Categoría: Opinión

  • De Haaland a Quiñones: el mapa migratorio que transforma el Mundial 2026

    De Haaland a Quiñones: el mapa migratorio que transforma el Mundial 2026


    La Copa del Mundo 2026 presentará un fenómeno histórico: el veintitrés por ciento de los jugadores convocados defenderán a un país distinto al que nacieron.

    El Mundial 2026 no solo será histórico por su expansión a 48 selecciones, sino por evidenciar cómo la migración ha reconfigurado el futbol. De los 1,248 futbolistas inscritos para el torneo, 289 no nacieron en la nación que representan, lo que equivale al 23.15% del total. Este fenómeno supera considerablemente las cifras registradas en Qatar 2022.

    En la escuadra de México, destacan los casos de Julián Quiñones, nacido en Colombia; Álvaro Fidalgo, originario de España; Santiago Giménez, de Argentina; así como Obed Vargas y Bryan Gutiérrez, nacidos en Estados Unidos. A nivel internacional, también resalta el caso de Erling Haaland, quien representa a Noruega tras haber nacido en Inglaterra.

    Curazao es el ejemplo más extremo del certamen, con 25 de sus 26 convocados habiendo nacido en Países Bajos. Por su parte, la selección de Marruecos refleja esta globalización, pues figuras como Achraf Hakimi se formaron en España o en distintos países de Europa.

    Las reglas de la FIFA permiten que los deportistas defiendan las camisetas del país de sus padres o abuelos, generando escenarios donde 40 de los 48 equipos cuentan con al menos un elemento foráneo. Existen historias familiares que cruzan fronteras, como la de Iñaki Williams jugando para Ghana mientras su hermano Nico Williams lo hace con España. El actual mapa del deporte demuestra que la geografía de nacimiento ya no dicta los límites en una Copa del Mundo.

  • El voto del miedo: cómo el imperio fabrica pobres que eligen su propia cadena

    El voto del miedo: cómo el imperio fabrica pobres que eligen su propia cadena

    La gente no siempre vota según sus intereses materiales, sino según una imagen idealizada de cómo querría vivir. Esa observación, atribuida en parte a Jorge Alemán y su noción del “individuo antropológicamente neoliberal”, es certera, pero incompleta si no se le añade una pregunta incómoda: ¿Quién fabricó esa imagen idealizada y con qué fines?

    La respuesta, vista desde una perspectiva antiimperialista, es clara. El “sueño” que empuja a un trabajador empobrecido a votar por quien promete recortar derechos laborales no nació en su cabeza de forma espontánea. Fue sembrado durante décadas por un aparato cultural, mediático y financiero cuyo centro de gravedad sigue estando en Washington, en los think tanks de Wall Street, en las cadenas de televisión y plataformas digitales que difunden la fantasía del “emprendedor exitoso” como horizonte único de dignidad humana. El neoliberalismo no es solamente una política económica: es una pedagogía del deseo. Y esa pedagogía se exportó desde el norte global hacia el sur, con América Latina como uno de sus laboratorios favoritos desde Pinochet hasta hoy.

    Cuando un campesino o un obrero vota por la ultraderecha, no está traicionando sus intereses por ignorancia, como gusta repetir cierta izquierda liberal con desprecio de clase. Está respondiendo, de manera racional dentro de un marco irracional, a un bombardeo simbólico que durante generaciones le enseñó que la pobreza es culpa individual, que el Estado es el enemigo, que la seguridad social es un privilegio inmerecido y que la única libertad real es la del consumidor. Ese bombardeo no es neutral ni doméstico: es geopolítico. Forma parte de una estrategia de dominación que necesita gobiernos débiles, desregulados y dependientes en el sur para sostener el nivel de vida y la hegemonía financiera del norte.

