Categoría: Opinión

  • ¿Y la salud mental en el mundo? Empeora

    ¿Y la salud mental en el mundo? Empeora

    Un vistazo al estado de ánimo mundial

    Año con año, la aseguradora AXA, en colaboración con la agencia de investigación Ipsos, realiza un extenso sondeo para medir el pulso emocional de la población mundial. El AXA Mind Health Report es un termómetro global que, desde 2021, ofrece datos para tratar de entender cómo estamos mentalmente en distintos países. Para la edición 2026, 19 mil personas de entre 18 y 75 años fueron entrevistadas en 18 naciones, durante el primer bimestre del año.

    La conclusión general no es alentadora: por sexto año consecutivo, la salud mental mundial sigue deteriorándose. Aunque hoy se habla más del tema que nunca —de hecho, la gente ya identifica los problemas mentales como una prioridad superior al cáncer—, los datos muestran que el 46% de la población mundial se encuentra en un estado de “lucha” o “decaimiento” psicológico. ¡Casi la mitad! Se trata de un incremento de 6 puntos porcentuales desde 2021. Simultáneamente, cada vez son menos las personas que florecen en la cima del bienestar mental.

    ¿Qué está pasando?

    Los impulsores principales de este malestar global son las condiciones económicas, el estrés laboral y la incertidumbre. Pero hay un factor nuevo que agrava la situación: nuestros hábitos digitales. Pasamos más de cinco horas diarias frente a pantallas fuera del horario laboral, y dos de cada tres personas admiten que esto afecta para mal su vida cotidiana. Paradójicamente, la hiperconectividad no ha reducido la soledad; la ha profundizado, más entre los jóvenes.

    Preocupante es el incremento de los trastornos graves. El 26% de los encuestados presenta síntomas potenciales de depresión, ansiedad o estrés en niveles severos o extremos, tres puntos más que en 2022. Esta situación tiene enormes costos, tanto sociales como económicos: se estima que los problemas de salud mental provocan pérdidas de productividad de aproximadamente un billón de dólares al año a nivel mundial.

    Los jóvenes, en primera línea

    La gente de entre 18 y 34 años es los más afectada. El 59% de este grupo se encuentra en situación de languidecimiento o lucha, trece puntos por encima del promedio global. Son también los que más sufren de soledad y aislamiento, y los que más tiempo pasan en redes sociales, con una media de seis horas diarias frente a la pantalla. Entre los menores de 35 años, la probabilidad de recibir un diagnóstico severo de depresión, ansiedad o estrés es más del doble que en el resto de la población.

    Sin embargo, se abre una rendija de optimismo: los jóvenes son también los más abiertos a hablar de sus problemas y a buscar ayuda. Rompen tabúes y normalizan las conversaciones sobre salud mental.

    Mujeres, las más golpeadas

    Las mujeres siguen mostrando peores indicadores que los hombres en todos los parámetros. El porcentaje de mujeres que florecen es cinco puntos menor que el de hombres, y la brecha en trastornos severos es de tres puntos. La carga mental, la doble jornada laboral y doméstica, y la mayor exposición a ciertos factores de estrés explican en parte esta diferencia.

    La inteligencia artificial: ¿aliada o enemiga?

    Seis de cada diez personas han recurrido ya a herramientas de IA para obtener consejo sobre su bienestar emocional. Y es lógico: la IA es gratuita, inmediata, está disponible las 24 horas y elimina la vergüenza de hablar con otro ser humano. Es lógico, pero es equivocado porque conlleva riesgos graves. Casi uno de cada tres encuestados admite que ha seguido consejos no validados médicamente, y el 28% afirma que el uso de IA le ha llevado a comportamientos perjudiciales. Un tercio de los usuarios confía más en las plataformas de IA que en los profesionales de la salud mental, y muchos prefieren volcar sus preocupaciones en un algoritmo antes que en amigos o familiares. Este desplazamiento de la confianza hacia las máquinas es una tendencia de locos.

    Falta de autopercepción

    El principal obstáculo para acceder a tratamiento no es el dinero, ni el tiempo, ni el estigma. Es, sencillamente, que muchas personas no consideran que su situación sea lo bastante grave como para merecer atención profesional. El 36% de los encuestados cree que sus problemas no requieren ayuda médica, a pesar de que el 46% presenta niveles clínicamente significativos de malestar.

    El 60% de los encuestados no ha visitado a un profesional de la salud mental en el último añoAunque la concienciación ha aumentado, no siempre se traduce en comprensión real.

    ¿Y México?

    Si observamos el ranking de los 18 países participantes en el estudio, México se sitúa en una posición intermedia-alta, con una puntuación de 63.5 en el Índice de Salud Mental. Esta cifra está por encima de la media global (61.8) y coloca al país por delante de naciones como Estados Unidos (62.7), Francia (62.7), España (62.3) o Alemania (61.4), aunque por detrás de Tailandia (66.5), Suiza (65.4) o China (63.8).

    Este índice combina indicadores de florecimiento, bienestar, resistencia y capacidad de afrontamiento. Un puntaje más alto refleja una mejor salud mental general. En ese sentido, México supera el promedio mundial y muestra un panorama favorable en comparación con otros países latinoamericanos como Brasil (59.8) o con naciones europeas. No significa que estemos exentos de problemas. Las tendencias globales también aplican a México: la presión financiera, el estrés laboral, la incertidumbre y el uso excesivo de pantallas son factores que afectan a los mexicanos, especialmente a los jóvenes.

    Un dato relevante: en México, como en el resto del mundo, la falta de autopercepción es la principal barrera para buscar ayuda. Muchas personas no acuden a un profesional porque no consideran que su malestar sea “suficientemente grave”.

    La urgencia de actuar

    El AXA Mind Health Report 2026 deja un mensaje claro: la salud mental no es un tema menor ni pasajero. Es una crisis global que se agrava año tras año. La tecnología, bien utilizada, puede ser una herramienta poderosa para democratizar el acceso al apoyo, pero también puede agravar la soledad y la desinformación si no se regula adecuadamente.

    México, con una posición intermedia-alta en el ranking, tiene margen para mejorar.  Y usted, ¿cómo se siente?

