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  • Reforma electoral, rounds políticos y el debate público

    Reforma electoral, rounds políticos y el debate público

    La reforma electoral impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum finalmente no logró reunir los votos necesarios en la Cámara de Diputados. La iniciativa, que buscaba introducir cambios en el sistema electoral mexicano, quedó detenida ante la falta de consenso legislativo, reflejando nuevamente la polarización política que domina el escenario nacional.

    Entre los puntos que se discutían dentro de la propuesta se encontraban ajustes orientados a reducir costos del sistema electoral, revisar el esquema de representación plurinominal y modificar algunos aspectos administrativos del Instituto Nacional Electoral. Sin embargo, como ha ocurrido en otras reformas de gran calado, el debate no solo fue técnico sino profundamente político.

    Para el oficialismo, la reforma representaba una oportunidad para hacer más eficiente el sistema electoral y reducir el gasto público. Para la oposición, en cambio, el tema generó preocupaciones sobre el equilibrio institucional y la autonomía de las autoridades electorales.

    Mientras en el Congreso se discutía el futuro de las reglas electorales del país, otro “round” se libra en el terreno mediático. El periodista Manuel Pedrero mantiene un enfrentamiento público con el dirigente nacional del PRI, Alejandro Moreno, luego de que este último amenazara con emprender acciones legales en su contra.

    El episodio vuelve a colocar al PRI en una posición incómoda. Se trata de un partido con una larga trayectoria histórica en la vida política del país, que durante décadas formó cuadros de gran peso institucional. Sin embargo, hoy su imagen parece verse constantemente afectada por confrontaciones mediáticas y disputas internas que poco abonan al debate político serio.

    Conviene recordar que un partido político no es su dirigente. Detrás de las siglas todavía existen actores que buscan mantener cierta institucionalidad y que, desde sus espacios locales o regionales, continúan haciendo política con mayor prudencia.

    Ahí está el caso del gobernador de Coahuila, Manolo Jiménez Salinas, quien ha logrado construir una gestión que muchos consideran ordenada y eficaz. O el de Cirilo Vázquez Parissi, alcalde de Cosoleacaque, que mantiene presencia política relevante en el sur de Veracruz. También siguen activos algunos cuadros vinculados a Via Veracruzana, agrupación política afín al PRI en ese estado.

    Son políticos de estilos distintos, pero que en su momento se caracterizaron por mantener la cordura en el ejercicio del poder y por moverse dentro de los márgenes de lo políticamente correcto, lejos de los excesos que hoy dominan muchas discusiones públicas.

    Habrá que ver en qué termina este nuevo enfrentamiento mediático. En política, los conflictos personales rara vez fortalecen a las instituciones; más bien suelen debilitarlas.

    En paralelo, en el terreno social comienzan a observarse nuevas inversiones en obra pública y programas de vivienda. Destaca el impulso a proyectos habitacionales vinculados al Infonavit y a los esquemas de vivienda social promovidos por el gobierno federal.

    En ese contexto, el director del instituto, Octavio Romero Oropeza, ha venido desarrollando un trabajo importante orientado a ampliar el acceso a vivienda para los trabajadores y acelerar la construcción de nuevos desarrollos habitacionales. Si estos programas se ejecutan con orden, transparencia y supervisión adecuada, el sector vivienda podría convertirse nuevamente en uno de los motores de desarrollo social del país.

    Porque al final del día, más allá de las disputas políticas o mediáticas, lo que los ciudadanos esperan son resultados tangibles que mejoren su calidad de vida.

    México necesita instituciones fuertes, debates serios y obras públicas bien ejecutadas. Lo demás, como en el box, muchas veces no deja de ser parte del espectáculo político.

  • El cómo sí de la reforma electoral

    El cómo sí de la reforma electoral

    En las últimas semanas, la reforma electoral impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum se ha colocado en el centro del debate público. Su discusión en el Congreso ocurre en un contexto de tensiones partidistas, reservas de aliados legislativos y cálculos rumbo a los próximos años. Sin embargo, si el análisis se quedara atrapado en esa disputa, perderíamos de vista lo esencial. Más allá de las posiciones de partidos y dirigencias, mexicanas y mexicanos tendríamos que preguntarnos qué partes de esta propuesta podrían fortalecer la democracia si se miraran desde el interés ciudadano y no sólo desde la lógica de competencia política.

    Desde una perspectiva de ingeniería política, convendría reconocer algo que a veces se omite en medio del ruido: el sistema electoral mexicano sí funciona. Durante décadas ha permitido alternancia, competencia entre proyectos distintos y una transición democrática que cambió la vida pública del país. Ese dato importa porque evita una caricatura frecuente: ni estamos frente a un sistema fallido que deba demolerse, ni frente a un modelo perfecto que deba conservarse intacto. Las instituciones públicas, como todo sistema complejo, pueden corregirse, actualizarse y responder mejor a nuevas exigencias sociales, tecnológicas y financieras.