    El miedo y la incertidumbre tampoco son accidentes históricos. Son productos fabricados activamente: la inseguridad se agrava cuando se desmantelan los Estados de bienestar bajo presión del FMI; la incertidumbre se profundiza cuando los capitales especulativos atacan monedas nacionales que intentan apartarse del libreto neoliberal. El “declive cognitivo del ciudadano medio” que se señala no es una falla biológica de la humanidad, sino el resultado lógico de sistemas educativos desfinanciados, medios concentrados en pocas manos y algoritmos diseñados para maximizar indignación y polarización antes que pensamiento crítico.

    En este contexto, México ocupa un lugar que merece ser destacado en lugar de diluido en generalidades continentales. Mientras buena parte de la región oscila entre el ajuste ortodoxo y la promesa vacía de la mano dura, el proyecto político mexicano de la última década ha intentado, con contradicciones pero con dirección clara, disputar precisamente esa pedagogía del deseo. Programas de transferencia directa, rescate del salario mínimo, nacionalismo energético y una retórica presidencial que no teme nombrar al “neoliberalismo” como adversario histórico configuran un experimento que incomoda a Washington más por su ejemplo que por su tamaño. No se trata de idealizar sin crítica: persisten la violencia, la precariedad y la dependencia estructural del mercado estadounidense. Pero la diferencia de tono y de prioridades frente a la ortodoxia regional es innegable, y explica buena parte de la hostilidad mediática que México recibe desde ciertos centros de poder internacional.

    Comprender por qué la gente pobre vota contra sus intereses materiales exige, entonces, abandonar la explicación psicologista y abrazar una explicación histórico-política. No hay individuos antropológicamente neoliberales por naturaleza; hay sujetos producidos por un sistema imperial que necesita su consentimiento para reproducirse sin necesidad de cuarteles. La batalla por el sentido común, por consiguiente, no se gana señalando con el dedo a quien vota “mal”, sino desmontando la maquinaria que produce ese voto: control sobre medios y plataformas, soberanía económica frente a organismos financieros internacionales, y políticas sociales que cambien materialmente la vida de quien hoy solo puede aspirar a soñarla.

    México, con sus límites y sus contradicciones, ofrece hoy uno de los pocos intentos serios en la región de plantar esa disputa desde el Estado mismo. No es una solución acabada ni un modelo exportable sin matices, pero sí es un recordatorio de que la alternativa al fatalismo neoliberal no es solo posible: ya está, parcialmente, en marcha.

  • Derecho a un trabajo digno y a un salario igualitario I

    Derecho a un trabajo digno y a un salario igualitario I

    El apartado catorce de la Cartilla de Derechos de las Mujeres el cual dividiremos en dos por lo extenso del texto, habla de un trabajo digno y un salario igualitario. Dice textualmente: “¿Sabías que durante mucho tiempo a las mujeres se nos asignaron ciertas labores por sólo ser mujeres, sin tomar en cuenta nuestros sueños, lo que preferíamos hacer o nuestras capacidades? Además se fue normalizando que se nos pagara menos dinero por realizar el mismo trabajo que los hombres.

    Esa situación ha ido cambiando porque en la sociedad existe el entendimiento de que las mujeres pueden trabajar en lo que sea; es nuestro derecho elegir el trabajo que nos guste y se acomode a nuestros intereses y necesidades. 

    La jornada de trabajo debe durar ocho horas por día como máximo y, si trabajas más tiempo, deben pagarte horas extras. Todas las personas tenemos derecho a 12 días de vacaciones pagadas que van aumentando según tu antigüedad laboral —que podrás tomar cuando tú quieras—, también tenemos derecho a un pago por las vacaciones que no lograste tomar en el periodo correspondiente, seguro social, indemnizaciones, entre otras prestaciones. 

    Si estás embarazada, tienes derecho conservar tu empleo, a tener una licencia de maternidad de al menos tres meses en los que debes percibir tu salario íntegro y a tener dos días de descanso extraordinario para ejercer tu derecho a la lactancia. También tienes derecho a no realizar trabajos que exijan un esfuerzo mayor al que puedas hacer o que implique un peligro para tu salud.  