    @gcastroibarra

  • ENTRE NARCOPOLÍTICOS, FAKE NEWS Y PLEITOS DE GUAJOLOTES

    ENTRE NARCOPOLÍTICOS, FAKE NEWS Y PLEITOS DE GUAJOLOTES

    Graves y particularmente delicadas son las acusaciones que viene realizando Alejandro “Alito” Moreno, presidente nacional del PRI y senador de la República, cuando habla públicamente de políticos presuntamente relacionados con el crimen organizado o el narcotráfico. Y aquí quisiera detenerme un momento, porque una cosa es la confrontación política, otra muy distinta es una denuncia y otra todavía más seria es señalar públicamente a personas atribuyéndoles posibles relaciones con organizaciones criminales.

    Alejandro Moreno ha utilizado expresiones como “narcopolíticos” y “narcopartido” para referirse a sus adversarios. El propio PRI publicó el pasado 7 de junio un comunicado encabezado con una declaración suya: “En Coahuila barrimos a los narcopolíticos de Morena”. Además, Moreno ha llevado algunos de sus señalamientos a Estados Unidos, donde ha denunciado lo que considera autoritarismo y persecución política en México y ha insistido en acusaciones relacionadas con presuntos vínculos entre personajes del oficialismo y el crimen organizado.

    Eso, viniendo del presidente nacional de un partido y de un senador de la República, me parece que merece mucho más que aplausos, gritos, entrevistas o publicaciones en redes sociales. Si el senador posee información concreta sobre políticos relacionados con el narcotráfico, entonces debería presentarla ante las autoridades correspondientes. Si conoce nombres, operaciones, circunstancias, movimientos financieros o cualquier otro elemento que pueda constituir evidencia, que lo entregue y que se investigue. Y si una autoridad considera necesario citarlo para que explique lo que sabe y aporte los elementos que dice tener, tampoco me parecería descabellado. Ya estuvo bueno de convertir acusaciones de semejante gravedad en simples instrumentos de propaganda electoral.

    Porque llamar narcotraficante a alguien no es decirle mal gobernante, corrupto, incompetente o mentiroso. Estamos hablando de atribuirle posibles relaciones con delitos gravísimos. Si queremos vivir en un verdadero Estado de derecho, entonces las acusaciones deben investigarse independientemente del color partidista del señalado. Morena, PRI, PAN, Movimiento Ciudadano o quien sea. Si existen pruebas, que se proceda; si existen indicios serios, que se investiguen; pero si solamente existen discursos, entonces tengamos mucho cuidado de convertir la sospecha en sentencia simplemente porque apareció en X, Facebook, YouTube o en una conferencia de prensa.

    Tampoco me parece prudente que un senador de la República y, más aún, dirigente nacional de un partido político, en su intento legítimo por recuperar espacios, simpatizantes y finalmente votos, termine construyendo toda una estrategia alrededor de desacreditar las acciones del Gobierno mexicano sin reconocer aquello que también ha sido reconocido fuera del país. Esto no significa que debamos aplaudirle todo al Gobierno ni mucho menos que México haya resuelto el problema del narcotráfico. Sería absurdo afirmarlo. Pero la relación de seguridad entre México y Estados Unidos ha mantenido mecanismos de cooperación y funcionarios estadounidenses han reconocido públicamente resultados de esa colaboración. Entonces tampoco podemos construir una realidad donde absolutamente nada sirve simplemente porque electoralmente conviene decirlo.

    Y de ahí pasamos precisamente al otro gran asunto de estos días: quién dice la verdad, quién miente y quién tiene derecho a decidirlo.

    Me llamó particularmente la atención la reacción del prestigiado periodista Joaquín López-Dóriga respecto de las acciones de Luisa María Alcalde y el ejercicio gubernamental denominado “Derecho de Réplica”. Hay algo incluso curioso en esta historia, porque fue precisamente en una entrevista con López-Dóriga donde Alcalde explicó el proyecto antes de que comenzara formalmente. La intención, según explicó entonces, sería identificar información que el Gobierno considera falsa, contrastarla con datos oficiales y responder públicamente.

    Aquí la discusión se vuelve mucho más interesante que simplemente decidir si estamos con el periodista o con el Gobierno.

    La prensa tiene que ser libre. Completamente libre. Un periodista debe poder investigar al presidente, a sus hijos, a un gobernador, a un senador, a un empresario, a un general o a quien sea sin pedir permiso y sin miedo a represalias. Esa libertad es indispensable en cualquier democracia que pretenda llamarse así. Pero la libertad de prensa tampoco puede significar que todo lo publicado automáticamente se convierta en verdad.

    Hay mucha información que se publica y después resulta falsa, incompleta, exagerada o simplemente imposible de comprobar. Donald Trump convirtió la expresión “fake news” en parte del lenguaje político mundial, pero el fenómeno evidentemente no nació con él. Lo que sí cambió radicalmente fueron las redes sociales. Hoy basta un teléfono celular y unos cuantos segundos para que una acusación pueda recorrer un país entero antes de que la persona señalada tenga siquiera oportunidad de enterarse.

    El poder de un medio de comunicación es enorme y precisamente por eso debe utilizarse con responsabilidad. Una noticia falsa puede destruir una reputación construida durante décadas. Puede afectar una familia, una empresa, una carrera profesional o una trayectoria política. Y después resulta prácticamente imposible regresar las cosas al punto donde estaban, porque la aclaración normalmente nunca alcanza la misma difusión que tuvo el escándalo.

    Pero aquí también debemos aplicar exactamente la misma regla al Gobierno. Si desde Palacio Nacional se afirma que determinada información periodística es falsa, entonces que se demuestre. Que presenten documentos, cifras, fechas y evidencias. El derecho de réplica es perfectamente legítimo; la censura no. Aclarar una noticia es válido; intimidar al periodista por publicar algo incómodo sería otra cosa completamente diferente.

    Entonces ni el Gobierno tiene derecho automático a la verdad por ser Gobierno ni un periodista tiene derecho automático a la verdad por ser periodista. Ambos deben responder por lo que dicen.

    Y mientras discutimos sobre verdad, mentira, narcotráfico, libertad de expresión y responsabilidad pública, nuestros representantes populares decidieron regalarnos un espectáculo que parecía más un pleito de guajolotes que una discusión entre legisladores.

    Los diputados Carlos Gutiérrez Mancilla, del PRI, y Arturo Ávila, de Morena, protagonizaron un enfrentamiento en instalaciones del Senado que comenzó con acusaciones políticas y terminó entre insultos, jaloneos y empujones. Entre las expresiones que aparecieron durante la confrontación estuvieron “vocero del narco” y “porro de Alito”.

    Y ahí está nuevamente la palabra mágica de nuestra política actual: narco.

