Categoría: Opinión

  • La oposición, Rocha y más

    La oposición, Rocha y más

    La oposición es muy quién sabe cómo, como reza el refrán. Cabeza de Vaca, que es perseguido por la justicia mexicana, autoexiliado con los gringos, ya se apuntó para ser presidente; Canallín, otro prófugo de la justicia, ahora protegido por el fuero, también quiere ser presidente; Alito, igual, criminal y con fuero; Salinas, el usurero y deudor fiscal, también quiere ser presidente; las buenas para nada Kenia López, la vende gelatinas y la local de Senado, Lela Téllez, también quieren ser presidentes del país.

    ¿Qué les pasa? Lo que sí, es que todos tienen en común ganar la presidencia —en su cabecita— e ir corriendo con los gringos para entregar todo el país, riquezas y recursos naturales.

    Lo peor es que algunos mexicanos sí concuerdan con esas ideas entreguistas. Por eso insisto, no podemos dejar que las juventudes se vean influenciadas por las voces de la derecha y ultraderecha que la oposición maneja, prometiendo un México mejor y muchas oportunidades para ellos, la juventud, cuando sabemos que ese futuro es ser empleado en casi condiciones infrahumanas.

    Y con acciones del segundo piso de la 4T, como lo que pasó con Rocha Moya, que hace más de 100 días, desde la presidenta, Senado, diputados y gobernadores, salieron a apoyarlo contra las acusaciones de los gringos, ahora resultó que regresó a su cargo el día que la presidenta no fue a las mañaneras porque estaba enferma. Supuestamente, no le avisó y, como consecuencia de sus actos, la presidenta se enojó, hizo una publicación doble cara del poder por el poder, queriendo emular los dichos de AMLO, e hizo que todos los gobernadores de la 4T condenaran el regreso de Rocha Moya, igual con diputados y senadores; quemándose ante el ojo del público, porque si Rocha Moya es inocente y no ha sido acusado por la Fiscalía de México por nada, no hay impedimento de que regrese a su cargo.

    Y no avisarle a la presidenta, ¿no tendría que dar permiso o sí? ¿O seguimos en camino del gobierno morenista al estilo del viejo PRI, porque seguimos con aquellas costumbres y vicios, como que el presidente tiene que saber, evaluar y autorizar? Aunque para algunas cosas hay reacción del gobierno federal y Presidencia, porque para la traidora de Maru Campos sigue en el cargo y ahí no se debe de intervenir; para el caso del desafuero de Alito, tampoco hay injerencia y presión contra Monreal, que es él quien lo protege. ¿Será que es porque trabajan con los gringos o, peor aún, trabajan para BlackRock?

    Porque Presidencia, ¿cómo defiende todo lo que tiene que ver con BlackRock y la injerencia de Israel? ¿Por qué nadie habla de que el diputado Arturo Ávila y sus nexos con armas de origen israelí? Entonces, el segundo piso de la 4T es compinche de las masacres que hace Israel contra Palestina. ¿Es la razón de que Presidencia haga oídos sordos sobre el tema? Y no hay reacción —pasó la marcha contra los ataques de Israel a Palestina y la defensa del agua en el norte del país contra los israelíes, y Presidencia, calladita—.

    Este remedo de 4T le sigue fallando al pueblo. La única ventaja es que la oposición está peor.

    Por más que los nuevos voceros/chayoteros hagan su chamba para tratar de tapar todos los grandes errores que hace este gobierno bajo el mando de la presidenta.

    #laperritadetrump sigue ladrando, igual que Alito, el traidor a la patria, y en el Poder Legislativo siguen sin hacer nada para castigarlo…

    No se les olvide, este texto está plagado de opiniones, cuestionamientos personales, algunos hechos reales y chunga.

    Gracias.

    BLOG: https://chimpando.blogspot.com/

  • Bienestar, dignidad y neurociencia

    Bienestar, dignidad y neurociencia

    La pobreza no sólo reduce el ingreso: también afecta la salud mental y acelera el envejecimiento del cerebro. Por eso, la Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores puede analizarse no únicamente como una política social, fiscal o electoral, sino como una intervención de salud pública con posibles efectos neuroprotectores.

    Un estudio del University College London, dirigido por Jacques Wels y publicado en Innovation in Aging, siguió durante décadas a miles de personas. Sus resultados indican que quienes enfrentaron dificultades financieras persistentes o bajos ingresos durante la adultez temprana y media mostraban peor rendimiento cognitivo a los 53 años, un declive más acelerado entre los 53 y los 69, y una salud cerebral más deteriorada hacia los 70. Estas asociaciones se mantuvieron incluso después de considerar la educación, la cognición infantil y las desventajas socioeconómicas sufridas durante la infancia.

    El hallazgo es importante: muestra que las condiciones materiales de la adultez también dejan huella. La trayectoria cognitiva no queda completamente determinada en los primeros años de vida: la inseguridad económica acumulada puede modificarla.

    El costo mental de la escasez

    Los investigadores señalaron dos mecanismos principales. El primero es el estrés crónico. La incertidumbre financiera mantiene activado el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal y eleva la producción de cortisol. Cuando esta exposición se prolonga, puede afectar el hipocampo —una estructura fundamental para la memoria— y aumentar la vulnerabilidad al deterioro cognitivo.