    En cuanto asumió su cargo la Presidenta Claudia Sheinbaum propuso modificar la Constitución para que no existan diferencias en los sueldos de mujeres y hombres que realizan el mismo trabajo por lo que está prohibido que esto suceda. Es decir, a trabajo igual, salario igual. 

    Recuerda que en reconocimiento a lo que han trabajado durante su vida, hoy todas las y los mexicanos tienen derecho a una pensión establecida en la Constitución desde los 65 años y, para las mujeres desde los 60. En este 2025 se iniciará con mujeres de 64 y 63 años.”

  • Pezones y botones: la geopolítica según Trump

    Pezones y botones: la geopolítica según Trump

    ¿Tendrá idea de lo que es el mundo el primer mandatario de la nación más poderosa del planeta?

    En diversos momentos, Trump se ha referido al continente africano como si fuera un solo país y ha utilizado términos despectivos para agrupar a múltiples naciones de la región.

    Pero el episodio más grotesco ocurrió en septiembre de 2017, cuando, durante un almuerzo en la ONU con líderes africanos, se refirió en dos ocasiones al inexistente país de “Nambia”, al que llegó a elogiar por su sistema de salud. El problema es que no existe tal nación. Quizá intentó referirse a Namibia o a Gambia, pero el resultado fue la invención espontánea de un país africano que sólo existió en su cabeza frente a los propios mandatarios del continente.

    Según reportes de fuentes diplomáticas, durante una sesión informativa previa a una reunión con el primer ministro indio en 2017, Donald Trump, el octogenario que ocupa la presidencia de Estados Unidos, pronunció Nepal como “nipple” (que significa pezón en inglés) y se refirió a Bután como “button” (que puede significar botón y que suena a butt, es decir, nalgas). Además, trascendió que el señor no tenía claridad sobre qué eran estos países, lo que lo hizo preguntar si formaban parte de la India.

    Un año después, en una reunión en la Casa Blanca con los líderes de Lituania, Estonia y Letonia en 2018, Trump los recriminó por las guerras que llevaron a la desintegración de Yugoslavia en la década de los 90. Los líderes bálticos tuvieron que aclararle que él estaba confundiendo a los Estados Bálticos (norte de Europa) con los países de los Balcanes (sureste de Europa).

    En abril de 2017, apenas unos días después de ordenar un ataque con misiles contra una base aérea en Siria, Trump declaró en una entrevista que Estados Unidos había “bombardeado Irak”. Tuvo que ser corregido en el acto. El episodio resulta especialmente revelador porque ocurrió mientras el presidente acababa de tomar una decisión militar de alto riesgo en Oriente Medio y, pocas horas después, ya no recordaba con precisión contra qué país había actuado.

    En más de una intervención pública, Trump se ha referido a Bélgica como si fuera una ciudad y no un país soberano. La frase más recordada es aquella en la que aseguró que “Bélgica es una ciudad hermosa”. El error no es menor: se trata de un Estado miembro fundador de la Unión Europea, sede de la OTAN y de la Comisión Europea. Por cierto, el país que eliminó a Estados Unidos en este Mundial de Futbol.

    Hace apenas unos días, durante la cumbre de la OTAN que tuvo lugar en Ankara, Turquía, frente a cámaras, rodeado de periodistas de buena parte del mundo, el presidente de Estados Unidos cometió una estupidez que ya no espanta a nadie. Mientras estaba sentado junto al presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, al intentar dar paso a las preguntas, cuestionó a los reporteros si tenían algo que preguntarle al “presidente Putin”, señalando al mismo tiempo hacia Zelenski, quien estaba a su lado.

