Nuestro movimiento es el más fuerte del mundo por tres razones fundamentales: hay unidad interna, contamos con el respaldo del pueblo y porque tenemos a los dos mejores ejemplos: la presidenta Claudia Sheinbaum y Andrés Manuel López Obrador”; eso afirma Luisa María Alcalde y su declaración no sólo me parece un exceso retórico, sino que además exhibe uno de los principales problemas por los que atraviesa MORENA, es decir, la soberbia toda vez que, a mi parecer, confunde la innegable hegemonía electoral con la fortaleza política real. Alcalde, desde su presidencia parece asumir que el poder alcanzado en las urnas es permanente, incuestionable y, sobre todo, autosuficiente.
Es cierto, existe un respaldo popular amplio, pero conviene decirlo con honestidad, se trata de un apoyo dirigido principalmente a figuras concretas, pero no al partido como institución. Si partiéramos de la honestidad, tanto el liderazgo histórico de Andrés Manuel López Obrador como el respaldo actual a Claudia Sheinbaum explican mucho más el apoyo social que la vida interna del Movimiento Regeneración Nacional como partido. Por eso creo que confundir el liderazgo carismático y los resultados inobjetables en el ejercicio de gobierno con la solidez partidaria no es más que un error nacido de la autosuficiencia.
Por otra parte, hablar de una supuesta unidad interna en Morena es desconocer, incluso de negar deliberadamente una realidad pues ese partido (por más que se niegue) vive tensiones profundas entre grupos o corrientes, así como liderazgos locales que han desplazado a la militancia de base, en muchos casos, permitidos desde la dirigencia anterior. No se explica cómo Luisa Alcalde pretende negar que la lógica de facciones ha sustituido al debate político y al trabajo orgánico cuando está a la vista de todos. Por eso creo que la soberbia acompaña los dichos de la presidenta morenista y lo refleja con toda claridad pues su dirigencia quiere hacer ver que los destinos del movimiento poseen una cohesión consumada cuando en realidad el distanciamiento con las bases es cada vez más evidente. Probablemente el escuchar a las bases le haría bien al partido. Aquí cabe hacer un paréntesis obligado: Morena no es el movimiento, sino una expresión (la más fuerte sí) de éste, habría que recordar que el movimiento de transformación se construyó con pueblos, estudiantes, sindicatos, organizaciones sociales, colectivos y ciudadanos que no necesariamente militan en el partido y que hoy, en muchos casos, no son escuchados por la dirigencia en ninguno de sus niveles. Siendo así, otro error es creer que el partido, peor aún, su dirigencia, pueden hablar en nombre de todos sin abrir espacios de deliberación, lo que no es más que otro rasgo de esa soberbia política que termina por clausurar la crítica y el disenso y que a la postre daña cualquier movimiento.
La autocrítica debería comenzar a convertirse en un ejercicio partidista pues el viraje hacia el pragmatismo electoral profundiza todos los problemas, así que hay que señalar con claridad que, desde la etapa en que la dirigencia optó por repartir candidaturas sin filtros ideológicos (como ocurrió con perfiles ajenos o contradictorios al proyecto tipo Pedro Haces), se envió el mensaje de que los cargos importan más que el proyecto dejando de lado la construcción colectiva de sentido. Luego entonces, MORENA debería comprender que el ejercicio de gobierno no es un mérito partidista exclusivo, pues asumirlo así es vaciar de contenido político al movimiento y abandonar su razón de ser.
Ojalá la soberbia que hoy acompaña los dichos de Luisa María Alcalde no le impida ver las grietas evidentes; Morena no necesita proclamarse el más fuerte del mundo, todo lo contrario, necesita reconocerse vulnerable, escuchar, corregir y volver a las bases que le dieron origen pues ningún partido se debilita tanto como aquel que cree que ya no necesita mirarse críticamente.
- Luis Tovar
Secretario General de la Fundación para la Defensa del Medio Ambiente. FUDEMAH
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