    Otra vez el narcotráfico convertido en insulto. Otra vez una acusación gravísima utilizada como proyectil político. Otra vez las palabras llegando mucho más rápido que las pruebas.

    Vi las imágenes y, independientemente de las simpatías políticas que cada quien pueda tener, me parece que Arturo Ávila hizo bien en no llevar el enfrentamiento todavía más lejos. Lo estaban provocando, hubo intercambio de palabras y evidentemente los ánimos estaban encendidos, pero precisamente ahí es donde un representante popular tiene que recordar dónde está y qué representa. En política no siempre gana quien pega más fuerte ni quien grita más. Muchas veces gana quien entiende cuándo no caer en la provocación.

    Y para ponerle la cereza al pastel apareció nuevamente Alejandro Moreno diciendo, palabras más, palabras menos, que él sí le habría entrado y habría puesto a Ávila “en su lugar”.

    No todo es pelear, señor Moreno.

    La política necesita firmeza, claro que sí. Necesita oposición, debate, denuncia y políticos capaces de defender con energía aquello en lo que creen. Pero el Congreso de la Unión no puede convertirse en una sucursal de la Arena México. Para eso existen las tribunas, los debates, las investigaciones, las fiscalías y, cuando corresponde, los tribunales.

    Y no lo digo por defender a la 4T.

    Lo digo por su apellido.

    Moreno.

    Porque casualmente quien escribe estas líneas también lleva ese apellido dentro de su propia historia familiar y sé perfectamente que no todos los Moreno pensamos igual, ni necesitamos resolver nuestras diferencias a golpes.

    Respecto de Arturo Ávila y Luisa María Alcalde, también hemos visto cómo desde hace meses se publican versiones sobre una supuesta relación sentimental entre ambos. Hasta pareja los hicieron ya. Carlos Loret de Mola escribió sobre esa presunta relación desde abril. Pero aquí vuelvo exactamente al mismo principio: una cosa es lo que se publica, otra lo que puede demostrarse y otra muy diferente aquello que realmente tiene relevancia pública.

    Si son pareja o no, francamente pertenece a su vida privada mientras no exista alguna consecuencia comprobable sobre el ejercicio de sus responsabilidades. Lo que sí podemos evaluar es su desempeño público. A Luisa María Alcalde por sus decisiones políticas y partidistas, y a Arturo Ávila por su actuación como legislador. Lo demás corre el riesgo de convertirse simplemente en combustible para las redes sociales.

    Y quizá ahí está precisamente el problema que atraviesa todos estos acontecimientos.

    Nos estamos acostumbrando peligrosamente a una política donde primero se acusa y después, si acaso, se investiga; donde una publicación en redes sociales puede adquirir para millones de personas el mismo valor que una carpeta de investigación; donde una declaración política se convierte en sentencia y donde una información periodística es inmediatamente considerada verdadera o falsa dependiendo únicamente de quién la publicó y de qué lado político estamos nosotros.

    Eso no fortalece la democracia.

    Si Alejandro Moreno tiene pruebas de políticos relacionados con el narcotráfico, que las presente y que las autoridades investiguen hasta las últimas consecuencias. Si el Gobierno afirma que una información publicada por un periodista es falsa, que presente las pruebas que la desmienten. Si un periodista realiza una acusación, que tenga las fuentes y los elementos suficientes para sostenerla. Y si dos diputados tienen diferencias políticas, que las resuelvan con argumentos desde la tribuna y no a empujones en los pasillos.

    Porque México tiene problemas demasiado serios como para reducir la discusión nacional a hashtags, acusaciones sin expediente, rumores sentimentales y pleitos de guajolotes.

    La verdad no debería tener partido.

    Y las pruebas tampoco.

  • Cuando la justicia habla una lengua que no entiendes

    Cuando la justicia habla una lengua que no entiendes

    Imaginemos por un momento que estamos sentados frente a una jueza. Escuchamos que hablan de una acusación, de pruebas, de nuestra libertad y de nuestro futuro, pero no entendemos lo que dicen. Queremos explicar lo ocurrido, responder las preguntas y defendernos, pero nadie habla nuestra lengua. La audiencia continúa y las decisiones se toman. ¿Podríamos llamar justicia a un procedimiento en el que la persona no puede comprender lo que está sucediendo? En mi criterio como juzgadora,  no puede existir una defensa adecuada cuando primero no se garantiza que una persona pueda comprender un procedimiento legal.

    Por eso considero relevante el Convenio Marco de Colaboración “Por la Defensa y Promoción de los Derechos Electorales de los Pueblos y Comunidades Indígenas y Afromexicanas”, recientemente suscrito por instituciones como el Instituto Nacional Electoral, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el Órgano de Administración Judicial, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas y el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas.

    El convenio busca fortalecer el ejercicio de los derechos político electorales y contempla, la formación, evaluación y certificación de intérpretes y traductores. Pero su importancia va más allá de la materia electoral: nos recuerda que una persona no debería tener que renunciar a su lengua para poder ejercer sus derechos frente al Estado.

    En el ámbito penal, esto adquiere una dimensión todavía más delicada. Las palabras tienen consecuencias. Una pregunta que no se comprende puede afectar una declaración; una resolución que no se entiende difícilmente puede ser impugnada; y una persona que no puede comunicarse adecuadamente con su defensa se encuentra en una situación de evidente desventaja. Por eso, el artículo 2° de nuestra Constitución reconoce a las personas indígenas, el derecho a acceder plenamente a la jurisdicción del Estado y a ser asistidas por intérpretes y defensores que conozcan su lengua y su cultura. No es un privilegio ni una concesión: es una condición para que la igualdad procesal sea real.

    La Suprema Corte de Justicia de la Nación ha tenido que resolver casos que muestran las consecuencias que puede tener ignorar esta garantía. En el Amparo Directo 77/2012, la Primera Sala ordenó la inmediata libertad de una persona indígena que había sido sentenciada a 40 años de prisión, al advertir violaciones relacionadas con su defensa adecuada y la falta de un intérprete que conociera su lengua y cultura. En otro asunto, el Amparo Directo en Revisión 2434/2013, una persona indígena mazateca, había recibido una sentencia de 21 años de prisión por homicidio y la Corte determinó que debía reponerse el procedimiento, entre otras razones, porque no había contado con un intérprete que conociera su lengua y cultura. Son casos que deberían obligarnos a detenernos: detrás de un expediente hay una persona y detrás de una deficiencia procesal puede arruinarle la vida a una persona.

