar para demostrar ese enorme país, hoy clave en la unión, integración, en la idea fuerza de la independencia, de la soberanía”. Destacó además que tanto México como Venezuela están gobernados por mujeres.

    Esa mirada se traslada a los contenidos. Entre los formatos innovadores aparece el podcast “La cancha es nuestra”, conducido por cuatro periodistas y relatoras. Marina Aguirre, presentadora de teleSUR, explicó: “La mujer siempre ha estado relegada no solo en la cancha, también en la cobertura”. El programa abordará estadísticas, análisis táctico, técnico y social. “Hay que ser pioneras, las mujeres están jugando un muy buen fútbol, pero no tienen la misma difusión que el fútbol masculino”, señaló Villegas.

    Fútbol sin derechos, pero con relato

    Aunque teleSUR no cuenta con derechos de transmisión directa, el presentador Enrique Guevara aseguró que cubrirán el torneo “de una manera distinta”: “A través de un gran equipo se puede llevar a toda la audiencia lo que será minuto a minuto los partidos”.

    La cobertura, que irá del 11 de junio al 19 de julio con 48 selecciones y más de 100 partidos, incorporará análisis del contexto internacional. “El torneo atraviesa por conflictos muy complejos en un mundo muy distópico y eso no va a estar alejado de nuestra cobertura”, dijo Villegas a Agenda Abierta. La meta: “Entregar entretenimiento, no un entretenimiento vacío, que también invite a comprender lo que sucede en un mundo como el que vivimos”.

    Lo que no se negocia

    “La pelota no se mancha” se despliega en televisión, plataformas digitales y redes sociales en español, inglés y portugués. La canción y el videoclip buscan recuperar la dimensión simbólica del fútbol frente a su mercantilización, poniendo en primer plano valores como la amistad, la identidad y la memoria colectiva.

    Porque, como recordó Mega, la pelota sigue siendo eso que nos conecta. Y en 2026, teleSUR la hace sonar con acento de murga. https://www.youtube.com/live/wA2uS6fC1qY?si=dyltLj-oo0I7J8wI

  • El país que encontró el Mundial 2026

    El país que encontró el Mundial 2026

    A unos días de la inauguración de la Copa Mundial FIFA 2026, México vuelve a convertirse en el centro de atención del planeta. El Estadio Azteca abrirá por tercera ocasión una Copa del Mundo, un hecho sin precedentes en la historia del fútbol. Sin embargo, detrás de la cuenta regresiva, las ceremonias y la expectativa deportiva, emerge una pregunta más interesante que cualquier pronóstico: ¿qué país encontró el Mundial cuando llegó a México en 2026?

    La respuesta comienza con una mezcla de orgullo y contraste. México llega a esta cita global con ciudades modernizadas, experiencia organizativa y una enorme expectativa económica. Al mismo tiempo, llega acompañado de debates que reflejan la realidad nacional. Los boletos para algunos partidos han sido percibidos como inaccesibles para amplios sectores de la población, mientras que completar el tradicional álbum Panini puede representar varios miles de pesos para una familia. El fútbol sigue siendo el deporte más popular del país, pero la experiencia mundialista parece cada vez más distante para quienes históricamente le dieron vida en las calles, los barrios y las canchas.

    Ese contraste no se limita al ámbito económico. Las movilizaciones de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación han coincidido con la recta final de los preparativos y han colocado nuevamente el debate social bajo los reflectores. Aunque sus demandas tienen origen propio, su aparición en vísperas del torneo recuerda un patrón recurrente de la historia mexicana. Ocurrió antes de los Juegos Olímpicos de 1968 y volvió a manifestarse en los Mundiales de 1970 y 1986. Cuando México se convierte en escaparate internacional, distintos sectores buscan aprovechar esa visibilidad para colocar sus causas en la conversación pública. Más que una excepción, parece una constante de nuestra vida política.

    Las ciudades sede también muestran otra cara de esta fotografía nacional. En la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey continúan obras de movilidad, rehabilitación urbana e infraestructura asociadas al torneo. Algunas responden a rezagos acumulados durante años; otras buscan garantizar que el país llegue listo a la cita mundialista. Como ha ocurrido en otros eventos de esta magnitud, la discusión gira alrededor de una pregunta sencilla: si las inversiones realizadas para recibir visitantes terminarán mejorando la vida cotidiana de quienes habitan permanentemente esas ciudades.

    La expectativa económica es igualmente significativa. Diversas estimaciones proyectan una derrama de entre 1,800 y 3,000 millones de dólares, con escenarios más optimistas que incluso superan esa cifra. Millones de visitantes, ocupación hotelera, actividad comercial y promoción internacional alimentan la esperanza de que el torneo deje beneficios duraderos. Sin embargo, la experiencia internacional demuestra que el verdadero legado de un Mundial rara vez se mide durante los partidos. Se mide años después, cuando se evalúa si la infraestructura, la inversión y la atención global lograron convertirse en desarrollo sostenido.

