Categoría: Opinión

  • DIGNIDAD PROGRESISTA

    DIGNIDAD PROGRESISTA

    La guerra provocada una vez más por la ambición natural del gobierno gringo para hacerse de la riqueza de otras naciones, que se da ahora en contra del pueblo iraní nos da muestra de como durante décadas se ha manipulado la conciencia de la población a nivel mundial, utilizando el control de los medios corporativos que también forman parte de la mafia del poder político y económico global, todo esto con la finalidad de “convencer” a la población de que el gobierno de la todavía primer potencia económica es también la mejor opción como garante de la paz mundial, aunque esto solo pase en las películas hollywoodenses dónde los gringos salvan al mundo mediante la intervención de sus super héroes pero que esto en la realidad no existen más que el la mente de los guionista y productores de las super producciones cinematográficas.

    La información que se difunde en los medios corporativos y ahora también en la mayoría de las redes sociales mediante contratos con “influencers” busca continuar con la manipulación a la que durante décadas hemos sido expuestos. El costo de esta estrategia es por demás insultante ya que existen evidencias de la inversión millonaria por parte de los grupos de interés económico mundial.

    En este sentido es lógico que se haya convocado en Barcelona España a la cumbre de gobiernos progresistas dónde las posturas de los mandatari@s señalan de manera directa a los verdaderos responsables de la actual crisis humanitaria, que son los de siempre, los que sueñan con invadir para robar los recursos, los fascistas asesinos de gente pobre e indefensa, incluyendo menores inocentes, los que solo piensan en acumular riqueza sin darle un sentido de beneficios para su pueblo. En fin, los que se sienten iluminados y dueños del mundo pero no son capaces de compartir ni dar felicidad a su entorno más cercano. Los que sufren de una soledad profunda, los que no son capaces de disfrutar de lo más importante en la vida y a la que todos tenemos acceso.

    Cómo bien lo menciono nuestra presidenta Claudia Sheinbaum, si los países que invierten en la guerra aportaran un pequeño porcentaje de su gasto en beneficio del entorno ambiental, el beneficio impactaría de manera beneficia a toda la humanidad, cómo ya se ha demostrado en nuestro país.

    Las discursos de l@s mandatari@s progresistas han impactado en todo el mundo como un sola voz en contra de la guerra y a favor de la vida.

    Sheinbaum, Petro, Sánchez y Lula están demostrando que la dignidad y el respeto a la vida son derechos que se plasman en todas las construcciones, pero que al poder económico no le interesa, la acumulación de riqueza solo les genera sufrimiento, que es su pretexto para agredir y generar violencia. La ambición por el poder y la riqueza es lo que detonó la guerra.

  • Es una mujer maravillosa

    Es una mujer maravillosa

    Las expresiones del presidente Donald Trump sobre la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, no se hicieron esperar. Y es natural: cuando una nación comienza a levantar la voz con dignidad, cuando una mujer con carácter, preparación e identidad nacional representa a su pueblo con firmeza, incomoda a muchos. Más aún cuando se trata de México, un país que durante siglos ha sido observado por potencias extranjeras como territorio estratégico, como botín político o como pieza de presión geopolítica. Pero esos tiempos tienen que quedar atrás.

    En su participación internacional, la presidenta Claudia Sheinbaum dio un discurso que, sin exagerar, marca una diferencia histórica. No fue una exposición hueca ni un mensaje diplomático reciclado. Fue una intervención con contenido, con memoria, con raíces y con sentido de nación. Habló de democracia, sí, pero también habló de historia, de soberanía, de dignidad y de la resistencia de un pueblo que nunca ha dejado de luchar por su independencia, por su identidad y por su derecho a construir su propio destino.

    México no es cualquier país. México es una nación forjada en invasiones, en saqueos, en intentos de sometimiento y en traiciones internas, pero también en valentía, en patriotismo y en una enorme capacidad de resistir. Fuimos deseados por imperios europeos, fuimos observados por intereses extranjeros, fuimos presionados por potencias de este continente, y aun así seguimos de pie. Eso no lo logra un país débil. Eso lo logra un pueblo grande.

    Por eso cuando la presidenta habla de México con orgullo, cuando recuerda las bases históricas de nuestra democracia y cuando coloca en el centro a la gente como esencia del país, no está haciendo solo política: está haciendo patria.

    Porque México, por encima de todo, es su pueblo. Es la señora que se levanta de madrugada a trabajar. Es el joven que estudia y sueña con un mejor futuro. Es el campesino que siembra la tierra. Es el obrero, el comerciante, el chofer, el maestro, el pescador, el soldado, la enfermera, el albañil. Es también el niño que corre por una calle de barrio, la familia que espera el camión, el trabajador que va en bicicleta, el ciudadano que en medio de las dificultades no pierde la esperanza. Ese es el verdadero rostro de México.