    Además, la Corte ha sido clara en que no basta con decir que la persona “habla español”. En el Amparo Directo en Revisión 4034/2013, la Primera Sala estableció que el derecho a contar con intérprete no puede condicionarse simplemente al grado de castellanización. Una persona puede comunicarse en español y, al mismo tiempo, no comprender el lenguaje jurídico, las consecuencias de una decisión o la complejidad de un proceso penal.

    Porque un intérprete no es simplemente alguien que cambia palabras de una lengua a otra. En un proceso penal, su función permite que exista una comunicación efectiva entre la persona, su defensa y la autoridad. Y esto es especialmente importante porque la Suprema Corte ha reconocido que el intérprete forma parte de la garantía de defensa adecuada y que recurrir a un intérprete práctico debe ser una medida de último recurso, después de agotar las posibilidades de contar con una persona intérprete profesional o certificada que conozca la lengua y la cultura correspondiente.

    El reto tampoco corresponde únicamente a los juzgadores, una persona indígena puede tener contacto con el Estado primero a través de una policía, una fiscalía, una defensoría pública o una autoridad administrativa. Por ello necesitamos instituciones preparadas para identificar estas necesidades desde el primer momento, intérpretes suficientes y profesionalizados, mecanismos para localizarlos oportunamente y servidores públicos capacitados para comprender que la perspectiva intercultural no significa favorecer a una persona, sino impedir que sus circunstancias culturales o lingüísticas se conviertan en una desventaja para ejercer sus derechos.

    México no habla una sola lengua. México tiene muchas voces y todas forman parte de este país. Cuando hablamos de derechos lingüísticos, no hablamos solamente de traducción: hablamos de igualdad, de defensa, de debido proceso y de dignidad; hablamos del derecho de una persona a contar su historia en la lengua que aprendió de sus padres y a defender su libertad sin que el idioma se convierta en un obstáculo frente al Estado.

    La justicia no debe pedirle a nadie que cambie su voz para ser escuchado. Debe aprender a escuchar todas las voces de México.

    Porque cuando una persona pueda entrar a un juzgado, hablar en la lengua de sus raíces y saber que el Estado hará todo lo necesario para comprenderla, no habremos cumplido simplemente con una formalidad procesal. Habremos dado un paso para que la justicia deje de ser una institución que habla desde arriba y se convierta en una institución que verdaderamente escucha al pueblo al que sirve.

  • El narcogobierno que sí tiene sentencia

    El narcogobierno que sí tiene sentencia

    Desde hace algunos años se ha vuelto recurrente escuchar en el debate público mexicano una palabra que, a fuerza de repetirse, pareciera explicar por sí misma buena parte de nuestros problemas políticos: narcogobierno. La expresión no nació con la elección presidencial de 2024, pero fue precisamente durante ese proceso cuando adquirió una dimensión distinta y comenzó a formar parte de una narrativa que primero habló de un narcopresidente, después de una narcocandidata, posteriormente de un narcopartido y, finalmente, de un narcogobierno que incluso habría terminado por convertir a México, según algunos de sus principales promotores, en un narcoEstado.

    El asunto no puede despacharse simplemente diciendo que se trata de una campaña de la oposición contra Morena, porque hacerlo sería quedarse corto. En México existen relaciones entre integrantes de la clase política y organizaciones criminales, las han existido durante gobiernos de distintos partidos, y contamos con investigaciones y procesos judiciales suficientes para advertirlo. El problema no es que esas relaciones se señalen: es que quienes hoy gritan más fuerte “narcogobierno” suelen ser, precisamente, quienes menos evidencia tienen detrás y más motivos para no recordar la que existe en su propia casa.

    Hace algunos meses comencé a estudiar este fenómeno con mayor detenimiento para un artículo académico y encontré algo que me parece revelador. Una cosa es afirmar que determinado funcionario mantiene o mantuvo una relación con alguna organización criminal y otra muy distinta convertir esa relación en parte de su identidad. En el primer caso estamos frente a una acusación concreta que, por grave que sea, tiene sujetos, circunstancias y hechos susceptibles de comprobarse o desmentirse; en el segundo, la relación desaparece y queda únicamente la identidad atribuida: ya no se dice que alguien presuntamente tuvo vínculos con el narcotráfico, sino que ese alguien es un narcopolítico, un narcogobernador o un narcopresidente. Lo que encontré, revisando decenas de casos, es que la inmensa mayoría de las veces en que se usa “narcogobierno” contra Morena, esa distancia entre la acusación y la prueba es enorme: se declara la identidad sin que exista, ni de lejos, el respaldo judicial que la sostenga.

    Compárese eso con lo que sí tenemos comprobado sobre el sexenio panista que más se ufana de perseguir al crimen organizado. Genaro García Luna, secretario de Seguridad Pública con Felipe Calderón, fue declarado culpable en 2023 por un jurado de Nueva York y sentenciado en 2024 a 38 años de prisión por recibir sobornos millonarios del Cártel de Sinaloa mientras encabezaba, desde el gobierno mexicano, la supuesta guerra contra el narco. No hablamos de un señalamiento en un mitin ni de una publicación en redes sociales: hablamos de una sentencia firme, dictada por una corte federal, con testigos, documentos y un veredicto unánime. Y sin embargo, es exactamente el bando que hoy más recurre a la etiqueta narcogobierno el que menos interés muestra en que se hable de esto.

    Ahí está la hipocresía que me parece necesario señalar sin medias tintas: no se trata de que todos usen la misma palabra con la misma ligereza, como si el fenómeno fuera simétrico y equivalente en ambos lados. Se trata de que quienes más presumen indignación ante un vínculo criminal apenas insinuado son quienes menos han rendido cuentas por el vínculo que sí se probó, en una corte, con nombre y sentencia. Por esa razón, la etiqueta narcogobierno funciona precisamente porque no exige ese contraste: reúne acontecimientos distintos bajo una misma explicación y evita que nadie tenga que comparar la solidez de sus propias acusaciones con la solidez de las que pesan sobre uno mismo.

    En fin, no se trata de desterrar una palabra del debate público, sino de exigir que quien la use la sostenga con la misma vara con la que juzga a los demás porque las relaciones entre política y crimen organizado son demasiado graves como para reducirlas a una consigna, y demasiado serias como para permitir que quien tiene una sentencia firme en su historial reciente, como en este caso Acción Nacional, sea paradójicamente, quien más cómodo se sienta señalando con el dedo.