    En esa misma sesión informativa durante la cumbre de la OTAN en Ankara, Trump tuvo otro desliz verbal despampanante: al hablar sobre las tensiones militares y operaciones del ejército norteamericano en el estrecho de Ormuz, específicamente refiriéndose a un incidente con el portaaviones USS Abraham Lincoln, el señor dijo: “Tuvimos 111 misiles disparados por la República Islámica de Japón”. Como lo oyen: la República Islámica de Japón. El míster megalómano acaba de romper a traición, de nuevo, el cese al fuego con Irán y ni siquiera recuerda el nombre correcto del país al que está agrediendo.

    En septiembre de 2025, durante una conferencia de prensa junto al primer ministro británico Keir Starmer, Trump presumió de haber “resuelto” el conflicto entre “Azerbaiyán y Albania”. No solo confundió Armenia con Albania, sino que además pronunció “Aber-baijan” de forma particularmente llamativa. Semanas antes había recibido en la Casa Blanca a los líderes de Armenia y Azerbaiyán para firmar un acuerdo de paz. El primer ministro albanés, Edi Rama, se burló públicamente del error en una cumbre europea posterior, junto a Macron y el presidente azerbaiyano, convirtiendo el desliz en chiste diplomático.

    En noviembre de 2025, mientras hablaba de la inmigración y de regímenes comunistas, Trump afirmó que los migrantes que llegaban a Miami huían de “la tiranía comunista de Sudáfrica”. Luego, visiblemente incómodo, intentó corregirse mencionando Sudamérica. El error no es solo geográfico: revela una confusión elemental entre un continente y un país, justo en un tema que forma parte central de su discurso.

    Durante sus declaraciones previas a la cumbre de la OTAN, el mandatario insistió en que Groenlandia “debería ser controlada por Estados Unidos”, presentándolo como una posibilidad real o una negociación en curso. Por supuesto, el gobierno de Dinamarca ha sido enfático en que ese territorio no está a la venta ni bajo negociación de soberanía. 

    Hay quienes quieren entender estas declaraciones como una herramienta de “guerra de narrativas”. Lo preocupante no es sólo el error o la mentira per se, sino el hecho de que estas declaraciones —al ser emitidas por el jefe del Estado con mayor poderío de destrucción del planeta— obligan a aliados y adversarios a desmentir o ajustar sus posturas constantemente, lo que erosiona la confianza en la comunicación diplomática.

    Todas estas pifias, pienso, no son maniobras maestras de distracción ni golpes de efecto calculados para saturar el espacio público. Son la prueba reiterada de un mandatario que, después de años en el cargo y con acceso a toda la información de inteligencia del planeta, sigue sin entender ni los rudimentos de la geografía política mundial ni los nombres de los actores que decide atacar, apoyar o ignorar. Cuando el hombre que controla el mayor arsenal nuclear y convencional de la historia confunde países soberanos con pezones y botones, inventa naciones africanas, mezcla continentes enteros y no distingue entre el presidente de Ucrania y el de Rusia frente a las cámaras del mundo, el problema ya no es de comunicación ni de estilo. Es de capacidad. Y esa incapacidad, ejercida desde la oficina oval, no es un espectáculo inocuo: es un riesgo permanente para la humanidad.

    @gcastroibarra

  • Votar en contra de lo contrario a los intereses contrarios

    Votar en contra de lo contrario a los intereses contrarios

    Da gusto atestiguar que un amplio sector de la izquierda institucional latinoamericana acusa al electorado colombiano, que votó por De la Espirella, de entregarse a la extrema derecha, de ser ignorante y manipulable, de traicionar los intereses populares, de ser estúpido. Da gusto que desde la izquierda se culpe a las clases subalternas de votar “en contra de sus intereses”, porque ello da fe de la renuncia de la izquierda al proyecto de la izquierda; el de construir una verdadera conciencia de clase y una organización que hable de tú a tú con todos aquellos que perdiendo el trabajo perdemos el sustento. Da gusto porque es la izquierda hablando con la voz de la derecha.

