Categoría: Opinión

  • Del ataque en Torreón a la regulación digital

    Del ataque en Torreón a la regulación digital

    ¿Puede un decreto impedir que la violencia que circula en internet termine cruzando la puerta de una escuela? En Torreón, la pregunta dejó de ser abstracta. El 1 de octubre, dos hermanos de 18 años y exalumnos de una secundaria atacaron a personal educativo y estudiantes. Una subdirectora murió y cuatro personas resultaron heridas. Las autoridades señalaron que una línea de investigación apunta a la exposición de los presuntos agresores a foros y comunidades digitales que glorifican ataques escolares. La investigación deberá esclarecer los hechos; la tragedia ya obliga a examinar el vínculo entre violencia, entornos digitales y prevención.

    Al día siguiente, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció la creación de un grupo interinstitucional coordinado por la Consejería Jurídica del Ejecutivo Federal e integrado por la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, la Secretaría de Educación Pública, la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones, el Centro Nacional de Inteligencia, instituciones académicas como la UNAM y el IPN, y especialistas. Su objetivo es preparar un decreto para que las plataformas detecten, reporten y retiren oportunamente contenidos que inciten directamente a la violencia. La presidenta también anunció el fortalecimiento de ABC de las emociones, buzones confidenciales en escuelas y acciones para involucrar a madres y padres. Harfuch añadió que el CNI reforzaría el monitoreo de redes, mensajería y foros para identificar amenazas concretas y posibles llamados a la violencia. Según lo informado, el grupo comenzaría a trabajar la semana siguiente; no se precisó una periodicidad para evaluar el decreto.

    La propuesta presidencial busca reducir la exposición de niñas, niños y adolescentes a mensajes que exaltan ataques o convocan a agredir, y acelerar la respuesta ante amenazas identificables. Europa ofrece evidencia de que la regulación puede ayudar, aunque no resolver el problema por sí sola. En Alemania, un estudio sobre la ley NetzDG encontró una reducción de publicaciones de odio y un descenso en ciertos delitos de odio contra personas refugiadas. En la Unión Europea, la Ley de Servicios Digitales combina obligaciones para las plataformas con el derecho de los usuarios a apelar decisiones de moderación. Cerca de 50 millones de decisiones fueron revertidas tras reclamaciones internas. El aprendizaje es doble: las reglas pueden limitar la circulación de contenidos dañinos, pero deben permitir corregir retiros injustificados.

    Trasladar esos modelos a México exige cautela. Una definición ambigua de “incitación a la violencia” podría llevar a las plataformas a retirar críticas, sátiras o expresiones que no constituyen amenazas. Además, empresas globales como Meta, TikTok, X y Google operan con algoritmos y protocolos que suelen aplicarse en distintos países. Una regulación nacional puede tener un alcance limitado para modificar sistemas diseñados a escala mundial. Por eso, como complemento de la iniciativa presidencial, propondría que México impulse acuerdos con países de América Latina: una posición regional podría dar mayor fuerza a la solicitud de adaptar las respuestas de las plataformas a los riesgos locales.

    La moderación en plataformas abiertas tampoco elimina todos los canales de circulación. Si se retiran publicaciones de redes sociales, parte del contenido podría trasladarse a grupos privados de Telegram o WhatsApp. En estos servicios, el cifrado de extremo a extremo dificulta que la propia plataforma revise el contenido de los mensajes; aplicar ahí el mismo tipo de detección plantearía riesgos para la privacidad. La respuesta no puede ser una vigilancia generalizada. Como complemento, propondría informes públicos cada seis meses sobre reportes, retiros, tiempos de respuesta y apelaciones, además de una revisión de resultados después de 18 meses. También propongo canales prioritarios de alerta para autoridades educativas, fiscalías y especialistas. Conviene fortalecer la detección de amenazas concretas, con protocolos y supervisión que protejan derechos, y valorar reformas legales con sanciones proporcionales y vías independientes de apelación.

    Nada de esto sustituye el trabajo cotidiano en hogares y escuelas. Los buzones confidenciales y ABC de las emociones solo serán útiles si hay personal preparado para escuchar y atender lo que reciben; las familias necesitan orientación para conversar sobre lo que sus hijas e hijos encuentran en línea. La regulación presidencial puede ser el primer paso. Para que se convierta en una política eficaz, propongo complementarla con evaluación pública, cooperación regional y prevención cercana a los jóvenes. La tecnología puede retirar una publicación; evitar la tragedia exige que, antes, alguien reconozca la señal y sepa qué hacer.

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  • Desbandada de Morena en Zacatecas

    Desbandada de Morena en Zacatecas

    Los zacatecanos rechazan a todos los Monreal, y les hacen falta medios para dar a conocer su inconformidad, una de ellas es el cambio de partido de morenistas afiliados a ese partido que se fueron nada menos que el PAN para mostrar que la decisión de aceptar que compitiera Verónica Díaz estaba equivocada.

    Si bien el artículo 41 ampara a los mexicanos a afiliarse, la selección de coordinadores de Defensa de la Transformación, es un proceso interno del partido, que bien podría tener filtros muy precisos sin coartar la libertad de afiliación, en el momento de la selección. La proximidad de la ley que prohíbe el nepotismo era suficiente para negarle a Verónica Díaz concursar, independientemente de la mala fama que tienen todos los Monreal.

    Zacatecas no ha crecido en los últimos años, es decir, mientras la familia ha gobernado existe una parálisis que impide turismo, inversión y hasta residencia en la entidad.

    Cuando aparece Zacatecas en los medios es debido a la violencia inseguridad. Si el filtro no era suficiente para impedir el acceso de los Monreal a más espacios de poder, está el sentido común y si no hay sentido común está la voluntad del pueblo a la que dice la cúpula de Morena conocer muy bien. Todas estas percepciones partidistas fallaron con los resultados que ahora se muestran en la entidad.