    Bajo esa lógica, la primera discusión relevante es la representación. Durante años, muchas personas han visto con distancia la forma en que algunos espacios legislativos llegan al Congreso mediante mecanismos que no siempre resultan comprensibles para la ciudadanía. La reforma propone revisar parte de ese modelo para acercarlo más al voto directo. La idea de fondo no es cancelar la pluralidad que ha permitido la representación proporcional, sino buscar un equilibrio más claro entre respaldo ciudadano y acceso a cargos legislativos. Dicho de otro modo, se trataría de que el vínculo entre voto y representación fuera más visible y menos dependiente de decisiones cupulares.

    La segunda discusión es el costo de la democracia. México ha construido uno de los sistemas electorales más robustos de la región, pero también uno de los más costosos. Ese dato no debería utilizarse para debilitar instituciones, pero sí para abrir una conversación seria sobre eficiencia. Si las autoridades electorales han sido fundamentales para garantizar procesos confiables, también sería razonable revisar si algunas estructuras administrativas, esquemas de financiamiento o prerrogativas partidistas podrían ajustarse sin comprometer la integridad de las elecciones. Una democracia sólida no tendría por qué ser sinónimo de una democracia cada vez más cara.

    Hay además un punto que toca una preocupación ciudadana profunda: el dinero en la política. La infiltración de recursos irregulares en campañas electorales ha sido una amenaza constante y México no tendría por qué minimizar ese riesgo. Por eso resulta relevante que la iniciativa plantee mecanismos para fortalecer la fiscalización, como la eliminación de aportaciones en efectivo y la posibilidad de rastrear con mayor claridad el origen y destino de los recursos utilizados en campañas. Si esos instrumentos se implementaran correctamente, podrían ayudar a cerrar espacios de opacidad y reforzar la confianza en la competencia democrática.

    A ello se suma una dimensión que ya no puede tratarse como asunto del futuro: la tecnología. Hoy las campañas no sólo se disputan en plazas públicas, debates o spots. También se libran en redes sociales y plataformas donde la inteligencia artificial puede alterar contenidos, simular apoyos o distorsionar percepciones. La reforma busca abrir reglas para que los materiales generados o modificados mediante estas herramientas puedan identificarse con mayor claridad. Al mismo tiempo, plantea explorar el uso del voto electrónico en mecanismos de participación ciudadana. No se trata de vender soluciones mágicas, sino de entender que una democracia seria tendría que aprender a defenderse y modernizarse en el entorno digital.

    La pregunta más útil sería qué componentes de esta propuesta convendría rescatar aun en un escenario de aprobación parcial. Si el sistema electoral mexicano ha demostrado que puede organizar elecciones competitivas y confiables, ahora el desafío es decidir si también puede evolucionar para ser más eficiente, más transparente y más resistente frente a los riesgos del siglo XXI. Esta reforma puede cambiar, corregirse o incluso detenerse parcialmente, pero el país no debería perder la oportunidad de rescatar aquello que fortalece la democracia desde la ciudadanía. Porque al final, más allá de los partidos, las coyunturas o las mayorías legislativas, la verdadera medida de cualquier reforma electoral es una sola: que el voto de las personas siga siendo el centro y el destino de la vida pública.

  • Messi…tan lejos de Maradona

    Messi…tan lejos de Maradona

    En el fútbol contemporáneo existe una tentación permanente por separar el talento de la política, como si los grandes ídolos del deporte vivieran en una especie de burbuja neutral. Sin embargo, la historia del fútbol demuestra exactamente lo contrario: las figuras más grandes siempre terminan siendo símbolos políticos, lo quieran o no.

    En ese contraste inevitable aparece la comparación entre Lionel Messi y Diego Armando Maradona. No es una comparación futbolística —que suele monopolizar el debate— sino política.

    Maradona nunca escondió de qué lado estaba. Fue un futbolista extraordinario, pero también un personaje profundamente político. Criticó abiertamente a la FIFA, denunció la corrupción que rodea al negocio del fútbol mundial y se alineó sin ambigüedades con proyectos de izquierda en América Latina. Su cercanía con Fidel Castro, Hugo Chávez o Evo Morales no era una pose mediática: respondía a una visión del mundo que asumía el deporte como un espacio atravesado por el poder, el dinero y la desigualdad.

    Maradona entendía que el fútbol global estaba dominado por una lógica corporativa donde los jugadores se convierten en mercancía y las federaciones en negocios multimillonarios. Por eso su crítica a la FIFA era frontal. No era solo la rabia de un exjugador sancionado; era la intuición política de alguien que sabía que el fútbol moderno había sido capturado por intereses económicos gigantescos.

    Lionel Messi, en cambio, representa el reverso de esa figura. El capitán de la selección argentina ha construido una imagen pública cuidadosamente despolitizada. Su discurso rara vez roza cualquier tema social o político. Sin embargo, esa supuesta neutralidad también tiene implicaciones políticas. En un mundo atravesado por conflictos, desigualdades y disputas ideológicas, el silencio no es neutral: suele favorecer al orden establecido.