    El segundo mecanismo es la carga cognitiva. Quien vive al día debe dedicar buena parte de su atención a resolver problemas inmediatos: pagar la renta, comprar alimentos, decidir qué cuenta va a posponer o cómo conseguir el dinero para una medicina. Esa preocupación constante reduce el espacio mental para planear, aprender, socializar, hacer ejercicio o participar en actividades recreativas.

    La pobreza, en este sentido, no sólo priva de bienes: también captura la atención. La revisión de Ridley y sus colaboradores, publicada en Science, reunió evidencia de que las carencias económicas deterioran la salud mental y cognitiva, en parte porque reducen el llamado “ancho de banda mental”. La escasez obliga a concentrarse en el presente y dificulta pensar con perspectiva.

    Otros estudios han encontrado que la percepción de inseguridad financiera puede ser más importante que el ingreso absoluto para predecir el deterioro cognitivo. Las investigaciones de neuroimagen, por su parte, han relacionado los bajos ingresos con un adelgazamiento más marcado de regiones frontales y temporales, vinculadas con la memoria y las funciones ejecutivas.

    La Lancet Commission on Dementia Prevention ha identificado la pobreza y la baja escolaridad como “causas de causas”: condiciones que dificultan el acceso a una alimentación adecuada, al control de la hipertensión y la diabetes, a la actividad física, a los servicios médicos y a las redes sociales. Así, la desventaja económica puede convertirse en un estresor que acelera el envejecimiento cerebral por varias vías simultáneas.

    Las pensiones del bienestar

    La experiencia internacional ofrece razones para pensar que las transferencias monetarias pueden contrarrestar parte de ese proceso. En Sudáfrica, la pensión social no contributiva contribuyó a reducir la pobreza extrema y se asoció con mejoras en la salud mental, especialmente entre mujeres mayores. En Brasil, las pensiones rurales y el Benefício de Prestação Continuada han mejorado la seguridad alimentaria, la continuidad de los tratamientos y algunos indicadores de depresión.

    México cuenta también con antecedentes. Las evaluaciones del programa 70 y Más, precursor de la pensión actual, encontraron en zonas rurales menos síntomas depresivos y mayor independencia funcional entre los beneficiarios. Las mediciones cognitivas fueron limitadas, por lo que no permiten afirmar un efecto directo sobre el cerebro; sin embargo, sí muestran que un ingreso básico puede aliviar el malestar emocional y ampliar la autonomía cotidiana.

    Política y dignidad

    La Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores posee cuatro características decisivas: es universal, no contributiva, de monto fijo y reconocida como un derecho constitucional. Al no exigir una comprobación de pobreza, reduce el estigma asociado a la asistencia. Al estar respaldada jurídicamente, también puede disminuir la incertidumbre sobre el futuro. El ingreso bimestral permite comprar medicamentos, completar la despensa, pagar el transporte, contribuir al gasto familiar o acudir a una consulta. No elimina la precariedad, pero abre un margen de decisión. Y recuperar cierto control sobre la propia vida tiene consecuencias psicológicas: puede reducir la ansiedad, la sensación de indefensión y la depresión.

    La autonomía económica modifica además las relaciones familiares. Una persona mayor que cuenta con un ingreso propio puede dejar de ser percibida exclusivamente como una carga y recupera cierta autoridad en el hogar. Ese cambio de posición no es meramente simbólico: la autoestima, la interacción social y la percepción de control forman parte de las condiciones que favorecen un envejecimiento saludable.

    Desde la perspectiva de la carga cognitiva, la pensión libera una parte del ancho de banda mental ocupado por la supervivencia. Quien ya no debe elegir entre comprar alimentos o pagar un medicamento puede dedicar más atención a conversar, caminar, leer, cuidar a un nieto o participar en actividades comunitarias. La socialización y la estimulación intelectual protegen frente al declive; la soledad y el aislamiento, en cambio, se asocian con un mayor riesgo de deterioro cognitivo y demencia.

    No es una panacea, pero…

    El deterioro cognitivo y la demencia imponen una carga considerable a las familias y a los sistemas de salud. Si las condiciones socioeconómicas adversas contribuyen a esos procesos, reducir la pobreza en la vejez puede entenderse como una forma de prevención primaria.

    La evidencia disponible aún no permite afirmar que las pensiones del Bienestar retrasen por sí solas la demencia o produzcan cambios directos en la estructura cerebral. Las evaluaciones de largo plazo serán indispensables. Lo que sí puede sostenerse es que la seguridad económica reduce algunos factores relacionados con el deterioro: el estrés, la depresión, la mala alimentación, la interrupción de tratamientos y el aislamiento social.

    Evaluar la Pensión para el Bienestar únicamente por su costo presupuestal empobrece la discusión, algo que le encanta hacer a la derecha. Proteger la dignidad económica de las personas mayores es un imperativo moral, pero también puede entenderse como una estrategia eficaz de salud pública.

