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  • Fox, Calderón y Maru Campos: la fotografía de un proyecto agotado

    Fox, Calderón y Maru Campos: la fotografía de un proyecto agotado

    La reciente reunión entre Vicente Fox Quesada, Felipe Calderón Hinojosa y María Eugenia Campos Galván no fue simplemente un encuentro entre personajes del mismo espectro político. Fue la imagen de una forma de entender el país, una especie de reunión de viejas élites que durante décadas gobernaron México y cuyos resultados siguen pesando sobre millones de personas.

    Fox llegó al poder prometiendo un cambio histórico. Se presentó como la alternativa al viejo régimen y como el rostro de una nueva transición democrática. Sin embargo, su gobierno terminó profundizando muchas de las políticas económicas heredadas del neoliberalismo y dejando intactas estructuras de desigualdad que afectaban a millones de mexicanos.

    Después vino Calderón. Un sexenio marcado por la llamada guerra contra el narcotráfico, una estrategia que transformó radicalmente la vida pública mexicana. Dentro de su alianza comprobada con el cartel de Sinaloa, los homicidios se dispararon, regiones enteras quedaron atrapadas entre la violencia y el país entró en una espiral cuyas consecuencias siguen presentes hasta nuestros días.

    Y ahora aparece Maru Campos. Representante de una nueva generación panista que, sin embargo, parece mantener intactas muchas de las viejas lógicas políticas. Un gobierno estatal cuestionado por distintos temas de transparencia, por su relación con grupos de poder tradicionales y recientemente por las polémicas relacionadas con la presencia de agencias extranjeras en territorio mexicano.

    Por eso la fotografía importa. Porque no muestra únicamente a tres políticos. Muestra la continuidad de un proyecto político que durante años apostó por la privatización, la concentración económica, la subordinación de lo público a intereses privados y una visión donde el mercado debía resolver prácticamente todo.

    Es la imagen de un modelo que entendía el desarrollo como crecimiento para unos cuantos y que consideraba los programas sociales poco más que una molestia presupuestal.

    Desde la izquierda, la crítica no es personal. Es histórica. No se trata de cuestionar una reunión entre adversarios políticos; eso es parte natural de la democracia. Se trata de recordar qué representan esos liderazgos en el debate nacional.

    Representan una etapa donde el Estado fue reducido sistemáticamente en sus capacidades sociales.

    Representan gobiernos que apostaron por la tecnocracia mientras millones permanecían excluidos.

    Representan una visión donde la estabilidad económica era celebrada incluso cuando convivía con profundas desigualdades.

    Y representan, también, una clase política que durante mucho tiempo creyó que gobernar consistía en administrar el país desde arriba sin escuchar demasiado a quienes estaban abajo.

    Por supuesto, la izquierda no está exenta de errores ni de contradicciones. Ningún proyecto político serio puede afirmar lo contrario. Pero existe una diferencia fundamental.

    Mientras aquellos gobiernos colocaron en el centro las recetas del mercado, los proyectos progresistas han intentado colocar en el centro a las personas.

    Mientras unos hablaron de derrama económica, otros hablan de derechos.

    Mientras unos confiaron en que la riqueza eventualmente llegaría a todos, otros sostienen que la justicia social debe construirse deliberadamente.

    La fotografía entre Fox, Calderón y Maru Campos termina siendo, en realidad, una definición política. No es una imagen del futuro. Es una imagen de aquello que buena parte del país decidió dejar atrás.

    Y quizás por eso resulta tan simbólica: porque más que una reunión de liderazgos vigentes, parece el retrato de una época que se resiste a aceptar que México cambió.

    Redes sociales

  • Vivienda, simulaciones y educación

    Vivienda, simulaciones y educación

    Los jóvenes mexicanos ya no quieren tener hijos y eso es porque sus condiciones de vida son cada vez peores; la generación que hoy tiene entre 30 y 45 años más o menos ven muy difícil tener acceso a una vivienda propia porque los programas de vivienda que existen son solo para gente menor de 30 años. Siendo independientes y mayores de 30 años, están fuera del sistema, especialmente cuando se trate de trabajadores independientes.

    Es decir de gente que trabaja por su cuenta y no necesariamente en un emprendimiento o empleados por honorarios o alguna cosa así, sino gente que trabaja por su cuenta porque no quiere patrón que los explote o porque simplemente los patrones los han indexado y los tienen señalados porque no se dejan y no permiten abusos. 

    La 4T no hace nada por ellos; los mantiene marginados, por eso le llaman la Cuarta Simulación y parece que tienen razón. 

    La izquierda es socialista y revolucionaria, o no es izquierda. En México no hay razón para pensar o creer que el gobierno morenista sea de izquierda, más parece volver al neoliberalismo favoreciendo al capital y no al trabajo. Se presumen inversiones por aquí y por allá, pero los precios de casi todo se han incrementado muy por encima de la inflación declarada por El Banco de México y aunque la Presidenta haya pactado con los comerciantes, solo se contemplan algunos productos, los demás siguen en escalada alcista. Además la reforma de las 40 horas no produce 2 días de descanso y sí redujo el precio del tiempo extra: antes, desde la décima hora se pagaba al triple, ahora es desde la número 13, legitimando jornadas de 12 horas diarias. 

    En casos más graves, los “heróicos” (sic) trabajadores de la CFE, se ven obligados a no hacer reparaciones de líneas porque “no vienen en la orden” y si las hacen ¡ponen en riesgo su empleo!  Es inaceptable. 

    Hay caminos que el gobierno actual ha cerrado para cualquier negociación. Vuelven los tiempos de la represión y los oídos sordos o las respuestas vagas y sin sentido. Ahí está la CNTE en lucha, víctima de la represión y evidenciando el verdadero rostro de la SEGOB y de la SEP de Delgado. ¿Cuánta corrupción esconderá el Secretario? 

    Dice la radio que MORENA ha perdido intención del voto y es muy probable, pero la oposición ha perdido mucho más, especialmente con las visitas de las embajadoras de la ultraderecha fascista española. Esto indica que el abstencionismo en 2027 será mayor que nunca. Otra vez se ha perdido la credibilidad en el gobierno y la idea de que “todos son lo mismo” se generaliza. La Esperanza que encendió AMLO, la apaga el sexenio actual. 