    Muchos quieren reducir al país a sus problemas. Quieren repetir hasta el cansancio que todo está mal, que no hay avance, que la gente no quiere trabajar, que la nación está perdida. Pero esa narrativa, además de injusta, es profundamente ofensiva para millones de mexicanos que todos los días sacan adelante este país con sus manos, con su esfuerzo y con su fe.

    La realidad es otra. México avanza. Tal vez no al ritmo que todos quisiéramos. Tal vez todavía con muchas deudas pendientes en seguridad, educación o desarrollo económico. Pero avanza. Y lo hace con una visión social que durante años fue despreciada por quienes gobernaban de espaldas al pueblo.

    Hoy existen programas que llegan directamente a la gente. La pensión para adultos mayores, las becas para jóvenes, Sembrando Vida, los apoyos para vivienda y el fortalecimiento del IMSS-Bienestar son parte de una política que entiende algo fundamental: cuando se apoya al pueblo, no solo se hace justicia social, también se mueve la economía nacional. El dinero que recibe una familia no se va al extranjero ni se queda congelado en grandes fondos; se gasta en México, en la tienda, en el mercado, en la farmacia, en el transporte, en la ropa, en la comida. Es dinero que circula, que respira dentro del país, que fortalece el consumo interno y que sostiene a miles de pequeños negocios.

    Eso antes no se veía con esa claridad. Antes se hablaba de crecimiento, pero no llegaba abajo. Hoy la ayuda social tiene un doble propósito: dignificar al hogar y activar la economía popular. Y eso, aunque a muchos les moleste, también es nación.

    La presidenta Sheinbaum dio un discurso sin soberbia, sin egocentrismo y sin excesos. Dijo lo que tenía que decir. Lo hizo con fundamento histórico y con sensibilidad política. Pero sobre todo lo hizo reconociendo lo más valioso que tiene México: su gente. Y ahí radica la grandeza de su mensaje.

    México no se está quedando atrás. México está caminando. No de rodillas, no sometido, no avergonzado de sí mismo. Está caminando de pie, con firmeza, con conciencia histórica y con una nueva generación de liderazgo que entiende que amar a México no es un discurso vacío, sino un compromiso real con su pueblo.

    Y sí, hay que decirlo con claridad: quien afirma que México no puede aspirar a ser mejor, más justo, más fuerte y más digno, en el fondo no cree en esta tierra. Porque solo alguien que no quiere a México se atrevería a negar la capacidad de nuestro pueblo para levantarse, avanzar y construir un país más grande.

    Claudia Sheinbaum hoy representa, para millones, esa esperanza de continuidad con conciencia social, con memoria histórica y con amor a la patria. Y por eso, más allá de la política y más allá de las críticas de siempre, hay que reconocerlo: es una mujer maravillosa.

    Muchas felicidades, presidenta, y que nunca se pierda esa convicción de hablarle al pueblo con la verdad, con respeto y con profundo orgullo de ser mexicana.

  • Capitalismo y tragedia: nuevas perspectivas en México

    Capitalismo y tragedia: nuevas perspectivas en México

    Hay una verdad incómoda que el poder global se niega a pronunciar en voz alta: el capitalismo neoliberal no está en crisis, está en su fase terminal. Lo que observamos hoy, las guerras que arrasan poblaciones enteras, la caída sostenida de la natalidad en los países más “desarrollados”, la pauperización de las clases medias, la epidemia silenciosa de soledad y depresión, la migración masiva y desesperada, no son accidentes del sistema ni efectos secundarios tolerables. Son el sistema mismo funcionando exactamente como fue diseñado. Y el rostro más obsceno de ese diseño tiene hoy un nombre y un sombrero rojo.

    Donald Trump no es una anomalía de la democracia estadounidense. Es su destilado más puro. Es el producto lógico de una civilización que durante décadas convirtió el egoísmo en virtud, el individualismo en filosofía de vida y la acumulación en el único horizonte de sentido.

    Cuando una sociedad pasa generaciones adorando al mercado como si fuera un dios y despreciando todo aquello que no pueda medirse en dólares, el resultado inevitable es un líder que miente sin pudor, que desprecia a los débiles, que convierte la crueldad en espectáculo y que gobierna para los accionistas mientras habla en nombre del pueblo. Trump no es la causa de la decadencia imperial. Es su síntoma más elocuente.