    @gcastroibarra

  • Añorar el presidencialismo imperial

    Añorar el presidencialismo imperial

    Extrañamente extraña que, a raíz del más reciente sainete de Rocha Moya,  las mejores conciencias de la comentocracia nacional, aquellos que en los 80 y 90 nos quitaron las cadenas e impulsaron una transición gatopardista para garantizar que nada transitara, próceres democráticos como Denise Dresser, José Woldenberg, Lorenzo Córdova, Luis Carlos Ugalde, Enrique Krauze, Héctor Aguilar Camín, Jorge Castañeda, Sergio Aguayo y Claudio X. González Guajardo, extrañen los años dorados del presidencialismo mexicano. Esa noble institución que se sostuvo en facultades metaconstitucionales —control del partido, candidaturas, sucesión, gobernadores y legisladores—, y en contrapesos débiles e inexistentes.

    Extraña, pero no sorprende, porque a todas luces era una maravilla no tenerse que angustiar con la incertidumbre de que este o aquel pudiera resultar electo, una maravilla saber que el elegido por el elegido sería el elegido. Una maravilla despertar con la banca nacionalizada, encadenarnos a un tratado de libre comercio que postró la economía nacional a las necesidades de nuestro vecino del norte, ver salir a los 26 ministros que integraban a Suprema Corte, tener en la AFI un FBI guanabana, padecer la militarización del país para combatir a los rivales del cártel que encabezaba García Luna, o atestiguar la acelerada desestructuración del Estado.

    No soy fatalista a la manera de los otrora libertadores que nos quitaron las cadenas. Estoy conciente que ese presidencialismo que tanto ellos como nosotros y ustedes, añoramos, no ha desaparecido por completo, ahí está la transferencia del control de la Guardia Nacional a la Secretaría de la Defensa Nacional, y la enorme capacidad de establecer la agenda legislativa para la transformación del marco constitucional, pero de que no es lo mismo, no es lo mismo. Sigue siendo una presidencia fuerte pero no omnipotente y omnipresente, ya no queda claro “¿quién manda? […] porque una Presidenta que manda sólo a veces, sobre algunos, cuando la dejan, no termina de mandar” —como melancólicamente pregunta y sostiene la doctora Dresser.

    Entrados en gastos

    Eso de que la presidenta gobierne pero no deba mandar sobre todos y todo es cosa de panfletos que buscan regresar a un régimen donde los detractores eran solapados y recompensados desde el gobierno que simulaban criticar. Se extraña una presidencia que no solo dirija la administración pública federal y ejecute leyes, sino que también absorba las atribuciones de todos los poderes, ¿que es eso de que federalismo no sea sinónimo de obediencia vertical a los mandatos de Palacio Nacional? Los límites son propios de los limitados, no de la presidencia imperial que añoran las mejores conciencias de la comentocracia nacional.

    Carlos Bortoni es escritor. Su último libro es Polvo,
    publicado por Casa Editorial Abismos.

  • Business Book Fair: ¿y si el conocimiento también fuera una forma de construir al país?

    Business Book Fair: ¿y si el conocimiento también fuera una forma de construir al país?

    ¿De qué está hecho el crecimiento de un país? ¿De cifras? ¿De grandes inversiones? ¿De tratados y negociaciones? Sí, pero también de algo mucho más sencillo y poderoso, personas preparadas para imaginar, crear y hacer realidad nuevas posibilidades. Y aquí es donde les quiero hablar de Business Book Fair y que conozcan una historia mexicana.

    En 2025, Benjamin Curley, Valeria Díaz, y Julia Calzada convirtieron una idea en un proyecto que reunió en ciudad de México a cientos de líderes, CEOs, emprendedores y autores.

    ¿El punto de partida? Algo tan sencillo como un libro. ¿El objetivo? Mucho más grande, conectar conocimiento, experiencia y comunidad para convertir las ideas en herramientas que puedan aplicarse en la vida real.

    Porque, seamos honestos, ¿De qué sirve leer un gran libro si aquello que aprendimos nunca se convierte en una decisión? ¿De qué sirve hablar de emprendimiento en nuestro país si los jóvenes no encuentran espacios para relacionarse, aprender y abrirse camino? ¿Y qué pasaría si una persona que apenas comienza puede sentarse frente a alguien que ya recorrió ese camino?
    Ahí aparece el verdadero valor de esta comunidad.

    La segunda edición de Business Book Fair se realizará del 3 al 5 de septiembre de 2026 en El Cantoral, Ciudad de México. No es solamente una feria. Es un punto de encuentro.

    Y quizá eso sea lo que más necesitamos, lugares donde las ideas puedan encontrarse con las personas capaces de convertirlas en realidad.

    México tiene talento. Muchísimo. La cuestión es… ¿Estamos haciendo lo suficiente para que nuestros jóvenes lo sepan? ¿Les estamos diciendo que pueden crear empresas desde México para el mundo? ¿Qué pueden competir, negociar, innovar y liderar? ¿Qué sus sueños empresariales no tienen por qué quedarse en una libreta?

    Porque el desarrollo de un país también se construye así, con una emprendedora que se atreve a crecer, con un estudiante que encuentra una nueva perspectiva, con un empresario que aprende a dirigir mejor, con un joven que descubre que su idea sí puede convertirse en una empresa, y ahí está lo entrañable de esta historia.