    En la cancha, el optimismo también convive con la prudencia. Analistas deportivos coinciden en que avanzar de la fase de grupos parece el escenario más probable para la Selección Mexicana y que alcanzar nuevamente los cuartos de final representaría un resultado destacado. Más allá de los números, una actuación sólida del Tri podría convertirse en un factor de cohesión emocional para millones de mexicanas y mexicanos que vivirán el torneo como anfitriones.

    Pero quizá el activo más importante de México no aparezca en ningún presupuesto, proyección económica o análisis deportivo. En un Mundial compartido con Estados Unidos y Canadá, nuestro país aporta algo que no puede construirse con inversión pública ni comprarse en el mercado: una cultura futbolera profundamente arraigada. La hospitalidad, la gastronomía, la música, la capacidad de celebrar colectivamente y la pasión por el fútbol siguen siendo ventajas competitivas que distinguen a México ante el mundo. Si existe un corazón emocional para este Mundial, probablemente latirá de este lado de la frontera.

    Algún día, cuando México aspire a organizar una cuarta Copa del Mundo, volveremos inevitablemente a mirar hacia 2026. Entonces comprenderemos que el legado más importante de aquel torneo no estuvo únicamente en los goles, las obras o la derrama económica. Estuvo en la oportunidad de observarnos como nación. Porque los Mundiales funcionan como espejos: revelan lo que somos, exhiben lo que aún debemos resolver y muestran aquello que queremos llegar a ser. Y cuando las futuras generaciones busquen entender cómo era México en este momento de su historia, probablemente no encontrarán la respuesta en una tabla de posiciones. La encontrarán en el país que recibió al mundo y que, durante unas semanas, también se vio reflejado en él.

  • Mundial 2026: cuando la pelota se convierte en mercancía

    Mundial 2026: cuando la pelota se convierte en mercancía

    El reloj avanza y la cuenta regresiva ya comenzó. Dentro de poco, México volverá a ser sede de una Copa del Mundo junto con Estados Unidos y Canadá. Los anuncios se multiplican, las marcas afinan sus campañas publicitarias y los gobiernos preparan eventos para recibir una de las industrias más lucrativas del planeta.

    Porque sí, aunque nos guste romantizarlo, el Mundial ya no es solamente futbol. Es negocio. Y uno enorme.

    Desde hace décadas, la FIFA ha perfeccionado un modelo donde la pasión de millones de personas se convierte en una mercancía global. Cada partido, cada camiseta, cada transmisión, cada patrocinio y cada fotografía termina formando parte de una maquinaria económica que mueve miles de millones de dólares.

    El futbol sigue siendo del pueblo, pero el Mundial hace mucho tiempo que dejó de pertenecerle.

    Los boletos son cada vez más inaccesibles para las clases populares. Los paquetes turísticos se diseñan para quienes pueden pagar miles de dólares. Los estadios se convierten en espacios donde el aficionado tradicional es desplazado por consumidores de alto poder adquisitivo.

    Paradójicamente, el deporte más popular del planeta se ha convertido en uno de los espectáculos deportivos más elitizados del mundo. Lo que alguna vez fue la celebración de barrios, colonias y comunidades termina subordinado a intereses corporativos que poco tienen que ver con el juego.

    En estos meses hemos visto cómo empresas privadas, cadenas televisivas, marcas internacionales y grupos económicos han intentado apropiarse del discurso mundialista. Nos dicen que todos somos parte de la fiesta, aunque para millones de personas el acceso real a esa fiesta sea prácticamente imposible.

    Sin embargo, la crítica no debe dirigirse al futbol. Sería un error enorme.

    Porque el futbol también es una expresión cultural profundamente popular. Es el partido en la cancha de tierra. Es el torneo del barrio. Es la cascarita después de la escuela. Es la familia reunida frente a una televisión para celebrar un gol.

    El problema no es el futbol. El problema es cuando el mercado transforma una pasión colectiva en un producto exclusivo. Desde la izquierda, la aspiración no es eliminar el futbol ni despreciarlo como hacen ciertas élites intelectuales. Todo lo contrario.

    La aspiración es recuperar su dimensión social. Hablar de un futbol accesible para todas y todos. De espacios deportivos públicos dignos. De canchas en las colonias populares. De actividades físicas como herramientas de salud, convivencia y prevención de la violencia.

    Por eso resulta interesante que, paralelamente a la organización del Mundial, existan planteamientos desde los gobiernos de la Cuarta Transformación para impulsar actividades comunitarias, torneos barriales, recuperación de espacios públicos y programas de activación física vinculados al evento.

    La verdadera herencia de un Mundial no debería medirse únicamente en derrama económica o en estadísticas turísticas. Debería medirse en cuántos niños encontraron una cancha donde jugar. En cuántas comunidades recuperaron espacios deportivos. En cuántos jóvenes encontraron una alternativa frente a la violencia. En cuántas personas pudieron ejercer su derecho al deporte.

    Porque cuando las luces del espectáculo se apaguen y los patrocinadores se marchen, eso será lo que realmente quede. El Mundial pasará. Las ganancias cambiarán de manos. Los contratos terminarán. Pero el futbol seguirá siendo del pueblo.