    Ese mismo sistema que celebra a Trump celebra también a Javier Milei en Argentina, a Isabel Díaz Ayuso en España, a Daniel Noboa en Ecuador. Políticos que se presentan como rebeldes antisistema mientras sirven con fidelidad de perros guardianes a los mismos capitales de siempre. Su función histórica es clara: convencer a los de abajo de que sus verdugos son sus salvadores, de que desmantelar lo público es libertad, de que la precariedad es mérito y la riqueza ajena es inspiración. Son las mascotas ideológicas del capital financiero internacional, entrenadas para ladrar contra los pobres y menear la cola frente a los ricos.

    La migración es quizás el ejemplo más brutal de la hipocresía estructural del sistema. Los países del norte global, enriquecidos durante siglos mediante el saqueo colonial y la explotación neocolonial, que diseñaron deliberadamente las condiciones para que el sur global permaneciera como proveedor barato de materias primas y mano de obra, ahora levantan muros y criminalizan a quienes huyen de la devastación que ellos mismos provocaron.

    No permitieron el desarrollo soberano de nuestros países, financiaron golpes de Estado contra gobiernos que intentaban industrializarse, impusieron tratados comerciales que destruyeron economías locales, y hoy tienen la desvergüenza de hablar de “invasión”. La migración no es un problema de culturas incompatibles. Es la factura presentada por siglos de imperialismo.

    Frente a todo esto, la posición de México adquiere una dimensión histórica que muchos se niegan a reconocer porque les resulta incómoda. Mientras el norte construye muros físicos y simbólicos, México ha sostenido una política exterior anclada en principios como la no intervención, la autodeterminación de los pueblos y la solución pacífica de controversias. Claudia Sheinbaum ha mantenido con dignidad una relación de firmeza ante las presiones de Washington, negándose a convertir al país en el gendarme migratorio de los Estados Unidos y rechazando las lógicas del sometimiento que tanto trabajo costó a generaciones anteriores superar. No es una postura menor. En un continente donde varios gobiernos se apresuran a arrodillarse ante el poder imperial, México se planta.

    Y esa postura no es solo diplomática. Es filosófica. Apunta hacia algo más profundo que las relaciones internacionales. Apunta hacia la recuperación de lo comunitario, de lo social, de los lazos que el neoliberalismo ha destruido metódicamente. Los pueblos originarios de México llevan siglos demostrando que es posible organizar la vida alrededor del bien común, de la reciprocidad, del cuidado de la naturaleza, del ser colectivo por encima del tener individual. No es nostalgia romántica. Es una alternativa civilizatoria concreta frente a un modelo que nos enferma, nos aísla y nos conduce al abismo.

    Votar, pensar y vivir desde una perspectiva humanista no es ingenuidad. Es el acto más radical posible en un mundo que ha convertido la inhumanidad en sentido común. El capitalismo decadente nos ofrece más tecnología, más velocidad, más mercancías. Y también más soledad, más guerra, más tierra arrasada.

    México no tiene todas las respuestas. Ningún país las tiene. Pero sí tiene la valentía de hacer la pregunta correcta: ¿para qué y para quién estamos construyendo el mundo?

  • Envejecemos… y no nos ha caído el veinte

    Envejecemos… y no nos ha caído el veinte

    La semana pasada comentaba que, según los resultados apenas dados a conocer hace unos días de la ENASEM, en México las personas de 50 años y más, digamos, los más experimentados, ya somos un montonal: 1 de cada 4 habitantes del país.

    Lo que ahora vale la pena poner sobre la mesa es que este envejecimiento acelerado no debe quedarse en curiosidad demográfica: el envejecimiento poblacional es, sobre todo, un cambio estructural que está ya redefiniendo nuestra vida cotidiana, la economía, las prioridades del Estado en los próximos años, las urgencias… Porque cuando decimos que México envejece, solemos pensar en pensiones y hospitales. Pero el fenómeno tiene un impacto mucho más amplio —y más incómodo— que eso.

    Primero, el tema de los cuidados. En un país donde históricamente el cuidado ha recaído en las familias —y dentro de ellas, en las mujeres—, el aumento de la población mayor implica una presión creciente sobre redes familiares que ya vienen debilitadas. Familias más pequeñas, menos hijos, mayor dispersión geográfica. Es decir: menos gente para cuidar a más personas durante más tiempo. El desequilibrio que se nos viene encima no es menor. Es, de hecho, uno de los puntos más frágiles de toda la transición demográfica.