    Su cercanía mediática o simbólica con figuras de la derecha global, como Donald Trump, no puede leerse simplemente como una casualidad dentro del espectáculo deportivo. Forma parte de la red de poder que rodea al fútbol contemporáneo: empresarios, marcas, dirigentes y políticos que utilizan el deporte como plataforma de legitimación.

    Messi es el producto perfecto del fútbol corporativo del siglo XXI. Un talento gigantesco, cuidadosamente protegido por patrocinadores, clubes y estructuras comerciales que prefieren ídolos silenciosos antes que figuras incómodas.

    Maradona fue exactamente lo contrario: un genio caótico, indomable, que incomodaba a los poderosos porque hablaba demasiado y porque tomaba partido.

    Para buena parte de la izquierda latinoamericana, Maradona representó algo más que un futbolista extraordinario. Encarnó la posibilidad de que un ídolo popular utilizara su voz para cuestionar al poder global, desde la FIFA hasta la geopolítica internacional. Era contradictorio, excesivo y profundamente humano, pero también profundamente político.

    Messi, en cambio, parece encajar mejor en el fútbol convertido en industria global: un deporte que mueve mucho dinero, que organiza mundiales en países autoritarios y que prefiere la neutralidad estética antes que la crítica incómoda.

    No se trata de exigirle a Messi que sea Maradona. Cada época produce sus propios símbolos. Pero sí conviene recordar que incluso el silencio, incluso la neutralidad, también dicen algo sobre el lugar que se ocupa en el mundo.

    Redes sociales

  • Los delitos del verde

    Los delitos del verde

    Los delitos graves son un ejercicio habitual de la cúpula del Partido Verde Ecologista de México. Desde aquellas peleas arregladas del autodenominado boxeador verde Jorge Kahwagi, hasta la muerte de la bailarina búlgara Galina Chankova Chanev, en 2011, en casa de Emilio González, en Cancún, son sólo algunos de los problemas que tuvieron los miembros de la cúpula de ese partido, salvados por la corrupción imperante en el Poder Judicial.

    El Partido Verde, que nunca ha sido verde, fue expulsado de la asociación de partidos ecologistas desde hace muchos años por alejarse de la defensa de la naturaleza. Ahora trata de ocultar el incidente más grave en su historia.

    El encubrimiento del militante del Verde Jesús Sesma, líder del Congreso local de la CDMX, a su hermano Guillermo Sesma, acusado por su exesposa Regina Seemann de abuso sexual contra sus tres hijos, violencia física y violencia vicaria, por lo que se abrieron carpetas de investigación en la Fiscalía General de Justicia.

    Jesús Sesma le creó una carrera de asesor político electoral a su hermano Guillermo, pero esa no es toda la complicidad. Le armó un proceso a modo para que no pudiera funcionar la justicia, a grado tal que la procuradora capitalina, Berta Alcalde Luján, despidió a Miguel Ángel Barrera Sánchez, fiscal de Niñas, Niños y Adolescentes, quien formaba parte de este entramado para evitar la cárcel a su hermano.

    La funcionaria señaló que con esta decisión busca “garantizar la procuración de justicia en igualdad de condiciones y erradicar vicios como el influyentismo y la corrupción”.

    Ella estaría acusada de haber, supuestamente, secuestrado a sus hijos y también por falsedad de declaraciones; él, por abuso sexual, violencia física y violencia vicaria.

    En los expedientes quedó acreditado, a través de pruebas periciales practicadas a los tres menores, las afectaciones psicológicas y psicoemocionales que presuntamente sufrieron. Los dictámenes periciales en psicología, realizados además por el Centro de Atención a la Violencia Intrafamiliar y por la propia Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México, arrojaron que los menores sí fueron receptores de maltrato infantil.

    El exfiscal Barrera Sánchez autorizó un cateo al domicilio de Regina, por motivos que no tenían que ver con sus menores, sino para recuperar documentos que podrían afectar a su exmarido.

    “La manipulación del sistema con recursos económicos, aprovechando vínculos con el poder”, mencionada por Berta Alcalde, bien podría tener que ver con actos de corrupción cuyo material probatorio estaría en manos de Regina Seemann.

    Los jueces siguen los mandatos del líder del Partido Verde y, hace unas semanas, por segunda ocasión, un juez aplazó una audiencia contra Guillermo Sesma luego de que no acudiera al acto judicial en las salas orales.

    La abogada Ana Katiria Suárez denunció que las autoridades han otorgado “protección” al consultor político Guillermo Sesma, permitiéndole continuar en libertad pese a las acusaciones en su contra.

    Se trata de un caso desgarrador, cuyos detalles son públicos y dolorosos.

    Un partido político no puede tener consistencia ideológica con estos personajes. Menos aún cuando lo mismo le da asociarse con Vicente Fox que con Claudia Sheinbaum.

