El petróleo panista

Algunos miembros de la oposición y comentócratas que apoyaron durante la campaña de hace un par de años, con sus consideraciones sobre los energéticos, deberían calmar los ánimos de los mandatarios de los países en guerra y anunciarles algo que todavía no advierten: el petróleo quedó atrás.

Empezando por la excandidata del PRI, pasando por el senador prófugo de la justicia, Ricardo Anaya, y el entonces líder nacional del PAN, Marko Cortés, podrían detener la guerra si prestaran oídos a su visión de la realidad.

Lo peor es que hubo medios que daban crédito a esas palabras, que deberían, por lo menos, inhibir la vida pública de quienes emitían absurdos; sacrificaban su amor propio por el odio a un enemigo común, sin tener conciencia de la repercusión de sus palabras.

Los conservadores en general, y la derecha en particular, tienen características muy definidas: la primera, la ignorancia sobre cualquier tema que logran balbucear en público; otra de ellas es el odio que les impide saber por dónde empezar a conocer la realidad, en contra de todo lo que signifique cambio, porque el país estaba tan viciado que cualquier transformación, por mínima que fuera, afecta sus intereses, comodidad, privilegios, confort y supremacía.

Las declaraciones sobre los energéticos son una muestra de cómo se preparan —o dejan de prepararse— para una campaña política los conservadores. Sus elementos de saber están basados en mentiras, sobre todo producto de una educación privada que los condena a la ignorancia de por vida.

Basta recordar las opiniones sobre economía del sobrino de Ricardo Salinas Pliego, quien, según él, daban solución al pago de impuestos emitiendo más dinero, en una especie de juego de mesa aplicado a la economía mundial, que refleja la estulticia de la educación privada. El joven es egresado de la universidad de su tío, la Universidad de la Libertad; tiene el título de licenciado en Innovación y Negocios.

Seguramente debe tener una idea muy cercana a la de los panistas arriba mencionados sobre el tema de los energéticos.

Ignorancia y odio fueron los factores que determinaron una campaña política en la que algunos creyeron, mostrando una profunda ignorancia. Bastaba con que López Obrador hubiera construido una refinería y comprado otra en Texas para cuestionar la disposición; ahora son los elementos que impiden que la gasolina aumente de precio a causa del conflicto en Medio Oriente, causado, precisamente, por la guerra del petróleo.

En un debate donde no importa el conocimiento, sino la contradicción sistemática a lo que haga el gobierno, hubo, en realidad, quienes, a sabiendas de que el petróleo contiene un gran valor político, económico, militar y hasta cultural, apoyaban desde los medios a los analfabetas conservadores, cuyas premisas se basaban en la ignorancia y el odio.

Los comentaristas de noticias que daban vuelo a estas afirmaciones, sin reparar siquiera en lo que decían, deberían por lo menos sonrojarse, pero siguen, al igual que los políticos conservadores, tratando de engañar a la gente que cree en ellos.

El tema de los energéticos no es el único en el que han sembrado dudas, a sabiendas de que son mentiras.

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