    Sigo sin querer creer que Claudia Sheinbaum esté de acuerdo con todo esto, no quiero creerlo caray, pero cada acción parece dirigirme hacia allá. Lo único que parece serio es la defensa férrea a la Soberanía Nacional, que reside en el Pueblo, del que dimana todo poder público que se instituye para beneficio de Éste. Ojalá que no acabe comprobando que también es simulación.

  • La Guerra Fría Mexicana

    La Guerra Fría Mexicana

    México vive una especie de guerra fría política. No hay tanques recorriendo las calles ni misiles apuntando hacia el horizonte, pero sí existe una confrontación permanente entre narrativas, ideologías, medios de comunicación, grupos de interés y actores políticos que parecen haber convertido la discusión pública en una batalla sin tregua.

    Hoy cualquiera puede convertirse en analista político. Las redes sociales están llenas de expertos, comentaristas, influencers y comunicadores que diariamente construyen argumentos para demostrar que el país vive la peor crisis de su historia. El problema no es la crítica. La crítica es necesaria en cualquier democracia. El problema surge cuando la crítica se convierte en una industria y el fracaso nacional se vuelve un negocio rentable.

    Conversando con un amigo hace algunos días, me decía algo que llamó mi atención. “Cuando platico con algunas personas parece que el actual gobierno acabó con sus vidas”. Escuchas que México está destruido, que el narcotráfico controla todo, que vivimos bajo un narcogobierno, que la corrupción está fuera de control, que la gente ya no quiere trabajar porque recibe apoyos sociales y que el país se encuentra al borde del colapso.

    Después aparecen los videos, los expedientes, los análisis políticos y las investigaciones que circulan diariamente en plataformas digitales. Todo parece perfectamente documentado y sustentado. Sin embargo, pocas veces se escucha la pregunta más importante: ¿de dónde venimos como país?

    Porque para entender el presente es necesario recordar el pasado.

    Quienes vivimos los años más violentos de la llamada guerra contra el narcotráfico recordamos perfectamente lo que ocurría en las calles mexicanas. Durante el sexenio de Felipe Calderón muchas ciudades parecían vivir bajo un toque de queda no declarado. Familias enteras evitaban salir por las noches. Los secuestros, las extorsiones y los enfrentamientos armados eran parte de las conversaciones cotidianas.

    Las imágenes de cuerpos abandonados en avenidas, personas decapitadas, restos humanos encontrados en espacios públicos y convoyes armados circulando con absoluta impunidad quedaron grabadas en la memoria colectiva de millones de mexicanos. Hubo una generación completa que creció viendo escenas que nunca debieron normalizarse. Muchos se hicieron más fuertes. Otros quedaron profundamente marcados por aquellas imágenes que aparecían diariamente en periódicos y noticieros.

    Yo mismo recuerdo recibir una llamada de mi madre completamente alterada diciéndome: “Hijo, ven por mí, acaban de matar a un niño frente a mí”. Son recuerdos imposibles de borrar y que hacen difícil aceptar que algunos hablen como si la violencia hubiera nacido apenas hace unos años.

    Y si retrocedemos aún más, tampoco podemos olvidar la crisis económica de 1994. Miles de familias perdieron sus viviendas, negocios y ahorros. Padres de familia vieron desaparecer el patrimonio construido durante décadas. Algunos jamás lograron recuperarse económicamente. Otros quedaron atrapados en deudas que marcaron el resto de sus vidas.

    Por eso resulta sorprendente observar cómo ciertos sectores políticos parecen sufrir de amnesia selectiva.

    Porque sí, México enfrenta problemas graves. Sería absurdo negarlo. Existen regiones donde la delincuencia continúa siendo una amenaza. Persisten prácticas de corrupción. Hay instituciones que requieren fortalecerse. Existen desafíos enormes en materia de seguridad, salud, educación e impartición de justicia.

    Pero también es cierto que México no es el único país donde políticos han sido señalados por presuntos vínculos con organizaciones criminales. A lo largo de la historia moderna han existido funcionarios de distintos partidos acusados de permitir la operación de grupos delictivos, de utilizar estructuras criminales para fines electorales o de construir redes de protección política. Los expedientes judiciales, las investigaciones periodísticas y los procesos legales abiertos tanto en México como en el extranjero han demostrado que el problema no pertenece a una sola fuerza política ni a una sola época. Es un fenómeno complejo que se ha desarrollado durante décadas y que exige instituciones más fuertes, no solamente discursos más agresivos.

    Lo preocupante es cuando algunos actores parecen apostar al fracaso nacional como estrategia política.

    Porque existe una diferencia enorme entre señalar errores para corregirlos y desear que el país fracase para obtener beneficios electorales.

    A veces pareciera que ciertos grupos políticos, económicos y mediáticos necesitan que México esté mal para justificar su propia existencia. Como si la tragedia nacional fuera la única plataforma desde la cual pudieran construir una narrativa de rescate.

    De pronto aparecen empresarios que aseguran tener todas las respuestas para salvar al país. Líderes de opinión que prometen soluciones inmediatas. Políticos que se presentan como los únicos capaces de corregir el rumbo nacional. Pero la realidad es mucho más sencilla.

    México no necesita salvadores.

    México necesita servidores públicos eficientes.

    Necesita mejores escuelas.

    Necesita mejores hospitales.

    Necesita universidades modernas.

    Necesita carreteras seguras.

    Necesita oportunidades para quienes menos tienen.

    Necesita que los recursos públicos lleguen a donde verdaderamente se necesitan.

    Necesita que el estudiante sea la prioridad del sistema educativo.

    Que el paciente sea la prioridad del sistema de salud.

    Que el contribuyente sea respetado.

    Que el ciudadano reciba atención digna sin importar su condición económica.

    Ese debería ser el verdadero debate nacional.

    No quién gana la próxima elección.

    No quién obtiene más seguidores en redes sociales.

    No quién produce el video más viral.

    La discusión debería centrarse en cómo construir un país donde cada generación viva mejor que la anterior.