    Business book fair no nació en Silicon Valley, ni en Londres, ni en Nueva York. Nació en México. Fue imaginada y construida por tres juventudes mexicanas que decidieron apostar por el conocimiento y por su capacidad para crear. Por eso me atrevo a hacerles extensiva esta invitación…

    Presidenta Claudia Sheinbaum, secretario de Economía Marcelo Ebrard, dense la oportunidad de conocer lo que estos jóvenes están construyendo. Porque entre libros, grandes voces, conversaciones y encuentros aparece una pregunta todavía más importante… ¿Qué México podemos construir si apostamos por el talento, las ideas y la imaginación de nuestros jóvenes?

    Quizá ahí esté una de las respuestas que más necesitamos escuchar, un México que no espera oportunidades, sino que las crea; que no mira al mundo desde la banca, sino que se atreve a competir, innovar y liderar desde aquí. Porque cuando un joven descubre que sí puede, no solo cambia su propia historia. También empieza a cambiar la historia de México.

    Les mando un abrazo fraterno.

  • Doble nacionalidad, doble lealtad

    Doble nacionalidad, doble lealtad

    La propuesta de Claudia Sheinbaum para impedir que personas con doble nacionalidad puedan contender por la Presidencia de la República o por una gubernatura ha provocado, como era previsible, una tormenta política. Ya aparecieron quienes hablan de discriminación, de restricciones a los derechos políticos y hasta de una supuesta persecución contra los mexicanos que también tienen otra nacionalidad.

    Pero hay una pregunta que deberíamos hacernos antes de repetir esos argumentos: ¿por qué tendría que ser controversial exigir una sola nacionalidad para quien aspire a dirigir un Estado?

    La presidenta Sheinbaum planteó esta posibilidad después de referirse, entre otros asuntos, al caso del exgobernador de Tamaulipas Francisco García Cabeza de Vaca. La propuesta todavía tendría que convertirse en una iniciativa y pasar por el proceso legislativo correspondiente; es decir, no estamos hablando de una prohibición vigente, sino de una reforma constitucional que está siendo analizada.

    Y aquí conviene separar dos cosas: tener doble nacionalidad no convierte automáticamente a una persona en traidora ni significa que responderá a intereses extranjeros. Sería absurdo afirmar eso. Millones de mexicanos tienen otra nacionalidad por razones familiares, migratorias o de nacimiento y siguen teniendo un profundo vínculo con México. Pero una cosa es tener doble nacionalidad y otra muy distinta es aspirar a ejercer el máximo poder político de la nación.

    La Presidencia de México no es cualquier cargo. Quien ocupa ese puesto toma decisiones sobre seguridad nacional, política exterior, relaciones comerciales, migración, energía y defensa de los intereses mexicanos frente a otras potencias. Por eso resulta legítimo preguntarnos si quien gobierna debe tener una vinculación jurídica y política exclusiva con México.

    Y no es una discusión imaginaria. Colombia nos está poniendo sobre la mesa un caso que vale la pena observar. El presidente electo Abelardo de la Espriella cuenta con nacionalidad estadounidense, situación que ya provocó un intenso debate en aquel país sobre los posibles conflictos de interés y sobre las lealtades que puede implicar tener ciudadanía de otra nación. Incluso juristas colombianos han discutido públicamente las consecuencias de esa condición.

    Y aquí está el punto central: no se trata de afirmar que alguien con ciudadanía estadounidense necesariamente obedecerá a Washington. Se trata de evitar que exista siquiera la posibilidad de un conflicto de intereses en quien tendrá que defender los intereses de México. Porque la política internacional no funciona con ingenuidad.

    Estados Unidos, particularmente, utiliza sus herramientas económicas, diplomáticas, migratorias y jurídicas para defender sus intereses. México lo sabe perfectamente. Por eso, cuando hablamos de la persona que tendrá en sus manos la representación del Estado mexicano, la discusión sobre posibles vínculos jurídicos con otra nación no debería ser tabú.

    De hecho, hay algo paradójico en todo esto. A los mexicanos se nos exige constantemente demostrar lealtad a nuestro país. Se cuestiona a quien tiene negocios en el extranjero, cuentas en otros países o relaciones políticas internacionales. Pero cuando se plantea que quien aspire a ser presidente o gobernador tenga una sola nacionalidad, algunos descubren de repente que la soberanía nacional es un concepto incómodo.

    No lo es. La soberanía también significa establecer reglas para quienes pretenden ejercer el poder en nombre de una nación.

    Y quienes se escandalizan porque una reforma de este tipo podría afectar los derechos políticos de algunos ciudadanos deberían recordar que los derechos políticos, como cualquier derecho, pueden estar sujetos a requisitos constitucionales cuando se trata de ocupar determinadas responsabilidades públicas.

    En tiempos donde las presiones extranjeras sobre los gobiernos latinoamericanos son cada vez más evidentes, más que una discusión sobre documentos de identidad, estamos hablando de soberanía.

    Y en materia de soberanía, vale más prevenir un conflicto de intereses que lamentarlo cuando ya sea demasiado tarde. México necesita gobernantes que tengan claro para quién trabajan.  Para México. Nada más.