    Luis Tovar
    Secretario General de la
    Fundación para la Defensa del Medio Ambiente. FUDEMA A.C.

  • 5a Mesa de Diálogo Metro-Megapolitana de Oriente

    5a Mesa de Diálogo Metro-Megapolitana de Oriente

    El martes 11 de agosto de 2026, asistí a la “5a Mesa de diálogo Metro-megapolitana del oriente del Valle de México y su entorno”. Un evento organizado por la alcaldesa de Iztapalapa Aleida Alavés Ruiz, en el que participaban una gran cantidad de alcaldes, presidentes municipales y diversas autoridades de varias localidades del oriente del país. Las sesiones se realizan año con año y tiene como objetivo congregar lugares que poseen ofertas turísticas a las cuales se puede tener acceso desde Iztapalapa, que es vista como un eje que conecta estas regiones del país. Participan estados como Morelos, Puebla, Estado de México, Tlaxcala, Hidalgo, Guerrero y Oaxaca; conformando una región que se une para impulsar el patrimonio cultural que cada estado o municipio posee. La visión de los participantes es interesante, dar a conocer cada región a través de invitaciones que destaquen la producción artesanal, gastronómica y cultural de cada lugar, pero con la visión de que cada persona  pueda tener la información de las rutas que le quedan cerca para conocer México a través de la riqueza histórica y cultural de sus pueblos.

    ¿Cómo se logra que los lugares puedan quedar a la mano de las personas cercanas? En esta sesión se concretó la aprobación de la publicación de un libro que contempla ese fin, titulado  Huerta de oriente, horizonte infinito, mismo que nos permite conocer, primero de forma digital, las rutas culturales, gastronómicas, artesanales y festivas que se ofrecen en cada región. La propuesta resulta interesante y en otra entrega de esta misma columna profundizaré en ese material que va a ser complementado con información que algunos de los participantes llevaron a la sesión.

    En la reunión destacó la presencia del Diputado Presidente de la Comisión de Desarrollo Metropolitano del Congreso de la Ciudad de México, Alberto Vanegas Arenas, quien de forma muy activa atiende su encomienda principal en tal comisión, realizando el impulso de la coordinación regional. Un evento interesante, aunque es necesario dar seguimiento a la publicación, difusión y promoción de la publicación anunciada, ya que representa un esfuerzo de diferentes regiones y estados para compartir de forma concreta las múltiples actividades con que cuentan aquellos pueblos que, al no estar en un punto “llamativo” o no formar parte de los llamados pueblos mágicos no tienen oportunidad de ser visitados.

    Esta mesa de diálogo me sirvió para saber que hay una gran cantidad de municipios que en cada zona del país es rica en tradiciones, ferias, producción agrícola y artesanal. Destacó el primer orador, el Presidente del Comisariado de Bienes Comunales de San Pablo Macuiltianguis, Oaxaca. Un pueblo maderero de la Sierra Juárez, que fue felicitado por el Presidente Andrés Manuel López Obrador por el uso sustentable que hacen de su bosque. Las actividades ecoturísticas del lugar permiten que los visitantes conozcan los detalles del corte, transporte y comercialización de su madera. Sin duda, uno de tantos lugares maravillosos que nuestro México nos brinda y tenemos que cuidar. Una iniciativa que promete tener alcances a mediano y largo plazo para distintos estados del oriente del país.

  • Los consejos ciudadanos

    Los consejos ciudadanos

    Separados de la cúpula y la militancia del partido, los Consejos Ciudadanos son parte esencial de cualquier gobierno que mantiene relación directa con la población desde el primer día de su mandato. Brigadas de defensa de lo votado, de blindaje a la ideología que defienden y representan y conciencia crítica de la actuación de los funcionarios que elevaron a cargos de decisión en el gobierno.

    La relación entre el funcionario y la gente que lo elige debe ir más allá de su tiempo de gestión y los Consejos ciudadanos son el puente establecido en la sociedad para acercar inquietudes, intereses y necesidades.

    El voto convierte al militante de un partido en líder definitivo de sus espacios, de sus gremios, de sus vecinos, v incluso que lejos de romperse debe estrecharse continuamente. Es responsabilidad de ellos, principalmente la formación de consejos ciudadanos en defensa del partido en el poder, o de la izquierda,
    Intensa e importante tarea la de los Consejos ciudadanos que en toda democracia debe haber, sobre todo en los gobiernos donde el pueblo debe tener no sólo más espacios sino influir, de manera determinante en las decisiones de gobierno, de tal manera que no sea sólo un acompañamiento inicial de las propuestas de los morenistas sino una permanente autocritica de sus declaraciones y disposiciones.

    El diputado federal Emiliano Álvarez congregó a más de 5 mil habitantes de Cuautepec en el EDEN Juventino Rosas de la alcaldía Gustavo A. Madero, donde expresó su apoyo a la presidenta Claudia Sheinbaum y reafirmó su compromiso con la defensa de la soberanía nacional y los derechos sociales. La concentración fue parte de la Asamblea en Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional, modelo que deberá repetirse en todo el país, como ha sucedido en otros países, impidiendo la penetración de la derecha.

    El golpe de Estado contra Salvador Allende encontró en estos consejos un difícil enemigo a vencer, a pesar de la desproporción de fuerzas. Así, en Brasil, Cuba, Nicaragua, Colombia, Bolivia. Rusia, los jóvenes son la parte más sólida de una democracia, cuyos miembros no tienen que estar afiliados forzosamente como militantes al partido en el poder, pero sí estar conscientes de la amenaza permanente de una derecha que no descansa para recuperar privilegios e imponer criterios medievales.

    Álvarez destacó que la defensa de los derechos conquistados no debe limitarse a las instituciones, sino mantenerse en las calles con un pueblo organizado y consciente de los avances logrados durante la Cuarta Transformación. El legislador reivindicó la continuidad del proyecto iniciado por Andrés Manuel López Obrador y actualmente encabezado por Claudia Sheinbaum.

    Detectar los objetivos inmediatos de la derecha apoyada en los medios, es una tarea de varias personas, como es el caso de la creciente embestida contra Andrés Manuel López Obrador, a quien tratan de desprestigiar a como dé lugar. Es el primer paso para que un golpe de estado pueda avanzar, a pesar del mutis que hace el ex presidente centrado en sus libros.