    Las minas de Zacatecas tienen más de 500 años de ser saqueadas por extranjeros, es su única riqueza, la cual no le ha costado ningún trabajo a los gobernantes fortalecer, simplemente dejan correr los abusos de las mineras canadienses para ver cuánto les toca de propina.

    La tasa nacional de riesgo en accidentes en la minería es de 1.83 por cada 100 trabajadores en el país, en Zacatecas, de 1.33%; la entidad se ubica entre las entidades con mayor incidencia. El primer lugar lo ocupa Coahuila, seguido de Chihuahua, Durango y Zacatecas. Es decir, en los estados mineros que casualmente pertenecen a gobiernos de la oposición.

    Tan sólo este año murieron tres mineros en accidentes de trabajo en Zacatecas, mientras se observa que el único estado con alta incidencia de accidentes en las minas, es gobernado por en Zacatecas.

    Si esto no implica una lectura seria y profesional de la política y la economía de la entidad entonces es que equivocó la vocación la cúpula de Morena.

    La miseria en voluntad política de los Monreal se muestra todos los días en la mediocridad y traición disfrazada de armonía interpartidista, conciliación partidista, reconciliación con las bases, o simplemente ser buena onda con el contrincante que horas antes insulta a la presidenta.

    Ahora el PAN adopta a los morenistas cuya paciencia llegó al límite y ahora no sólo quiere que se vayan los Monreal de Zacatecas sino que pierda Morena, ante la imposibilidad de que el partido advierta el rechazo generalizado a esa familia.

    Por un lado, los morenistas afirman que el PAN está en decadencia y que vive sólo una larga agonía, y por otro lado, le fortalecen regalándole militancia producto de sus malas decisiones que han provocado una serie de inconformidades dentro y fuera del partido en el poder.

  • Metallica ya no tiene nada qué ofrecer y aún así piden que no se hable de política

    Metallica ya no tiene nada qué ofrecer y aún así piden que no se hable de política

    Por Nathael Pérez

    James Hetfield, vocalista de Metallica, reniega ahora de la política en los conciertos, cuando la misma banda construyó parte de su legado denunciando injusticias, corrupción y los horrores de la guerra a través de su música. La hipocresía sale a flote cuando se recuerda que es la misma banda que hizo ‘And Justice for All’ en 1988…,  y que desde entonces parece que, musicalmente hablando, no tienen nada bueno qué ofrecer.

    En su residencia en la Sphere de Las Vegas, James Hetfield criticó a los músicos que utilizan sus conciertos para expresar posiciones políticas, al asegurar que Metallica no está ahí para ‘influir’ en el público con sus ideas (si es que aún les quedara algo mínimamente interesante por decir). “Metallica no está aquí, como otros artistas, para influir en ti con mierda”, dijo el 10 de octubre. Y remató: “La agenda de Metallica es amor, energía y heavy metal”, afirmó el vocalista de una banda a la que no le queda nada de energía, ya no suenan pesados desde 1991 y que al parecer lo único por lo que sienten amor es por el dinero. James Hetfiel ha llegado a la edad en la que la demencia senil parece haberle hecho olvidar que Metallica entregó sus mejores (y únicos buenos) discos hablando de guerra, injusticias, política y corrupción. 

    En los años ochenta, Metallica  en …And Justice for All (1988) criticó duramente la corrupción, la avaricia y la manipulación de la justicia; Ride the Lightning exploró la condena de un hombre inocente y el horror de la ejecución; por otro lado, Disposable Heroes, de Master of Puppets, criticó cómo los gobiernos ven a los soldados como peones desechables en una partida de ajedrez. Por ello es tan contradictorio e hipócrita que ahora Hetfield tilde de “mierda” (bullshit)  el compromiso político de otros artistas. 

    Hetfield ya había expresado esta postura antes, en 2017, cuando declaró: “Odio la política. No quiero hablar de política. […] La política y la religión separan a la gente, y yo quiero conectar a la gente con la música”. Sin embargo, no hablar de política también es una decisión política, más cuando la utilizó para cimentar una carrera. Nadie obliga a un músico a convertir cada concierto en un mitin; sin embargo sus declaraciones resultan hipócritas y contradictorias, más cuando descalifica a quienes deciden hablar de guerras, derechos humanos o injusticias cuando se encuentran ante una multitud. 

    Seamos sinceros: el último buen álbum de Metallica fue …And Justice for All y desde entonces la banda no ha vuelto a ofrecer nada bueno en casi cuatro décadas. Tenemos a un vocalista que ya no puede cantar, a un baterista que parece quedar en estado de coma tras cada compás que intenta marcar y a un guitarrista que, aun con las manos funcionales, toca como si tuviera artritis. Y ahora, encima, quieren excluir la crítica política de sus conciertos mientras siguen interpretando esas mismas canciones.

    La verdadera pregunta es: ¿por qué seguimos prestándole atención a lo que esta banda tan mediocre hace y dice?

  • De uniformados y sus empresas

    De uniformados y sus empresas

    Personalmente creo que los militares formados por los revolucionarios eran muy diferentes a los que encumbró el Estado a partir de la muerte del General Lázaro Cárdenas, él nunca estuvo de acuerdo con la represión vivida en el sexenio de López Mateos y menos con el uso del Ejército en 1968. El prestigio del Ejército Mexicano y de sus mandos se perdió con el uso que el Estado hizo de ellos, al igual que la ideología que les inculcó; los hizo enemigos del Pueblo o de cualquier movimiento que buscara cambiar al gobierno por uno de izquierda radical y no social demócrata como el actual.

    El Ejército Mexicano nació en el Pueblo y del Pueblo, pero lo convirtieron en fuerza represiva contra el Pueblo, porque sus altos mandos emanan del elitista Colegio Militar y su Universidad, no del barrio, del pueblo o de la ranchería y su Comandante General, salvo muy raras excepciones, es efectivamente, extracto del Pueblo.