    Segundo, el mercado laboral. México envejece con altos niveles de informalidad. Eso significa que millones de personas están llegando y llegarán a la vejez sin pensión contributiva, dependiendo de transferencias públicas directas —los programas sociales— o del apoyo familiar. Y aquí hay que decirlo sin rodeos: ¿habrá suficiente base contributiva para sostener a esa población en el largo plazo si no cambia la estructura del empleo? Ojo: los cambios que estamos experimentando no se quedan en lo demográfico: el impacto de la Inteligencia Artificial en la configuración del mundo laboral y en general de la economía será en breve seguramente mucho más drástico que el que en su momento ocasionó la Revolución Industrial.

    Tercero, la salud. No se trata únicamente de vivir más años, sino de cómo se viven esos años. Y me refiero a dolencias, a movilidad, a desamparo, a capacidades reducidas… El aumento en enfermedades crónicas —diabetes, hipertensión, padecimientos cardiovasculares— implica una demanda sostenida y creciente sobre un sistema de salud que ya opera con limitaciones. Y a diferencia de otros momentos de la historia, no estamos frente a epidemias que vienen y se van; estamos comenzando a vivir en condiciones que perdurarán durante décadas.

    Y hay un punto más que suele pasarse por alto: el entorno espacial. Las ciudades, tal como están diseñadas hoy, no están pensadas para una población envejecida. Banquetas rotas, transporte público poco accesible, espacios urbanos hostiles para quien tiene movilidad limitada. ¡Faltan un montón de rampas, de pasillos con pasamanos! Envejecer no ocurre en lo abstracto; ocurre en calles concretas, en viviendas específicas, en entornos que pueden facilitar o dificultar la vida diaria. El suelo, el piso, será cada día un riesgo mayor para más mexicanos y mexicanas.

    Todo esto ocurre, además, con una velocidad que nos da poco margen para la complacencia. Y hablo de margen de acción sí gubernamental, institucional, pero también familiar, personal… Ya no estamos en el terreno de las proyecciones lejanas. Está pasando ahora. México se está arrugando ahora.

    Cuando se habla de envejecimiento el error más común es tratarlo como un problema del futuro. No lo es. Es un proceso en curso que ya está reconfigurando al país. Así que conviene aceptar algo: México todavía piensa como un país joven, pero ya no lo es. O dicho con un anacronismo de baby boomer: no nos ha caído el veinte. Debemos dejar de diseñar políticas públicas, ciudades y sistemas laborales bajo esa inercia. Seguimos actuando como si hubiera tiempo. No lo hay. Porque si algo deja claro todo esto es que el envejecimiento no es, en sí mismo, el problema. El problema es llegar tarde a entenderlo. Ya nos llovió. Apenas caen las primeras gotas… y en nada estaremos empapados.

  • Contra la misoginia de grada y el machismo de escritorio

    Contra la misoginia de grada y el machismo de escritorio

    Todavía hoy, en los abismos de las redes sociales y en las gradas, se intenta sostener por la fuerza el eco rancio de que “el fútbol es un deporte de hombres”. Esta narrativa está secuestrada por dos frentes cobardes.

    Por un lado, la misoginia de la tribuna y el teclado; hombres que, desde la inmovilidad de su sofá, intentan denigrar a las mujeres que hoy reclaman la cancha.

    Son el retrato vivo de la genial cumbia de Grupo G: “Te pasas todo el día viendo la televisión / Comiendo lo que sea mientras empieza el futbol… Eres revoltoso cuando estás en las tribunas / Pero ya en la cancha casi siempre no das una”. Un himno al cinismo que remata con una verdad lapidaria: “Tan criticón, pero te falta destreza / No cabe duda que lo tuyo es la cerveza”. Esa es la furia del sedentarismo intentando dictarle las reglas a una atleta de clase mundial.

    Pero hay un segundo frente, aún más cínico: los “opinólogos” de élite. Esos analistas de traje y escritorio que comparten el mismo machismo del “viejo panzón”, pero aderezado con un profundo clasismo. Desprecian a la mujer en la cancha y, al mismo tiempo, desprecian a la sociedad que paga sus salarios; a esos aficionados de a pie que gastan gran parte de sus ingresos para subir hasta donde se posan las águilas en el Estadio Azteca, consumiendo sus cervezas y comida chatarra, víctimas del bombardeo implacable de sus marcas comerciales.