    Y en medio de esta confrontación permanente hemos llegado a un punto donde incluso los espacios que antes servían para unir a los mexicanos se han convertido en motivo de disputa política.

    Hoy vemos a los mismos mexicanos que diariamente hablan de patriotismo, identidad nacional y amor por el país, cuestionar y hasta promover el boicot de la Copa Mundial de Fútbol de 2026, un evento que debería traer alegría, inspiración y motivación a millones de niños y jóvenes.

    Recuerdo perfectamente la emoción que se vivía cuando se acercaba un Mundial. Las calles se llenaban de balones. Los parques se convertían en estadios improvisados. Miles de niños soñaban con representar algún día a México. Las familias se reunían frente a la televisión y durante noventa minutos desaparecían las diferencias políticas, económicas y sociales.

    Aquellos eventos despertaban disciplina, compañerismo, trabajo en equipo y esperanza.

    Por eso resulta difícil entender que hoy algunos sectores parezcan más interesados en encontrar razones para desacreditar un acontecimiento internacional que en aprovechar la oportunidad para fortalecer el turismo, la economía y, sobre todo, la ilusión de las nuevas generaciones.

    El Mundial no pertenece a un partido político.

    No pertenece a un gobierno.

    No pertenece a una ideología.

    Pertenece a los niños que sueñan con jugar fútbol.

    Pertenece a los jóvenes que encuentran en el deporte una alternativa de vida.

    Pertenece a las familias mexicanas que merecen momentos de alegría y orgullo nacional.

    Porque cuando una sociedad pierde la capacidad de celebrar sus propios logros y convertir sus éxitos en motivos de unidad, corre el riesgo de quedarse atrapada en una confrontación permanente donde todo es motivo de enojo, de crítica y de división.

    Hace poco alguien me preguntó si yo apoyaba a Morena. Mi respuesta fue simple. No se trata de apoyar partidos políticos.

    Se trata de reconocer cuando existen avances y señalar cuando existen errores.

    Considero que la presidenta Claudia Sheinbaum está realizando un trabajo importante y que el proyecto de nación impulsado por el expresidente Andrés Manuel López Obrador transformó aspectos fundamentales de la vida pública mexicana. Eso no significa que todo esté resuelto ni que no existan problemas pendientes.

    Ningún gobierno posee una varita mágica.

    Ningún presidente puede corregir en unos cuantos años problemas acumulados durante generaciones.

    Lo que sí podemos hacer como sociedad es abandonar la guerra permanente de narrativas y concentrarnos en aquello que verdaderamente importa.

    Porque mientras unos pelean por el poder y otros por el micrófono, millones de mexicanos simplemente siguen esperando mejores oportunidades para vivir, estudiar, trabajar y salir adelante.

    Y al final del día, ese es el México que la mayoría queremos construir: un país donde las diferencias políticas no sean más grandes que nuestro deseo de vivir mejor, donde la crítica sirva para mejorar y no para destruir, y donde el bienestar de las personas esté siempre por encima de cualquier interés partidista.

    Ese debería ser el verdadero proyecto de nación.

  • Maru es la buena

    Maru es la buena

    El Congreso local de Chihuahua se echó para atrás a la hora de ratificar el acuerdo de juicio político contra la gobernadora panista Maru Campos. No reiteraron su petición a tiempo, y ahora el recurso de desafuero está en mano de la Fiscalía General de la República, que podría solicitarlo; sin embargo, no siempre lo justo, es lo adecuado en política y la visión desde ahora, del partido en el poder, debe considerar que una contrincante como Maru Campos para la presidencia de la República, podría vencerla cualquiera.

    Sería una especie de deja vú de la política nacional, con una continuidad de una comedia en dos actos, teniendo como antecedente la participación política de Xóchitl Gálvez.

    La solicitud de juicio político contra la Gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, quedó sin efecto porque los promoventes no ratificaron en el plazo establecido, informó la presidenta de la Cámara de Diputados, Kenia López Rabadán, quien explicó que los solicitantes tenían tres días y no lo hicieron.
    Dejarla viva hasta 2030, garantizaría, con su postulación, un triunfo electoral de Morena aplastante, con lo cual garantizaría no sólo la Presidencia de la República sino la mayoría absoluta. La torpeza de la gobernadora mostrada en los medios, sería mayor con la presión de una campaña política que haría añicos su propia imagen. Pero como para la visión de la Casa Blanca, sería la ideal, los panistas las estarán protegiendo.

    El hecho de que los dos expresidentes panistas hayan acudido a estos actos de apoyo a la gobernadora de Chihuahua, no sólo mancha aún más su imagen sino que muestra el desconocimiento de su lugar en el espacio político ante la población. Si ni siquiera dentro del panismo tienen simpatías Fox y Calderón debieron imaginar que sus figuras no atraen votos ni atención de la población, podrían ser héroes, pero sólo lo son para los panistas y no para todos ellos.

    México le debe a Maru Campos haber descubierto el nivel de injerencia de Estados Unidos. Es decir, mostró en qué parte del proceso del golpe de Estado se encontraba su asonada, planeada desde la llegada de Morena al poder.

    La torpeza de los espías, nada tuvo que ver con la audacia y agilidad mental mostrada en películas, no descubrieron la intención sino la ubicación de la estrategia de la injerencia. Estados Unidos no choca con la Presidenta sino con su política energética, que desde el sexenio pasado coloca diques de contención a las ambiciones de Trump.

    La negativa de los partidos de oposición para crear una alianza electoral, le permite a Estados Unidos colocar sus piezas en cada uno de los tres partidos donde tiene injerencia: Samuel García por Movimiento Ciudadano y Alejandro Moreno por el PRI, y desde luego, Maru Campos, su consentida, por el PAN. Todos ellos más cercanos a Estados Unidos que a México. No fue una decisión difícil los elementos estaban a la vista, en el aparador de la traición a la patria.

    A Morena le interesa más que al PAN proteger a Maru Campos para que llegue con bien ala la contienda electoral y pueda ocupar el lugar de Xóchitl Gálvez. Y otra vez tendremos mucha diversión y poca, muy poca política o lo que el PAN entiende por campaña electoral.

