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  • Tráiler golpista

    Tráiler golpista

    Habían anunciado una megamarcha, donde los transportistas cerrarían todas las calles y carreteras, una asociación cada vez más débil llamada Alianza Nacional de Transportistas y Campesinos, ANTAC, que dirige David Estévez Gamboa, a quien dejaron plantado los maestros de la CNTE, los jubilados con pensiones millonarias, las madres buscadoras y los campesinos.

    Las marchas son importantes cuando las integra un nutrido grupo de personas, no tráileres que impiden el paso de los vehículos. Para cerrar una utopista se requieren dos camiones, es decir, dos choferes, pero no hay detrás de esta movilización gente que apoye la acción, simple demostración de fuerza, que radica en el espacio que copan los vehículos. No pueden cerrarse las arterias del país por unas decenas de inconformes que aseguran tener causas de su protesta a pesar de que las mesas de diálogo están abiertas.

    Buena parte de las peticiones originales de los transportistas han sido resueltas o están en vía de solución, incluso con documentos firmados por las partes; sin embargo, aseguran que ha habido muertes en los asaltos en los caminos del país, y que dichos asesinatos los censura el gobierno en los medios.

    Se trata de grupos de choque, que tienden alfombra roja a un golpe de Estado contra México. Las mesas están abiertas permanentemente y las desdeñan porque dicen que sólo serán promesas pero no permiten siquiera que esas promesas se expresen.

    El grupo de 200 transportistas en reforma muestra la fuerza que tiene este movimiento el que llaman resistencia, pero carece de representación, social y gremial. Para hacerse notar no tuvieron otra alternativa que hacer escándalo y mostrar una conducta agresiva, empujaron a los uniformados y los insultaron hasta el cansancio, pero no por ello puede ser respetable un movimiento que sólo quiere mantener un conflicto que ya se solucionó.

    Mantener vivo un conflicto implica ocupar las calles para los medios que también forman parte del golpe de estado, y así, registren imágenes de que el país está en llamas, de esa manera se cumple con dos funciones elementales de los golpes blandos que el manual de la CIA utiliza para destituir a presidentes electoras democráticamente: violencia callejera y difusión desproporcionada de los hechos.

    Argentina es un ejemplo claro del voto de una sociedad manipulada por la Casa Blanca. Ahora le va peor que si hubiera sufrido un golpe de estado militar, el hambre y la miseria que los medios convencionales ubicaban en países como Venezuela o Cuba, ambos con bloqueo de Estados Unidos, en el caso de Argentina, cuenta con el apoyo de Estados Unidos, de ahí la hambruna.

    La marcha mostró una expresión minoritaria violenta, sin oportunidad al diálogo y rechazar cualquier tipo de acuerdos. En más de una ocasión se han parado de las mesas de diálogo los transportistas intempestivamente, sin siquiera escuchar los argumentos de las autoridades.

    Si las mesas de diálogo están abiertas, ya no se trata de un a situación entre gobernantes y gobernados, nada tiene que ver con la democracia o la justicia, sino de maleantes contra el orden público que deben ser sancionados de manera ejemplar.

  • La CDMX da un paso histórico por el derecho al cuidado

    La CDMX da un paso histórico por el derecho al cuidado

    La Ciudad de México acaba de aprobar una de las reformas sociales más importantes de los últimos años. El Congreso capitalino avaló la nueva Ley del Sistema de Cuidados, una iniciativa que busca reconocer algo que durante décadas fue invisibilizado: cuidar también es trabajo y debe ser una responsabilidad compartida entre el gobierno, las familias, la comunidad y el sector privado.

    Esta nueva ley representa un cambio profundo en la forma en que la capital entiende los cuidados. Ya no se trata únicamente de apoyar a ciertos sectores vulnerables, sino de reconocer que todas las personas, en algún momento de su vida, necesitan cuidar o ser cuidadas. Desde niñas y niños hasta personas adultas mayores, personas con discapacidad o quienes enfrentan enfermedades, el cuidado se convierte ahora en un derecho humano garantizado por el Estado.  

    Uno de los puntos más relevantes de esta legislación es que pone sobre la mesa una realidad que millones de mujeres viven todos los días: la enorme carga de trabajo doméstico y de cuidados que históricamente ha recaído sobre ellas sin reconocimiento económico ni social. La ley busca reducir esa desigualdad mediante políticas públicas que redistribuyan estas tareas y permitan construir relaciones más equitativas dentro de los hogares y la sociedad.  

    En términos prácticos, el nuevo Sistema de Cuidados permitirá crear y fortalecer centros de atención para infancias, personas mayores, personas con discapacidad y personas en situación vulnerable. Además, se contemplan espacios de apoyo para quienes dedican gran parte de su tiempo a cuidar a otros, incluyendo programas de descanso, capacitación, profesionalización y acompañamiento emocional.  

    Otro aspecto clave es que la ley busca combatir la llamada “pobreza de tiempo”, una problemática que afecta principalmente a las personas cuidadoras. Muchas veces, quienes cuidan no tienen tiempo para estudiar, trabajar, descansar o incluso atender su propia salud. Por ello, la legislación plantea impulsar esquemas laborales más flexibles, licencias de maternidad y paternidad más incluyentes, así como mecanismos que ayuden a equilibrar la vida personal y laboral.  