    Las disposiciones neofascistas en las leyes laborales de Argentina ni siquiera hubieran sido anunciadas si hubiera alrededor de las empresas un Consejo Ciudadano, consciente de que la lucha contra la explotación creciente es parmente, tarea no sólo de asalariados sino de jóvenes y pueblo.

  • Fracking sí o fracking no

    Fracking sí o fracking no

    México importa alrededor del 75 por ciento del gas natural que consume. Buena parte llega de Estados Unidos y proviene, paradójicamente, de yacimientos explotados mediante una técnica que durante años nuestro país decidió rechazar: el fracking. Esa contradicción explica por qué el anuncio del gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum abre una discusión mucho más compleja que decidir simplemente entre fracking sí o fracking no. La verdadera pregunta es otra: ¿qué riesgos estamos dispuestos a asumir para reducir nuestra dependencia energética?

    El pasado 6 de agosto, el gobierno presentó las primeras conclusiones del Comité de científicos y especialistas encargado de analizar la explotación de gas natural no convencional. La presidenta aceptó sus recomendaciones y aclaró algo fundamental: México todavía no ha autorizado una explotación comercial. Lo que comienza es una evaluación condicionada por criterios científicos, ambientales y técnicos.

    El primer candado resulta revelador. Antes de pensar en extraer gas, el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua deberá investigar si existen depósitos profundos de agua salada suficientemente aislados de los acuíferos de agua dulce. Si esa condición no puede cumplirse, la posibilidad deberá descartarse. El agua, no el gas, podría terminar decidiendo el futuro del fracking en México.

    La discusión existe porque la vulnerabilidad energética es real. La producción nacional cubre apenas alrededor de una cuarta parte del consumo de gas natural, mientras México tendría un potencial estimado de 141.5 billones de pies cúbicos de gas no convencional. Buena parte se concentra en las cuencas de Burgos y Sabinas-Burro-Picachos, en el noreste. El potencial puede ser enorme; convertirlo en reservas comercialmente aprovechables es otra historia.

    México tampoco parte de cero en materia regulatoria. La Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente, ASEA, cuenta con disposiciones sobre seguridad industrial, operativa y protección ambiental aplicables a estas actividades. CONAGUA publicó lineamientos para proteger las aguas nacionales en la exploración y extracción de hidrocarburos no convencionales, mientras la CNH regula los planes de exploración y desarrollo, incluidos los correspondientes a estos yacimientos. El problema es que se trata de un marco disperso que deberá complementarse si las nuevas condiciones sobre agua, reciclaje, sustancias químicas, monitoreo y sismicidad pretenden convertirse en obligaciones claras y verificables.

    Conviene recordar qué está en juego. El fracking consiste, de manera simplificada, en perforar formaciones rocosas e inyectar fluidos a presión para liberar petróleo o gas atrapado en ellas. Estados Unidos transformó su mercado energético mediante esta tecnología y Argentina convirtió a Vaca Muerta en uno de los principales desarrollos de hidrocarburos no convencionales fuera de Norteamérica. La experiencia internacional demuestra dos cosas al mismo tiempo: el fracking puede producir grandes cantidades de energía y sus impactos ambientales no desaparecen por ello.

    Ese matiz cambia la discusión. La pregunta ya no debería ser si el fracking es bueno o malo en abstracto, sino si puede reducir de manera significativa nuestra dependencia del gas estadounidense con un costo económico, ambiental y social aceptable. Para responderla no basta comprobar que existe gas bajo tierra. Hay que saber cuánto puede extraerse, cuánto costará, cuánto tiempo tomará y qué riesgos deberán asumir las regiones donde se encuentre.

    El fracking no solo pondría a prueba nuestra geología y nuestra disponibilidad de agua. Pondría a prueba nuestras instituciones.

    Ahí debería concentrarse la decisión. Si no existe agua salada suficientemente aislada, si las reservas no son comercialmente viables, si los riesgos resultan mayores que los beneficios o si las instituciones mexicanas no pueden garantizar una supervisión rigurosa, el proyecto no debería avanzar. Si esas condiciones pueden demostrarse, entonces tendría sentido evaluar proyectos piloto antes de pensar en una explotación de mayor escala.

    Durante años discutimos el fracking desde posiciones previamente definidas. México tiene ahora la oportunidad de invertir el proceso: primero establecer las condiciones y después tomar posición. Que decidan la evidencia, los límites y la capacidad de nuestras instituciones para hacerlos respetar.

    Quizá por eso la pregunta correcta ya no sea simplemente fracking sí o fracking no. La pregunta que México debe responder es mucho más exigente: ¿bajo qué condiciones estaríamos dispuestos a decir que sí y cuáles deberían obligarnos, sin excepciones, a decir que no?

    [email protected]
    X: @a_snpedro
    Instagram: aldospm
    Facebook: Aldo San Pedro

  • De Guerra Contra el Narco a la Construcción de Paz

    De Guerra Contra el Narco a la Construcción de Paz

    Parecieran lejanos aquellos tiempos en los que la situación de seguridad en México se enfrentaba desde la dicotomía de “buenos contra malos”, “héroes contra villanos”, “militares contra narcotraficantes” o “gobierno contra narcotraficantes”. Esto, desde luego, tomando únicamente como referencia la narrativa gubernamental y dejando de lado las alianzas y relaciones de complicidad que, en distintos momentos, existieron entre gobiernos anteriores y lideres del narcotráfico.

    Esos tiempos en los que se justificaban masacres, desapariciones de pueblos y el asesinato de civiles a manos del Estado bajo el eufemismo de “bajas colaterales” ya forman parte de nuestro pasado; de una historia que, por responsabilidad como pueblo, jamás debemos olvidar.

    La estrategia de seguridad y gobernabilidad ya no parte de una narrativa simplista y peligrosa, basada en una dicotomía que resulta insuficiente para comprender los complejos procesos sociales y geopolíticos que atraviesan nuestro país. El cambio en esta estrategia parte de una distinción fundamental adoptada por los gobiernos emanados de la Cuarta Transformación; ya no se busca una guerra interna ni reducir la seguridad al combate contra un enemigo, sino avanzar hacia la construcción de la paz y la atención de las causas que originan la violencia.

    Desde la llegada de López Obrador, comenzó el cambio; su política de concentrarse en las causas que originan la violencia representó una transformación profunda en la forma de enfrentar el problema. El diálogo, los programas sociales, la recuperación del poder adquisitivo del salario mínimo, las becas educativas, la creación de oportunidades laborales para las y los jóvenes mediante programas como Jóvenes Construyendo el Futuro, así como la recuperación de los territorios mediante las Mesas de Construcción de Paz, formaron parte de una visión distinta de la seguridad.