    La pregunta es si tendremos la capacidad de arrebatárselo, al menos un poco, a quienes llevan años intentando convertirlo únicamente en una mercancía.

    Redes sociales

  • El Caso Thomas Crown

    El Caso Thomas Crown

    Si alguien tuvo la oportunidad de ver la película El Caso Thomas Crown, recordará la historia de un hombre inmensamente rico que no necesitaba robar. Lo hacía por el desafío, por el placer de demostrar que podía hacerlo, por la satisfacción de ejecutar una operación perfecta aun cuando no existía necesidad alguna. Guardando toda proporción, algo parecido me vino a la mente al observar lo ocurrido en Coahuila.

    Estamos hablando de un estado que durante años ha destacado por mantener niveles de seguridad superiores al promedio nacional, atraer inversión, desarrollar infraestructura y conservar una estabilidad política que pocos pueden negar. Independientemente de las preferencias partidistas de cada quien, resulta difícil ignorar que Coahuila ha mantenido indicadores positivos en distintos rubros y que buena parte de la ciudadanía reconoce avances importantes en la entidad.

    Por eso llama la atención el debate que surgió después de la reciente jornada electoral. Diversos actores políticos denunciaron presuntas irregularidades, compra de votos y operaciones electorales indebidas. Las acusaciones existen y forman parte de la discusión pública. Sin embargo, también es importante recordar que en un Estado de derecho las responsabilidades no se determinan desde las redes sociales, los medios de comunicación o las tribunas políticas. Corresponde a las autoridades electorales, a las fiscalías especializadas y a los tribunales hacer su trabajo y determinar si existieron o no conductas ilegales.

    Personalmente me cuesta trabajo creer que una operación de esa naturaleza haya surgido directamente de Manolo Jiménez. Un político que llega con niveles importantes de aceptación ciudadana, resultados visibles de gobierno y una estructura política consolidada simplemente no necesitaba recurrir a prácticas que pudieran poner en duda una victoria que parecía estar ampliamente encaminada.

    Si existió alguna irregularidad, si alguien decidió cruzar líneas que no debían cruzarse o si hubo operadores que actuaron fuera de la legalidad, serán las autoridades quienes deban determinarlo. Pero tampoco sería la primera vez en la historia política de México que dirigentes partidistas, operadores electorales o personajes que buscan demostrar lealtad a sus liderazgos terminan tomando decisiones por cuenta propia, generando más problemas de los que pretenden resolver.

    Porque muchas veces el problema no está en quien aparece en la boleta o en quien gobierna un estado. El problema suele estar en quienes desde las estructuras políticas creen que ganar no es suficiente y buscan obtener resultados aplastantes para fortalecer proyectos personales o partidistas. Son esas conductas las que, de comprobarse, terminan dañando la credibilidad de procesos que pudieron haber sido perfectamente legítimos.

    Y ahí es donde aparece la analogía con Thomas Crown. Cuando alguien tiene la victoria prácticamente asegurada, cuando tiene reconocimiento público, resultados de gobierno y respaldo ciudadano, el exceso deja de ser una necesidad y se convierte en un riesgo. La diferencia entre una victoria histórica y una victoria cuestionada muchas veces depende de quienes rodean al poder y de las decisiones que toman creyendo que le hacen un favor a sus líderes.

    Por eso resulta indispensable que las instituciones hagan su trabajo. Si no hubo irregularidades, que se aclare y se cierre el debate. Y si las hubo, que se sancione a los responsables sin importar su cargo, partido político o nivel de influencia. Lo que México necesita no son especulaciones permanentes, sino certeza jurídica y confianza en sus procesos democráticos.

    Mientras tanto, en otro frente, la presidenta Claudia Sheinbaum presentó uno de los proyectos tecnológicos más interesantes de los últimos meses: el desarrollo de un automóvil eléctrico mexicano. Más allá de simpatías o diferencias políticas, resulta positivo que México busque participar en una industria que marcará buena parte de la economía mundial durante las próximas décadas. La transición energética ya no es una discusión del futuro; es una realidad que está transformando mercados, industrias y formas de movilidad en todo el planeta.

    Sin embargo, también existen desafíos cotidianos que requieren atención. Basta recorrer la Ciudad de México para observar el crecimiento acelerado del uso de motocicletas. Son prácticas, económicas y representan una alternativa de transporte para millones de personas, pero también han traído nuevos retos en materia de seguridad vial.

    No es raro observar motocicletas transportando tres o incluso cuatro personas, incluidos menores de edad. Muchas familias lo hacen por necesidad y sería injusto ignorar esa realidad. Cuando el ingreso apenas alcanza para cubrir los gastos básicos, cualquier ahorro en transporte representa una diferencia importante. Pero la necesidad tampoco elimina los riesgos.

    Probablemente uno de los empresarios que mejor entendió este fenómeno fue Ricardo Salinas Pliego. Durante años, las motocicletas comercializadas a través de sistemas de financiamiento accesibles encontraron un mercado enorme en México. Seguramente alguien observó lo que ocurría en países como India y entendió que existía una oportunidad comercial importante. Los resultados están a la vista.