    Redes sociales

  • Cuando Izquierda y Derecha ya no alcanzan

    Cuando Izquierda y Derecha ya no alcanzan

    Una buena parte de nuestra historia política nos fue orillando a concebir el mundo entre izquierdas y derechas; antes, entre liberales y conservadores; hoy, en México, entre oficialistas y opositores. Las categorías, al menos actualmente entre izquierda y derecha, siguen siendo útiles porque expresan diferencias reales sobre cómo se conciben la libertad, la igualdad, el mercado, el papel del Estado e, incluso, la distribución de la riqueza. Sólo que dichas categorías dan paso a un problema cuando comienzan a utilizarse para explicarlo todo, tal y como la política mexicana parece empeñada en hacerlo. No es un tema menor. Hoy, en el debate público, si alguien cuestiona al gobierno, rápidamente puede ser colocado en la derecha; si reconoce algún logro de la presidenta Claudia Sheinbaum, puede ser acusado de oficialista, y eso no es otra cosa que una visión meramente reduccionista. A tal grado hemos llegado que hoy se construye un debate público donde importa cada vez menos qué y por qué se dice, y cada vez importa más desde qué espectro suponemos que se está diciendo.

    En ese sentido, la aparición de una fuerza política como PAZ resulta interesante precisamente por eso. No solamente porque México tenga dos nuevos partidos políticos, sino porque obliga a preguntarnos si todavía es viable entender la pluralidad política utilizando únicamente las categorías tradicionales. Por ejemplo, Hugo Eric Flores fue claro durante el primer Congreso Nacional de PAZ al señalar que el partido no será satélite ni comparsa de Morena. Al mismo tiempo, tampoco renegó del respaldo que en su momento se dio a Andrés Manuel López Obrador, ni mucho menos del acompañamiento a Claudia Sheinbaum. Señaló claramente que hay coincidencias que permanecen y diferencias que hoy resultan evidentes, lo que no debería parecernos contradictorio si nos referimos a una democracia madura, en la que coincidir no tendría que significar someterse y disentir tampoco debería obligarnos a convertirnos en adversarios.

    Con honestidad señalo lo anterior desde una posición que no pretendo ocultar: participé en la fundación de PAZ y creo que este se configura como un espacio propicio para construir una alternativa que coloque en el centro la pacificación del país, la comunidad, la justicia social, la protección del medio ambiente y la reconciliación nacional. Pero precisamente por esa pertenencia creo también que nuestro desafío será mucho mayor que simplemente declararnos distintos.

    Una encuesta reciente de Mitofsky ofrece un dato revelador: mientras buena parte de los mexicanos identifica con relativa facilidad a Morena, PAN, PRI o Movimiento Ciudadano dentro del espectro ideológico, 48.5 por ciento no supo dónde colocar a PAZ. Habrá quien pueda interpretar ese resultado como una debilidad o un vacío ideológico; sin embargo, creo que esa es una pregunta que habrá de obtener respuesta a partir de los hechos, en tanto que toda identidad política no se construye diciendo lo que uno no es, sino demostrando en la práctica lo que se es.

    PAZ tendrá que demostrar —insisto: en los hechos— qué significa colocar a la paz en el centro de la acción política; qué propone frente a la inseguridad, los desaparecidos, la extorsión, la desigualdad, el deterioro ambiental, la pobreza y el abandono de muchas comunidades. Tendrá también que demostrar que puede reconocer los aciertos del gobierno cuando existan y señalar sus errores cuando sea necesario, sin convertirse ni en comparsa ni en oposición automática.

    Por lo tanto, creo que el verdadero desafío de la política mexicana en general no se encuentra en decidir definitivamente entre izquierda y derecha, sino en recuperar algo que la polarización nos ha hecho olvidar: la posibilidad de coincidir o disentir sin cortapisas cuando la realidad lo amerite. Sobre todo en este país profundamente dividido, donde construir paz también comienza por reconocer nuestras diferencias.

    Luis Tovar
    Secretario General de la Fundación

    para la Defensa del Medio Ambiente. FUDEMAH A.C.

  • PAN, tercer partido de EU

    PAN, tercer partido de EU

    El Partido Acción Nacional se convierte en el tercer partido político de Estados Unidos, sin registro en ese país ni candidatos, desde México intenta consolidar el liderazgo de un país extranjero a partir de las actividades partidistas en territorio mexicano.

    El sistema político del vecino país, prohibió cualquier intento de un tercer partido políticos además del Republicano y el Demócrata, ahora el PAN lo logra con nacionalidad gringa y una vocación por el servilismo y la sumisión.

    A pesar de que obtuvieron su registro en 1939, los panistas advierten estar agonizando como partido ante la falta de militantes, cuadros, líderes, credibilidad y honestidad. Es por ello que trabajan para nutrir las necesidades del sistema estadounidense a partir de su desinformación y operaciones políticas en detrimento, según ellos, de la imagen del actual gobierno.

    Un trío de panistas, Jorge Triana, Federico Döring y Max Cortázar, éste último con la secundaria trunca, coincidieron en que ningún mexicano puede ser candidato a puestos de elección popular si forman parte de la lista negra que envía el Departamento de Justicia casi todos los días.

    El dirigente estatal del PAN en el Edomex, Anuar Azar Figueroa, propuso aplicar la “visa política” a quienes aspiren a cargos de elección popular bajo las siglas de su partido, o lo que queda de éste. Afirma que debe imponerse una nueva condición para ser candidato: tener visa de Estados Unidos.