    Por otro lado, la derecha teme al Ejército bajo el mando de civiles que no tienen su postura política, ni su ideología, lo que solo ha ocurrido solo una vez con el Lic. Andrés Manuel López Obrador, que hace un intento real de convertir a esa institución armada en digna defensora del Pueblo y la trata de poner a su servicio. Lo mismo intentó al desaparecer a la PF y crear la Guardia Nacional, cuyo actuar va ganando confianza en la gente, aunque existan elementos con actitudes absolutamente reprobables.

    Estratégicamente la participación de las Fuerzas Armadas en la seguridad y en la administración pública con la 4T, ha permitido que ésta tenga una fortaleza mucho más amplia frente a los opositores, a los delincuentes de todo tipo y a la oposición ultraderechista, la que por cierto, habría tenido mucho más posibilidades de avanzar si los tuvieran de aliados, porque saben que en éstas fuerzas hay agentes del imperio infiltrados, por eso buscan esas alianzas fuera de México, tanto en EEUU, como en Europa, no tienen otra forma de ganar espacios, desprecian al Pueblo y esa es su debilidad porque las Fuerzas Armadas fueron reivindicadas como Pueblo por AMLO y les dio espacios de lucimiento en la estructura de construcción de la 4T, más allá de construir el ferrocarril, o puertos, han constituido empresas que empiezan a ser rentables y que le dan recursos a sus organizaciones y al país.

    Es preferible eso, que empresas privadas que solamente van a perseguir sus ganancias sin importarles nada más y son abiertamente explotadoras del trabajo y persiguen beneficios del erario público, porque existen reducciones de impuestos como motivación para invertir, aunque esto esté proscrito desde la Constitución.

    La expectativa de éxito económico, de servicio y de empleo bien remunerado que se tiene de estas empresas es muy alta, con el tiempo sabremos si esto ocurre o solo fue un espejismo. Por lo pronto, en ninguna de las empresas de las Fuerzas Armadas existe un sindicato y la forma de contratación de sus empleados, es pública, a través de medios electrónicos y convocatorias similares, sin embargo, se trata de empresas que son PROPIEDAD DEL PUEBLO con procesos de contratación individual, que en el caso de Mexicana, son eventuales por 3 meses renovables, sin poder contar con una plaza definitiva, a pesar de lo que establece la LFT.

    La contratación en el Tren Maya, los trabajadores son agremiados al STFRM, sin que hasta hoy, se sepa que haya elección de sus comités en la que hayan participado los asalariados de esa empresa, pero al mismo tiempo, la empresa Mundo Maya, contrata bajo el esquema de la Administración Pública Federal y, ya que son parte de una estructura administrada por las Fuerzas Armadas de México, no cuentan con un sindicato civil o gremial independiente, lo que tanto en lo colectivo, como en lo individual, los mantiene en completa indefensión ante la patronal, que finalmente es una institución pública, lo que será todo un galimatías a la hora de defender sus derechos laborales, que los tienen por el solo hecho de ser asalariados.

    Tanta beligerancia a las fuerzas armadas en la administración de empresas públicas, llámense aeropuertos, puertos, ferrocarriles, aerolíneas o lo que sea, permite que los derechos laborales sean nulificados en función de su propia estructura al margen de la LFT y de la protección que la Constitución otorga a todos los asalariados del país.

    Se entiende que esa participación, tiene un valor estratégico muy importante, que supone evitar la privatización de estas empresas y la garantía de cumplimiento de sus metas en los plazos establecidos en su creación, sin embargo, se hace sin considerar los derechos de sus trabajadores y sujetándolos a una disciplina militarizada que está muy alejada de la realidad civil de estos trabajadores y trabajadoras.

    La tendencia tendría que ser que la administración y operación de esas empresas se convirtiera en COMPLETAMENTE CIVIL, generando candados legales que eviten su privatización por la vía constitucional y partiendo de la base de que la inversión para su construcción y creación ha sido hecha desde el erario público y, por tanto, con recursos económicos que vienen de las contribuciones del Pueblo, así evitando su privatización.

    Valdría mucho la pena actualizar también a estas condiciones, a PEMEX, CFE y a cada “paraestatal”, convirtiéndolas legalmente en verdaderas empresas de las que el único dueño real no es el Gobierno Federal, sino el Pueblo Mexicano y solo están para ser administradas por quien el gobierno decida, sin que por ello se conculque ningún derecho laboral de sus trabajadoras y trabajadores. Predicar con el ejemplo propiciando que esta fuerza laboral tenga los mejores salarios y prestaciones posibles y el respeto absoluto de su integridad como asalariados. ¿Será posible con la 4T que muchas veces parece 4ª simulación?

  • Nos toca resistir

    Nos toca resistir

    Nadie hubiera pensado, en los albores del siglo XX, siquiera en la posibilidad de que México realmente transitara a la izquierda. Cualquiera se hubiera reído si se le hubiera dicho que nuestro país sería una isla rodeada, ya no de regímenes neoliberales, sino de franca ultraderecha. A lo más que se llegó en el año 2000 fue a aquella farsa llamada alternancia, en la que la cúpula se propuso hacer campaña negra contra el PRI y decantarse por Vicente Fox y el PAN, con su respectiva cuota de ultra conservadurismo que llegó a instalarse en el poder, aunque afortunadamente no se pudo afianzar. La perenne labor de AMLO haciendo territorio y despertando conciencias fue a la postre el antídoto ideológico, aparte de que realmente eran pésimos para gobernar.

    Me tocó crecer en el México post fraude electoral de 1988. La década de los 90 vio consolidarse el matrimonio entre el poder político neoliberal, encabezado por Salinas de Gortari y Zedillo, y las televisoras. El contenido basura y manipulador floreció con gran abundancia. La intención de voto, los miedos, las pasiones, las modas, los prejuicios y hasta la fe religiosa de la población, se fabricaban y manipulaban a través de las pantallas de Televisa y TV Azteca.