    La hipocresía de este sistema quedó al descubierto recientemente en el duelo entre Pumas y Mazatlán. Un sector de la crítica quiso centrar el debate en una decisión calificada de errónea, pero la trampa era utilizar un pretexto técnico para descalificar su presencia como mujer y como tomadora de decisiones en el terreno de juego. El machismo no descansa; día tras día, Katia Itzel se enfrenta a una violencia de género asfixiante en las redes, en los medios, en la cancha y con los directivos. Sin embargo, su respuesta no es el repliegue. Ella es el claro ejemplo de la perseverancia absoluta y abandera en primera línea la lucha contra la violencia hacia las mujeres. Su presencia en el centro de la cancha es un liderazgo inigualable que neutraliza toda frustración machista; no está pidiendo permiso, está conquistando el último gran bastión del patriarcado en México.

    La trascendencia de su figura va mucho más allá de las líneas de cal. Su presencia se alinea perfectamente con el momento sísmico que vive nuestro país. Hoy, el temple y el éxito de Katia en el ojo público la convierten en un referente irrefutable para las niñas y mujeres del mundo entero. Como bien lo sentenció nuestra Presidenta, la Dra. Claudia Sheinbaum: “Podemos ser lo que queramos ser y cumplir nuestros sueños, sin prejuicios. Las mujeres podemos ser ingenieras, doctoras, científicas, deportistas o presidentas de la República”. Katia es ese espejo en el que hoy se mira el futuro.

    Frente a esta violencia sistemática, el silencio institucional es complicidad. La FIFA debe asumir, de una vez por todas, una posición irrestricta de respeto a los derechos humanos y de defensa hacia nuestra árbitra. El fútbol mexicano ya vivió el rigor de las sanciones cuando, por el grito homofóbico, se castigó a la élite directiva jugando a puerta cerrada. Hoy, la misoginia exige sanciones igual de ejemplares.

    El tablero político nacional ha cambiado para siempre. En la Ciudad de México de Clara Brugada, el “Tiempo de Mujeres” es una realidad innegable: tenemos Presidenta, tenemos Jefa de Gobierno, y tenemos a una gran “Árbitra” con “A”, como lo exige la historia. Por ello, la llegada del Mundial 2026 no puede ser solo una fiesta comercial. El Estado debe ejercer la reparación del daño histórico levantando un mural monumental a las puertas del Estadio Azteca en honor a Katia Itzel y a las pioneras del deporte. Un recordatorio visual, permanente e imborrable, de que el territorio también les pertenece a ellas.

  • NO al fracking

    NO al fracking

    Desde FUDEMAH sostenemos una convicción que no debería escandalizar a nadie: respaldar a la presidenta Claudia Sheinbaum no significa renunciar al pensamiento crítico. Al contrario, quienes creemos en un gobierno democrático, popular y transformador, estamos seguros de que la pluralidad no puede reducirse al consentimiento automático y menos para un gobierno emanado de la lucha popular. Por eso, frente a la reapertura del debate sobre el fracking en México, nuestra postura es clara: no estamos de acuerdo con esa ruta por más que se le agregue el adjetivo calificativo de “sustentable”. 

    Aquí el problema de fondo es que el llamado “fracking sustentable” merece ser puesto bajo sospecha porque al igual que otras voces verdaderamente críticas, nosotros sostenemos que el solo hecho de fracturar la roca, inyectar fluidos a presión y gestionar residuos tóxicos sigue entrañando riesgos ambientales, sanitarios y territoriales de enorme magnitud.

    En Mendoza, Argentina, el discurso dominante presentó al fracking como una necesidad inexorable del desarrollo y a toda resistencia social como irracionalidad o atraso, sin embargo, un estudio publicado en Perfiles Latinoamericanos resultó revelador porque exhibió cómo, en estos casos, el lenguaje del progreso terminó funcionando como dispositivo de presión política en el que se trató como enemigos del bienestar colectivos a quienes cuestionaron los costos sociales, ambientales o territoriales de esa práctica.

    Hay que decirlo con claridad: por donde se mire no existe el “fracking responsable”, baste con recurrir a la literatura crítica sobre la geopolítica del fracking que ha documentado la presión severa que ejerce esta práctica sobre abastos locales de agua, los riesgos de contaminación por químicos peligrosos y efluentes tóxicos, así como una huella climática que no puede minimizarse de ninguna manera como no pueden minimizarse los trastornos reproductivos vinculados a exposición a compuestos del fracking. Hagamos una analogía sencilla: El fracking “sustentable” es tanto como querer sanar un cuerpo humano perforándole órganos vitales con la promesa de que ahora la aguja es más fina. Aquí el problema no desaparece porque el instrumento sea más sofisticado pues si se fuerza al organismo, si se le inyectan sustancias agresivas, si se alteran sus equilibrios internos y después se le obliga a procesar desechos peligrosos, el cuerpo termina resintiendo el procedimiento, aunque el médico jure que esta vez la técnica es de última generación. Lo mismo sucede con la tierra, pues también tiene venas, presiones, fluidos, ciclos y límites y cuando se rompen sus equilibrios, el daño no se queda abajo del suelo, sube al agua, al aire, a la salud y a la vida comunitaria. 