    Ahora, quien clasificará a los candidatos será Marco Rubio, Trump o Christopher Landau, y no la cúpula partidista de los organismos mexicanos o los militantes.

    La visa se convierte en una carta de buena conducta, la antigua y desacreditaba carta de no antecedentes penales, o la añeja calificación que otorgaba estados unidos cada año en febrero para evaluar el comportamiento de los políticos de nuestro país, según los estrechos criterios de los funcionarios estadounidenses, quienes, capitaneados por su Presidente gastaron millones de dólares en la extracción del presidente legítimo de Venezuela, Nicolás Maduro, quien finalmente resultó inocente según los jueces de su país.

    Si estos cálculos que pareciera definir el azar o una moneda en el aire, fallaron, a pesar de tener la mirada del mundo sobre ellos, qué puede esperarse de supuestos sospechosos que integran una lista de posibles nexos con delitos vinculados al crimen organizado según sus intereses y creencias.

    Para la mayoría de los mexicanos la visa es un trámite sin importancia, que sirve para ingresar a un país sin atractivos reales porque carece de historia y ni siquiera tiene héroes a quien honrar.

    Jeffersson, Lincoln, eran libertados en público y esclavistas en privado. Roosevelt traicionó a los trabajadores de su país.
    A pesar de eso, los mexicanos le tenemos aprecio a los habitantes de ese país, pero no así a sus autoridades.

    Para los panistas y algunos emecistas, basta y sobra con que el gobierno del vecino país denomine sospechoso a algunos de ellos para imponer en México una averiguación previa, cuando en realidad no debe tomarse encuentra dicho señalamiento ni siquiera como comentario de café.

    El PAN es el partido con más funcionarios, candidatos, líderes, exgobernadores con las dos nacionalidades. Es decir, no necesitan visa porque son ciudadanos del otro lado de la historia.

  • El uso del espacio público

    El uso del espacio público

    Las tradiciones culturales son interesantes en todos los lugares, aunque en ocasiones no las comprendamos del todo. Esta semana trascendió la noticia sobre los heridos que dejó la Huamantlada, organizada en Tlaxcala y aunque es un evento que emula una tradición de España, aquí se realiza desde el año 1953, por lo cual, representa ahora para esa localidad una tradición. A pesar del operativo de seguridad que se realiza en el evento, el peligro existe. Aún así, la gente se aficiona al espectáculo que se genera alrededor de quienes torean a los animales. Quienes no son afectos a esa actividad criticarán a los participantes, incluso al pueblo de Huamantla, pero necesitamos observar con ojos más analíticos esas fenómenos sociales. 

    En este periodo vacacional han trascendido las reuniones sociales en espacios públicos donde jóvenes se congregan para “farmear aura”. Quizá no sea una tradición como tal, pero sí me gustaría colocarlo en un estado de similitud con esas actividades culturales de los pueblos, donde si no formas parte, te resultan extraños. Las generaciones jóvenes requieren de elementos propios que los integren a un grupo, sobre todo en la etapa adolescente, donde la construcción del sujeto se desarrolla en la medida en que se separa de la generación anterior. 

    Si pensamos en esas expresiones culturales, hay que destacar también los espacios en los que se producen. Los espacios públicos son utilizados para dar paso a las manifestaciones de complicidad, socialización, disfrute, comparación y expresión de los sujetos. La pandemia representó un punto de ruptura de su uso y disfrute. La vida social y cultural ha quedado restringida a las actividades que las autoridades locales determinan lo que provoca que la agencia del sujeto se disipe. 

    En el caso del “farmear aura”, los espacios públicos son tomados por los jóvenes para su disfrute y entretenimiento, de forma orgánica y desinhibida. No hay detrás una organización desde la ciudad, alcaldías, municipios ni alguna otra autoridad, son los jóvenes usando la plaza pública como espacio propio de congregación, entretenimiento, convivencia y socialización. Es una muestra de apropiación de los espacios, de libertad, de democracia y de un intento de reconstrucción del tejido social de estos jóvenes. En mi opinión, el cambio generacional promete ser un grupo de sujetos que han tomado en sus manos el proceso de reconstrucción de su ser a partir de sus propios espacios de relación. 

    La cultura es así, una serie de elementos que paulatinamente se reconstruyen en el marco de las relaciones que se tejen entre el sujeto, su mundo y el contexto. Nuestros espacios sociales son para eso, para jugar con los significados, con las actividades, con la vida.. El uso del espacio público para la diversión, la protesta, la transformación de una generación o la fiesta, es un regalo que hemos construido para estas generaciones. Los espacios públicos los pueden tomar gracias al arraigo de las libertades conquistadas por las luchas de nuestros abuelos, padres y nosotros, nosotras mismas en el devenir histórico. ¡Que tengan un gran futuro! 

  • La reforma judicial: un año después, lo que ya cambió y lo que todavía nos corresponde transformar

    La reforma judicial: un año después, lo que ya cambió y lo que todavía nos corresponde transformar

    Hablar de la reforma al Poder Judicial de la Federación exige honestidad. Porque detrás de cada juzgado y cada sentencia hay personas que esperan ser escuchadas, que llegan con miedo, dolor, incertidumbre y confían en encontrar justicia.