  • Reflexiones sobre el 8 de marzo

    Reflexiones sobre el 8 de marzo

    Se nace mujer, y se aprende a ser feminista – es decir aprendes tus derechos y los defiendes – No viene en el ADN, es una construcción que diseñamos las mujeres para frenar la ofensa constante del machismo: conjunto de actitudes, conductas, prácticas y creencias que justifican la superioridad del hombre sobre la mujer, y que promueven la desigualdad, la discriminación y la violencia de género. Se basa en estereotipos tradicionales que degradan lo femenino y limitan la expresión emocional masculina.

    Los hombres también sufren las consecuencias de ese sistema patriarcal, porque no han aprendido a expresar lo que sienten, lo que les duele, que no pueden ser siempre los proveedores (que no todos pueden ser ricos o líderes y que está bien) y que también son explotados por otros hombres (capitalismo) y que además, a los más vulnerables los mandan a las guerras (solo resisten drogados) Entonces el feminismo debería extenderse sobre todos con una visión de la que podemos aprender todos. El genuino feminismo su servidora lo entiende como humanista.   

    ¿Qué viene de fábrica? el instinto, la pulsión de vida. ¿Qué puedes hacer cuando te golpean, te acosan, te violan, te maltratan de todas las formas? y cuando tu cuerpo se convierte en un objeto para otros: de disfrute para otros: ¿cuántas veces se puede vender a una mujer en un día? Por eso el negocio de la trata de mujeres es tan rentable. Y una industria de todos los niveles que en todo el mundo rapta, niñas y adolescentes, (pederastas) o las engancha a las más vulnerables; niñas y muchachas pobres, y de hogares desintegrados, disfuncionales. Recordemos el caso Epstein, que descobijó a empresarios como Bill Gates, al presidente Trump, entre otras ilustres celebridades como el príncipe Andrés. Aquí en nuestro país y en las comunidades más pobres, también existe la práctica de vender mujeres prácticamente niñas con fines económicos. Así como grandes líderes sociales como Ghandi se rodeaban de jovencitas púberes para que lo acompañaran en algunas noches. Artistas como Picasso golpeaba y humillaba a todas sus mujeres. El mismo Albert Einstein fue especialmente controlador y cruel con su primera esposa Mileva quién era una matemática muy capaz. Todo está documentado en internet. ¿Quién los lastimó, dónde aprendieron que ser hombre es humillar? ¿Acaso un padre, un tío, o una madre, una tía, una mujer que reprodujo el machismo?

    El feminismo se aprende a veces a edades avanzadas, lo he ido procesando en 2 décadas. Tenía 40 años. Hoy tengo 60 y voy comprendiendo (perdón por los gerundios) pero en mi caso sigo aprendiendo.

    Tenía dudas de acudir este 8 de marzo del 2026; pensando que si es un movimiento que se antoja desarticulado, que si cada contingente se antoja separado, que si las consignas son repetitivas. Pero luego pensé que las violencias hacia las mujeres son igualmente; repetitivas. Siguen el secuestro de niñas, adolescentes y mujeres jóvenes. Continúan los crímenes por motivos de odio hacia las mujeres, por parte de sus parejas que las consideran de su propiedad. Y este sufrimiento no para, así como la renuncia a los sueños. 

    Me puse a buscar una cartulina y encontré mucho material de trabajo. Infinidad de lápices de colores, grafitos, pinceles, acuarelas, óleos abandonados a su suerte.  Así como unos flotadores nuevos de brazos que había comprado mi madre: cuando alrededor de sus 70 años quiso aprender a nadar, y nunca lo pudo concretar…Hoy a sus 80 años tal vez ya lo ha olvidados. ¡Qué fácil renunciar a los sueños¡, ¡más si eres mujer y pobre¡. Estamos acostumbradas a renunciar. Aunque igual el obrero hombre; el chófer, el bombero, el peluquero. El profesionista que soporta lo que sea porque no puede ser “un perdedor” y la meritocracia y el échale ganas no llega en este sistema capitalista corrupto y voraz. 

    No alcanza. Tal vez por eso y la tremenda realidad los hace escapar y lastimar al más vulnerable, y humillar al que se pueda. Al que tengan a la mano. Gisele Pelicot es un ejemplo y esto, fue en Europa (Francia). Su esposo la grababa mientras (estaba drogada y ella ni enterada) era violada – una muñeca de trapo- dice ella  por medio centenar de hombres de todo tipo de oficio y profesiones…Sin embargo las mujeres no nos juntamos para violar o maltratar al vulnerable. Aunque seguro que existen excepciones, pero son eso excepciones.   

  • Invitación obligada: el mensaje de Washington

    Invitación obligada: el mensaje de Washington

    En política internacional hay mensajes diplomáticos, mensajes estratégicos y mensajes que simplemente no dejan espacio a la interpretación. El enviado recientemente por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, hacia México pertenece a esta última categoría.

    El mensaje fue directo: Estados Unidos no está dispuesto a seguir tolerando que organizaciones criminales que operan en territorio mexicano continúen enviando drogas a su país ni que estas estructuras alcancen niveles de poder que rivalicen con el propio Estado.