  • Festival del Libro y Arte Inclusivo 2026

    Festival del Libro y Arte Inclusivo 2026

    Del 25 al 29 de mayo se dieron cita en el Instituto Campechano (IC) la comunidad académica y estudiantil para compartir momentos llenos de cultura y arte. En el claustro del instituto disfrutamos de la exposición de artesanas y artesanos campechanos, además de contemplar los murales fotográficos en honor a los deportistas paralímpicos. Este espacio fue también el lugar perfecto para gozar de exposiciones, de obras de teatro, presentaciones de libros y talleres.

    El Instituto Rojo A.C., estuvo presente participando activamente. Nos dimos a la tarea de impulsar la literatura con la entrega gratuita de libros y de estimular el gusto por la enseñanza y el aprendizaje de las matemáticas, además de difundir la extraordinaria labor que se realiza ya desde hace cuatro años en el Club de Matemáticas de la Biblioteca Pública Central “Lic. Francisco Sosa Escalante”, bajo la dirección y el liderazgo de la Dra. Norma Elena Lladó Zetina. El Instituto Rojo A.C., además contó con un stand que junto a las librerías y editoriales de otras instituciones de prestigio puso a disposición literatura matemática.

    Presenté el libro “Feria Matemática de Campeche. Una iniciativa cultural e inclusiva” en la Biblioteca “Manuel A. Lanz”, a la que asistieron autoridades de la SEP y de la Escuela Normal Superior “Prof. Salomón Barrancos Aguilar”, así como alumnos y alumnas del cuarto semestre de la licenciatura en Enseñanza y Aprendizaje de las Matemáticas, con un interés genuino para estrechar lazos de colaboración a favor de las matemáticas vistas como un tema cultural e inclusivo. Quedé sorprendido, todos los espacios del instituto estaban plegados de actividades, talleres de escritura, de lectura, de sensibilización y visualización de la inclusión, poesía, historia, etc. En el “Jardín Vasconcelos” se apreciaban los Rallys y Kermes literarios, así como performance para concientizar sobre el arte y la inclusión.

    Este festival se realiza en un momento crucial. En el contexto mundial se discute el papel del ser humano frente al avance de la Inteligencia Artificial (IA) y qué mejor manera de abordar esta problemática actual con dos conceptos poderosos como el de arte e inclusión, qué acto más humano puede ser que el de tener un libro sobre las manos y leer su poesía, qué acto más humano puede ser que el de ver el compás y la simetría de danzantes con la música, o el de contemplar el arte resultado de las manos de hombres y mujeres artesanas, o el de ver el arrebol del atardecer a través de la puerta principal del IC, o de la libertad que se respira en su jardín, o la belleza en los mosaicos de sus patios principales, qué acto más humano puede ser que el de la solidaridad y la colaboración de todas y todos los que hicieron posible este magno evento. Enhorabuena por el Instituto Campechano y por el liderazgo y visión de sus autoridades, que vengan muchos más festivales que nos recuerden lo hermoso y bello que es que seamos seres humanos.

  • Entre discursos, memoria y resultados

    Entre discursos, memoria y resultados

    Este fin de semana estuvo cargado de mítines, posicionamientos políticos y declaraciones que reflejan el clima que comienza a sentirse rumbo a los próximos procesos electorales en México. La llamada pequeña oposición salió nuevamente a escena buscando reflectores, organizando un evento de respaldo a la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, donde el Partido Acción Nacional reunió a dos figuras que marcaron una etapa importante de la historia política reciente del país: los expresidentes Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa.

    Ambos subieron al escenario para expresar su respaldo político, aunque para muchos mexicanos su presencia inevitablemente abre la puerta a la memoria histórica y al balance de los años en los que gobernaron México.

    Vicente Fox llegó al poder en el año 2000 impulsado por una enorme expectativa ciudadana. Después de más de siete décadas de gobiernos priistas, millones de mexicanos depositaron su confianza en aquel candidato que prometía el famoso “cambio”. Aquella palabra se convirtió prácticamente en un lema nacional. La ciudadanía quería un nuevo rumbo después de años de desgaste institucional y después de una de las crisis económicas más severas que vivió el país durante el sexenio de Ernesto Zedillo.

    Y hay que reconocerlo: Fox logró convencer al electorado y consiguió una victoria histórica. Sin embargo, con el paso de los años, muchos ciudadanos terminaron cuestionando si aquel cambio realmente llegó. Su administración estuvo marcada por constantes confrontaciones políticas, por acusaciones de corrupción alrededor de personajes cercanos a su círculo familiar y por problemas estructurales que permanecieron prácticamente intactos. El país cambió de partido en el poder, pero para una parte importante de la población los resultados no representaron la transformación prometida.

    Posteriormente llegó Felipe Calderón. Y es precisamente durante su gobierno cuando se abre uno de los capítulos más polémicos y dolorosos de la historia contemporánea de México.

    La llamada guerra contra el narcotráfico transformó completamente el panorama nacional. Las imágenes de enfrentamientos armados, ejecuciones, retenes militares, desapariciones y balaceras comenzaron a convertirse en parte del día a día de millones de mexicanos. Diversos especialistas, organismos internacionales y analistas han debatido durante años los efectos de aquella estrategia de seguridad. Mientras algunos sostienen que era necesario enfrentar frontalmente a las organizaciones criminales, otros argumentan que la militarización detonó una escalada de violencia sin precedentes.

    Lo cierto es que México vivió años de enorme tensión social y de un incremento considerable en los índices de violencia.

    Una generación completa de mexicanos creció viendo escenas que antes parecían impensables. Las portadas de los periódicos, los noticieros de televisión y posteriormente las redes sociales comenzaron a llenarse de imágenes de ejecuciones, fosas clandestinas, enfrentamientos armados y actos de extrema violencia que impactaron profundamente a la sociedad. Durante aquellos años se normalizaron noticias sobre cuerpos abandonados en carreteras, personas desaparecidas, comunidades enteras desplazadas por la inseguridad y hechos que marcaron psicológicamente a millones de ciudadanos.