    Desde la distancia veíamos cómo fluctuaba el poder en el resto de Latinoamérica. La televisión mexicana era muy cauta al hablar de Pinochet, de lo que había sido su dictadura o del juicio que el otrora golpista enfrentaba. Se miraba con malos ojos a los gobiernos de izquierda que lograban instaurarse en Chile, Uruguay o Argentina. El motivo principal es que siempre se temió no solo alguna llamada en el famoso ‘teléfono rojo’ de Gobernación, sino también hacer enojar a los inversionistas, anunciantes o socios comerciales estadounidenses. En cambio, a la hora de hablar de regímenes como el de Hussein, Gadafi y otros enemigos declarados de Washington, la cobertura tenía ese mismo tono propagandista que imprimían las cadenas estadounidenses.

    Sobrevino el desgaste del régimen neoliberal en México. Y después de muchos avatares, en los que nunca estuvo solo, Andrés Manuel López Obrador, después de dar por perdido al traicionero PRD y fundar desde cero a Morena, logró hacerse con el triunfo en 2018. Cambió la política exterior al trazar puentes más sólidos con los gobiernos de izquierda de la región. El episodio más representativo de ello fue el rescate de Evo Morales en noviembre de 2019 por parte de efectivos del ejército mexicano para librarlo del destino incierto que le deparaba el haber sufrido un golpe de Estado.

    El grueso de la población mexicana llegó a normalizar vivir bajo un régimen de izquierda. Y para muestra, la abrumadora cantidad de votos con la que Claudia Sheinbaum ascendió al poder en 2024. Sin embargo, a nuestro alrededor, el mundo estaba cambiando. Donald Trump volvió al poder en enero de 2025. Y en este contexto de revancha de su movimiento, la ultraderecha global se reorganizó y redobló sus esfuerzos para apoyar e implantar regímenes antiderechos en prácticamente toda la América Latina.

    El pasado domingo 4 de octubre, Lula Da Silva cayó en la primera vuelta de las elecciones con 45% de los votos contra un 47% fe Flávio Bolsonaro. El 25 de octubre se viene la segunda vuelta. Ya que los candidatos minoritarios de la primera vuelta ya no participarán y todos eran de derecha, se avizora una decantación de toda esa intención de voto hacia Bolsonaro.

    Así, no ya la ultraderecha, sino el trumpismo, una corriente más básica, cínica y pasional, se va apoderando poco a poco de Latinoamérica. Ecuador, Colombia, Chile, El Salvador, Perú y Bolivia, pasan por su momento más oscuro en lo que a soberanía se refiere, y sus mandatarios prácticamente sirven a Washington. Lo peor es que la gente votó por esos regímenes. Nuevamente tendremos que esperar a que toquen fondo y recapaciten. Solo espero que no sea demasiado tarde.

    Mientras tanto, la famosa batalla cultural se centrará en México, somos el bastión de la izquierda, ya no regional, sino mundial. Debemos tomar parte activamente para defender lo construido hasta ahora, así como nuestros recursos y territorio. Nos atacarán con todo. Pero, como dijo Andrés Manuel, «el pueblo de México es mucha pieza».

  • Datos para apantallar a su jefe

    Datos para apantallar a su jefe

    Al 15 de octubre de 2025…

    • Población total de los Estados Unidos Mexicanos: 130,393,389 habitantes.
    • Aumento de la población de nuestro país de 2020 a 2025: 4,897,290 habitantes.
    • Entidad federativa con mayor población: Estado de México, con 17,561,797 habitantes (representa el 13.5% de la población nacional).
    • Entidad federativa con menos población: Colima, con 758,987 habitantes (representa el 0.6% de la población nacional).
    • Entidad federativa con mayor superficie territorial: Chihuahua, con 247,412.6 kilómetros cuadrados (12.6% del territorio nacional).
    • Entidad federativa con menor superficie territorial: Ciudad de México, con 1,485.2 kilómetros cuadrados (0.1% del territorio nacional).
    • Única entidad federativa de la República Mexicana en donde no hay más mujeres que hombres: Baja California Sur.
    • Entidad federativa de la República Mexicana con la proporción mayor de mujeres que hombres: Oaxaca.
    • Promedio nacional de ocupantes por vivienda particular: 3.3 personas.
    • Promedio nacional de ocupantes por cuarto: 0.9 personas
    • Entidades federativas con el promedio más alto de ocupantes por cuarto: Chiapas y Guerrero (1.2 personas)
    • Entidad federativa con el mayor promedio de ocupantes por vivienda: Chiapas, con 3.8.
    • Porcentaje de hogares unipersonales en México: 15%
    • Entidad federativa con la población más avejentada: Ciudad de México, en donde la edad mediana es de 37 años.
    • Entidad federativa con la población más joven: Chiapas, en donde la edad mediana es de 26 años.
    • Edad mediana a nivel nacional: la mitad de la población del país tiene 32 años o menos.
    • Entidad federativa con la densidad de población más alta: Ciudad de México, con 6,171.6 habitantes por kilómetro cuadrado.
    • Entidad federativa con la densidad de población más baja: Baja California Sur, con 13.5 habitantes por kilómetro cuadrado.
    • Población que se considera indígena: 24,227,973
    • Población de 3 años y más hablante de alguna lengua indígena: 5.9%
    • Lengua indígena más frecuente a nivel nacional: náhuatl, hablada por el 22% de la población de 3 años y más que habla alguna lengua indígena.
    • Población de 3 años y más que habla náhuatl: 778,898 personas.
    • Población de 3 años y más que habla maya: 1,628,286 personas.
    • Entidad federativa con mayor porcentaje de población que se considera afromexicana, negra o afrodescendiente: Guerrero, con un 7.5%
    • Población nacida en Estados Unidos que radica en nuestro país: 668,658 personas.
    • Población nacida en Cuba que radica en nuestro país: 61,663 personas.
    • Porcentaje de la población de 5 años y más que hace cinco años tenían un lugar de residencia actual: 5.3%
    • Entidad federativa con el mayor porcentaje de población de 5 años y más que hace cinco años tenían un lugar de residencia actual: Quintana Roo (10.8%)
    • Entidad federativa con el menor porcentaje de población de 5 años y más que hace cinco años tenían un lugar de residencia actual: Guanajuato (2.5%)
    • Porcentaje de la población en México con algún problema o condición mental: 1.1% (1,384,197 personas)
    • Población en México con trastornos depresivos: 60,633 personas.
    • Población en México con trastornos de ansiedad: 57,675 personas.
    • Población en México con TDAH: 161,444 personas.
    • Población en México con demencia: 44,386 personas.
    • Entidades federativas con el mayor porcentaje de población con algún problema o condición mental: Aguascalientes y Yucatán (1.5%)
    • Entidad federativa con el menor porcentaje de población con algún problema o condición mental: Chiapas (0.6%)
    • Grado promedio de escolaridad de la población de 15 años y más: 10.3 años de estudios (secundaria terminada y un año de educación media superior).
    • Porcentaje de la población de 12 años y más que permanece soltera: 36%
    • Entidad federativa con el mayor porcentaje de la población de 12 años y más que permanece soltera: Ciudad de México (40.2%)
    • Entidad federativa con el menor porcentaje de la población de 12 años y más que permanece soltera: Tabasco (33%)
    • Entidad federativa con el menor porcentaje de la población de 12 años y más casada: Ciudad de México (26.2%)
    • Entidad federativa con el mayor porcentaje de la población de 12 años y más casada: Zacatecas (39.6%)
    • Porcentaje de la población de 12 años y más que vive ya sea casada o en unión libre en México: 50.2%
    • Porcentaje de la población de 12 años y más que vive ya sea divorciada o separada en México: 7.8%
    • Porcentaje de la población de 12 años y más que vive en viudez en México: 5.7%
    • Entidad federativa con el mayor porcentaje de la población de 12 años y más casada o en unión libre: Chiapas (54.3%)
    • Entidad federativa con el menor porcentaje de la población de 12 años y más casada o en unión libre: Ciudad de México (43.3%)
    • Porcentaje de las viviendas en México donde se disponía de teléfono fijo: 31.8%
    • Porcentaje de las viviendas en México donde se disponía de teléfono celular: 94.5%
    • Porcentaje de las viviendas en México donde se disponía de conexión a internet: 75.7%