    Ahora bien, sostenemos que es acertado que la UNAM, la UAM y el IPN trabajen de manera coordinada para revisar costos y beneficios pues nadie sensato podría estar en contra del conocimiento científico serio, pero también hay que ser conscientes que dicho esfuerzo sólo será valioso si se apega al rigor, a la independencia y a la honestidad intelectual y no termina por convertirse en un instrumento técnico de legitimación pues eso no va, de ninguna manera acorde a lo que representa este gobierno.

    Por otra parte, estamos de acuerdo con el argumento de fondo pues México consume alrededor de 9 mil millones de pies cúbicos diarios de gas natural y produce apenas una fracción, por lo que depende fuertemente de importaciones, sobre todo de Estados Unidos. El dato es real y el problema estratégico existe. Pero precisamente por eso hay que discutirlo con seriedad: sustituir una dependencia externa por una dependencia tecnológica, hídrica, territorial y climática también atenta contra la soberanía. Si para producir más gas comprometemos acuíferos, exponemos comunidades, extendemos la vida de los combustibles fósiles y aplazamos la transición energética, lo que se fortalece no es la soberanía, sino una lógica extractiva que termina subordinando la política energética al corto plazo.  

    • Luis Tovar
      Secretario General de la Fundación para la Defensa del Medio Ambiente. FUDEMAH

  • Trump no se desmiente

    Trump no se desmiente

    Como sucede con quienes van perdiendo espacios políticos Trump se asemeja al PAN; mientras las derrotas los definen, más grita triunfos del pasado y amenazan con ganar más espacios en el futuro, pero sólo los obtiene en los medios.

    Otra de las similitudes es su adicción a la mentira, Trump declaró que estaba rodeado de gente tonta, por lo que no sólo se refería a los integrantes de su gabinete, sino a los asistentes de la reunión del Escudo de la Américas, quienes le hacen comparsa en cada decisión sobre Latinoamérica.

    Trump ha perdido la memoria, la dignidad, las simpatías de su pueblo (31 por ciento de aceptación), la guerra, la cordura, y puesto al descubierto el espectáculo del desmentido.

    Sus amenazas no son avisos sino deseos incumplidos y frustraciones reiteradas. Ahora, hundido en la derrota desde dentro de su país, con una manifestación de más de 8 millones de estadounidenses en las calles, que exige su renuncia, en una revuelta que intentó convertir en guerra civil, en su país el rechazo se vuelve una rebelión contra su mandato. No es la rebeldía contra un sistema caduco, aunque sea la primera expresión de un descontento generalizado a futuro, sino contra una sola persona.

    Ni siquiera la Revolución Mexicana tuvo como fin principal la salida de Porfirio Díaz sino del sistema que lo sostenía. A Trump no lo soporta ni el sistema del que dice ser parte, tampoco lo quiere en sus filas el partido que lo postuló.

    La decadencia de un país que se dice democrático, cuyas elecciones son campo de batalla de sólo dos partidos, sin diferencias sustanciales, no puede llamarse democracia; sin embargo, el descontento no es por la necesidad de diversificar ideas políticas en las urnas sino porque el actual emperador se sale de su propio guion y no se vuelve un transgresor sin control.

    Olvida que la consigna esencial de la política estadounidense es el control individual y social, en el pensamiento y la acción. Desde el cine hasta las conferencias de prensa de la Casa Blanca, tienen como objetivo el control de la población.

    El control de la voz popular, la censura en los medios, la manipulación en la información, la implementación del miedo con sus diferentes fantasmas, los extraterrestres, los terroristas, los narcotraficantes, los comunistas, los árabes, etc.

    La creación de fake news estructuradas en una estrategia política tiene su origen en Estados Unidos, y surge con mayor auge en tiempos de guerra, no es gratuito que la teoría de la comunicación de los nazis haya surgido en la Segunda Guerra Mundial con Joseph Goebells. Pero el tercer Reich duró sólo 12 años, una vez descubierta la gran mentira.

    La contraparte del bulo, o fake news es el desmentido. Se sabe, que, incluso hasta en el momento en que se desmiente una mentira, se está hablando de ella. Es una especie sofisticada de tergiversación de la realidad en favor de una causa conservadora.

    El simple hecho de desmentir crea dudas, sobre todo en un mundo con multiplicidad de formas de información, donde cada día se suman elementos que diversifican la interpretación de la realidad y no la realidad.