    El problema, desde luego, no es únicamente el tráfico de drogas. Ese es apenas uno de los síntomas de una realidad mucho más compleja. Washington observa con creciente preocupación cómo los cárteles han evolucionado en los últimos años hacia organizaciones con capacidades cada vez más cercanas a estructuras paramilitares: vehículos blindados improvisados conocidos como “monstruos”, drones utilizados con fines ofensivos, armas de alto calibre, explosivos e incluso sistemas de vigilancia y comunicación sofisticados.

    Cuando un grupo criminal adquiere ese tipo de capacidades, deja de ser solamente un problema policial. Se convierte en un asunto de seguridad nacional. Ese es precisamente el punto central de la preocupación estadounidense.

    La posibilidad de que organizaciones criminales controlen territorios, rutas y comunidades cerca de la frontera genera un escenario que preocupa profundamente a Washington. No solamente por el flujo de drogas, sino por el riesgo potencial de infiltración de actores externos incluidos grupos terroristas internacionales que podrían aprovechar redes criminales ya establecidas para penetrar territorio estadounidense.

    Desde esta perspectiva, la frontera sur de Estados Unidos no es vista solamente como un límite geográfico, sino como una línea estratégica de seguridad. Por eso el tono del mensaje fue tan claro.

    Al mismo tiempo, el debate en México también tiene otra dimensión: la realidad cotidiana que viven millones de ciudadanos. Como lo ha reconocido la propia presidenta de México, Claudia Sheinbaum, nuestro país es extraordinario por su cultura, su gente y su historia. México es un país hermoso.

    Pero también es un país donde la inseguridad sigue siendo una preocupación permanente.

    Sería maravilloso poder recorrer las carreteras del país con absoluta tranquilidad, viajar con la familia sin pensar en retenes del crimen organizado, sin temer a un secuestro o a una extorsión. Sería ideal que ningún empresario tuviera que considerar vehículos blindados o seguridad privada como parte normal de su vida cotidiana. Ese es el México que todos quisiéramos.

    El problema es que la violencia acumulada durante décadas no desaparece con una sola estrategia ni con un solo gobierno. La violencia suele generar más violencia, y resolver ese círculo requiere tiempo, instituciones fuertes y decisiones difíciles.

    Sin embargo, existe un escenario que nadie desea imaginar: un conflicto escalando a niveles internacionales.
    Nadie quiere pensar en un México donde operaciones militares extranjeras o bombardeos contra laboratorios clandestinos se conviertan en una posibilidad. Nadie quiere imaginar comunidades viviendo con el temor de que un laboratorio de drogas en las cercanías pueda convertirse en objetivo de un ataque. Ese sería un escenario trágico para todos.

    Por eso la reflexión no debe limitarse únicamente a los gobiernos. También corresponde a la sociedad.

    Durante generaciones, los abuelos repetían una enseñanza sencilla pero profunda: elige bien tus amistades y aléjate de quien anda en malos pasos. Hoy esa vieja lección cobra una relevancia inesperada. La normalización del crimen en algunas regiones no puede seguir siendo parte del paisaje cotidiano.

    La violencia no comienza con los cárteles; comienza cuando la sociedad deja de rechazarla.

    El mensaje desde Washington ya fue enviado. Y la historia reciente demuestra que, cuando Donald Trump decide enviar un mensaje político, rara vez se trata de palabras vacías.

    México tiene ante sí un desafío enorme: fortalecer su seguridad sin perder su soberanía, combatir al crimen sin sacrificar a sus comunidades y recuperar la tranquilidad que millones de mexicanos desean para sus familias.

    Porque al final del día, más allá de la política y de los discursos, la pregunta es muy simple: ¿Qué país queremos dejar a las siguientes generaciones?

  • No es ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario

    No es ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario

    Los odiadores profesionales de aquello que resulta despreciable, los resentidos que resienten la marginación, los aplaudidores de la destrucción de un régimen creado para privilegiar a los privilegiados, se burlan de Javier Milei, presidente de Argentina —mejor conocido como el gatito mimoso, papadas, papafrita, la peluca, el loco o presiduende— por declarar que “no sólo no aumentó el desempleo sino que aumentó la cantidad de personas que buscan trabajo”. Se burlan porque les parece que decir que no aumentó el desempleo, cuando se han perdido 280 mil empleos formales, es una mentira, y porque consideran que el oximorón presidencial es imperdonable incluso para un personaje de la baja estatura de Milei.

    Y es que ahí está el detalle, para el zurdo promedio, que cree que la justicia social es responsabilidad del Estado y no una profunda y absurda responsabilidad individual, el Estado es el responsable de la crisis de empleo, seguridad, vivienda, educación, salud, migración… en fin, para su zurda forma de pensar zurdamente, todo lo que es responsabilidad del Estado, y para lo que el Estado fue creado, es obligación del Estado, ¡haganme el favor!

