El tema que marcó la pauta en la reciente Feria Internacional del Libro en el Zócalo de la Ciudad de México fue, sin duda, la intromisión del cada vez más cuestionado gobierno de los Estados Unidos.
De manera coincidente en los distintos foros y conversatorios, se abordó la injerencia política del presidente Donald Trump y sus constantes amenazas contra los movimientos de izquierda. Esta presión ha impulsado el ascenso de la ultraderecha en recientes elecciones de América Latina, con el claro objetivo de afianzar alianzas serviles para apoderarse de las riquezas regionales mediante la extorsión, una práctica harto conocida de la mafia del poder.
En el ámbito interno, se señaló el sistemático abuso de las autoridades del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), traducido en la persecución implacable contra las comunidades latinas catalogadas como indocumentadas. A pesar de la evidente violencia, represión y racismo con que operan, estas acciones pretenden justificarse bajo el absurdo argumento de la “seguridad nacional”, como si la gente trabajadora se dedicara al espionaje que, paradójicamente, sí ejecutan las agencias estadounidenses.
Tema aparte, pero de suma relevancia, es la estrecha colusión norteamericana con el gobierno de Israel en la reciente invasión al territorio palestino, la escalada de guerra con Irán y el progresivo desgaste de su otrora incuestionable poderío armamentista. Todo esto, aunado al férreo control que ejercen sobre los medios de comunicación y las plataformas digitales para golpear y censurar a quienes se atreven a cuestionar sus decisiones.
El que alguna vez pretendió erigirse como el país de las libertades, la economía más avanzada y el referente del “primer mundo”, hoy se encuentra en terapia intensiva. EE. UU. busca desesperadamente salvar su economía a través de la invasión, la violencia y el despojo de los recursos de otras naciones, degradado a la condición de un gobierno corrupto e invasor.
Esperemos que la intromisión de la ultraderecha fascista no logre degradar la incipiente democracia en Brasil.
Hacemos comunicación al servicio de la Nación y si así no lo hiciéramos, que el chat nos lo demande.

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