    Lo interesante es que buena parte de esas motocicletas forman hoy parte de la economía cotidiana de miles de familias trabajadoras. Muchas veces los pagos salen de hogares donde también llegan becas, apoyos sociales o pensiones para adultos mayores. Las abuelas ayudan a los nietos, los padres apoyan a los hijos y las familias hacen lo posible por salir adelante. Esa es la realidad del México popular.

    Sin embargo, también es frecuente escuchar críticas sobre los métodos de cobranza y las altas tasas de interés asociadas a ciertos productos financieros. Es un tema que aparece constantemente cuando uno conversa con taxistas, comerciantes o trabajadores. Las opiniones son diversas, pero existe una percepción recurrente de que algunas prácticas de cobranza pueden resultar excesivamente agresivas para sectores económicamente vulnerables.

    Gobernar un país es muy distinto a dirigir una empresa. Una empresa tiene como prioridad generar utilidades. Un gobierno tiene la obligación de equilibrar crecimiento económico con bienestar social. Son responsabilidades distintas y requieren sensibilidades distintas.

    Y es precisamente ahí donde muchas veces se marca la diferencia entre quienes conocen el país desde una oficina y quienes lo recorren caminando. México no se entiende desde un helicóptero. México se entiende recorriendo calles, visitando colonias, escuchando a las personas y comprendiendo las dificultades que enfrentan diariamente millones de familias.

    Recientemente también llamó la atención una reunión organizada por la American Society en la que participaron empresarios, figuras políticas de oposición y representantes de distintos sectores económicos. El encuentro generó debate porque evidenció algo que ya resulta evidente: existe una parte importante de la élite económica y política mexicana que no comparte la visión de gobierno impulsada por la actual administración.

    Eso no significa necesariamente conspiraciones ni acuerdos ocultos. Significa simplemente que existen intereses distintos y visiones diferentes sobre cómo debe administrarse el país. Algunos consideran que el modelo actual fortalece a los sectores históricamente olvidados. Otros sostienen que genera incertidumbre para ciertos sectores económicos.

    La pregunta de fondo sigue siendo la misma: ¿Qué país queremos construir? ¿Uno donde el crecimiento económico beneficie únicamente a quienes ya tienen ventajas o uno donde el desarrollo alcance también a quienes durante décadas permanecieron excluidos de muchas oportunidades?

    Lo cierto es que México de 2026 es muy diferente al México de hace veinte o treinta años. El viejo sistema político que dominó durante décadas ya no existe en la misma forma. Los actores cambiaron, las reglas cambiaron y la ciudadanía cambió. Hoy existe una sociedad mucho más informada, más participativa y más crítica.

    Eso no significa que los problemas hayan desaparecido. La corrupción sigue existiendo. Los abusos de poder siguen apareciendo. Los intereses económicos siguen presionando. Y los partidos políticos continúan cometiendo errores. Pero también es cierto que hoy existen más herramientas para fiscalizar, denunciar y exigir rendición de cuentas.

    Por eso resulta indispensable fortalecer auditorías, órganos de fiscalización, unidades de investigación financiera y todas aquellas instituciones capaces de detectar irregularidades antes de que se conviertan en escándalos mayores. La transparencia no debe depender de la buena voluntad de los funcionarios, sino de instituciones sólidas capaces de supervisar el ejercicio del poder.

    Nos queda un largo camino por recorrer. Todavía existen enormes desafíos en materia de seguridad, salud, educación y desarrollo económico. Pero también es cierto que México continúa avanzando y aprendiendo de sus propios errores.

    Los tiempos cambian. La política cambia. Las generaciones cambian. Y la obligación de vigilar al poder, sin importar quién lo ejerza, debe seguir siendo exactamente la misma.

    Porque al final, como en la historia de Thomas Crown, la verdadera pregunta nunca es quién ganó. La verdadera pregunta es si alguien creyó que demostrar poder era más importante que preservar la confianza de los ciudadanos. Y esa es una pregunta que solamente las instituciones, la ley y el tiempo podrán responder.

  • Brugada y García Harfuch trazan el plan de seguridad para el Mundial

    Brugada y García Harfuch trazan el plan de seguridad para el Mundial

    La jefa de Gobierno de la Ciudad de México y el secretario federal de Seguridad sellaron una agenda conjunta para proteger a los capitalinos durante la Copa del Mundo FIFA 2026.

    Clara Brugada se sentó con el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, para definir la estrategia de seguridad que la capital aplicará durante el Mundial de futbol 2026. Los dos funcionarios trazaron una ruta de trabajo específica para ese evento, que tendrá a la Ciudad de México como una de sus sedes.

    Al terminar el encuentro, Brugada destacó el valor del trabajo coordinado entre el gobierno capitalino y la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana federal. “Siempre es un gusto trabajar de manera coordinada”, escribió en su cuenta de X, donde también firmó el mensaje con los nombres de García Harfuch, la secretaria de Gobernación Rosa Icela Rodríguez, el secretario de Seguridad Ciudadana Pablo Vázquez Camacho y el titular de la SEP Mario Delgado.