    La ley también establece la creación de un padrón de personas cuidadoras y programas de apoyo para quienes realizan cuidados de tiempo completo, especialmente en casos de personas con necesidades intensas de atención. Esto significa que el trabajo de cuidados comenzará a tener mayor reconocimiento institucional y social en la capital.  

    Además, la reforma incorpora principios fundamentales como igualdad de género, accesibilidad, inclusión, interculturalidad y no discriminación, lo que permitirá que los servicios de cuidado se adapten a las distintas realidades sociales de la ciudad.  

    Otro punto importante es que las alcaldías estarán obligadas a destinar presupuesto específico para fortalecer estos servicios y ampliar su cobertura en cada demarcación. La intención es que el acceso al cuidado no dependa de la situación económica de las familias, sino que exista una red pública y comunitaria capaz de responder a las necesidades de la población.  

    La aprobación de esta ley coloca a la Ciudad de México como una de las entidades más avanzadas del país en materia de derechos sociales y bienestar. Más allá de la creación de nuevos programas, la reforma representa un cambio cultural: reconocer que cuidar sostiene la vida, la economía y el funcionamiento de toda la sociedad.

    Para millones de capitalinos, especialmente mujeres, madres trabajadoras, personas adultas mayores y familias cuidadoras, esta nueva legislación podría significar más apoyo institucional, mejores servicios y una mejor calidad de vida. La Ciudad de México comienza así una nueva etapa donde el cuidado deja de verse como una obligación individual y pasa a convertirse en una prioridad pública.

  • La segunda transformación judicial: legitimidad, territorio y confianza pública

    La segunda transformación judicial: legitimidad, territorio y confianza pública

    Durante años, millones de mexicanas y mexicanos aprendieron a tenerle miedo a la justicia. No al delito, sino al sistema. Miedo a denunciar y no ser escuchados. Miedo a perderse entre trámites interminables. Miedo a instituciones lejanas que parecían hablar un idioma distinto al de la vida cotidiana. Por eso, la nueva reforma judicial enviada por el Gobierno federal no debería entenderse solamente como un ajuste constitucional. En realidad, revelaría que el Estado mexicano comenzó a reconocer que la reforma de 2024 necesitaba corregirse antes de que el nuevo modelo perdiera legitimidad frente a la ciudadanía.

    La elección popular de juezas, jueces y magistraturas cambió la historia del Poder Judicial mexicano. Sin embargo, la experiencia de 2025 también dejó señales de alerta: boletas excesivamente complejas, demasiadas candidaturas, perfiles difíciles de evaluar y una ciudadanía que, en muchos casos, votó sin comprender plenamente qué estaba eligiendo. La baja participación y la dificultad para identificar perfiles técnicamente sólidos comenzaron a evidenciar que democratizar el voto judicial no bastaría por sí mismo para construir confianza pública.

    Ahí aparece el verdadero sentido de la nueva iniciativa impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum. La reforma propone mover la próxima elección judicial de 2027 a 2028, homologar elecciones judiciales federales y locales, reducir significativamente el número de candidaturas, simplificar boletas y reorganizar distritos judiciales para hacer más comprensible el proceso electoral. También plantea crear una Comisión Coordinadora encargada de homologar criterios de evaluación, revisar requisitos y aplicar exámenes de conocimientos para quienes aspiren a cargos judiciales.

    Técnicamente podrían parecer ajustes administrativos, pero políticamente representan algo más profundo: el Gobierno entendió que el nuevo sistema corría el riesgo de saturarse, desgastarse y perder credibilidad si no se fortalecían mecanismos de organización y filtros técnicos. La reforma original abrió las urnas al Poder Judicial; la nueva reforma parecería intentar evitar que esa apertura termine debilitando la capacidad institucional de quienes deberán impartir justicia.

    Incluso algunos cambios aparentemente menores reflejan preocupaciones mucho más grandes. La posibilidad de reducir candidaturas mediante insaculación, la intención de disminuir saturación visual en boletas y la permanencia temporal de personas juzgadoras cuyo encargo concluía en 2027 mostrarían que el Estado busca estabilizar políticamente el nuevo modelo antes de enfrentar otro proceso masivo de elección judicial. En otras palabras, la reforma no solo corregiría aspectos electorales; también intentaría contener riesgos de improvisación, polarización y desorden operativo que comenzaron a detectarse después de la elección de 2025.

    Pero el problema de fondo no terminaría en las boletas. En distintos encuentros ciudadanos comenzó a repetirse la misma sensación: millones de personas siguen sintiendo que la justicia continúa lejos de sus vidas. Muchas veces el conflicto no empieza en un tribunal, sino antes, cuando nadie explica cómo denunciar, cómo defenderse o cómo acceder realmente a las instituciones. Ahí es donde la reforma comienza a tocar un terreno mucho más profundo: la legitimidad social.

    A partir de ahora, juezas y jueces ya no dependerían únicamente de conocimientos técnicos o resoluciones judiciales. También enfrentarían una legitimidad permanente frente a una sociedad más crítica, más participativa y mucho más atenta al comportamiento de sus instituciones. La confianza ya no terminaría el día de la elección; tendría que construirse todos los días frente a una ciudadanía que exigiría cercanía, claridad y sensibilidad institucional.