    Pero es control al fin y al cabo, cada mentira requiere de un desmentido y desde que existe el desmentido se está ocupando tiempo y espacios en descartar de la realidad una falsedad, en cuyo proceso también existe un control.

    Nunca la labor de los medios ha sido otra que manipular, la función periodística se creó para dar a conocer el mundo que los propietarios de los medios conviene dar a conocer.

  • Trump vs. el Vaticano: la fractura moral de Occidente ante una guerra sin consenso

    Trump vs. el Vaticano: la fractura moral de Occidente ante una guerra sin consenso

    En el complejo tablero geopolítico de 2026, la confrontación entre Donald Trump y el Papa León XIV ha trascendido lo anecdótico para convertirse en un síntoma profundo de la crisis del orden internacional. Más que un choque de declaraciones, se trata de una disputa estructural entre dos concepciones del poder: una basada en la imposición estratégica y otra en la legitimidad moral.

    El origen de esta tensión se encuentra en la postura crítica del Vaticano frente a la guerra impulsada por Estados Unidos e Israel contra Irán. Desde el inicio del conflicto, el Papa ha articulado un discurso consistente en contra de la lógica bélica, denunciando que la guerra responde a una peligrosa ilusión de control global y advirtiendo sobre sus consecuencias humanitarias y sistémicas. En términos geopolíticos, su posicionamiento no es menor: representa la voz de una institución con influencia transnacional.

    La respuesta de Trump ha sido directa y confrontativa. Al calificar al pontífice como “débil” en materia de política exterior, el mandatario estadounidense refuerza una visión clásica del realismo político: la primacía del poder duro sobre cualquier consideración normativa.

    Sin embargo, lo verdaderamente significativo no es el intercambio retórico, sino la reacción del sistema internacional. Una mayoría de países ha manifestado su rechazo a la escalada bélica y ha respaldado implícitamente la postura del Vaticano. Esto revela una erosión del consenso occidental en torno al liderazgo estadounidense.

    Líderes internacionales han marcado distancia respecto a Trump, defendiendo la necesidad de preservar el respeto institucional y priorizar soluciones diplomáticas. Este posicionamiento refleja transformaciones más profundas en un contexto de multipolaridad emergente.

    La negativa de varios aliados tradicionales de Estados Unidos a participar en el conflicto indica un cambio en la dinámica global. Los Estados buscan evitar involucrarse en guerras sin legitimidad internacional.

    Además, la postura del Papa introduce la dimensión ética como factor de poder. Aunque carece de capacidades militares, el Vaticano ejerce una influencia simbólica capaz de moldear percepciones globales.

    La confrontación debe entenderse como parte de una disputa más amplia sobre el futuro del orden internacional: unilateralidad frente a multilateralismo. 

    En conclusión, la mayoría de los países ha optado por rechazar la guerra y apostar por la diplomacia. Este consenso evidencia un desgaste en la capacidad de Estados Unidos para construir coaliciones en torno a intervenciones militares.

    La disputa entre Trump y el Papa no es un episodio aislado, sino una señal de que el mundo atraviesa una redefinición de sus principios rectores, donde la tensión entre poder y legitimidad será central en las próximas décadas.

  • Salud universal: entre la promesa histórica y la prueba de la realidad

    Salud universal: entre la promesa histórica y la prueba de la realidad

    En medio de un entorno político cargado de ruido y polarización, una de las noticias más relevantes de las últimas semanas en México ha pasado prácticamente desapercibida: el inicio de la credencialización del nuevo sistema de salud universal impulsado por la presidenta Claudia Sheinbaum.

    Se trata de un paso operativo dentro de un proyecto mucho más ambicioso: la construcción de un Servicio Universal de Salud que busca integrar al IMSS, al ISSSTE y al IMSS-Bienestar en una sola red interoperable.

    La lógica es clara: que cualquier mexicano pueda recibir atención médica en cualquier institución pública, independientemente de su afiliación.

    El proceso ya está en marcha. Desde abril de 2026 comenzó la credencialización nacional iniciando con adultos mayores como primer paso hacia un sistema que pretende consolidarse de forma progresiva hasta 2028.

    Más allá del trámite, lo verdaderamente relevante es el cambio estructural: por primera vez se intenta romper la fragmentación histórica del sistema de salud mexicano, donde durante décadas coexistieron subsistemas con acceso desigual, duplicidades y limitaciones operativas.

    Un modelo que busca universalidad real

    El planteamiento oficial es avanzar hacia un esquema donde la atención médica deje de depender de la “derechohabiencia” y se convierta en un acceso efectivo para toda la población.