    A un año de la toma de protesta de quienes hoy somos los primeros jueces y magistrados electos, no sería serio afirmar que todos los problemas están resueltos; tampoco sería justo decir que nada ha cambiado. Una transformación de esta dimensión debe juzgarse por sus resultados y por la forma en que mejora la vida de quienes acuden a un tribunal.

    Uno de los cambios está en la administración de los recursos públicos. El Poder Judicial destina nueve de cada diez pesos de su presupuesto a nómina. Por eso, implementar políticas de austeridad exige responsabilidad y disciplina. En 2026, el PJF opera con alrededor de 70 mil millones de pesos, el mismo monto autorizado por la Cámara de Diputados para el último año del extinto Consejo de la Judicatura Federal. Cada peso público proviene del esfuerzo de millones de mexicanas y mexicanos; administrarlo bien es una obligación ética.

    La austeridad no debe significar precariedad, se debe eliminar privilegios y dirigir los recursos donde hacen falta. La austeridad no significa quitar derechos a quienes trabajan en el Poder Judicial. Para entenderlo mejor: los niveles 2 al 11 corresponden a los puestos de mayor jerarquía y responsabilidad; los niveles 12 al 34 comprenden al personal de confianza y sindicalizado que sostiene gran parte del trabajo cotidiano de los tribunales. Se ajustaron las remuneraciones de los puestos superiores y hoy nadie, de ministros para abajo, gana más que la Presidenta de la República. Al mismo tiempo, se respetaron los salarios y prestaciones de las personas trabajadoras que hacen posible que los tribunales funcionen todos los días.

    Hablamos de más de 50 mil servidoras y servidores públicos y trabajadores en los cuatro órganos jurisdiccionales del nuevo PJF. La transformación institucional también debe respetar a quienes todos los días hacen posible que los tribunales funcionen.

    Otro reto es el rezago. Los juzgadores han mejorado su productividad y recientemente la mayoría adoptó un acuerdo del Pleno del Órgano de Administración Judicial para abatir el rezago heredado de expedientes. Pero ojo un expediente penal nunca es solamente un número: detrás hay una víctima que espera justicia, una persona imputada con derecho a un proceso sin dilaciones y familias que necesitan certeza.

    Medir resultados es necesario; convertir los juzgados en fábricas de sentencias, no. La verdadera productividad exige resolver oportunamente sin sacrificar la calidad de las decisiones, ni olvidar en todo momento el respeto a los derechos humanos, recordemos que una justicia que llega tarde puede ser injusticia.

    También está cambiando nuestra relación con la sociedad. Actualmente la mayoría de los juzgadores recibimos a las partes interesadas y a ciudadanos que buscan conocer y entender cómo funciona la justicia. Las puertas deben permanecer abiertas, inclusive me atrevería a decir que es necesario, llevar la justicia a territorio, a las calles, universidades, comunidades y colonos. A cualquier foro que pueda ayudar a la gente a comprender qué fue y qué es la reforma judicial , que función tenemos como juzgadores y cómo pueden defender su derechos.

    Soy una jueza electa y lo digo con orgullo, pero también con plena conciencia de lo que significa. La elección directa sí cambió la forma en que las personas juzgadoras nos relacionamos con la sociedad. El voto, sin embargo, no sustituye la preparación jurídica, ni determina el sentido de una sentencia. Nuestra obligación es juzgar con independencia e imparcialidad, conforme a la Constitución, los tratados internacionales, las leyes y los derechos humanos, incluso cuando una decisión no sea popular. O no se logre comprender a simple vista por la mayoría.

    El voto nos dio una responsabilidad frente al pueblo; el Estado constitucional nos impone límites frente a cualquier forma de poder.

    Acercar la justicia también significa explicar los derechos y hacerlos comprensibles. Una persona que conoce sus derechos tiene más herramientas para defenderlos, esta justicia debe ser intercultural e incluyente: nadie debe quedar lejos de ella por su lengua, origen, condición económica o lugar donde vive.

    Falta mucho, pero queremos trabajar para mejorar cada día. Sabemos que  tenemos que fortalecer la preparación y la carrera judicial, evaluar con rigor, reducir tiempos, combatir la corrupción y preservar la independencia judicial. Reconocer lo que funciona y corregir lo que no, también es parte de transformar la impartición de justicia.

    Ya que como jueza, mi obligación no es defender una reforma ciegamente. Es reconocer sus aciertos, señalar sus pendientes y trabajar para mejorarla. Juzgar significa estudiar, escuchar, decidir con independencia y respetar los derechos humanos. La ley no es una herramienta de poder: es el límite del poder.

    Debemos eliminar los privilegios y recuperar los ideales que deben guiar nuestra función: justicia, honestidad, defensa de quien se encuentra en mayor vulnerabilidad y transparencia. Esos son los jueces y magistrados que México merece y debe tener.

    Amo a mi país y por eso no creo que México necesite instituciones perfectas, necesita instituciones honestas, responsables y capaces de reconocer sus errores para corregirlos. Ya que quienes fuimos electos tenemos una responsabilidad mayor: demostrar con nuestro trabajo que la confianza recibida, es un compromiso que debemos honrar todos los días.