    En medio de esa transformación comenzaron a fortalecerse espacios ciudadanos como JUSTA. La reciente instalación del capítulo Estado de México, encabezado por la Mtra. Amelia Ivonne Mejía Guerrero, reunió a juezas, jueces y representantes sociales en torno a un mensaje central: la nueva etapa judicial necesitaría cercanía con la ciudadanía, organización territorial y mecanismos permanentes de confianza pública alrededor de la justicia mexicana.

    La segunda transformación judicial mexicana apenas comienza. La elección popular de jueces abrió una etapa inédita en la historia del país, pero el verdadero desafío sería mucho más profundo: lograr que millones de personas vuelvan a sentir que la justicia también les pertenece. La nueva reforma confirma que el futuro del Poder Judicial ya no se definiría únicamente en tribunales o reformas constitucionales, sino también en la capacidad de construir confianza pública, cercanía social y legitimidad cotidiana frente a la ciudadanía.

  • Raúl Castro, la soberanía cubana y la hipocresía de Washington

    Raúl Castro, la soberanía cubana y la hipocresía de Washington

    Cada cierto tiempo, desde Estados Unidos reaparece el intento de criminalizar a figuras históricas de la Revolución Cubana. Ahora el objetivo vuelve a ser Raúl Castro, en una narrativa que pretende presentar a Cuba como amenaza mientras se omite deliberadamente una parte fundamental de la historia: décadas de agresiones, terrorismo y operaciones encubiertas impulsadas o toleradas desde territorio estadounidense contra la isla.

    Porque para entender el conflicto entre Cuba y Estados Unidos hay que recordar algo que muchas veces se borra convenientemente: la Revolución Cubana no solo enfrentó bloqueo económico, sino también sabotajes, atentados y grupos violentos organizados desde Miami.

    Uno de los casos más conocidos fue el de la organización Hermanos al Rescate, presentada durante años por medios estadounidenses como una agrupación “humanitaria”. Sin embargo, desde Cuba se denunció reiteradamente que sus sobrevuelos violaban el espacio aéreo cubano y eran utilizados como provocaciones políticas en coordinación con sectores anticastristas radicales.

    Al frente de ese grupo estaba José Basulto, personaje ligado históricamente a operaciones apoyadas por la CIA y entrenado en el contexto de las acciones encubiertas contra Cuba durante la Guerra Fría.

    Washington exige respeto absoluto para su seguridad nacional y su espacio aéreo, pero durante décadas toleró —e incluso protegió políticamente— operaciones aéreas ilegales contra un país soberano.

    Lo que rara vez se menciona es que el gobierno cubano emitió múltiples advertencias antes del derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate en 1996. Según registros y denuncias del propio gobierno de la isla, existieron alrededor de 25 advertencias previas señalando que esos vuelos debían detenerse porque violaban el espacio aéreo cubano.

    La pregunta es simple: ¿qué habría hecho Estados Unidos si aeronaves vinculadas a grupos hostiles sobrevolaran repetidamente su territorio desafiando advertencias oficiales?

    Ninguna potencia del mundo permitiría operaciones aéreas ilegales permanentes sobre su territorio. Ningún Estado aceptaría provocaciones constantes sin responder.

    Ahí es donde el discurso estadounidense pierde legitimidad moral. Porque mientras acusa a otros de autoritarismo o violencia, ha respaldado históricamente bloqueos, operaciones encubiertas e incluso grupos vinculados a acciones terroristas contra la isla.

    La propia historia de la Red Avispa refleja esa realidad. Los agentes cubanos infiltrados en organizaciones anticastristas en Florida no operaban en medio de un escenario pacífico, sino en un contexto donde existían antecedentes de atentados, sabotajes y planes violentos contra Cuba. Desde la perspectiva cubana, aquellas operaciones eran parte de una estrategia defensiva frente a amenazas reales.

    Cuba tiene derecho a decidir sobre su espacio aéreo, sobre su seguridad nacional y sobre su destino político sin amenazas externas ni operaciones desestabilizadoras promovidas desde otro país.

    Porque detrás de los ataques constantes contra Raúl Castro y la Revolución Cubana no solo existe una disputa ideológica. También existe el intento permanente de castigar a un país que decidió no subordinase completamente a los intereses de Washington. Y eso, para ciertos sectores del poder estadounidense, sigue siendo imperdonable.

    Redes sociales

  • Entre rejas, periodistas y memorias de un México que no se olvida

    Entre rejas, periodistas y memorias de un México que no se olvida

    Recuerdo perfectamente aquel viaje. Yo tendría unos 14 años cuando, en unas vacaciones, mi padre me dijo: “Acompáñame a la Ciudad de México”. En aquellos años viajar desde Veracruz hacia la capital era toda una aventura. Íbamos en un Nissan Tsuru de dos puertas, sin aire acondicionado; el “clima” era bajar los vidrios y dejar que el aire entrara mientras avanzábamos entre curvas, neblina y carreteras interminables.

    Al acercarnos a Xalapa el ambiente cambiaba por completo. El calor del puerto quedaba atrás y comenzaban los paisajes montañosos, los bosques húmedos y ese frío característico rumbo a Puebla y la Ciudad de México. Para un adolescente ver aquello era como entrar a otro mundo.

    Pero el destino de ese viaje no era turístico

    Íbamos a visitar a un viejo amigo de mi padre que se encontraba preso en el Reclusorio Oriente: Cirilo Vázquez Lagunes, personaje polémico y conocido en el sur de Veracruz, particularmente en la región de Acayucan. Su nombre marcó una época completa en la política regional veracruzana. Para unos era un hombre generoso y protector; para otros, símbolo del viejo sistema político mexicano donde el poder regional se mezclaba con negocios, control territorial y relaciones políticas profundas.