    Como si el Estado no estuviera ocupado cuidando los intereses de la clase privilegiada, como si le sobrara tiempo para atender las minucias de nuestras insignificantes existencias, ¡pongámonos serios, carajo!

    Cuando Milei dice que “aumentó la cantidad de personas que buscan trabajo”, está dando una clase a la ciudadanía para que asuma su responsabilidad individual, y otra clase —al mundo entero— en cuanto a comunicación social se refiere. No hay crisis de desempleo, la gente no encuentra trabajo. No es crisis de seguridad, la gente no sabe vivir tranquila. No existe una crisis inmobiliaria, la gente no encuentra una casa que pueda pagar. No hay crisis en la educación, los alumnos no aprenden. No es una crisis de salud, la gente no se organiza para enfermar de forma escalonada. No es que haya crisis migratoria, la gente sale de sus países y no tiene en donde vivir. El pobre es pobre porque quiere, porque se niega a ser millonario y vivir en abundancia, el Estado no puede obligarlos a vivir bien si no quiere vivir bien.

    Entrados en gastos

    Esos zurdos que piensan que el Estado debe garantizar lo que el Estado debe garantizar, son los mismos que se indignan por los humanistas ataques de EE.UU e Israel que buscan liberar y democratizar Irán, al tiempo que aniquilan la amenazantemente inexistente amenaza atómica, que representa ese bastión petrolero, bombardeando escuelas y hospitales. Son los mismos que anteponen la totalitaria responsabilidad del Estado a la misericordiosa tolerancia del mercado, donde cada uno puede elegir libremente cómo morir de hambre, si no muere, antes, aniquilado por una bomba.

    Carlos Bortoni es escritor. Su última novela es Historia mínima del desempleo.

  • Hasta aquí llegamos

    Hasta aquí llegamos

    La semana pasada echamos una mirada a la erosión del matrimonio. Observemos ahora el otro costado del fenómeno: ¿qué está pasando con los matrimonios que sí se celebran? ¿Cuántos terminan disolviéndose y en qué condiciones?

    De acuerdo con los datos disponibles del INEGI más recientes, en 2024 se registraron 161,932 divorcios en el país. La cifra cobra sentido puesta en perspectiva. La tasa de divorcios por cada mil personas de 18 años y más pasó de 1.52 en 2015 a 1.79 en 2024. No es un salto explosivo, pero muestra una tendencia sostenida. Después de la caída atípica de 2020 —por la pandemia— ocurrió una recuperación que confirma que la tendencia no es coyuntural: en México, la gente se divorcia más que antes.

    En 2024 se celebraron 486,645 matrimonios y ocurrieron 161,932 divorcios. Traducido: por cada 100 matrimonios, hubo 33.3 divorcios. En 2015 la relación era 22.2. De nuevo: de 22.2 a 33.3. No hablamos de un apocalipsis conyugal, pero sí de una transformación clara en la estabilidad legal de la pareja.

    Ahora, ¿por qué se divorcian las parejas en México? Dato clave: 2 de cada 3 (67.2 %) de los divorcios fueron incausados y 1 por mutuo consentimiento. Las causas tradicionales —adulterio, violencia, abandono— hoy son estadísticamente marginales. El divorcio incausado, es decir, que no requiere probar una falta específica, es el más frecuente en 24 entidades del país. La ley ha internalizado un cambio cultural: ya no hace falta justificar la ruptura; basta la voluntad, basta ya no querer seguir juntos. El matrimonio se sostiene mientras ambas partes quieran sostenerlo. Cuando esa voluntad se extingue, el vínculo puede disolverse sin jaloneos jurídicos.

    Desde una perspectiva sociológica, esto es coherente con lo observado con los matrimonios: la vida íntima se está desinstitucionalizando. La pareja ya no es una estructura rígida garantizada por presión social o religiosa, sino un acuerdo revocable.

    Esta metamorfosis no pasa sólo en suelo mexicano. Estados Unidos sigue siendo el referente, aunque con un matiz curioso: mientras su tasa de divorcios se mantiene muy alta (cerca del 45% de los primeros matrimonios), la cifra se ha estabilizado porque, simplemente, la gente se casa menos y más tarde.

    En América Latina, el panorama es vibrante y dispar: Argentina y Brasil lideran la región en la agilización de trámites. En Brasil, tras la implementación del “divorcio directo”, las cifras han alcanzado picos históricos, superando los 2.5 divorcios por cada mil habitantes en años recientes. Chile es el caso más dramático de aceleración. Fue el último país de Occidente en legalizar el divorcio (2004) y, tras un inicio tímido, hoy muestra una tendencia al alza que ya compite con los promedios regionales.