    Con la llegada de nuestra actual presidenta y con los ajustes propios de un gobierno entrante, la estrategia continuó, manteniendo como eje la atención de las causas que originan la violencia y la construcción de la paz, en conjunto con una estrategia de inteligencia y coordinación policial.

    Hoy, el Ejecutivo Federal lleva a cabo en todo el país una serie de programas y acciones cuyo objetivo es avanzar en la construcción de la paz. Entre ellos encontramos las Ferias de Paz, los Tianguis del Bienestar, las jornadas de prevención de adicciones, la recuperación de espacios públicos y las estrategias de desarme como ““Sí al Desarme, Sí a la Paz”.

    Hoy, las cifras “hablan por si solas”, el promedio diario de homicidios dolosos se redujo 51% entre septiembre de 2024 y julio de 2026, al pasar de 86.9 a 42.5 víctimas diarias. Julio de 2026 registró, además, el nivel más bajo de homicidios dolosos.

    Esto demuestra que una visión humanista, centrada en la atención de las causas y acompañada de inteligencia y coordinación institucional, no solo es compatible con una política efectiva de seguridad, sino que puede traducirse en resultados concretos.

  • ENTRE REFLECTORES, DENUNCIAS Y VERDADES A MEDIAS

    ENTRE REFLECTORES, DENUNCIAS Y VERDADES A MEDIAS

    El senador Alejandro “Alito” Moreno parece haber entendido perfectamente cómo funciona la política en estos tiempos: cuando siente que su nombre comienza a apagarse un poco, encuentra rápidamente la manera de volver a encenderlo. Una denuncia, un pleito, una declaración explosiva o cualquier asunto suficientemente llamativo sirve para regresar a los titulares. Hace apenas unos días lo vimos nuevamente visitando Estados Unidos, viaje que me imagino también aprovechará para comprarse algunos pares de esos zapatos que tanto le gusta usar, algunos trajes, corbatas y camisas. Y ya que Nueva York le queda relativamente de paso, seguramente debe tener por allá algún sastre que conoce perfectamente sus medidas, porque hay que reconocer que la ropa que utiliza se ve fina y el senador cuida bastante bien esos detalles.

    Pero dejando a un lado la ironía, resulta particularmente interesante la denuncia que Moreno decidió llevar al país vecino contra tres consejeros del Instituto Nacional Electoral: Arturo Castillo Loza, Rita Bell López Vences y Frida Denisse Gómez Puga. El senador solicitó que sus actuaciones sean examinadas en Estados Unidos bajo el marco de la Global Magnitsky Act, a raíz de la controversia generada por las medidas cautelares relacionadas con publicaciones suyas en las que calificaba a Morena como “narcopartido”.

    Aquí comienza lo verdaderamente curioso del asunto. El INE es un organismo constitucional autónomo mexicano y para revisar sus determinaciones México cuenta con instituciones y mecanismos jurisdiccionales propios, entre ellos el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Entonces resulta por lo menos extraño que una diferencia surgida dentro del sistema político y electoral mexicano termine trasladándose al Departamento de Estado de los Estados Unidos. Presentar una denuncia allá no significa automáticamente que exista una injerencia extranjera, por supuesto, pero sería interesante observar qué ocurriría si alguna autoridad estadounidense decidiera efectivamente intervenir o sancionar a funcionarios mexicanos por decisiones adoptadas en el ejercicio de sus atribuciones. Ahí sí comenzaríamos a entrar en una conversación bastante más delicada sobre soberanía e intervención extranjera.

    Para eso tenemos autoridades judiciales en México, para eso existe el Tribunal Electoral y para eso existe todo un sistema constitucional diseñado precisamente para resolver diferencias entre partidos, candidatos, ciudadanos y autoridades electorales. Si cada vez que una resolución no nos gusta buscamos que otro país intervenga, entonces algo estamos entendiendo mal sobre la autonomía de nuestras propias instituciones.

    Pero bueno, quizá Alejandro Moreno también ha comprendido algo que los influencers descubrieron hace bastante tiempo: hasta las malas noticias generan seguidores. Hoy una denuncia produce titulares, un enfrentamiento genera reproducciones y una frase escandalosa garantiza entrevistas. En la política moderna muchas veces importa tanto permanecer dentro de la conversación como el contenido mismo de esa conversación.

    Y hablando precisamente de noticias, acusaciones y verdades que todavía necesitan demostrarse, me llamó la atención una publicación de Azucena Uresti relacionada con Andrés Manuel López Beltrán y el enorme asunto del llamado huachicol fiscal. Durante los últimos meses han circulado testimonios, investigaciones periodísticas y señalamientos en los que aparece mencionado el hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador. Pero aquí debemos hacer una distinción fundamental: que una persona aparezca mencionada dentro de un testimonio, una declaración o una publicación periodística no significa que su responsabilidad penal haya quedado demostrada.

    Andrés López Beltrán ha rechazado públicamente acusaciones que pretenden relacionarlo con actividades criminales y ha pedido que quienes realizan esos señalamientos presenten pruebas. Y sinceramente, mientras no aparezcan esas pruebas, yo personalmente encuentro difícil imaginar que un político o el hijo de un expresidente decida involucrarse directamente en la operación de negocios ilícitos. Tendría que existir prácticamente una necesidad extraordinaria de adrenalina, porque alrededor del poder existen millones de oportunidades para hacer negocios completamente lícitos sin necesidad de convertirse en colaborador de una organización criminal.

    Ahora bien, que yo lo considere improbable tampoco demuestra que sea inocente. Esa es precisamente la diferencia que muchas veces estamos perdiendo. Mi opinión no es una sentencia absolutoria, de la misma manera que la acusación de un periodista, un testigo o un adversario político tampoco constituye una sentencia condenatoria. Para eso existen investigaciones, fiscalías, expedientes, pruebas, jueces y tribunales. Más adelante veremos qué resulta de todas estas investigaciones sobre el huachicol fiscal y hasta dónde llegan realmente las responsabilidades. Si existen pruebas contra quien sea, que se presenten; si existen delitos, que se persigan, sin importar apellido, partido político o posición dentro del gobierno.