    Recuerdo perfectamente aquel ingreso al penal. Las revisiones, los pasillos, las puertas metálicas, custodios observando cada movimiento y, al final, una especie de convivencia donde se reunían amistades, abogados y personajes ligados a la política y al periodismo. Yo era apenas un muchacho observando en silencio un mundo que todavía no entendía.

    Entre quienes rodeaban aquella mesa se encontraba el famoso abogado y exfiscal Javier Coello Trejo, conocido durante décadas como “El Fiscal de Hierro”, un hombre que tuvo enorme peso dentro de la procuración de justicia mexicana durante los años setenta y ochenta.

    Con el paso de los años entendí mejor quién era aquel personaje que observé de lejos en aquel reclusorio. Javier Coello Trejo construyó una carrera basada en una política de mano dura contra la corrupción y el narcotráfico. Fue precisamente el expresidente José López Portillo quien le otorgó el apodo de “El Fiscal de Hierro” debido a la cantidad de órdenes de aprehensión y procesos que impulsó contra funcionarios públicos, empresarios y personajes ligados a redes de corrupción.

    Durante su paso por la entonces Procuraduría General de la República, Coello encabezó investigaciones que derivaron en el encarcelamiento de cientos de funcionarios y exfuncionarios acusados de corrupción. Su trayectoria dentro de la PGR fue creciendo rápidamente hasta convertirse en uno de los hombres fuertes dentro de la procuración de justicia mexicana. Años después ocuparía posiciones clave dentro de la Subprocuraduría de Investigación y Lucha contra el Narcotráfico, una de las áreas más delicadas del país en aquellos tiempos.

    México atravesaba una etapa extremadamente compleja

    Comenzaban a crecer estructuras criminales ligadas al narcotráfico mientras coexistían enormes redes de corrupción política dentro de distintos niveles de gobierno. Coello Trejo se volvió conocido por actuar contra personajes que parecían intocables. Su nombre quedó ligado a investigaciones de alto impacto nacional y a una generación de fiscales que operaban directamente bajo la influencia del poder presidencial mexicano.

    Sin embargo, también fue una figura profundamente polémica. Su paso por la procuración de justicia estuvo acompañado de fuertes críticas relacionadas con abusos de autoridad, métodos excesivos y señalamientos sobre violaciones a derechos humanos. Esa dualidad convirtió a Javier Coello Trejo en uno de los personajes más controvertidos del sistema judicial mexicano contemporáneo.

    También recuerdo perfectamente escuchar hablar de José Luis Mejías, periodista veracruzano muy conocido en la región de Acayucan y dentro de los círculos políticos nacionales de aquella época. José Luis Mejías era amigo personal de Cirilo Vázquez y fue precisamente él quien lo vinculó y presentó con importantes personalidades de la política mexicana de aquellos años. Su famosa columna “Los Intocables”, iniciada en 1964, llegó a convertirse en una de las más leídas e influyentes del país. Primero fue publicada en El Universal y posteriormente en Excélsior, donde alcanzó gran notoriedad nacional.

    Mejías pertenecía a una generación de periodistas que convivían directamente con gobernadores, líderes sindicales, empresarios, mandos policiacos y figuras del poder presidencial mexicano. Eran tiempos donde el periodista no solamente escribía: investigaba, negociaba información, caminaba oficinas gubernamentales y conocía personalmente a quienes tomaban decisiones en el país. Su estilo crítico y directo le permitió construir una enorme red de contactos políticos en una época donde Veracruz tenía un peso importante dentro del sistema político nacional.

    Debo decirlo con honestidad: muchas de esas historias ocurrieron cuando yo todavía era muy pequeño o incluso antes de que naciera, ya que soy de 1981. No me tocó convivir directamente con personajes históricos del periodismo mexicano como José Luis Mejías o Manuel Buendía. Sin embargo, crecí escuchando hablar de ellos, de sus columnas, de su influencia política y del respeto y también temor que generaban dentro de ciertos sectores del poder mexicano. Con el paso de los años fui comprendiendo mejor la dimensión de aquellos personajes y el contexto político del México que les tocó vivir.

    Tampoco tuve el gusto de conocer personalmente a Manuel Buendía, pero sí he leído ampliamente sobre su trayectoria y tuve la oportunidad de ver documentales sobre su vida periodística y el enorme impacto que tuvo dentro del periodismo nacional. Buendía representó quizá una de las figuras más importantes del periodismo de investigación moderno en México. Su columna “Red Privada” era leída diariamente por políticos, militares, empresarios y funcionarios federales, ya que abordaba temas delicados relacionados con espionaje, corrupción, narcotráfico, servicios de inteligencia y relaciones de poder dentro del gobierno mexicano.

    Lo impresionante de Buendía era que logró investigar estructuras que para muchos eran prácticamente intocables en aquellos años. Sus publicaciones incomodaban profundamente porque exhibían conexiones entre poder político, seguridad nacional y grupos de interés. Su asesinato el 30 de mayo de 1984, en plena Ciudad de México, conmocionó al país entero y se convirtió en uno de los casos más emblemáticos contra la libertad de expresión en México.