    Si cruzamos el Atlántico, el escenario europeo nos muestra hacia dónde podría dirigirse la curva. En la Unión Europea, la relación entre nupcialidad y ruptura es casi de vértigo. Países como España y Portugal presentan tasas de disolución que a menudo superan el 70 % o incluso el 80 % en relación con los matrimonios celebrados cada año. En el Viejo Continente, el matrimonio ha dejado de ser el anclaje de la familia para convertirse, en muchos casos, en un contrato de duración definida por la satisfacción emocional mutua. Lo que en México hoy vemos como un salto de once puntos en una década, en Europa es ya un paisaje consolidado: el fin de la era de la indisolubilidad.

    Otro ángulo importante es el de la prole. En los divorcios judiciales de 2024, 55% de los matrimonios disueltos no tenía menores de edad al momento de la separación. Es decir, más de la mitad de los divorcios no involucran custodia infantil. Entre quienes sí tenían hijos, lo más común fue tener uno (22%) o dos (16%). O sea que, en muchos casos, la ruptura ocurre cuando la etapa de crianza intensa ya pasó o nunca existió.

    ¿Qué hay de la duración de los matrimonios que se disuelven? 34% de los matrimonios que terminaron en 2024 tenían 21 años o más de duración legal, es decir, eran uniones largas. En el otro extremo, 19% duraron entre uno y cinco años. El divorcio no es monopolio ni de las parejas “recién casadas” ni de las “que ya lo intentaron todo”; atraviesa todo el ciclo vital.

    Si juntamos las dos caras de la moneda —menos matrimonios y más divorcios— el resultado es claro: en México cada vez hay menos matrimonios y es más probable que acaben en divorcio. Con todo, conviene no caer en simplificaciones. Que haya más divorcios no implica necesariamente más fracaso; quizá pueda implicar más libertad para salir de relaciones insatisfactorias o dañinas. 

    La pregunta incómoda es otra: ¿estamos mejor preparados para construir relaciones duraderas en un contexto que valora la flexibilidad por encima de la permanencia? Porque una cosa es que el marco legal facilite la salida, y otra muy distinta que nosotros sepamos gestionar el conflicto, la rutina, las expectativas irreales y las presiones económicas que tensionan cualquier proyecto de vida compartida.

    La pareja contemporánea es más flexible, sí, pero también más contingente. Es lógico que la incertidumbre se perciba por todos lados.

    Hasta aquí llegamos…

    • @gcastroibarra

  • Tiempo de reflexión electoral

    Tiempo de reflexión electoral

    Si los votos que se destinaron a favor de Xóchitl Gálvez, hubieran sido abstenciones el PRD estaría vivo. No tendría necesidad de disfrazar su desgracia con el remedo del grupo Somos México, que ni con el aval del INE podría convertirse en un verdadero partido político.

    La falta de lógica de algunos al votar por la ex candidata del PRIAN terminó por mostrar que era mejor abstenerse que votar por ella. De haber sido así, tendría México una oposición menos débil y una distribución de curules más robusta.

    Esas abstenciones hubieran evitado la sobrerrepresentación, porque el PRD estaría vivo, perdió su registro por la falta de proporción en los votos a su favor, al no alcanzar el 3 por ciento, de acuerdo con el total. Esto quiere decir que quien en realidad asesinó al PRD fue Xóchitl Gálvez, cuyos votos a favor tuvieron como motivación evitar que perdiera Morena no lo hicieron para que este personaje ganara la Presidencia, nadie la imagina ungida con una responsabilidad tan relevante.

    Nadie en su sano juicio hubiera podido siquiera pensar que podría encarnar una candidatura más que el odio y el resentimiento contra López Obrador.

    En la perspectiva que impone la distancia, ver a la excandidata del PRIAN debe remover sentimientos encontrados en quienes votaron por ella, y una conciencia sobre la fragilidad de una oposición que basó su futuro en un experimento fallido.

    Si la autocrítica no llega a los ciudadanos que votaron por este personaje luego de ver que sobrevive en la vida pública gracias a que los medios la consideran digna de ocupar sus espacios, con gracejadas y torpezas que ofenden la inteligencia de los mexicanos, es que hay graves problemas en las filas de los conservadores mexicanos.

    La votación a favor de la derecha en 2024, puede explicarse no justificarse. El odio, la inconformidad, propia de toda democracia, la disidencia sistemática, la rebeldía pueril pueden darle una visión más o menos humana al exceso de votos a la candidata del PRIAN, pero desde la perspectiva del tiempo, la autocrítica debe ser muy severa, incluyendo la de los votantes, muy cercana a lo imperdonable.

    La decepción de sí mismos debe ser similar a la de quienes tomaron cursos de emprendedores exitosos con Ricardo Salinas Pliego, a costo millonario, o se confesaron con el padre Marcial Maciel, o apoyaron a Javier Milei.

    Reflexión obligada que dicta superación obligada, información real, conciencia de la realidad, lógica apoyada con formación académica, etc.

    La derecha tiene mucho que aprender de las elecciones de 2024, pero cree saberlo todo y no le preocupa su visión anacrónica del país.

    La muestra puede advertirse con deprimente tristeza, en las declaraciones públicas de quien fue su candidata, más cercana a la comicidad que a la lógica o la democracia.