    Fuente: Encuesta Intercensal 2025, INEGI.

    @gcastroibarra

  • El certificado de defunción que nadie firmó: la subasta del país en un clic

    El certificado de defunción que nadie firmó: la subasta del país en un clic

    Hay imágenes que no necesitan explicación para provocar miedo. A finales de septiembre circuló con fuerza un mapa de México pintado de rojo con una advertencia aplastante: el crimen organizado mandaría sobre un tercio del país, otro 47 por ciento estaría en disputa y apenas el 23 por ciento seguiría bajo control del gobierno. En cuestión de segundos, la imagen hizo lo que suele pasar cuando la foto sustituye a la razón: convirtió una suposición en una sentencia definitiva, un país complejo en una estampa fija y una crisis de seguridad gravísima en la idea de que México ya está entregado al narco.

    El golpe es contundente porque el pánico no se detiene a pensar. Basta una mancha roja para que la gente dé por hecho carreteras cerradas, autoridades expulsadas y pueblos enteros sometidos sin salida. El peligro empieza cuando esa imagen suplanta la realidad. Un mapa puede servir para explicar un problema, pero miente cuando no sabemos de dónde salieron los datos, cómo se midió el terreno o qué significa en realidad lo que nos están mostrando. En temas de seguridad nacional, el empaque de la cifra le cambia por completo el ánimo a un país.

    Esto no significa tapar la violencia ni restarle peso. Sería una falta de respeto ante las familias que buscan a un desaparecido, ante el comerciante ahogado por el cobro de piso o frente a comunidades enteras donde el crimen manda a diario. Como operador de justicia penal conozco de frente ese dolor: expedientes que guardan pérdidas que nadie repara, víctimas atrapadas en trámites interminables y familias cuya tranquilidad se acabó de golpe. El daño es real, duele en carne viva y no necesita exagerarse para saber que es una tragedia.

    Precisamente por su gravedad debemos ser exactos. Si un estudio habla de control, o influencia, para describir la extorsión o las amenazas sobre los negocios, eso no puede traducirse a la gente como si el Estado ya hubiera desaparecido. Que un grupo criminal cobre piso no significa que ya borró al gobierno municipal, ni que su presencia armada sea la dueña absoluta del país. Esta diferencia no es un adorno de abogados ni un capricho teórico: para quien vive en esas zonas, es la línea exacta entre atender un problema grave o declarar que el país ya se rindió.

    En los juzgados nos apegamos derecho a esa línea: de ella depende la libertad de las personas. Una acusación no se vuelve condena solo porque haga escándalo en las noticias, una sospecha no se convierte en prueba porque parezca creíble, ni una mentira se hace verdad por repetirla mil veces. La tarea de un juez es separar el rumor del hecho probado, revisar las pruebas de verdad y resolver con base en la ley. Esa seriedad no puede terminar al salir del juzgado. Si exigimos pruebas firmes para encarcelar a un ciudadano, no podemos aceptar números a la ligera para declarar derrotado a todo un país.

    Lo más alarmante de todo esto no es el error en los números: es enseñarle a la gente a resignarse. Si nos convencen de que el Estado ya tiró la toalla, dejamos de exigirle cuentas; si creemos que denunciar es inútil, el delito sigue creciendo; si damos por sentado que regiones enteras ya le pertenecen a los delincuentes, aceptamos el despojo como algo normal. El crimen organizado avanza a balazos, pero se queda con todo cuando convence a la ciudadanía de que no hay nada que hacer. Un pueblo convencido de que ya perdió es un pueblo fácil de someter.