    Años después comprendería mejor la dimensión de aquellos tiempos. México era distinto. El país vivía una mezcla extraña entre poder político centralizado, cacicazgos regionales, estructuras priistas dominantes y un periodismo que, aunque muchas veces limitado por el propio sistema, también produjo figuras verdaderamente valientes.

    Hoy el periodismo atraviesa otra crisis, quizá distinta, pero igual de peligrosa

    Antes muchos periodistas eran silenciados por el poder; hoy, además de eso, existe una batalla brutal por la narrativa. Redes sociales, grupos políticos, campañas digitales, intereses económicos y hasta estrategias internacionales buscan imponer percepciones a velocidades nunca antes vistas. El problema es que mucha gente ya no busca informar: busca destruir, polarizar o manipular.

    Y sí, hay periodistas extraordinarios en México. Guste o no su línea editorial, figuras como Joaquín López-Dóriga, Ciro Gómez Leyva, José Cárdenas, Carlos Marín o Azucena Uresti han sobrevivido décadas completas enfrentando presiones políticas, amenazas, cambios de régimen y ataques públicos. Eso no significa coincidir siempre con ellos; significa reconocer trayectoria y resistencia profesional.

    México necesita volver a encontrar equilibrio

    No todo lo pasado fue perfecto, pero tampoco todo fue absolutamente malo. Grandes políticos hicieron cosas positivas por el país, incluso desde partidos hoy criticados. Y también hay funcionarios actuales intentando sacar adelante una nación profundamente golpeada por violencia, corrupción, desigualdad y presión internacional.

    Debemos dejar de ver la política como una guerra de fanáticos donde unos son demonios absolutos y otros santos perfectos.

    La realidad mexicana siempre ha sido mucho más compleja

    Aquel viaje al reclusorio me dejó algo más que una anécdota. Me permitió entender que detrás del poder existen historias humanas, contradicciones, lealtades, traiciones y también silencios. Entendí que México no se puede explicar en blanco y negro.

    Y quizá por eso hoy valoro más a quienes todavía se atreven a informar con responsabilidad, aun en medio de amenazas, intereses económicos, campañas digitales y polarización.

    Porque mientras existan periodistas dispuestos a buscar verdad en medio del ruido, todavía habrá esperanza de entender realmente al país que somos.

  • La intolerancia panista

    La intolerancia panista

    El método de desechos tóxicos del PAN vuelve a estar en la información cotidiana. Antes el proceso de desperdicio estuvo protagonizado por la candidata del PRIAN a la Presidencia, ahora la estrella es la gobernadora de Chihuahua, la vuelven a dejar volar sola, sin asesoría ni guía, hasta que llega el momento que la alejan de la militancia y la cúpula del partido le da la espalda ante la falta de inteligencia de la acusada.

    Como sucedió con Xóchitl Gálvez, el PAN deja de apoyar públicamente a su gobernadora, ante los exabruptos, ante las cámaras, que mostró como si no estuviera en sus cabales. En situaciones muy similares a las de la candidata a la Presidencia, que parecía salirse no solo del guion sino de la realidad.

    La torpeza mostrada por la gobernadora en una serie de entrevistas señala con dedo flamígero, a quienes subastan sus espacios informativos sin importar que sus contenidos se basen en la verdad, la consigna o la mentira. Escogió entrevistas a modo, con conductores que podía controlar su dinero, intentaba limpiarse la cara, y naufragó entre los medios afines, por falta de vocación política e inteligencia.

    Maru Campos debió gastar millones de pesos de los chihuahuenses para tratar de limpiar su imagen en los medios de la capital, sin saber que se hundió más, tanto que su partido, la ha dejado sola.

    Los panistas son intolerantes y misóginos por excelencia, lo demuestran múltiples casos de represión de sus sexenios, y las actitudes de sus gobernadoras, sin importar sin son hombres o mujeres.

    La gobernadora de Chihuahua lo confirma al hacer todo lo posible para impedir, cerrando caminos y abriendo zanjas, la manifestación popular frente al palacio de gobierno pidiendo su destitución. Impidió llegar a la mitad de los contingentes que hubieran exigido su renuncia.

    Chihuahua no se caracteriza por protestar en las calles, la exigencia política pública fue muy castigada por la represión de gobiernos anteriores, alejó a los chihuahuenses de las calles, y les prohibieron las protestas, a grado tal de convertirlas en algo peligroso.

    Por otra parte, la gobernadora de Aguascalientes, Tere Jiménez, acusada de irregularidades financieras, ahora reprime con cárcel la diferencia de ideas. Carlos Darío “N” permanece en prisión preventiva, tras ser detenido arbitrariamente, luego de su participación en una manifestación contra la visita de la política española Isabel Díaz Ayuso.

    El 6 de mayo pasado, la presidenta de la Comunidad de Madrid, se reunió en Aguascalientes con gobernadores del PAN, encabezados por María Teresa Jiménez Esquivel, quien le besara la mano a una funcionaria menor de España como si se tratara de su soberana. La admiración por la monarquía no es gratuita, implica nostalgia por el sistema de represión que le identifica.

    La Fiscalía de Aguascalientes lo vincula a proceso por delitos contra la salud y daño a la propiedad.

    En caso de que se intensifiquen los cuestionamientos a Tere Jiménez, no es difícil prever que el PAN dejará sola a la gobernadora, y la colocará en el rincón de los olvidos como lo hizo con Xóchitl Gálvez, lo hace con Maru Campos y puede hacerlo con Tere Jiménez.