    Muchos mexicanos se hicieron más fuertes ante la adversidad y aprendieron a vivir con una realidad que parecía no tener fin. Otros quedaron profundamente marcados por el miedo, la incertidumbre y el trauma colectivo que dejó aquella época. El país desarrolló una especie de resistencia social frente a la violencia, pero esa fortaleza tuvo un costo humano enorme que aún hoy sigue siendo objeto de análisis y reflexión.

    Las cicatrices de aquellos años continúan presentes en muchas regiones del país. Familias enteras siguen buscando a seres queridos desaparecidos, comunidades recuerdan episodios de violencia que cambiaron para siempre su forma de vivir y una parte importante de la población todavía identifica ese periodo como uno de los momentos más difíciles de la historia reciente de México.

    También quedaron para la memoria pública proyectos que simbolizaron el gasto gubernamental de aquella época. Uno de los más recordados es la llamada Estela de Luz, un monumento cuya construcción terminó costando cientos de millones de pesos y que fue señalado durante años como ejemplo de sobrecostos y mala planeación administrativa.

    Recuerdo perfectamente haber visitado la Ciudad de México y observar aquella estructura. La reflexión era inevitable: ¿cuántas escuelas podrían haberse construido con esos recursos?, ¿cuántas camas hospitalarias adicionales habrían podido atender a pacientes?, ¿cuántas clínicas rurales habrían encontrado financiamiento?

    Pero la historia no se construye solamente mirando hacia atrás.

    México vive hoy otra etapa política, con un proyecto completamente distinto que cuenta con el respaldo de millones de ciudadanos y que tiene como principal figura a la presidenta de la República, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo.

    Y este domingo quedó demostrado.

    Mientras la oposición intentaba mostrar músculo político recurriendo a figuras del pasado, la presidenta reunió a miles de personas en el Monumento a la Revolución para presentar un informe de resultados que por momentos parecía una auditoría pública de su administración. Entre banderas, consignas y muestras de apoyo, Sheinbaum hizo un recuento de los avances que considera fundamentales para la consolidación de la llamada Cuarta Transformación.

    Ante la multitud destacó la continuidad de los Programas para el Bienestar, que benefician a decenas de millones de mexicanos; habló de la expansión de la infraestructura carretera, ferroviaria y energética; de la construcción y rehabilitación de hospitales; del fortalecimiento de los programas educativos; de las inversiones destinadas a salud pública; del crecimiento de proyectos estratégicos como los trenes de pasajeros y de la consolidación de un modelo de desarrollo que busca reducir las desigualdades sociales.

    No está de más decirlo porque es algo que personalmente me llena de orgullo y lo seguiré mencionando cuantas veces sea necesario. La construcción de un sistema de cobertura universal de salud para todos los mexicanos mediante el IMSS Bienestar representa uno de los proyectos más ambiciosos que ha tenido nuestro país en décadas. Si logra consolidarse plenamente, millones de personas que durante años enfrentaron barreras económicas para recibir atención médica tendrán acceso a servicios de salud sin importar su condición económica.

    Los avances en mantenimiento carretero, la construcción de nueva infraestructura hospitalaria, los programas sociales, los apoyos al campo, los programas educativos y las inversiones estratégicas fueron parte central de un discurso que buscó demostrar que el gobierno federal no solamente administra, sino que pretende transformar.

    Y aquí es donde aparece una diferencia importante en la narrativa política actual.

    Mientras algunos siguen apostando por recordar constantemente los errores del adversario, la presidenta decidió centrar buena parte de su mensaje en los resultados que asegura haber alcanzado y en los proyectos que aún faltan por concluir.

    Porque como decía el expresidente Andrés Manuel López Obrador, es el pueblo quien decide.

    También resultó significativa la presencia y el respaldo de los gobernadores emanados de Morena en prácticamente todo el país. Más allá de las diferencias naturales que puedan existir dentro de cualquier movimiento político, el mensaje fue claro: existe una voluntad de mantener una agenda común en torno al proyecto encabezado por la presidenta.

    En particular llamó la atención la participación del gobernador de Chiapas, Eduardo Ramírez Aguilar, quien pronunció un discurso firme en defensa de la soberanía nacional. Sus palabras resonaron entre los asistentes cuando señaló que México pertenece a los mexicanos y que ninguna presión externa debe definir el rumbo del país.

    Por otro lado, mientras se desarrollaban estos eventos políticos, también circularon declaraciones de personajes del sector empresarial y mediático que plantean reducir drásticamente el tamaño del gobierno, despedir miles de servidores públicos, disminuir impuestos y adelgazar el aparato estatal como fórmula para resolver los problemas económicos del país.

    Suena bien en un discurso.

    Suena atractivo en una entrevista.

    Pero gobernar una nación de más de 130 millones de habitantes es mucho más complejo que administrar una empresa privada.

    Si la solución fuera tan sencilla, probablemente cualquier gobierno del mundo la habría implementado hace décadas. Sin embargo, los propios especialistas en economía advierten que una reducción abrupta del gasto público sin una estrategia integral podría generar consecuencias importantes en servicios esenciales, infraestructura, salud, educación y programas sociales.

    Porque recortar es fácil.

    Lo difícil es garantizar que la población siga recibiendo los servicios que necesita.

    México enfrenta desafíos enormes. La inseguridad sigue siendo una preocupación legítima para millones de ciudadanos. Existen rezagos históricos en diversas regiones del país. Persisten problemas económicos y sociales que requieren atención inmediata.

    Pero también es cierto que existen avances que merecen ser reconocidos y discutidos con objetividad.

    La crítica es necesaria en cualquier democracia.

    La oposición también.

    Pero la memoria histórica igualmente es indispensable.

    Por eso resulta interesante observar cómo algunos actores políticos regresan al escenario para hablar del futuro cuando inevitablemente representan capítulos del pasado que los mexicanos aún recuerdan.

    Al final de cuentas serán los ciudadanos quienes evalúen resultados, comparen gobiernos, revisen cifras, analicen propuestas y decidan qué rumbo quieren para el país.

    Porque las campañas pasarán.

    Los discursos también.

    Los políticos irán y vendrán.

    Pero México seguirá aquí.

    Un país extraordinario, lleno de gente trabajadora, empresarios que arriesgan su patrimonio, campesinos que producen alimentos, médicos que salvan vidas, maestros que forman generaciones y familias que todos los días luchan por salir adelante.