    La reunión no es un hecho aislado. En marzo pasado, el gabinete de seguridad federal ya se había reunido con representantes de la FIFA para revisar los protocolos de inteligencia, prevención y despliegue operativo que se activarán durante el torneo.

    Además de la Ciudad de México, Jalisco y Nuevo León también participaron en esa mesa, pues las tres entidades funcionarán como sedes del campeonato.

    Por su parte, Brugada y Pablo Vázquez Camacho han informado que los delitos de alto impacto bajaron 66% en los últimos siete meses, los homicidios dolosos cayeron 49% y los asaltos en microbús se redujeron 80%. Esas cifras forman parte del argumento con el que el gobierno capitalino llega a las negociaciones de seguridad mundialista.

    La coordinación entre autoridades locales y federales cobra peso especial en un año en que millones de turistas llegarán a la ciudad. El reto no es solo operativo: también implica mostrar al mundo una capital ordenada, hospitalaria y segura.

  • El Mundial del pueblo se juega en la CDMX

    El Mundial del pueblo se juega en la CDMX

    Mucho se ha hablado del Mundial de fútbol como el gran espectáculo global capaz de unir a millones de personas alrededor de una pasión compartida. Sin embargo, detrás de los goles, las ceremonias de inauguración y los estadios repletos, existe una realidad mucho menos romántica: la organización de una Copa del Mundo suele convertirse en un escaparate donde los intereses económicos y políticos de las élites pesan más que las necesidades de los pueblos que terminan financiando la fiesta.

    La historia reciente de la FIFA está plagada de escándalos. El llamado FIFAGate reveló una compleja red de sobornos, tráfico de influencias y corrupción que durante décadas operó dentro del máximo organismo del fútbol mundial. No fue casualidad que Estados Unidos impulsara las investigaciones que terminaron exhibiendo a buena parte de la dirigencia internacional. Detrás del discurso de combate a la corrupción también existían intereses geopolíticos y económicos. Resulta difícil ignorar que las acusaciones llegaron después de que la FIFA otorgara los Mundiales de 2018 y 2022 a Rusia y Qatar, dejando fuera a la potencia norteamericana.

    Fue en ese contexto que surgió la candidatura conjunta de México, Estados Unidos y Canadá para albergar el Mundial de 2026. Una sede inédita, compartida por tres países, que representó una nueva forma de organización, pero que también consolidó el enorme poder de negociación de la FIFA frente a los gobiernos nacionales.

    En el caso de México, la designación se concretó durante el gobierno de Enrique Peña Nieto. Como parte de las garantías exigidas por la FIFA, el Estado mexicano comprometió una serie de beneficios extraordinarios para la organización: exenciones fiscales federales y locales, facilidades migratorias y aduaneras, operativos especiales de seguridad, protección reforzada de derechos comerciales y acceso a infraestructura pública de telecomunicaciones. En otras palabras, mientras millones de mexicanos pagaban impuestos, la organización que obtiene miles de millones de dólares por concepto de patrocinios, derechos de transmisión y mercadotecnia recibía condiciones privilegiadas para operar en el país.

    La contradicción es evidente. Durante años, los gobiernos neoliberales defendieron la idea de que no había recursos para fortalecer servicios públicos, construir infraestructura social o ampliar programas de bienestar. Sin embargo, cuando se trató de satisfacer las exigencias de organismos internacionales o grandes corporaciones, los recursos aparecieron sin dificultad.

    La llegada de la Cuarta Transformación modificó parcialmente ese escenario, aunque no podía borrar compromisos firmados años atrás. Los acuerdos ya estaban establecidos y debían cumplirse para evitar conflictos legales y financieros; sin embargo, el enfoque con el que se decidió aprovechar el Mundial comenzó a ser distinto.

    Durante décadas, los grandes eventos internacionales fueron concebidos como negocios para unos cuantos. Constructoras, grupos inmobiliarios, cadenas hoteleras y corporaciones privadas concentraban los beneficios, mientras la población observaba desde la periferia una celebración que rara vez le pertenecía. El reto para los gobiernos progresistas consistía precisamente en romper esa lógica y convertir un espectáculo diseñado para las élites en una oportunidad para democratizar el espacio público.

    Las diferencias entre las sedes mexicanas son evidentes. Mientras en Nuevo León  se colocaron vallas para tapar las zonas más pobres del estado, en Guadalajara, Pablo Lemus priorizó los negocios privados; en la Ciudad de México se apostó por una estrategia distinta.

    La administración de Clara Brugada entendió que el verdadero legado de una Copa del Mundo no puede medirse únicamente en fotografías, derrama económica o récords de asistencia, principalmente cuando las entradas a los partidos son accesibles para el 10% de las y los capitalinos. Por ello, además de cumplir con los compromisos internacionales heredados, impulsó acciones para que la población pudiera apropiarse del acontecimiento.

    Mientras en Guadalajara se celebrará el Fan Fest, en la capital se optó por organizar 18 festivales gratuitos para la transmisión de partidos, actividades culturales, conciertos y espacios donde productores y comerciantes locales puedan participar de los beneficios económicos. La intención es sencilla pero poderosa: que el Mundial no sea únicamente una experiencia para quienes pueden pagarla.