  • Duro, tupido y lento

    Duro, tupido y lento

    Esta es la actualidad de los servicios de salud en Tabasco y creo que en muchas entidades vivimos una realidad terrible en los servicios de salud. A veces, los esfuerzos que hace nuestro gobierno por mejorarlos parecen insuficientes, pero el abandono en que se encontraban todas las instalaciones de salud desde la presidencia de Miguel de la Madrid Hurtado, hasta la llegada de Andrés Manuel López Obrador y en general todo el sistema de salud, petroleras, de la red eléctrica de este país era ya insostenible. 

    Quiero referirme principalmente a hospitales muy antiguos, viejos, obsoletos, con equipos descompuestos o que se descomponían permanentemente y a la no modernización de los equipos más que en la medicina privada, a la falta de muchísimos servicios, a la carencia enorme de especialistas, de consultorios de espacios de atención, lo que derivó en un sistema de salud totalmente saturado que seguimos padeciendo.

    El caso tabasqueño que conozco perfectamente porque he sido sujeto de este sistema está profundamente saturado al grado de que, solo en Villahermosa ya se hace necesario otro hospital para evitar la saturación del hospital general de zona del Seguro Social y de los otros hospitales del IMSS Bienestar, ISSET e ISSSTE que ya son insuficientes.

    Hace algunos meses en la Mañanera del Pueblo, en la que por cierto el pueblo no puede participar, se anunció la compra de un montón de equipos para el IMSS y para el IMSS bienestar, entre ellos destacaba un acelerador de partículas para tratamiento de cáncer para el hospital Juan Graham Casasus, mismo que supuestamente estaría instalado y en funciones a partir de mayo. Escribo el 25 de mayo y hasta el día de hoy no hay todavía ningún equipo instalado en ningún hospital que pueda servir para radioterapia a pacientes de cáncer y éstos siguen teniendo que ser enviados a la UMAE de Mérida, que ya también está saturada.

    En mi opinión como usuario de los servicios de salud, como Ciudadano y como trabajador jubilado, la no obtención de un servicio de salud adecuado, oportuno rápido y eficiente pone en riesgo mi vida, igual que la de muchísimas personas, debo mencionar que los médicos, el personal de Atención a Derechohabientes, el Delegado Estatal del IMSS aquí en Tabasco, Dr. José David Orgaz Fernández, son gente que se afana profundamente, que se compromete, que trabaja con toda su energía e incluso fuera de sus horarios para ayudar a los pacientes y en la medida de lo posible, aliviar los problemas que hay pero sus esfuerzos se vuelven insuficientes por las carencias tremendas que tiene el sistema de salud en Tabasco en especial en el Instituto Mexicano del Seguro Social.

    Es triste reconocer que ha habido muchas defunciones por cáncer o por algunas otras atenciones y servicios que no tiene el Estado pues las personas son atendidas en Mérida, Yucatán o en Veracruz, pero dada la saturación, muchas veces fallecen antes de lograr la atención o porque cuando la reciben ya es demasiado tarde y todo porque en Tabasco o no hay equipos o no hay médicos o las personas que esperan la atención superamos la capacidad del sistema.

    Esperar que se resuelva de un día para otro es como un sueño guajiro, no es algo que pueda ocurrir muy pronto. Sin embargo, cuando hay la promesa de comprar equipos y de que lleguen para que el trabajo para mejorar los servicios se haga, pero esto no ocurre, se genera un descontento muy importante, que seguramente va a redundar en votos en la elección, lo que será aprovechado por la derecha fascista, aunque no creo MORENA vaya a ser derrotado en la próxima elección intermedia. Por otro lado, sí veo que va a haber un abstencionismo mucho mayor del que hemos visto antes y eso es muy peligroso. 

    La interpretación que de esto pueden dar los pululantes agentes de la CIA y el mismo Donald Trump y sus secuaces nacionales y extranjeros, tiene que ponernos a pensar y a actuar con unidad, tanto al gobierno, como a quienes pensamos que la transformación del país hacia la verdadera democracia y la justicia social son un imperativo general, es un trabajo que necesitamos realizar de manera urgente en la solución de los problemas básicos de salud, de movilidad y servicios básicos dada la coyuntura actual, no dibujando hasta lo más deteriorado de lila o morado, ni llenando de ajolotes las bardas de la capital. 

    Ya entrado en gastos la Comisión Federal de Electricidad en Tabasco, se ha convertido en un lastre para las comunidades más pobres del estado, pues las fallas en el suministro de energía son constantes por falta de mantenimiento a las instalaciones, especialmente a la red de distribución, que constantemente se revienta, se rompe, se funde, hace corto y finalmente el tiempo para que lleguen a repararlo es demasiado largo,  hay comunidades que han tenido que soportar hasta dos semanas sin energía eléctrica bajo temperatura superiores a los 36 grados por la noche, y a ver quién puede dormir sin siquiera poder encender un ventilador ya no digamos un equipo de aire acondicionado.

    Valga esto no como una opinión sino como una denuncia contra la Comisión Federal de Electricidad por su inactividad, displicencia e indolencia frente a sus propias fallas; es evidente que la cantidad de personal técnico que tienen para resolver estos problemas es insuficiente y que la voluntad política de resolver esa situación contratando y capacitando a más personal, y los demás que tiene la comisión no existe en Tabasco. 