    La transformación judicial no se demuestra en los discursos. Se demuestra en cada expediente, audiencia y sentencia; en la víctima que encuentra respuesta, en quien no tiene recursos y logra ser escuchado, en quien llega hablando otra lengua y encuentra comprensión, en la persona imputada cuyos derechos son respetados.

    Porque una reforma no cambia la justicia por sí sola. La cambian quienes tienen la responsabilidad de impartirla. Y ahí, frente a quien espera justicia, es donde debemos demostrar que estamos construyendo el Poder Judicial que México merece: sin privilegios, con independencia, con honestidad y con las puertas abiertas para todos.

  • Harfuch y Rocha: confianza y fricción con Washington

    Harfuch y Rocha: confianza y fricción con Washington

    En menos de 48 horas, México mostró a Estados Unidos dos caras de una misma realidad. En Buenos Aires, Omar García Harfuch fue llamado “socio de confianza” por el director de la DEA mientras presentaba resultados de la estrategia federal de seguridad. En Culiacán, Rubén Rocha Moya regresaba sorpresivamente al gobierno de Sinaloa después de 112 días de licencia y, tras quedarse prácticamente solo, volvía a separarse del cargo poco más de un día después. Parecen dos historias distintas. No lo son. Una explica la confianza que México intenta construir con Washington; la otra, las razones por las que esa confianza sigue siendo frágil.

    Harfuch participó del 18 al 20 de agosto en la 40 Conferencia Internacional para el Control de Drogas, organizada por la DEA en Buenos Aires. Ante delegaciones de más de 100 países presentó cifras difíciles de ignorar: una reducción cercana al 51 por ciento en el promedio diario de homicidios dolosos respecto de septiembre de 2024, más de 30 mil armas aseguradas, golpes a la producción de drogas sintéticas y a las estructuras financieras del crimen organizado, además del traslado de 92 objetivos prioritarios a Estados Unidos. México llegó a defender una fórmula que resume la política de la Presidenta Claudia Sheinbaum frente a Washington: coordinación sin subordinación.

    Pero el dato políticamente más importante quizá no apareció en ninguna estadística. Terrance Cole, director de la DEA, llamó públicamente a Harfuch “socio de confianza” y “buen amigo de Estados Unidos”. Harfuch reconoció, a su vez, que el intercambio de información se ha vuelto más rápido. En una relación atravesada por extradiciones, visas, aranceles, acusaciones contra funcionarios mexicanos y presión en materia de seguridad, contar con un interlocutor creíble del otro lado de la frontera se convierte en un activo estratégico. Harfuch salió de Argentina con algo difícil de medir, pero indispensable en política: confianza.

    Mientras eso ocurría, Sinaloa caminaba en dirección contraria. El viernes 21, Rocha Moya anunció que retomaba la gubernatura después de la licencia que había solicitado en mayo, en medio de acusaciones provenientes de Estados Unidos por presuntos vínculos con una facción del Cártel de Sinaloa. Aseguró volver con “la frente limpia y en alto” y sostuvo que no había cometido delito alguno. Pero su regreso no había sido acordado con la dirigencia de Morena ni con el gobierno federal. Gobernación lo definió como una decisión personal, dirigentes y legisladores oficialistas le pidieron reconsiderarla y gobernadoras y gobernadores de la Cuarta Transformación cerraron filas con la Presidenta. Poco más de un día después, Rocha solicitó nuevamente licencia.

    La escena sería suficientemente reveladora por sí misma, pero existe un antecedente que cambia su significado. Harfuch y Rocha ya habían compartido el mismo escenario durante la crisis de violencia que estalló en Sinaloa en septiembre de 2024. El secretario viajó repetidamente a la entidad, encabezó reuniones de coordinación y supervisó el despliegue federal frente a la confrontación entre grupos criminales. Durante meses, Sinaloa se convirtió en uno de los principales laboratorios de la estrategia de seguridad: la Federación enviaba fuerzas, inteligencia y recursos para intentar contener un incendio que tenía profundas raíces locales.

    Ese pasado convierte lo sucedido ahora en algo más que la coincidencia de dos noticias. El funcionario que Washington reconoce como interlocutor confiable es el mismo que tuvo que trasladarse reiteradamente al territorio gobernado por Rocha para enfrentar una de las crisis de seguridad más complejas del país. Harfuch representa la capacidad federal para intervenir; Rocha recuerda los límites de esa capacidad cuando el propio poder local se encuentra bajo cuestionamiento.

    Ese es el verdadero desafío que dejaron Buenos Aires y Culiacán. México necesita interlocutores capaces de hablar con Washington desde una posición de respeto, pero su soberanía no puede descansar en la confianza que una agencia estadounidense deposite en un secretario. La relación será más equilibrada cuando los buenos resultados federales no tengan que convivir con instituciones locales cuestionadas, expedientes abiertos y sospechas que periódicamente regresan a la mesa bilateral.

    Harfuch puede construir confianza y Rocha puede generar fricción, pero ambos son circunstanciales. La relación entre México y Estados Unidos seguirá después de ellos. Por eso la verdadera soberanía no consiste solamente en exigir que Washington no intervenga, sino en reducir desde México las razones que le permiten presionar. Porque un buen interlocutor puede contener una crisis; instituciones confiables evitan que esa crisis exista.