    El simple hecho de haber afirmado que los combustibles fósiles eran obsoletos y ser testigo de una guerra mundial se desata por esta causa, que ella considera perdida, debería forzarla a pensar dos veces abrir la boca en público.

    De haber llegado a la presidencia, México ya tendría soldados en Medio Oriente y la Torre Latinoamericana cambiaría de nombre por Torre Trump.

  • Reforma electoral: profundizar la democracia sin miedo al cambio

    Reforma electoral: profundizar la democracia sin miedo al cambio

    La iniciativa de reforma electoral impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum no puede analizarse desde la superficialidad del debate coyuntural ni desde el reflejo automático de defensa del statu quo. Como toda reforma constitucional de calado, debe leerse en perspectiva histórica y comparada: ¿fortalece o debilita la democracia mexicana? A mi juicio, la fortalece, siempre que su implementación sea rigurosa y técnicamente sólida.

    México construyó su sistema electoral moderno tras décadas de hegemonía y fraudes que marcaron la memoria colectiva. Las reformas de finales del siglo XX dotaron de autonomía al Instituto Nacional Electoral (antes IFE), establecieron reglas de equidad en medios y crearon un robusto sistema de fiscalización. Ese andamiaje fue indispensable para garantizar alternancia y competencia real. Sin embargo, los sistemas institucionales no son piezas de museo; evolucionan conforme cambian las condiciones sociales, tecnológicas y económicas.

    Uno de los núcleos más controvertidos de la propuesta es la reducción del financiamiento público ordinario a los partidos políticos. Desde el punto de vista técnico, el modelo mexicano privilegió históricamente el financiamiento público para evitar la captura privada. Esa lógica sigue siendo correcta. Pero el problema no es el principio, sino la magnitud. La fórmula vigente convirtió a México en uno de los sistemas más costosos del mundo en términos relativos. Ajustar el factor de cálculo no elimina la financiación pública ni rompe la equidad; introduce un criterio de proporcionalidad y austeridad acorde con la realidad social del país.

    Más relevante aún es el fortalecimiento de la fiscalización. La obligación de reportes cotidianos desde el sistema financiero al INE, la prohibición expresa de financiamiento extranjero o ilícito y la eliminación de aportaciones en efectivo configuran un modelo más preventivo que reactivo. En términos comparados, esto acerca a México a estándares de trazabilidad financiera avanzados. La clave estará en garantizar que estas herramientas no se utilicen con sesgo político, sino bajo criterios estrictamente técnicos y con control jurisdiccional efectivo.

    En materia de representación proporcional, la reforma introduce un ajuste interesante: mantiene el sistema mixto (300 mayoría relativa y 200 representación proporcional), pero modifica el método de asignación para que parte de las diputaciones plurinominales recaigan en candidaturas con alto desempeño distrital, aunque no hayan ganado. Esto corrige una distorsión percibida por la ciudadanía: la designación cerrada por cúpulas partidistas. No elimina la proporcionalidad —lo cual sería un retroceso—, sino que la reconfigura para reforzar el vínculo entre voto ciudadano y escaño legislativo.

    La eliminación de la lista nacional de representación proporcional en el Senado y la reducción a 96 integrantes simplifican la arquitectura legislativa. Aquí el debate es más delicado: menos escaños implican ahorro presupuestal, pero también exigen revisar con cuidado los efectos en la pluralidad. La ingeniería electoral no solo debe ser austera; debe preservar el equilibrio entre gobernabilidad y representación.

    Otro aspecto destacable es la regulación del contenido electoral generado o alterado mediante inteligencia artificial. Este punto coloca a México en la discusión global sobre integridad electoral en la era digital. La obligación de etiquetar contenido manipulado y la corresponsabilidad de plataformas son medidas razonables ante el riesgo real de desinformación masiva. El reto será definir técnicamente qué constituye alteración y evitar censura indirecta.

    Finalmente, la expansión de mecanismos de democracia participativa y su carácter vinculante, bajo umbrales claros, refuerza una concepción sustantiva de la soberanía popular. No se trata de sustituir la democracia representativa, sino de complementarla con instrumentos que amplíen la deliberación pública. La prohibición de someter a consulta derechos humanos o materias fiscales preserva límites constitucionales indispensables.

    En síntesis, esta reforma no es una ruptura con el modelo democrático mexicano, sino una actualización. Puede generar resistencias legítimas —toda redistribución de poder lo hace—, pero su espíritu no es concentrar control, sino racionalizar costos, blindar la legalidad financiera, ajustar la representación y modernizar la regulación frente a riesgos tecnológicos.

    El verdadero riesgo no es reformar, sino petrificar las instituciones. La democracia se fortalece cuando se revisa críticamente a sí misma. El desafío ahora no es ideológico, sino técnico: traducir el texto constitucional en leyes secundarias claras, garantizar autonomía efectiva de las autoridades electorales y asegurar que la implementación preserve el pluralismo que tanto costó construir.