    No sorprende pues, entonces, que la gente salga y bloquee carreteras y que cuando llegan los técnicos, la gente los está esperando machete en mano para evitar que se retiren sin resolver todas las fallas, absolutamente violentada, porque además algunos llegan a querer hacer la reparación cobrándole al usuario, cuando eso es responsabilidad de la comisión, o que en algunos casos se nieguen a hacer la reparación porque “le corresponde a otra área” y si la realizan, dicho por ellos, “pierdo el trabajo”. ¿Cómo, por ayudar al usuario?

    Todas estas son fallas de un gobierno que se dice de izquierda y popular, que ha resultado más amigo de empresarios y demuestra lo que pasó con Marath Bolaños en la UNAM, con los combativos compañeros del colectivo nacional #YoPorLas40Horas, qué ha resultado más de izquierda y más radical que cualquier otra organización social o política que haya en este país. Ellos no son ni prianistas ni emecistas, ni ninguna expresión de esa fauna nociva, son más bien de una izquierda más radical que se identifica con los socialistas y comunistas de nuestro país, que buscan el beneficio verdadero de los más pobres necesitados.

  • Godínez culturapoperos

    Godínez culturapoperos

    El sábado 16 de mayo de 2026, en la feria del libro de Neza, tuve la oportunidad de compartir escenario en una charla con Vicente Serrano. Sobre el final empezaron a llegar las familias de los niños que integran una orquesta y esperaban turno, pues tocarían al finalizar nuestra charla.

    Para la ronda de preguntas y respuestas, un matrimonio joven mandó a su hija pequeña a hacer preguntas como: «¿por qué la presidenta hace el mundial y no resuelve lo de los desaparecidos», «¿por qué la presidenta permitió el atentado en Teotihuacán y no lo resolvió?» o «¿por qué se da tanto dinero a gente que no hace nada?». Sus papás, parados en el fondo la grababan y la aplaudían por hacerse eco de su pensamiento tan básico, con una valentía envidiable, porque hay que ser valiente para mandar a un hijo a decir tales barbaridades. Contesté puntual a cada una de las preguntas, básicamente desmontándolas como falacias. Pero más que reproducir esas respuestas, prefiero abocarme a reflexionar sobre qué hace que ese pensamiento prevalezca aún en ciertos sectores de la población.

    Bueno, pues ese es el público de los influencers cuya aparición privilegia el algoritmo en redes de shorts o reels como Facebook, Instagram o TikTok. Se trata en muchos casos de profesionistas de mediana edad que crecieron viendo televisión. De niños rieron con el bullying de Facundo, los monólogos de Adal Ramones y las intrigas de Big Brother. Se emocionaron con los maratones que empezaban con El Chavo, para dar paso a Dragon Ball y terminar con el partido de la selección nacional, cuyos goles cantaron con pasión.

    Después vino la transición a las redes sociales y el streaming, cuando el marketing los convenció de que abandonar la tele era de inteligentes, así que entraron de lleno en las series y comenzaron a seguir a creadores de contenido que ampliaban su experiencia en cuanto a las sagas cinematográficas de superhéroes. Y también se comenzó a consumir contenido relacionado con la música de banda y humor creado por standuperos mexicanos como Franco Escamilla o vendedores de humo como Carlos Muñoz. Más recientemente está en auge una oleada de influencers con discursos cada vez más agresivos como: Juan Manuel Zunzunegui, Temach, Arqui Juve, Mike Remis, entre otros. Muchos de ellos ya acomodados en la era del podcast.

    Quienes han vivido este proceso de consumo, que sigue teniendo de fondo el mensaje despolitizante que conviene a la derecha, desde siempre se han mostrado “indignados”, pero carecen de cualquier compromiso con causas sociales. Son profesionistas no lectores que se formaron en el periodo más duro del adoctrinamiento neoliberal. Les parece bastante lógico el discurso subyacente de todo ese aparato mediático, financiado por poderes fácticos que han logrado revivir a la derecha en el continente. Ese discurso básicamente les dice que el régimen morenista es corrupto y está vinculado al narcotráfico, que es un gobierno para pobres y “huevones”, y falto de clase.

    Entonces, al tener enfrente a aquellos quienes el algoritmo les ha dicho que somos propagandistas pagados por el régimen, no pierden la oportunidad de manifestar su supuesta indignación, aunque francamente sus vidas sean cómodas, y, por lo mismo, tengan todo ese tiempo para consumir entretenimiento que los adoctrina y delinea en ellos un esbozo de postura política con base en falacias.

    Muchos integrantes de mi generación ostentan ese pensamiento individualista que floreció desde la educación básica y fue reforzado por el aparato mediático; primero en análogo y luego en digital. Godínez culturapoperos con ínfulas y muchísimo por leer. El contraste está en los extremos. El grueso de mis seguidores de YouTube me lleva al menos 10 años de edad, y, por otra parte, comienzan a tomar fuerza muchos creadores de contenido en TikTok que incursionan en el análisis político con bastante tino, así como recomendaciones y referencias bibliográficas por delante.

    Me disculpo a nombre de mi generación, que difícilmente se va a quitar el estigma de su génesis neoliberal, pero veo con esperanza que el pensamiento comunitario, la conciencia de clase y el humanismo, brotan y florecen en medio del pantanoso y truculento algoritmo.