    En términos prácticos, esto implicaría que cualquier ciudadano pueda ser atendido en distintas instituciones públicas, incluso sin afiliación formal, accediendo a servicios que antes estaban restringidos.
    El modelo apuesta por la interoperabilidad institucional y la digitalización, mediante una credencial única que integrará información médica, historial clínico y acceso a servicios.

    En el papel, es una de las reformas más ambiciosas en materia de salud pública en décadas.

    Entre el diseño y la ejecución

    Sin embargo, el debate técnico ya comenzó. Especialistas han señalado que una cosa es impulsar el acceso universal y otra garantizarlo plenamente en la práctica.

    Además, persisten retos estructurales conocidos: infraestructura desigual, presión presupuestaria y capacidad operativa en distintas regiones del país.

    El éxito del modelo dependerá, como siempre, de su ejecución.

    En Resumen…

    La credencialización del sistema universal de salud no es solo un trámite administrativo; es el primer movimiento visible de una transformación profunda.

    México está intentando algo que durante años se consideró inalcanzable: construir un sistema de salud verdaderamente universal.

    Y aquí es donde entra una reflexión directa: ¿Quién dice que México no puede ser mejor que Dinamarca en materia de salud?

    Solo alguien que no quiere ver a México avanzar lo diría.

    Porque la capacidad existe, los recursos están y el talento sobra. Lo que históricamente ha faltado es ejecución consistente.

    Hoy el camino está planteado. Ahora toca demostrar si México puede no solo aspirar… sino realmente competir al más alto nivel en salud pública.

  • Fracking y soberanía

    Fracking y soberanía

    Estamos en guerra, y no hay lugar para la neutralidad. Son momentos en los que no matar es suicida.

    Si en una guerra alguien muere, está cediendo, con su vida, parte de la soberanía, entonces el sometimiento y la sumisión se aproxima y anuncia una derrota.

    Si actualmente el fracking aparece como una contradicción con el gobierno anterior, acusa un desconocimiento de la visión general del problema. La oposición es superficial y simplista, incluso llega al extremo de adoptar las noticias falsas, aclarados puntualmente, como hechos concretos y repetirlos como si fueran balas de salva contra el gobierno. Ejemplos hay muchos que hacen evidente su falta de argumentos sobre la realidad concreta del país.

    Nadie olvida la condena del expresidente López Obrador hizo sobre este método de extracción del gas. Imposible olvidarlo, pero debemos tener en cuenta la inherente evolución y los cambios inherentes al tiempo que se vive en la historia que en todo momento existen.

    En materia de gas la producción nacional crece de manera más lenta de la necesaria y hay que adoptar medidas que en tiempos normales serían rechazadas, pero no sin antes reconocer que el método del fracking se ha vuelto menos agresivo que hace un par de años. Hay cambios sustanciales en la matriz energética de los químicos que intervienen en la extracción del gas a través de este método, que todavía no es tan amigable con la naturaleza como se desea, pero es una alternativa en tiempos difíciles para mantener la soberanía y la dignidad ante las políticas depredadoras del vecino.

    Esta transformación habla de la larga vida que todavía tienen los minerales fósiles como fuente de energía esencial, por lo que se busca que cada día sea más amigables con el ambiente. La utilización el agua, que fue uno de los cuestionamientos más sólidas en su momento, ahora puede reciclarse, y puede ser agua tratada para la extracción de gas.

    A pesar de que los cambios no son difíciles de encontrar en la información que acompaña la decisión de la Presidenta de México de utilizar el fracking ante el peligro de que el delirante vecino del norte intente cerrar la llave del gas de cuyo suministro depende México en poco más del 80 por ciento de su consumo, paralizando al país, la oposición cambia de visión sobre el fracking que antes defendía para advertir una aparente contradicción entre los presidentes de la 4T. La simple dependencia actual vuelve vulnerable a México ante un demente que se cree Dios. Peligro real que no existió el sexenio anterior.

    La inversión privada necesaria para realizar esta extracción a través de una contribución mixta tampoco es la misma que hace un par de años, ahora la rectoría del estado en la producción de energía es clara y precisa.

    Denuncian en la falta de concordancia la ruptura entre López Obrador y Sheinbaum Pardo, tan esperada por una oposición que sólo puede basar en la difusión de los errores del contrincante su existencia.

    Es preferible sutilizar el fracking, aprovechado su evolución, antes que colocar en el campo de batalla el suministro de gas para México. No es el momento de sacrificar la congruencia por la soberanía y fortalecer la dignidad. El mundo cambia y la oposición no lo advierte.