    Más importante aún es que gran parte de las obras impulsadas en la Ciudad de México no fueron concebidas exclusivamente para un evento de un mes. La modernización del Metro, la incorporación de nuevos trenes al Tren Ligero, la ampliación de rutas de transporte, la renovación de espacios públicos y proyectos como el corredor peatonal y ambiental sobre Calzada de Tlalpan buscan responder a necesidades permanentes de la población.

    Esa es quizá la diferencia fundamental entre dos modelos de gobierno. Uno entiende los grandes eventos como escaparates temporales que deben impresionar a los visitantes, aunque después queden elefantes blancos y deudas públicas. El otro busca aprovechar la coyuntura para construir infraestructura que siga siendo útil cuando las cámaras internacionales se apaguen y los turistas regresen a casa.

    Porque el verdadero partido no se juega en la cancha. No lo disputan once jugadores contra otros once, ni se decide en una tanda de penales. El partido más importante es el que enfrenta dos visiones de país: una donde los grandes acontecimientos sirven para enriquecer a unos cuantos y otra donde pueden convertirse en herramientas para generar bienestar colectivo.

    Dentro de algunos años, cuando ya nadie recuerde quién levantó la copa en 2026, lo realmente importante será responder una pregunta mucho más trascendente: ¿qué quedó para la gente cuando terminó el espectáculo? Si la respuesta es mejores servicios, espacios públicos recuperados, movilidad más eficiente y una ciudad más incluyente, entonces el Mundial habrá valido mucho más que noventa minutos de fútbol. Porque los campeones cambian cada cuatro años; los pueblos, cuando se les coloca en el centro de las decisiones, pueden transformar su historia para siempre.

  • De presupuestos y simulaciones

    De presupuestos y simulaciones

    El Poli y la UPN

    Estudiantes de muchas escuelas del Instituto Politécnico Nacional presentaron un pliego petitorio que llevaría a una profunda reforma de la institución. La respuesta institucional tiene el mismo estilo que la que recibieron los jóvenes de la UPN. Una taza con atole y el dedo batido en ofrecimiento; nada y eso es lo mismo. 

    Todo para intentar que la coyuntura del mundial no sea aprovechada para entrarle a estos asuntos con responsabilidad política y valentía para continuar con fuerza con lo que se inició el sexenio pasado, la Cuarta Transformación, que ahora, bajo los intereses del capital representados por Altagracia Gómez metida hasta el tuétano en la conciencia del Gobierno Federal y de MORENA, especialmente en la persona de quien estudiara bajo las alas del Centro Wilson que es financiado por la CIA, se muere de inanición, ignorada y llena de simulaciones y gastos que se vuelven negocios de algunos, léase programa de vivienda.

    La CNTE

    Llenos de provocadores, golpeados, vilipendiados por todos lados, difamados y desestimados hasta la burla desde el poder, los Maestros más dignos del país, combaten en favor de un futuro mejor y contra la acumulación de capitales provenientes de las aportaciones obreras que enriquecen a los dueños de las AFORES, que “no tienen llenadera”. Presupuesto y dinero hay, pero está enriqueciendo a unos cuantos privados.

    Si la SEP, la SHCP, el ISSSTE y demás dicen que carecen de los recursos necesarios para derogar la ley que el neoliberalismo impuso a los Trabajadores del Estado y anteriormente, en 1997 al resto de la Fuerza Laboral “formal” de este país, sería buen momento para recuperar, por la fuerza del Estado y con todo el apoyo de esa misma Fuerza, todos los recursos con que se enriquecen esos entes privado a quienes el neoliberalismo entregó las pensiones que condenan a una vejez en precariedad a quienes movemos a la Nación Mexicana y tristemente, a quienes dedican su vida a formar y educar a las futuras generaciones.

    Aquí vale la pena tocar el asunto de la NEM (Nueva Escuela Mexicana), a la que han satanizado y no dejan avanzar porque despierta conciencias y propicia el pensamiento profundo y el cuestionamiento de las estructuras y relaciones laborales que solo favorecen al capitalismo, al que evidentemente la cuarta simulación favorece con descaro e incongruencia con el discurso dizque revolucionario con que inició el sexenio de CSP. 

    La 4T ha muerto y sus personeros pretenden que creamos que el Humanismo Mexicano es la base teórica de su accionar, pero está claro que es una renovación del neoliberalismo y la protección del capitalismo salvaje asociado con los peores intereses del mundo, aclaro que no hablo del crimen organizado, llámese narcotráfico o extorsión o lo que sea, sino del fascismo que está invadiendo a Palestina, que secuestró al Presidente Maduro, que quiere ahogar en la miseria a Cuba, que se adueñó de la valentía del Pueblo Argentino y se queda con sus recursos, que pretende conservar a Ucrania y a Venezuela y Colombia, para saquear sus recursos. Esa que no ha podido contra el Heroico pueblo Boliviano y tampoco podrá contra el Pueblo Peruano, ni contra los Hermanos Nicaragüenses.