    Y regresamos inevitablemente a Alejandro Moreno, quien nuevamente ha utilizado una expresión bastante dramática al señalar que nadie lo va a callar y que, si fuera necesario, está dispuesto incluso a pagar con su vida. Francamente, ya chole con ese tema. Aquí nadie debería querer callar a Alejandro Moreno ni a ningún otro político. Tampoco se trata de censurar periodistas, medios de comunicación, ciudadanos o adversarios del gobierno. Se trata de algo muchísimo más sencillo: no decir mentiras y, cuando se realizan acusaciones graves, poder demostrarlas.

    No confundamos censura con responsabilidad.

    La libertad de expresión es indispensable en una democracia y México necesita protegerla particularmente porque nuestro país sigue siendo peligroso para muchos periodistas. Necesitamos periodistas incómodos, investigadores, reporteros que cuestionen al gobierno y medios capaces de exhibir aquello que el poder preferiría mantener escondido. Pero precisamente por eso el periodismo serio debe diferenciar una investigación de un rumor, un testimonio de una prueba y una acusación de una sentencia.

    Porque hoy pareciera que basta colocar una fotografía, un encabezado espectacular y algunos signos de interrogación para convertir cualquier versión en noticia. Después vienen miles de reproducciones, comentarios, programas de televisión, mesas de análisis y publicaciones en redes sociales. Para cuando aparece una aclaración, la acusación original ya recorrió todo México.

    Y ahí es donde creo que también debemos defender a nuestra presidenta Claudia Sheinbaum. Defenderla no significa impedir que la critiquen ni convertir cualquier cuestionamiento al gobierno en un ataque contra México. Al contrario: la presidenta debe ser cuestionada, observada y sometida permanentemente al escrutinio público. Para eso existe una prensa libre. Pero una cosa es cuestionar sus decisiones y otra muy diferente inventarle hechos, atribuirle responsabilidades sin pruebas o convertir especulaciones en verdades simplemente porque generan audiencia.

    Demasiadas mentiras circulan diariamente como para continuar aceptando que la reputación de cualquier persona pueda destruirse mediante una acusación que después nadie tiene obligación de demostrar. Y digo cualquier persona porque esta regla no puede depender del partido político. Debe aplicarse exactamente igual para Claudia Sheinbaum, para Alejandro Moreno, para Andrés Manuel López Beltrán, para Morena, para el PRI, para el PAN y para cualquier ciudadano.

    Si existen documentos, que se publiquen. Si existen pruebas, que se presenten. Si existe corrupción, que se investigue. Si existen delitos, que los responsables enfrenten a la justicia. Y si únicamente existe una acusación, entonces llamémosla exactamente por lo que es: una acusación.

    Lo que no podemos hacer es convertir la mentira en modelo de negocio y después llamar censura a cualquier intento por exigir responsabilidad. Si el negocio de algunos medios, políticos o personajes públicos consiste en decir mentiras para obtener audiencia, votos, seguidores o relevancia, entonces sí, se les acabó el negocio y punto. Pero si lo que existe es una investigación periodística seria, documentada y sustentada con evidencia, entonces nadie debería intentar callarla, mucho menos desde el poder.

    La libertad de expresión no necesita mentiras para sobrevivir y la verdad tampoco necesita censura para defenderse. Lo que ambas necesitan es algo que últimamente parece escasear demasiado en la conversación pública mexicana: pruebas.

  • Grecia vinculada a la sospecha

    Grecia vinculada a la sospecha

    Mientras Grecia Quiroz no entregue el celular de Carlos Manzo es una sospechosa y debe ser detenida bajo interrogatorios de acuerdo con su calidad penal. No puede ser laxa la ley por estas evidencias y todavía darle la oportunidad de escuchar las declaraciones del R1, Ramón Ángel N Gracia tiene promesas claras de la derecha nacional y del vecino del norte, aquella petición de ayuda a Estados Unidos que hiciera su íntimo amigo Carlos Alejandro Bautista Tafolla para investigar el asesinato de Carlos Manzo, fue registrada y atendida, aunque no ejecutada por el gobierno de Estados Unidos.

    Sería una torpeza no hacer caso de un llamado de auxilio proveniente del país que quiere invadir y cuyo gobierno quiere colocar en la derecha.

    Trump sabe que perderá Chihuahua y necesita una entidad con estabilidad política para sus fines, pero el PAN le sirve como puente para financiar el “Movimiento del sombrero” para tratar de arrebatar Michoacán a Morena.

    Grecia Quiroz prefirió politizar el caso, es decir, colocar todo en el ámbito político y descuidar hasta la obviedad la situación legal. Prefirió la declaración política y en ella se cobijó como coartada para dejar de ser sospechosa. El dolor de la muerte de su ex pareja, pareciera incluso pasar a un tercer término, frente a la detención del R1, porque la visión de su futuro estaba sobre la pena de la usencia de quien dice será en todo momento el faro que conduzca su política.

    Ante esta fragilidad, añadió algo que para el caso considera distractor y para ella coartada. Necesita tiempo para las elecciones se acerque en el calendario pueda actuar de manera más definida no sólo respecto a su filiación sino a su financiamiento, en este contexto insiste en responsabilizar del homicidio al culpar al exgobernador Leonel Godoy, y al excandidato a la gubernatura Raúl Morón, ambos de Morena.

    El dinero que el PAN inyecta a la promoción mediática de Grecia Quiroz, viene del norte. A Estados Unidos le interesa Michoacán, el sueño de Trump sería un gobernador propio, los tres estados en posesión del PAN que competirán por renovar gubernatura, pueden perderse en las próximas elecciones. Aun si mantiene en su poder Chihuahua, Aguascalientes y Querétaro. el PAN quedará débil en esos tres lugares. Incluso con el Congreso en minoría.

    La mudanza de la ultraderecha sería hacia Michoacán, donde tratarían de recuperar fuerzas. Estados Unidos tendría en el puerto de Lázaro Cárdenas, uno de los principales puntos de huachicol, una puerta abierta para su invasión y todo lo que pudiera favorecer las intenciones del vecino.

    Lázaro Cárdenas se ubica de manera directa con San Diego, California, donde se concentra la mayor parte de la flota militar de Estados Unidos, son 2,785 kilómetros de distancia. Las invasiones por Veracruz son más tardadas, costosas y evidentes.

    Grecia Quiroz, espera una orden del exterior a través de su correo panista para definirse y saber en qué momento debe entregar el celular. Lo que no sabe es que sin el aparato en mano pueden conocerse los detalles de su contenido, basta la orden de un juez.