    Hacer de la izquierda política un partido de derecha, sonroja al más reaccionario y fascista de los fascistas reaccionarios. Renunciar a entender el problema como uno de orden estructural, donde los de abajo aceptamos como natural lo que dictan los de arriba, es renunciar a entender la enajenación como la piedra angular de la dominación.

    Si el dominado lustra la bota que lo aplasta es porque está seguro de que si la bota lo deja de aplastar, su vida —su precaria seguridad, su precaria estabilidad, su precario sustento— se irá al carajo por completo, es porque habita un sistema de creencias en el que el fracaso es culpa individual y no un mecanismo de control social.
    Decir que el votante se equivoca cuando elige algo que no es la izquierda, es hacer volar por los aires la columna vertebral de todo pensamiento de izquierda, es sepultar la idea de que el sujeto tiene toda la capacidad de tomar decisiones. El que la izquierda institucional sostenga que el votante no sabe lo que es mejor para el votante, es afirmar desde la derecha de la izquierda que no hay revolución posible, que no hay contrahegemonía viable, que la acción colectiva es guajira y chabacana, un discurso de mercadotecnia política que nunca aspiró a conquistar horizonte alguno, al que jamás le interesó buscar nuevas posibilidades.

    Entrados en gastos

    Cuando la izquierda institucional del siglo XXI considera que una vez que el electorado ha votado por ella, no hay marcha atrás, se acerca a la derecha que le dice a la ciudadanía que debe votar por ella porque la ciudadanía no sabe lo que es mejor para ella. El relato es el mismo, aunque no sea igual. Ni a la derecha, ni a la izquierda le interesa transformar la estructura social, la realidad material y pulverizar el supuesto sentido común que las legitima. Nada de eso, por el contrario, buena parte de la izquierda institucional latinoamericana ha entendido que el poder no está para servir, que el poder está para servirse.

    • Carlos Bortoni es escritor. Su último libro es Polvo, publicado por Casa Editorial Abismos.
  • El T-MEC bajo presión

    El T-MEC bajo presión

    La revisión sexenal del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) constituye uno de los ejercicios institucionales más relevantes para la estabilidad económica de América del Norte. No se trata de una renegociación automática ni de un mecanismo para reabrir discrecionalmente las obligaciones asumidas por las Partes; jurídicamente, la cláusula de revisión prevista en el artículo 34.7 responde a un principio de evaluación periódica destinado a garantizar la vigencia, funcionalidad y continuidad del acuerdo. Sin embargo, la práctica del derecho internacional demuestra que los tratados comerciales rara vez permanecen aislados del contexto político que los rodea.

    La revisión prevista para 2026 se desarrollará en un escenario geopolítico particularmente complejo. La creciente competencia entre Estados Unidos y China, la redefinición de las cadenas globales de suministro, el fortalecimiento de políticas industriales nacionales y la seguridad económica como eje de la política exterior estadounidense han modificado la naturaleza del comercio internacional. Hoy los acuerdos comerciales son, además de instrumentos de integración económica, herramientas de proyección estratégica.

    En ese contexto, resulta jurídicamente cuestionable utilizar un mecanismo de revisión convencional como instrumento de presión política. El principio de buena fe, reconocido en la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados, exige que las Partes ejecuten las obligaciones internacionales conforme al objeto y fin del tratado. Ello implica que cualquier diferencia debe resolverse dentro de los procedimientos expresamente previstos por el propio T-MEC y no mediante condicionamientos políticos que alteren el equilibrio originalmente pactado.

    La posición del Estado mexicano ha consistido en defender la naturaleza jurídica del tratado y preservar la certeza que demandan los inversionistas y los sectores productivos de la región. Esa postura no sólo responde a una necesidad económica, sino también a un principio elemental del derecho internacional: la estabilidad de los compromisos convencionales constituye un presupuesto indispensable para la confianza entre los Estados.