    Reconocer la emergencia de seguridad no significa dar al país por muerto, ni criticar al gobierno significa negar las fallas que todavía existen. La realidad de México no es blanco o negro: conviven zonas golpeadas por la violencia con millones de personas que todos los días sacan a flote la vida pública con su trabajo. La resistencia no se ve en los mapas: se ve en la madre que busca a su hijo con una pala, en el comerciante que sube su cortina todos los días, en la escuela de pueblo que no deja de dar clases y en la víctima que todavía se para en un juzgado confiando en la ley. Cada uno de esos actos es un rotundo NO a regalarle al crimen la victoria del miedo.

    México necesita seriedad para llamar a las cosas por su nombre: señalar la extorsión, exhibir las omisiones de las autoridades, recuperar las comunidades en peligro y medir con hechos si la estrategia de seguridad sirve o no. Lo que no necesita es que, con un mapa pintado de rojo y un titular escandaloso, le firmen una sentencia de muerte antes de tiempo. El acta de defunción de una nación no la emite una gráfica, ni la decide nadie desde afuera: solo se consuma cuando su propia gente se cansa de defenderla.

  • Una pluralidad que diluya toda pluralidad

    Una pluralidad que diluya toda pluralidad

    A raíz del anuncio de los coordinadores estatales de los Comités de Defensa de la Transformación de Morena, han resurgido los gritos de propios y extraños que acusan al partido de pecar de pragmatismo, carecer de principios, postular a gente de derecha, traicionar la transformación y comer quesadillas sin queso. Lo que no entienden quienes no entienden, es que en un verdadero movimiento de transformación izquierdista que constantemente se esfuerza por ser una parálisis de preservación derechista, la disciplina partidista y el cerrar filas es más importante que él pensamiento crítico.

    No se dan cuenta de que no se dan cuenta que Morena hace un esfuerzo cuántico y metapolítico para garantizar la diversidad y pluralidad democrática nacional al abrir sus puertas al nepotismo y la supervivencia de grupos de poder; al incorporar entre sus candidatos y representantes populares a ex militantes —hasta hace media hora— del PRIANRD, antes que a sus propios militantes; al mantener su alianza con el PT y el Verde; o al postular candidatos asociados a NXIVM y otras joyas de la vida pública del país; para defender una transformación que no transforme nada.

    Y es que Morena, también acusado de autoritario y totalitario, es en realidad un bastión de apertura ideológica, pluralidad y diversidad. Resulta paradójico, pero tanto en el Senado como los gobiernos estatales, donde Morena tiene una mayoría aplastantemente aplastante, el pasado político reciente de sus senadores y gobernadores no es arrolladoramente morenista, mucho menos de izquierda, un número significativo militaba en fuerzas impulsoras de políticas que ponían en primer lugar al capital privado y a los mercados internacionales como motores del desarrollo. Y entre los coordinadores estatales recientemente anunciados, la pluralidad es todavía más plural, ahí los morenistas no sólo no son una mayoría arrolladora, son una minoría casi insignificante, postrada ante una diversidad democrática de intereses neoliberales.

    Entrados en gastos

    No entender esto es no entender lo que las mentes más iluminadas de Morena y su Instituto Nacional de Formación Política llevan años exigiendo que entendamos, “un buen militante no necesariamente es buen funcionario”, el arte de gobernar no es necesariamente compatible con la convicción ideológica. Resulta urgente defender la soberanía de la nación, “tenemos que cerrar filas, disciplinarnos, entender que esto es una guerra”, y si hace falta aceptar en un Frente Amplio —si esto les recuerda el Pacto por México cometen una “estupidez del tamaño de una catedral”— gente del PAN, del PRI, y de lo quedó del PRD, que otrora entregaron la soberanía nacional, habría que aceptarlos para que defensivamente entreguen la soberanía nacional de forma patriótica.

    • Carlos Bortoni es escritor. Su último libro es Polvo, publicado por Casa Editorial Abismos.
  • Los dos expresidentes

    Los dos expresidentes

    Hay imágenes que, por sí solas, parecen resumir una época. Esta semana México tuvo dos imágenes particularmente contrastantes de dos expresidentes: por un lado, Felipe Calderón, reapareciendo públicamente en el Foro América Libre, un encuentro de la derecha latinoamericana, hablando de democracia, libertad y de los supuestos riesgos que enfrenta México.

    Horas después, una imagen recorrió el país: la estatua de Calderón, que ya se encontraba derribada en el Complejo Cultural Los Pinos, terminó decapitada por extrabajadores de Luz y Fuerza del Centro, quienes habían protestado previamente contra el expresidente.

    Del otro lado, prácticamente al mismo tiempo, Andrés Manuel López Obrador reaparecía públicamente para presentar su nuevo libro, Pueblo, una obra en la que vuelve a reflexionar sobre la historia política de México y sobre el proyecto que encabezó durante su sexenio.

    Dos expresidentes.  Dos escenarios. Dos formas completamente distintas de reaparecer ante el país. Dos legados

    Quizá por eso las dos imágenes resultan tan poderosas.

    Mientras uno aparece en un foro de la derecha internacional hablando sobre los peligros que, según él, enfrenta la democracia mexicana; su propia figura escultórica termina convertida en el símbolo de lo que representó su sexenio para el pueblo de México.

    El otro aparece con un libro titulado Pueblo, reivindicando precisamente al sujeto político que colocó en el centro de su discurso durante décadas y que lo acompañó durante toda su vida política.

    El juicio de la historia es contundente, Calderón sigue condenado por aliarse al narco y desatar una guerra sinsentido con miles de muertos inocentes, robarse la presidencia con un fraude asqueroso, pero además por dejar a millones en la pobreza (incluidos los 44 mil del SME), y continuar saqueando nuestro país y entregando nuestros recursos a las empresas extranjeras.

    En cambio, con el buen AMLO el dictamen es todo lo contrario (por más que salgan bots y derechosos resentidos a decir lo contrario). Existe un reconocimiento del pueblo de México a esa persona que con sus políticas sacó a más de 13 millones de la pobreza y que nos ha devuelto la dignidad con el reforzamiento y extensión de nuestros derechos humanos, porque mi presi siempre lo tuvo claro, la felicidad es un derecho del pueblo.