    Y como siempre ha ocurrido en los momentos importantes de nuestra historia, será el pueblo de México quien tenga la última palabra.

  • El ocaso del imperio y el amanecer del Sur: México en el eje del cambio

    El ocaso del imperio y el amanecer del Sur: México en el eje del cambio

    El sistema colonial occidental no colapsará de un día para otro, sino que se desangra lentamente en sus capitales financieras: Nueva York y la City de Londres. Lo que los economistas llaman recesión, contracción o ajuste fiscal es, en términos históricos, algo mucho más profundo: el momento en que el parásito descubre que el huésped ya no quiere alimentarlo. Durante trescientos años, el orden global fue una arquitectura de extracción sistemática.

    El petróleo del medio oriente, los minerales latinoamericanos, la mano de obra barata asiática y la deuda perpetua del Sur Global fueron los pilares invisibles sobre los que se construyó la prosperidad occidental. No fue desarrollo; fue rapiña institucionalizada con tratados firmados de por medio.

    La tesis que circula con creciente fuerza en los círculos de análisis geopolítico —y que merece ser tomada en serio, no como conspiración sino como lectura histórica— plantea que ese pacto colonial se ha roto de manera irreversible. Los síntomas son evidentes para quien quiera verlos sin los filtros de los medios hegemónicos: el rechazo progresivo al petrodólar como moneda de intercambio global, la expansión de los BRICS como bloque de contrapeso real, la expulsión de tropas francesas de Mali, Burkina Faso y Níger, la nacionalización de recursos estratégicos en países que antes eran patio trasero de Washington o Londres. El Sur Global no está pidiendo permiso para existir. Está construyendo su propio orden.

    Lo que resulta históricamente irónico —y políticamente revelador— es lo que ocurre dentro de las propias metrópolis imperiales. Las herramientas de control que Occidente perfeccionó en sus colonias —deuda impagable, vigilancia masiva, escasez manufacturada, precariedad laboral estructural— se aplican ahora sobre sus propias poblaciones. El ciudadano de clase media en Chicago o Manchester vive hoy una versión suavizada de lo que vivió el campesino congoleño o el obrero boliviano bajo el modelo extractivo: endeudado, vigilado, prescindible. Las élites, mientras tanto, ya no tienen lealtad nacional. Han mudado su capital, sus familias y sus intereses a Dubái, Singapur, Mumbai o Shenzhen. El capital no tiene patria; nunca la tuvo. Solo tiene rendimientos.

    Frente a este escenario, la posición de México no es periférica ni anecdótica. Es estratégica y, en muchos sentidos, ejemplar. México es un país que ha vivido en carne propia la lógica imperial: desde la Conquista hasta el TLCAN, pasando por la intervención francesa, el Porfiriato exportador y los programas de ajuste estructural del FMI que devastaron a la clase trabajadora en los años noventa. La memoria histórica mexicana no es nostalgia: es un mapa de las trampas que no se deben volver a pisar.

    La apuesta por la soberanía sobre los recursos estratégicos, articulada desde el gobierno de López Obrador y consolidada en el de Claudia Sheinbaum, no es un capricho ideológico ni un populismo improvisado. Es una respuesta política coherente a una realidad geopolítica en transformación. El litio no puede ser de las mineras canadienses. El agua no puede cotizarse en bolsa. La energía eléctrica no puede ser negocio exclusivo de capitales extranjeros mientras millones de mexicanos pagan tarifas impagables. Estas no son posiciones radicales; son condiciones mínimas de soberanía nacional en el siglo XXI.

    La multipolaridad emergente ofrece a México una oportunidad que no ha tenido en décadas: diversificar sus alianzas sin tener que arrodillarse ante Washington. No se trata de sustituir un amo por otro, ni de romantizar a China o Rusia como potencias benevolentes —porque no lo son—. Se trata de usar el nuevo tablero global para negociar desde una posición menos subordinada, para vender los recursos mexicanos a quien pague justo, para construir cadenas de valor propias en lugar de ensamblar para el vecino del norte a salarios de miseria.

    El mundo que viene no será más pacífico. La transición de un orden unipolar a uno multipolar es, históricamente, un período de turbulencia, conflicto y reconfiguración violenta. Pero para el Sur Global, y para México en particular, el caos del fin del imperio puede ser también un espacio de autonomía real. El cierre del ciclo que comenzó en 1492 no es una promesa de utopía; es la apertura de un margen histórico que sería un crimen político desperdiciar.

    México tiene litio, agua, posición geográfica, una demografía joven y una identidad civilizatoria que no le debe nada a ninguna metrópoli. La pregunta no es si el imperio se devora a sí mismo —porque ya lo está haciendo—. La pregunta es si México tendrá la lucidez y la valentía de no dejarse devorar con él.

  • Derecho a la participación política

    Derecho a la participación política

    En la Cartilla de Derechos de las Mujeres, el punto 11 nos habla de las mujeres y la participación política. En la 4T la participación femenina en este rubro ha sido fundamental para el cambio histórico que vivimos en el 2018. Por ello es vital para la continuación de esta nueva etapa en México, que las mujeres nos demos cuenta que nuestro voto hizo la diferencia para lograr la tan anhelada democracia. 

    Este apartado dice textualmente: “¿Sabías que las mujeres tenemos derecho a participar en distintos espacios políticos cuando votamos, nos organizamos y expresamos nuestra opinión? 

    La diversidad de mujeres en nuestro país ha abierto camino para estar cada vez más presentes en los espacios de toma de decisiones, incluyendo las decisiones públicas. 

    La participación política es cualquier acción que realizamos de manera individual o colectiva para influir en los asuntos de nuestro país, estados, municipios o comunidades. Es decir, no solo ejerces tu derecho a la participación política cuando votas, también lo haces cuando participas en una reunión vecinal.

    Tú tienes el derecho a votar de manera libre y secreta por quien te parezca la mejor opción para representarte. De esta forma se expresa la voluntad popular y se toma una decisión colectiva. Al mismo tiempo, también tienes derecho a postularte y a ser votada, a ocupar un cargo público y a participar en el gobierno. Sabemos que las mujeres muchas veces no estamos en igualdad de condiciones con los hombres, por lo que se han implementado estrategias como la paridad de género, para que puedas tener más oportunidades de participar. 