    No obstante, sería ingenuo ignorar la realidad de las relaciones internacionales. Estados Unidos posee una capacidad de negociación considerable derivada del peso de su mercado interno y de la profunda integración comercial que mantiene con México. Más del ochenta por ciento de las exportaciones mexicanas tienen como destino territorio estadounidense, circunstancia que inevitablemente genera una relación asimétrica. Esa condición permite que asuntos aparentemente ajenos al comercio, como la migración, la seguridad fronteriza, el combate al tráfico de fentanilo o la cooperación energética, terminen permeando las negociaciones comerciales.

    Precisamente ahí radica el principal desafío jurídico y diplomático para México. La defensa del T-MEC no puede limitarse a la invocación formal de sus disposiciones, sino que exige una estrategia integral que combine argumentación legal, diplomacia económica y fortalecimiento institucional. La eficacia de un tratado internacional no depende exclusivamente de su texto, sino también de la capacidad política de las Partes para respetar las reglas que libremente aceptaron.

    Las controversias registradas durante los últimos años en materia energética, reglas de origen para la industria automotriz y comercio agroalimentario evidencian que el mecanismo de solución de controversias previsto por el tratado funciona y ofrece cauces institucionales para resolver diferencias. Precisamente por ello, cualquier intento de trasladar disputas políticas al ámbito de la revisión sexenal desnaturalizaría la finalidad del propio acuerdo y generaría incertidumbre para los mercados de la región.

    Debe recordarse que el T-MEC no constituye una concesión unilateral de Estados Unidos hacia México. Se trata de un instrumento de integración regional cuyos beneficios son recíprocos. La competitividad manufacturera de América del Norte depende de la complementariedad de las economías de los tres países, del fenómeno del nearshoring y de cadenas de valor profundamente integradas. En consecuencia, debilitar el tratado mediante presiones políticas terminaría afectando la competitividad regional frente a otros bloques económicos.

    La revisión de 2026 representa, por tanto, una prueba para la madurez institucional de América del Norte. México tiene el derecho y la obligación de defender la observancia estricta del tratado, no desde una lógica de confrontación, sino desde la legalidad internacional y el principio de cumplimiento de los compromisos asumidos. Si el comercio internacional pretende seguir siendo un espacio regido por normas y no por decisiones unilaterales, la revisión del T-MEC deberá prevalecer como un ejercicio jurídico de evaluación y no como un mecanismo de presión de política exterior. En ello no sólo está en juego la estabilidad económica de la región, sino la credibilidad del propio sistema internacional basado en reglas.

  • Pierde demanda legal Bad Bunny por uso de voz de su expareja

    Pierde demanda legal Bad Bunny por uso de voz de su expareja

    El Tribunal Supremo de Puerto Rico falló a favor de Carliz De La Cruz, quien demanda a Bad Bunny por usar su voz sin permiso.

    El Tribunal Supremo de Puerto Rico determinó que la demanda interpuesta por la abogada Carliz De La Cruz Hernández contra el cantante Bad Bunny, cuyo nombre real es Benito Antonio Martínez Ocasio, tiene méritos para continuar. El proceso judicial regresará al Tribunal de Primera Instancia de San Juan, donde se evaluará una posible indemnización económica.

    El litigio comenzó en marzo de 2023 cuando la expareja del artista exigió una compensación de al menos 40 millones de dólares por el uso no autorizado de su voz y de su imagen. El caso gira en torno a la popular frase “Bad Bunny baby”, la cual fue grabada desde un teléfono celular por De La Cruz Hernández en el año 2015, a petición del propio intérprete urbano.

    De acuerdo con el expediente legal, la grabación original fue utilizada en la canción Pa’ ti, lanzada en el año 2017 bajo el sello discográfico Rimas Entertainment, y en el tema Dos mil 16, parte del álbum Un verano sin ti estrenado durante el año 2022. Los documentos judiciales señalan que los representantes de Bad Bunny ofrecieron la cantidad de 2 mil dólares a la demandante un día antes del lanzamiento del disco para adquirir los derechos de la frase. Tras no concretarse ningún acuerdo previo entre las partes, el material musical se publicó y se comenzó a distribuir en diversas plataformas digitales.

