La agencia migratoria presumió récord de detenciones en la frontera, mientras aumentan las denuncias por abusos y el uso de la fuerza contra migrantes.
El Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) informó que arrestó a 238 migrantes en un solo día en el Valle del Río Grande, al sur de Texas, la cifra más alta registrada en esa región fronteriza. El operativo, realizado en coordinación con otras agencias, fue presentado por la dependencia como un “hito” dentro de la estrategia de deportaciones impulsada por la administración de Donald Trump.
Aunque ICE aseguró que las acciones estuvieron dirigidas contra personas con antecedentes penales, organizaciones defensoras de los derechos de los migrantes denunciaron que los operativos también han afectado a personas sin historial delictivo. Entre los casos más polémicos destaca la detención de la monja nigeriana Letty Ugboaja, arrestada cuando se dirigía a una misa en McAllen y liberada al día siguiente, hecho que provocó cuestionamientos por el uso de los recursos migratorios.
La política de incrementar las detenciones responde a la presión de la Casa Blanca para cumplir con la promesa de Trump de ejecutar deportaciones masivas. Bajo esta lógica, el éxito de ICE se mide por el número de personas detenidas, con lo que prioriza las estadísticas sobre el respeto a los derechos humanos y el debido proceso.
La ofensiva migratoria también ha estado marcada por episodios de violencia. En los últimos días, tres migrantes, entre ellos un mexicano y un colombiano, murieron tras ser baleados por agentes de ICE en distintos operativos, alimentando las denuncias de un endurecimiento de las prácticas de la agencia. Una política migratoria que criminaliza a quienes buscan una mejor oportunidad de vida y convierte la persecución de migrantes en un objetivo político.

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