    Redes sociales

  • México: los resultados de la transformación, la dignidad social y la responsabilidad de informar

    México: los resultados de la transformación, la dignidad social y la responsabilidad de informar

    México ha vivido durante los últimos años una transformación económica, política y social que merece analizarse con seriedad, más allá de las simpatías partidistas y de las confrontaciones que diariamente ocupan buena parte de los espacios informativos. La llegada de la llamada Cuarta Transformación al gobierno federal, primero con Andrés Manuel López Obrador y posteriormente con la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, abrió una discusión que considero fundamental: ¿qué clase de país queremos construir y para quién debe trabajar el desarrollo económico?

    Durante décadas, México fue presentado ante el mundo como una nación atractiva para la inversión extranjera por su ubicación geográfica, sus recursos naturales y, particularmente, por el bajo costo de su mano de obra. Muchas empresas encontraron condiciones favorables para instalarse, producir y exportar. Sin embargo, esa competitividad no siempre se tradujo en mejores condiciones de vida para millones de trabajadores mexicanos. Crecimos industrialmente, pero permanecieron profundas desigualdades económicas y sociales.

    La política económica de los últimos años ha intentado modificar parte de esa relación, colocando el ingreso de los trabajadores y el bienestar de las familias de menores recursos entre las prioridades nacionales. Los resultados pueden observarse en las estadísticas oficiales. De acuerdo con el INEGI, la pobreza multidimensional pasó del 41.9 por ciento de la población en 2018 al 29.6 por ciento en 2024, una disminución equivalente a aproximadamente 13.4 millones de personas. No estamos hablando de una simple declaración política, sino de una variación significativa en las condiciones económicas y sociales del país.

    A ello se suma la recuperación del salario mínimo, que durante muchos años permaneció rezagado frente al costo de la vida. Para 2026, el salario mínimo general alcanzó los 315.04 pesos diarios, mientras que en la Zona Libre de la Frontera Norte llegó a 440.87 pesos. La Comisión Nacional de los Salarios Mínimos estima que la recuperación de su poder adquisitivo desde 2018 supera el 150 por ciento. Son resultados que merecen reconocerse y estudiarse, particularmente porque durante décadas se sostuvo que incrementar considerablemente los salarios pondría en peligro la competitividad nacional.

    Desde luego, sería incorrecto atribuir toda la reducción de la pobreza exclusivamente a los programas sociales. También han influido el empleo, los ingresos laborales, las remesas y otros factores económicos. Pero sería igualmente incorrecto ignorar que la política salarial y las transferencias sociales han formado parte de una estrategia deliberada para mejorar los ingresos de los hogares.

    Y aquí quisiera detenerme en un asunto que considero esencial. En México se ha pretendido identificar cualquier política de apoyo a los pobres como una expresión de izquierda radical. Sin embargo, Estados Unidos, una de las mayores economías capitalistas del mundo, mantiene programas de asistencia alimentaria, servicios médicos para población de bajos ingresos, pensiones, créditos fiscales y apoyos habitacionales. La existencia de una red de protección social no convierte automáticamente a una nación en socialista. Lo verdaderamente importante es analizar cómo se financian esos programas, a quién benefician y cuáles son sus resultados.

    Tampoco debemos confundir austeridad gubernamental con abandono de las responsabilidades del Estado. En un país donde millones de personas han enfrentado pobreza, resulta difícil justificar que los servidores públicos disfruten de privilegios extraordinarios financiados con recursos de todos. La reducción de determinados lujos, prestaciones especiales y gastos superfluos puede representar una decisión administrativa y también un mensaje de responsabilidad pública. Eso no significa que todo el gasto gubernamental haya disminuido ni que la corrupción haya desaparecido; significa que debemos distinguir entre los recursos necesarios para gobernar y aquellos destinados a privilegios injustificables.

    Pero la transformación que México necesita va mucho más allá de los presupuestos y de las estadísticas. Durante generaciones hemos permitido que el clasismo y la discriminación formen parte de nuestras relaciones sociales. En determinados sectores se llegó a considerar símbolo de éxito económico contar con trabajadores domésticos a quienes se pagaban salarios muy bajos, frecuentemente sin seguridad social ni prestaciones. ¿Cómo podemos exigir mejores salarios para nosotros mientras pretendemos que las personas que limpian nuestras casas, preparan nuestros alimentos o cuidan a nuestras familias continúen trabajando en condiciones precarias?

    Una sociedad más justa no significa que todos debamos tener la misma riqueza. Significa que cualquier persona, independientemente de su origen, apellido, color de piel o actividad laboral, tenga la oportunidad de vivir dignamente, educar a sus hijos, recibir atención médica y aspirar a un patrimonio propio. Los derechos laborales de las personas trabajadoras del hogar representan un avance en esa dirección, aunque su cumplimiento efectivo continúa siendo una tarea pendiente.

    También debemos preguntarnos qué entendemos por desarrollo. México no necesita convertirse en una reproducción de las grandes ciudades estadounidenses, donde en muchas regiones la expansión urbana ha producido largas distancias, dependencia del automóvil y horas perdidas diariamente entre carreteras y centros de trabajo. Nuestro país puede construir infraestructura moderna, desarrollar tecnología, atraer industrias y mejorar su productividad sin renunciar a sus plazas, mercados, barrios, centros históricos, tradiciones y espacios naturales.

    La riqueza de México no está solamente en sus fábricas, sus exportaciones o sus grandes inversiones. Está también en sus pueblos, en las comunidades indígenas, en la extraordinaria diversidad de sus regiones, en su gastronomía, su historia, su arquitectura y sus recursos naturales. No debemos confundir modernización con la desaparición de nuestra identidad. Un país verdaderamente próspero debería permitir que sus habitantes vivan mejor sin tener que sacrificar aquello que los identifica.