    Con esta resolución, el máximo sistema de justicia en Puerto Rico evitó desechar el caso de forma prematura y reconoció la existencia de una obra original. Ahora se determinarán las presuntas violaciones a los derechos morales de autor reclamados por la demandante para emitir un fallo final sobre el fondo del caso.

  • Incendian puerta de SEGOB durante protesta en Ciudad de México

    Incendian puerta de SEGOB durante protesta en Ciudad de México

    Manifestantes incendiaron este jueves el portón principal de la Secretaría de Gobernación en la capital del país, exigiendo atención inmediata de las autoridades federales.

    Un grupo de manifestantes vandalizó e incendió la entrada de la Secretaría de Gobernación, ubicada en la Ciudad de México, como medida de protesta. Los hechos ocurrieron durante la jornada de este jueves, dejando afectaciones directas en el acceso principal del histórico inmueble institucional.

    El momento exacto de la vandalización fue captado en video y difundido ampliamente, donde se observa cómo las llamas consumen rápidamente parte de la estructura. La acción fue llevada a cabo por inconformes que exigían ser escuchados por el gobierno federal, escalando la tensión en las calles aledañas a la dependencia.

    Cuerpos de emergencia y elementos de seguridad de la CDMX se movilizaron de inmediato para sofocar el fuego y asegurar el perímetro. Hasta el momento, no se ha emitido un saldo oficial sobre personas heridas o detenciones derivadas de estos actos en el centro del país.

  • Aprender a gestionar emociones

    Aprender a gestionar emociones

    Termina el mundial para México y una de las cosas más interesantes que observé fueron las emociones desbordadas, sobre todo de los extranjeros en nuestro país. Hay una gran cantidad de videos en donde distintos aficionados en los Fanfest de la Ciudad de México disfrutaban de los partidos, se emocionaban con cualquier juego y apoyaban a los equipos. Llama la atención que tanto extranjeros como nacionales apoyaron a la selección mexicana hasta su último partido.

    Una emoción es una reacción orgánica breve de las personas ante estímulos, ya sea internos o externos y responden a la ira, miedo, alegría o tristeza. Estas reacciones suelen ser diferentes en cada persona, y es necesario considerar que el componente cultural es fundamental en la forma en que las identificamos, reaccionamos y gestionamos. 

    El adjetivo “emocional” culturalmente, había sido una característica de las mujeres porque nuestras reacciones las hacían evidentes. Para los varones, durante mucho tiempo las emociones tuvieron que ser negadas, hasta el punto de ser presa de su contención. La norma de anular las emociones como si no existieran, permite que sea perpetuada la actitud. Por ejemplo, cuando un niño observa que la expresión facial del otro no cambia ante situaciones diversas, esta forma de relacionarse con el mundo es aprendida; pero si además a este mismo niño se le obliga a negar las reacciones de forma constante, se validan y se incorpora la acción.

    El mundial de 2026 nos demostró que las emociones se pueden expresar de muchas formas. He visto a hombres, mujeres, niños y niñas, reaccionar por haber perdido el domingo ante Inglaterra.  Me llama la atención los hombres que rompen televisiones, lloran, gritan, se tiran al piso, patalean. Nunca he sido aficionada al fútbol, pero reconozco que tiene una función social. Antes de este mundial suponía que la función social era conformar una identidad, un sentido de pertenencia, un elemento que le permitía a los sujetos construir una identificación de género, aunque se están rompiendo los marcos donde este deporte es exclusivo de varones y eso también es otro punto muy relevante. Hoy después de tener todo este material observacional, me soy cuenta que para muchos es la única forma de descargar o expresar sus emociones.