    Involucrarse en la política no solo es participar en las elecciones, tenemos otros derechos políticos importantes para nuestra intervención activa. Por ejemplo, el derecho a reunirse y organizarse para incidir en la vida pública a favor de tus intereses y el ejercicio de tus derechos, ya sea formando parte de proyectos artísticos o sociales, en un sindicato o en una manifestación pacífica. 

    Tienes derecho a que tus ideas y propuestas sean escuchadas y tomadas en cuenta. Recuerda que tu voz en la toma de decisiones es importante, pues así manifiestas tus ideas, demandas y necesidades. No hay democracia plena sin tu participación y la de todas las mujeres”.

  • Intemperie espiritual / Magnifica Humanitas I

    Intemperie espiritual / Magnifica Humanitas I

    Míster Robert Francis Prevost, septuagenario oriundo de Chicago, Illinois, y mejor como León XIV, publicó su primera encíclica el pasado 25 de mayo de 2026. El documento se titulada Magnifica Humanitas y fue firmado por el Romanus Pontifex estadounidense-peruano originalmente el 15 de mayo de 2026 —coincidiendo con el 135º aniversario de la histórica Rerum novarum de León XIII—. El eje central de la encíclica es la preservación de la persona humana en la era de la inteligencia artificial. El borrador original fue redactado en inglés —posteriormente, el texto fue revisado por especialistas de la Santa Sede para su traducción oficial a otros idiomas (español, italiano, alemán, francés, polaco, portugués y árabe) y para la elaboración de la versión final en latín—. El texto es muy extenso para una encíclica; tiene casi 42 mil palabras, unas 200 páginas.

    Magnifica Humanitas está organizada en una introducción, cinco capítulos temáticos y una conclusión, siguiendo un hilo conductor que va desde el diagnóstico de la realidad actual hasta la propuesta de una “nueva ecología humana” digital.

    León XIV plantea en la Introducción que no estamos viviendo una época de cambios, sino un cambio de época. Define el contexto actual como una “fractura antropológica” provocada por la aceleración tecnológica. No me parece que exagere.

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    De entrada, conviene decir que la Introducción de la encíclica se titulada “El umbral de una nueva era”, es decir, el tono es esperanzador: se refiere no al fin de una época sino al inicio de otra. Con todo, el Papa establece el tono de urgencia que marcará el resto del documento. A diferencia de las encíclicas tradicionales, que suelen comenzar con una exposición histórica o una referencia exegética pausada, este texto se abre con una estocada directa al corazón de la modernidad tecnológica. El sucesor de San Pedro argumenta que la humanidad se encuentra en un momento de “fractura antropológica”, un concepto que utiliza para describir no sólo una transformación técnica, sino una mutación en la forma en que el ser humano se percibe a sí mismo, a su prójimo y a la realidad trascendente. 

    En este umbral, el Papa plantea que la aceleración tecnológica no es un proceso neutral ni se limita a meras herramientas de progreso.; argumenta que se trata de una fuerza que ha alterado la arquitectura fundamental de la convivencia entre la gente. La tesis central que recorre estas páginas introductorias es que hemos confundido la acumulación de información con la sabiduría, y la velocidad de procesamiento con la profundidad del pensamiento. Al respecto, León XIV es incisivo: “Hemos construido torres de silicio que, a fuerza de querer tocar el cielo de la omnisciencia, han terminado por sepultar nuestra capacidad de mirar a los ojos a nuestro hermano, confundiendo la verdad con la coincidencia estadística”. Esta cita encapsula el núcleo del malestar que el Papa identifica: la reducción del misterio humano a un conjunto de puntos de datos que pueden ser procesados, vendidos y manipulados. La verdad, coincido, difícilmente cae en el promedio.

    Para el máximo jerarca de los católicos, nuestro tiempo no debe ser visto simplemente como una era de cambios, sino como un verdadero cambio de época. La diferencia es fundamental: en un cambio de época, las estructuras de pensamiento que daban sentido a la existencia se desmoronan cuando las nuevas no han terminado de cristalizar, dejando al individuo en una intemperie espiritual. El Papa observa cómo la inmersión constante en entornos digitales ha creado una especie de “desierto interior”. La tecnología, lejos de liberarnos de las cargas mundanas, nos ha encadenado a una inmediatez asfixiante donde el silencio —entendido no como ausencia de ruido, sino como espacio para el encuentro consigo mismo— se ha vuelto un artículo de lujo. El Papa advierte: “La prisa algorítmica es la nueva forma de opresión. Mientras nos venden la ilusión de que todo está al alcance de un clic, nos están sustrayendo, de manera solapada, el derecho inalienable a la duda, al error y a la lentitud que requiere el amor”.

    A lo largo de esta introducción, León XIV desmantela la narrativa predominante que presenta a la Inteligencia Artificial como un ente imparcial. Por el contrario, sostiene que los algoritmos son, en esencia, “cargados de intenciones” y sesgos que responden a las agendas de poder de quienes poseen la infraestructura de datos. El Papa señala que esta concentración de poder es un riesgo para la democracia y la paz social, llamando a los gobernantes a no abdicar de su responsabilidad ante las corporaciones tecnológicas. El texto subraya que el diseño de los sistemas digitales actuales, orientados a la optimización del beneficio y la retención de la atención, es fundamentalmente incompatible con la dignidad humana si no se impone una ética superior. En palabras del pontífice: “No podemos aceptar que el futuro del hombre sea una variable de un modelo predictivo. La libertad no es un error de sistema que debe ser corregido mediante una optimización algorítmica, sino la condición sagrada bajo la cual el ser humano responde a la llamada de su Creador”.