    La acción decidida de los Compañeros Maestros de la CNTE debe ser respaldada por todos los trabajadores de México y soportada por todos los colectivos que combaten desde su propia trinchera social y política para formar una nueva organización política nacional que sí represente una alternativa de izquierda para gobernar con verdadero AMOR por el Pueblo a nuestro país y sea capaz de aliarse con todos los trabajadores de Norteamérica para evitar los ataques del imperialismo. Eso, en verdad sería una Cuarta Transformación de la República. La lucha sigue y sigue.

    Las Pensiones del IMSS

    A pesar de las mejoras, todavía insuficientes en el IMSS y de la generosa y humana atención de la inmensa mayoría de sus Trabajadores, Médicas, Médicos, Asistentes, Técnicos, Personal de Administración, Farmacéuticos, etc., pero especialmente de quienes se ocupan de las áreas de Atención a Derechohabientes, al menos en Tabasco y Yucatán, hay que consignar que las Pensiones del IMSS han perdido mucho valor adquisitivo, pues se incrementan solamente con el porcentaje de inflación que declaran el INEGI y el Banco de México, que sólo contemplan una parcialidad de productos necesarios, pero no toman en cuenta todo lo que una persona necesita, desde calzones, hasta artículos para el mantenimiento y conservación de sus viviendas. Uno sabe dónde vive un pensionado porque el deterioro de su casa es cada vez mayor y tiene que buscar trabajo dónde no ponga en riesgo perder su pingüe pensión, a pesar de enfermedades, avanzada edad, falta de fuerzas y con menor motivación interior cada día, producto de sus propias condiciones. 

    México será un país de viejos en muy poco tiempo y viviremos en condiciones cada vez más precarias, o el sistema de salud nos dejará morir pronto porque “no hay dinero”. Esa excusa define qué tan neoliberal es el actual Gobierno de la República. No son prianistas, pero los imitan a la perfección.

  • Soberanía o subordinación: ¿México soberano y patriota, o México condicionado?

    Soberanía o subordinación: ¿México soberano y patriota, o México condicionado?

    Hay momentos en la historia de las naciones en los que se debe elegir entre la dignidad y la sumisión, entre la independencia y la subordinación. México vive hoy uno de esos momentos. Mientras algunos defienden el derecho del país a tomar sus propias decisiones y construir su futuro con autonomía, otros parecen aceptar, e incluso promover, la idea de que nuestro destino debe estar condicionado por los intereses y las determinaciones de potencias extranjeras.

    El debate no es menor. No se trata únicamente de política exterior ni de diferencias ideológicas; se trata de definir qué tipo de país queremos ser: un México soberano, capaz de defender sus intereses nacionales y de actuar con base en la voluntad democrática de su pueblo, o un México subordinado a presiones externas que limitan su capacidad de decidir libremente su rumbo.

    Por ello, hablar de soberanía no es un ejercicio retórico, ni tampoco un recurso discursivo. Es hablar de la dignidad de un pueblo que, a lo largo de su historia, ha luchado una y otra vez por decidir su propio destino. No se trata de un concepto abstracto ni de letra muerta en la Constitución; es el derecho de las mexicanas y los mexicanos a construir su futuro sin imposiciones externas y a defender los intereses de la nación por encima de cualquier presión extranjera.

    Sin embargo, hoy existen quienes, desde una visión marcada por el individualismo y el malinchismo, parecen aspirar a un México subordinado, sumiso y condicionado a las decisiones de los Estados Unidos. Esa postura suele sustentarse en el miedo a Estados Unidos, en la falta de confianza en las capacidades del Estado mexicano, en la inconformidad con el actual gobierno de izquierda o en la pérdida de privilegios que durante años beneficiaron a ciertos sectores. Todo ello los lleva a buscar cualquier alternativa que les permita conservar esos beneficios, incluso cuando ello implique traicionar al Pueblo de México.

    La defensa de la soberanía ha sido una bandera histórica para quienes creen en la justicia social, la autodeterminación de los pueblos y el respeto entre las naciones. Y hoy el pueblo de México más que nunca, no está dispuesto a soportar que ninguna fuerza extranjera por poderosa que sea, venga a controlar o manipular a nuestra nación. Y aun cuando el actual gobierno de la Presidenta Claudia Sheimbaun, procure una relación de colaboración, respeto y ayuda mutua, no significa que van a permitir que exista alguna vulneración o ataque a nuestra soberanía. 

    En el contexto actual, la relación con Estados Unidos es indispensable, ya que compartimos una extensa frontera, profundos vínculos económicos y desafíos comunes, como la migración y la seguridad. No obstante, la cooperación jamás debe confundirse con subordinación. La amistad entre naciones solo puede construirse sobre la base del respeto mutuo y el reconocimiento de la soberanía de cada país.

    México tiene el derecho inalienable de tomar sus propias decisiones y de resolver sus asuntos internos de acuerdo con la voluntad democrática de su pueblo. Para quienes defienden una visión progresista y comprometida con la justicia social, la soberanía también implica preservar la capacidad del Estado para impulsar políticas públicas que beneficien a las mayorías, reduzcan las desigualdades y fortalezcan los derechos de la población.