    Celebro los videos que compartían los familiares de niños y niñas de todas las edades, porque he visto que han comenzado a aprender a gestionar sus emociones a través de expresiones validadas socialmente. Hay mamás que abrazan a sus niños bañados en llanto porque “perdieron” el partido. Hay niños y niñas enviándole mensajes de consuelo a los jugadores de la selección. Jóvenes que no son aficionados al juego, pero que también comenzaron a sentir la profunda tristeza y se identifican con los aficionados.

    No sé si este sea un parteaguas para desterrar el profundo machismo que ha construido a nuestra sociedad actual, pero sí creo que todos esos espectadores ahora tienen una experiencia diferente sobre el fútbol. Gracias a la selección mexicana de fútbol porque nos ha llevado a abrazar las emociones y enseñarnos que todos y todas necesitamos expresarlas.

  • Inseguridad y golpe

    Inseguridad y golpe

    La inseguridad es la herramienta favorita de la derecha porque es el mejor pretexto para convencer a la población de que su vida está en peligro por deficiencias del gobierno.

    Donde no puede controlarse la delincuencia es en Estados Unidos, y nadie en México intenta asesorar al FBI, al ICE, a la CIA o a la DEA, para mejorar su lamentable condición.

    La inseguridad es el puente de la injerencia, y un insumo invaluable a la hora de invadir un territorio extranjero, ha servido a Estados Unidos en muchos países de América Latina para esos fines. Porque una vez perpetrado el golpe de Estado, ya sea blando o militar o el fraude electoral, la inseguridad será pretexto para llevar a cabo una feroz represión en su nombre.

    Arma de largo alcance, la inseguridad debe ser ponderada como el principal problema de un país que tiene, en el miedo, la mejor forma de manipular la realidad. Aunque haya otros problemas de mayor urgencia, México debe darle prioridad al tema por presión de Estados Unidos. Muchos de estos conflictos arrojan inseguridad en el futuro, pero como Trump quiere resultados inmediatos, se encaminan hacia las detenciones sin atacar las causas, que es donde tiene colocada su estrategia México.

    Por su utilidad la inseguridad es una herramienta, que quiere imponerse como hábito en la mente de quienes han sido condicionados a temer, a considerar que siempre haya alguien superior, a menospreciarse. A creer que todavía hay un tutelaje de Estados Unidos sobre el gobierno de México.

    Un ejemplo claro es la identidad que la oposición busca a partir de los dichos y declaraciones de Estados Unidos, vecino respetable, pero no autoridad omnipresente en el continente.

    Para ser de oposición basta con exigir que Rocha Moya debe ser juzgado en México y enviado Estados unidos, o castigado en México, por órdenes de una investigación, cuyas características aún son desconocidas. Estados Unidos carece de credibilidad en el mundo, a excepción de un segmento de la población en México que, al carecer de una auténtica oposición, retoma las injerencias jurídicas del vecino para hacerlas realidad y convertirlas en consigna política.

    Nadie habla de la exoneración ordenada por Trump del ex presidente de Honduras, Orlando Hernández, sacándolo de la cárcel a cambio de que trabaje contra el gobierno de México, a través de los medios y las redes.

    Tampoco se habla la protección que brinda Trump al presidente de ecuador, Daniel Noboa, en la comercialización de cocaína en Turquía, Rusia, Europa y África.

    Pero sí debe darle juego al miedo, a ese que quita y pone presidentes en América latina, por ejemplo ordenó la difusión de que el presidente usurpador de Colombia, Abelardo de la Espriella, anunciara que el 7 de agosto, día en que asumirá el cargo, firmará un decreto para crear un “bloque de defensa para la seguridad urbana”.

    La seguridad fue uno de los principales ejes de la campaña de De la Espriella, quien durante la contienda electoral prometió endurecer la respuesta del Estado frente a las organizaciones criminales y fortalecer la coordinación entre la fuerza pública y las autoridades locales. Es decir, la expresión autentica y espontánea de los colombianos será acallada a golpes, cárcel y balas, en nombre de la inseguridad.