    Finalmente, el Papa concluye la Introducción de su encíclica con una invitación que resuena con un tono profético. Reconoce la utilidad técnica de los avances, pero insiste en la necesidad de una “pedagogía de la resistencia”. No propone una huida del mundo ni una condena apocalíptica, sino una reorientación radical de nuestra mirada. La encíclica, por lo tanto, no se presenta como un tratado técnico para especialistas; pretende más bien ser un manifiesto de supervivencia para la humanidad. El Papa insta a los lectores a abandonar la lógica del “dataismo” y a recuperar la capacidad de asombro, la única herramienta capaz de distinguir lo auténticamente humano de la simulación. En el párrafo final de esta sección introductoria, León XIV lanza su exhortación más desafiante: “Es momento de detener la marcha frenética de nuestra autoproclamada omnipotencia tecnológica para preguntarnos, en el silencio del desierto de datos, si todavía sabemos qué significa ser, simplemente, un ser humano en presencia de otro ser humano”. 

    @gcastroibarra

  • México entre la crítica y la transformación

    México entre la crítica y la transformación

    Cada día se acerca más la época electoral y los golpes políticos vienen más duros. La pequeña oposición no quiere dejar escapar ningún detalle, ninguna acusación y, muchas veces, ni siquiera distingue entre hechos y versiones, con tal de intentar dañar la imagen de quienes hoy gobiernan México y mantienen la mayoría política en el país.

    Y es ahí donde vale la pena detenerse un momento y hacer algo que pocas veces hacen quienes viven del escándalo mediático: revisar números, revisar obras, revisar resultados y preguntarnos con honestidad qué país queremos construir.

    Porque más allá del ruido político, la realidad es que México vive una etapa de transformación social profunda que no puede negarse únicamente desde la narrativa del ataque permanente.

    Hoy los Programas del Bienestar alcanzan a decenas de millones de mexicanos. Tan solo la Pensión para Adultos Mayores continúa creciendo como uno de los programas sociales más grandes del continente, mientras el Gobierno federal proyecta superar los 42 millones de beneficiarios de programas sociales en 2026.

    Eso significa algo muy simple: millones de familias que antes no recibían absolutamente nada del gobierno hoy tienen un apoyo directo que les ayuda a pagar comida, medicamentos, consultas médicas, útiles escolares o simplemente sobrevivir en tiempos económicamente difíciles.

    Y aunque algunos sectores se burlen de ello desde estudios de televisión o redes sociales, para una madre soltera, un adulto mayor o una familia de escasos recursos, ese apoyo puede representar la diferencia entre comer o no comer.

    Mientras tanto, el sistema de salud mexicano también atraviesa una de las transformaciones más ambiciosas de las últimas décadas. La presidenta Claudia Sheinbaum anunció recientemente la creación del Servicio Universal de Salud, que integrará al IMSS, ISSSTE e IMSS-Bienestar para permitir que cualquier mexicano pueda recibir atención médica independientemente de su afiliación.

    Y sinceramente, eso no es poca cosa

    La idea de que cualquier ciudadano pueda acudir a un hospital y ser atendido sin la angustia de “¿tengo seguro o no tengo seguro?” es una visión que históricamente solamente se veía en países desarrollados.

    Claro, faltan medicamentos, faltan especialistas, faltan muchas cosas todavía. Nadie serio puede negar que el sistema de salud mexicano tiene enormes retos acumulados durante décadas. Pero también sería injusto negar que existe una inversión histórica en infraestructura hospitalaria.

    Tan solo para este año se anunció la construcción de 24 nuevos hospitales en el país, además de miles de millones de pesos destinados a equipamiento médico de alta tecnología.

    El propio IMSS informó que durante los gobiernos de la llamada Cuarta Transformación se duplicará la creación de camas hospitalarias en comparación con los últimos seis sexenios anteriores: más de 10 mil nuevas camas frente a apenas 4 mil 300 construidas durante 36 años previos.

    También se encuentran en proceso nuevas clínicas, hospitales regionales y programas como “La Clínica es Nuestra”, enfocados en mejorar unidades médicas rurales y urbanas marginadas.

    Pero curiosamente, muchos de los comunicadores que todos los días hablan de tragedias, escándalos y ataques políticos, rara vez presentan estas noticias con el mismo entusiasmo.

    ¿Por qué no vemos grandes mesas de análisis celebrando que millones de personas podrían acceder a atención médica universal?

    ¿Por qué no escuchamos a ciertos periodistas de oposición hablar con bombo y platillo sobre nuevos hospitales, carreteras, programas sociales o inversiones industriales?

    Porque la crítica muchas veces dejó de ser una herramienta democrática para convertirse en una industria política.

    Y no, no se trata de decir que todo está perfecto. México sigue enfrentando enormes desafíos: inseguridad, corrupción, burocracia, violencia y desigualdad. Pero también debemos reconocer que el país no puede seguir viviendo atrapado en la nostalgia de los gobiernos del pasado.

    ¿De verdad queremos regresar a aquellos tiempos donde el presidencialismo se medía por el tamaño del avión presidencial, los lujos del poder y las giras internacionales millonarias?

    ¿Queremos volver a la época donde mientras el gobierno viajaba en medio del exceso, millones de mexicanos no tenían acceso a una clínica, una beca o una pensión?

    Porque esa también es memoria histórica

    Hubo años donde los viajes presidenciales costaban lo equivalente a construir escuelas, clínicas y carreteras. Años donde el poder político parecía vivir completamente separado de la realidad cotidiana del pueblo.

    Hoy México vive otro momento político. Uno imperfecto, sí. Pero también uno donde los sectores históricamente olvidados finalmente aparecen en la conversación nacional.

    Y mientras la oposición concentra buena parte de su estrategia en destruir narrativas, millones de mexicanos siguen recibiendo apoyos, siguen viendo obras públicas, siguen observando nuevos hospitales y siguen esperando que las cosas continúen mejorando.

    México es un gran país

    Un país que ha sobrevivido a errores históricos, crisis económicas, corrupción, violencia y gobiernos de todos los colores.

    Y quizás precisamente por eso hoy muchos mexicanos prefieren apostar por seguir avanzando, aun con dificultades, antes que regresar a modelos que durante décadas prometieron modernidad mientras millones permanecían abandonados.

    Las campañas seguirán subiendo de tono. Las acusaciones seguirán creciendo. Las redes sociales seguirán incendiándose todos los días.

    Pero al final, como siempre sucede en democracia, será la propia gente quien decida qué camino quiere tomar para el futuro del país.