    Defender la soberanía no significa promover el aislamiento ni la confrontación como cree la oposición. México necesita cooperar con el mundo, dialogar con otras naciones y construir acuerdos que favorezcan el desarrollo común. Sin embargo, esos acuerdos deben alcanzarse desde una posición de igualdad y respeto, nunca desde la imposición. Ninguna nación, por poderosa que sea, puede atribuirse el derecho de decidir el rumbo de otra.

    Defender la soberanía mexicana es honrar a quienes lucharon por la Independencia, a quienes resistieron las intervenciones extranjeras y a quienes han trabajado incansablemente por un país más libre, más justo y democrático. Es reconocer que el destino de México pertenece exclusivamente a su pueblo.

    México no necesita tutelas ni imposiciones. Necesita unidad, confianza en sus instituciones y compromiso con su gente. La defensa de la soberanía nacional es, en esencia, la defensa de la dignidad colectiva de un pueblo que ha demostrado una y otra vez su capacidad para resistir, transformar su realidad y mantener viva la esperanza de un país más justo, más democrático y verdaderamente libre.

    La pregunta sigue abierta: ¿queremos un México soberano, dueño de su destino y fiel a su historia, o un México condicionado por intereses externos y ajenos al mandato de su pueblo?

    La respuesta definirá no solo el rumbo político del país, sino también la profundidad de nuestro compromiso con la independencia, la democracia y la dignidad nacional. Porque las naciones que renuncian a su soberanía terminan perdiendo mucho más que capacidad de decisión: terminan perdiendo una parte de su identidad. Y México, por su historia, por su pueblo y por su futuro, merece seguir siendo una nación libre, soberana y orgullosa de sí misma.

    Jueza Amarande Riojas Orozco

  • CNTE, en busca de la represión perdida

    CNTE, en busca de la represión perdida

    El verdadero enemigo de México es la ultraderecha que viene de visita a injertar conceptos que la propia monarquía rechazaría para su país. Sin embargo, esos productos de exportación de la que son asiduos consumidores los conservadores ahora llegaron envueltos en un discurso que intentó ser incendiario y se redujo a los anecdótico.

    Las acciones de la ultraderecha en México no se limitan a la capital del país y sus alrededores, están donde consideran que está la atención de los medios que ellos mismos mueven, capitaneados por Ricardo Salinas Pliego, a quien le sale más barato un golpe de Estado, que pagar al fisco lo que debe.

    A los profesores de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educción ya se les olvidó cómo se imparten clases. Cuando nace, el 7 de diciembre de 1979, surge como grupo de ultraizquierda, en el periodo de López Portillo, ahora de ultraderecha. Además, es la punta de lanza de un golpe de Estado.

    Los líderes son quienes negocian con los patrocinadores del golpe de Estado. Las mesas de diálogo están abiertas, hay propuestas coherentes y novedosas que deben aprovechar, pero quiere represión para poder abrir las puertas de la intervención.

    Los grupos con integrantes y peticiones individualistas siguen el juego a los supuestos profesores de la CNTE, jubilados con pensiones millonarias, transportistas manejados por el PAN y el PRI, una parte minoritaria de madres buscadoras, entre otros grupos disidentes de sus grupos originales. Es decir, son minorías de minoría.

    La complicidad de los medios desenmascara el origen derechista de las protestas, al afirmar que a ese movimiento lo apoyan 50 organizaciones, pero los investigadores del periodismo chayotero no han nombrado ninguna del medio centenar que dicen integrarse.

    Su mecenas, Salinas Pliego, dice que si no hay cambios en las urnas en 2027 será por la fuerza, considera que la suma de minorías hace una mayoría, apoyando la posibilidad de un golpe.

    Pareciera que buscar la represión es un objetivo de los dueños de los movimientos innecesarios de estos grupos, ninguno de ellos ha quedado al margen de negociaciones, mesas de pláticas y sus exigencias absurdas.

    Las peticiones de la CNTE quedaron atascadas desde sus propias bases, los líderes parecieran radicalizarse ante un gremio que muestra mesura, conducta que los dirigentes califican de tibia, porque son quienes reciben dinero por mantener viva la protesta para que la derecha tenga argumentos de tender puentes hacia la invasión que la derecha segura es imaginaria, para descarrilar al gobierno de Morena.

    Si en realidad la CNTE fuera reivindicadora de los derechos de los profesores porque no ha luchado por afiliar al magisterio que trabaja en escuelas particulares, a quienes les pagan una miseria y carecen de contrato, sin prestaciones y cobran por recibo de honorarios y, por si fuera poco, ellos tienen que pagar los impuestos que le corresponden a los patrones.

    Hay muchas trincheras que podrían, en realidad, adoptar, si de verdad estuvieran dispuestos a defender los derechos laborales del magisterio, pero su lucha no es para reivindicar la dignidad de quienes imparten clases, su lucha es política y lo que es peor, mercenaria.