Decálogo por la democracia sin rojos y verdes

La vida política del país está que arde. Se vislumbra en el horizonte un debate duro acerca del Plan B de la reforma electoral que será propuesto por la presidenta a la Cámara de Diputados.

Continúan los lamentos de la politiquería; las máscaras caen. Dentro y fuera de la Cámara de Diputados sigue la narrativa en contra de una reforma que ni siquiera han leído: una horda de comentócratas salió como ratas hambrientas a defender a sus patrones de las televisoras y los pocos intereses políticos que aún les quedan.

Pero la situación relevante no es solo la de la oposición derrotada y los comentócratas —esos ya están expuestos y son capaces de cualquier cosa o calumnia—; la verdadera situación es la del bloque de Morena, PT y Verde, en donde los partidos aliados simplemente se niegan a dar su apoyo a la reforma de la presidenta. Dan señales contradictorias y se apegan al discurso de la oposición, argumentando un falso riesgo a la democracia. Se les olvida a estos traidores que no llegaron por mérito propio: llegaron en una alianza que busca crear un cambio verdadero. Sin embargo, tal parece que se les ha olvidado a estos mañosos y, cuando ven que sus presupuestos de partido van a ser disminuidos o que realmente tienen que enfrentar al pueblo para pedir el voto, simplemente intentan dar la media vuelta y no apoyar una reforma que será en beneficio de todos.

Arturo Ávila lo mencionaba en una mesa de debate: un voto en México cuesta aproximadamente 25 dólares; así como se escucha, casi 500 pesos mexicanos, mientras que en Francia no llega ni a 10 dólares, o en Estados Unidos, 15 dólares.

Pero aquí el presupuesto a partidos es, una vez más, el botín para los políticos; un tesoro que no puede ser mermado. Y, por supuesto, las candidaturas plurinominales, que son cotos de poder para los parásitos de los partidos.

Es muy frustrante ver a los líderes del PT y Verde hablando en los micrófonos con una actitud digna de cualquier prianista, y otros se atreven a mencionar a López Obrador, tratando de enmascarar su traición en una supuesta lucha por la democracia, nada más alejado de la realidad.

Las redes sociales se han encargado de exhibir a las y los diputados traidores que simplemente dieron la espalda a la transformación y defendieron los privilegios, siendo ruines y viles al intentar perpetuar su estadía en el poder público. Sin embargo, el compromiso de la presidenta es claro: buscar, mediante la nueva propuesta, un consenso necesario para hacer realidad una reforma necesaria y congruente.

Esperemos que los sátrapas del Verde y PT ahora sí se pongan la camiseta del pueblo y dejen de andar de bloqueadores, minando la fuerza del movimiento que se ha fortalecido por el pueblo, no por un grupúsculo de garrapatas políticas que se han emborrachado de poder y no ven más allá de sus narices.

Pronto se tendrán noticias y esperemos que sean buenas; de lo contrario, la embestida de las redes sociales y del pueblo será brutal contra esos traidores al pueblo.

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