    Por supuesto, la transformación social no está concluida. Persisten problemas de informalidad laboral, acceso a servicios médicos, inseguridad, productividad, corrupción y desigualdad regional. Reconocer los avances no exige guardar silencio sobre los pendientes. Por el contrario, una evaluación responsable del gobierno debe permitir identificar lo que funciona, corregir lo que falla y exigir resultados verificables.

    Y precisamente hablando de responsabilidad, quisiera hacer una pausa para referirme a un tema que considero indispensable para la vida democrática de nuestro país: el ejercicio del periodismo.

    Siempre he considerado que un buen periodista se distingue por la profundidad de sus investigaciones, la calidad de sus fuentes, la veracidad de su información y, sobre todo, por el respeto que demuestra hacia su público. El periodismo no adquiere mayor valor porque un comunicador insulte, humille o ridiculice a un hombre o a una mujer. La crítica puede ser firme, incómoda y contundente sin necesidad de convertirse en una agresión personal.

    Me preocupa observar cómo ciertos espacios de comunicación han sustituido la investigación por el enfrentamiento, la argumentación por el insulto y el análisis por expresiones que solamente alimentan el resentimiento social. La ofensa reiterada no demuestra necesariamente conocimiento ni valentía; con frecuencia empobrece la discusión pública y transmite hostilidad a una sociedad que necesita información confiable.

    Quiero ser absolutamente claro: estoy en contra de la censura. La libertad de expresión constituye una garantía indispensable y debe proteger incluso las opiniones más críticas hacia el poder. Pero libertad de expresión no significa ausencia de responsabilidad profesional. Considero necesario fortalecer los mecanismos de autorregulación periodística, los códigos de ética, los derechos de las audiencias y las vías legales para responder a la difusión de información falsa o a posibles afectaciones al honor, siempre mediante procedimientos independientes, transparentes y respetuosos de las garantías constitucionales.

    La Secretaría de Gobernación y las instituciones competentes deberían prestar atención a la calidad del debate público y promover condiciones para un periodismo responsable, sin convertirse jamás en autoridades encargadas de decidir qué opiniones pueden publicarse. La diferencia es fundamental: regular dentro de los límites constitucionales no es censurar, y proteger a las audiencias no debe convertirse en un pretexto para silenciar a los periodistas.

    En otro orden de ideas, la reciente detención de Iván Cazarín Molina, conocido como El Tanque, abre un capítulo de especial interés para las investigaciones sobre las estructuras del crimen organizado en México. Su captura en Zapopan, Jalisco, fue informada por las autoridades federales, que lo identifican como un presunto operador relevante del Cártel Jalisco Nueva Generación.

    El caso adquiere particular importancia porque no se limita a las acusaciones relacionadas con actividades violentas. El Departamento del Tesoro de Estados Unidos había impuesto sanciones a Cazarín Molina y a una red empresarial vinculada con él, lo que coloca sobre la mesa la dimensión financiera de las organizaciones criminales. El narcotráfico, el robo de combustibles, las operaciones comerciales y el posible lavado de dinero obligan a mirar más allá de quienes ejecutan materialmente los delitos.

    Por sus antecedentes y por las regiones en las que presuntamente operaba, entre ellas Veracruz y Jalisco, resulta pertinente preguntarse hasta dónde llegaron sus relaciones económicas, quiénes participaron conscientemente en operaciones ilícitas y qué información podrán obtener las autoridades mexicanas y estadounidenses. Pero debemos ser responsables: la existencia de relaciones comerciales o personales, por sí sola, no demuestra participación delictiva. Corresponderá a las investigaciones identificar responsabilidades concretas y presentarlas ante los tribunales.

    La cooperación entre autoridades mexicanas y estadounidenses resulta especialmente relevante en este caso. Si las investigaciones logran reconstruir rutas financieras, operaciones comerciales y posibles redes de protección, podrían abrirse nuevas líneas de investigación. No sería responsable anticipar detenciones ni atribuir delitos a personas que no han sido formalmente señaladas por las autoridades.

    La operación encabezada por las instituciones federales de seguridad, bajo la coordinación del secretario Omar García Harfuch, representa un resultado operativo concreto que merece atención. Pero el verdadero alcance de una detención de esta naturaleza se conocerá cuando las investigaciones permitan determinar responsabilidades, obtener sentencias y, en su caso, desarticular las estructuras económicas que sostienen a estas organizaciones.

    México necesita combatir la delincuencia no solamente con detenciones, sino también con inteligencia financiera, investigaciones patrimoniales, instituciones confiables y procedimientos judiciales sólidos. Una organización criminal no se sostiene únicamente por quienes portan armas; también necesita recursos, operaciones económicas y mecanismos para introducir dinero ilícito en actividades aparentemente legales. Investigar esas estructuras, respetando la presunción de inocencia, es indispensable para enfrentar el problema de fondo.

    Regresando al tema central, considero que México atraviesa una etapa en la que vale la pena evaluar con objetividad sus cambios económicos y sociales. Los resultados en reducción de pobreza y recuperación salarial son relevantes, pero no representan el final del camino. La verdadera transformación deberá medirse también por la calidad de los servicios públicos, la seguridad de las familias, la fortaleza de las instituciones, la protección del medio ambiente y las oportunidades que encuentren las nuevas generaciones.

    México no necesita renunciar a su identidad para convertirse en una nación más próspera. Tampoco necesita mantener a millones de personas con salarios bajos para atraer inversión, ni conservar privilegios sociales para demostrar éxito económico.

    Necesitamos un país donde trabajar permita vivir, donde emprender permita prosperar, donde gobernar signifique servir y donde informar implique investigar antes de acusar.

    Porque al final, el progreso de una nación no debería medirse únicamente por la riqueza que produce, sino también por la dignidad con la que viven sus habitantes, la justicia de sus instituciones y la capacidad de conservar aquello que la hace única.

    Y México tiene mucho que conservar, pero también mucho que transformar.