  • Breaking Bad Azteca

    Breaking Bad Azteca

    Si alguien tuvo la oportunidad de ver la serie Breaking Bad, seguramente recordará aquella imagen del ciudadano aparentemente común: un hombre tranquilo, dueño de restaurantes, con una vida que parecía modesta para el estándar americano, amable con la comunidad, cercano a las autoridades y hasta colaborador indirecto de los cuerpos de seguridad. Sin embargo, detrás de esa fachada se escondía una compleja red criminal que contaminaba comunidades enteras y generaba un enorme daño social, económico y humano.

    Lo interesante es que, con el paso de los años, pareciera que aquella historia jamás fue solamente ficción. Hoy la realidad latinoamericana, y particularmente la mexicana, comienza a mostrar escenarios inquietantemente parecidos. Empresarios, figuras públicas, artistas, operadores financieros y actores políticos han comenzado a ser mencionados en investigaciones, expedientes y declaraciones relacionadas con estructuras de lavado de dinero, financiamiento ilícito y vínculos con organizaciones criminales que ahora, bajo la óptica estadounidense, son catalogadas incluso como organizaciones terroristas.

    Y es ahí donde surge la gran pregunta: ¿qué tan profunda es realmente la infiltración del crimen organizado en la vida cotidiana de México?

    Porque la discusión ya no gira únicamente en torno al sicario armado o al líder visible de una célula criminal. El debate ahora toca fibras mucho más delicadas: la economía cotidiana, los negocios legales y la convivencia social. Durante años se normalizó una peligrosa convivencia entre el dinero ilícito y la vida pública. Muchos quizá sin darse cuenta; otros, probablemente conscientes del beneficio económico que representaba.

    Hace algún tiempo un influencer de Culiacán realizó una declaración que quedó marcada en la conversación pública mexicana. Decía que en su ciudad prácticamente todos tenían alguna relación indirecta con el narcotráfico: el albañil que construía casas, la florería que enviaba arreglos, el comerciante que vendía provisiones, el taller mecánico, el restaurante o incluso el pequeño negocio familiar. Una reflexión dura, incómoda, pero que exhibe la complejidad social del fenómeno.

    Porque el lavado de dinero no siempre ocurre en oficinas oscuras ni en películas hollywoodenses. Muchas veces sucede en operaciones aparentemente normales, donde el dinero ilícito se mezcla con la economía formal hasta volverse casi invisible. Ahí radica precisamente el enorme desafío de los gobiernos modernos.

    Hoy pareciera que Estados Unidos ha decidido endurecer su postura. Las acusaciones públicas, los señalamientos financieros y las investigaciones transnacionales no solo buscan castigar; también parecen enviar un mensaje: quien esté involucrado todavía tiene tiempo de cooperar, retirarse o corregir el rumbo antes de enfrentar consecuencias mucho más severas en cortes del país vecino.

    Pero más allá de la política y de las investigaciones internacionales, México enfrenta un reto aún más importante: recuperar su tranquilidad y preservar lo más valioso que posee, su gente.

    Porque México no puede seguir siendo noticia únicamente por la violencia. México es playas, montañas, selvas, cultura, gastronomía y hospitalidad. Es un país que tiene absolutamente todo para convertirse en una potencia turística y humana de primer nivel. Lo más valioso de esta nación sigue siendo su población: millones de mexicanos trabajadores, cálidos, solidarios y profundamente humanos.

    Por eso el país necesita una transformación social y cultural que vaya más allá de operativos militares o discursos políticos. Necesita reconstruir valores, fortalecer oportunidades económicas y evitar que generaciones enteras sigan viendo al crimen como el camino más rápido hacia el éxito.

    En medio de este contexto llamó particularmente la atención la reciente reunión de la presidenta Claudia Sheinbaum con representantes del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos. Más allá del protocolo diplomático, el encuentro dejó señales importantes sobre el nivel de cooperación e intercambio de información que actualmente existe entre ambos gobiernos en temas de seguridad, inteligencia financiera y combate al crimen organizado.

    También resultó relevante el discurso del senador Manuel Huerta, quien abordó temas relacionados con acuerdos políticos y dinámicas de poder en diversos estados gobernados por la oposición. En tiempos donde la polarización domina el debate público, resulta evidente que cada declaración política comienza a adquirir un peso estratégico mucho mayor.

    México vive una etapa delicada. Una etapa donde la línea entre política, seguridad, economía y crimen organizado parece volverse cada vez más delgada. Sin embargo, todavía existe tiempo para corregir el rumbo.

    Porque al final del día, el verdadero enemigo no solo es el narcotráfico o el lavado de dinero. El verdadero enemigo es la normalización social de ambos fenómenos.

  • Cortés descalzonado

    Cortés descalzonado

    Aunque ya llevaba meses escuchando montones de historias y un torrente de metáforas sobre la majestuosidad de lo que le esperaba, a don Hernando se le debieron haber caído los calzones cuando vio por primera vez la megalópolis de la cuenca de México, la gran México-Tenochtitlán. En su vida había visto un portento civilizatorio de ese tamaño…, ni de cerca. Considere usted… El capitán Cortés había nacido apenas 34 años antes en un pueblito en el que vivían menos de dos mil almas: Medellín en 1485 era una pequeña villa castellana de la región de Extremadura, situada sobre una colina junto al río Guadiana. Dominada por su castillo medieval y rodeada de tierras agrícolas y ganaderas, vivía principalmente del cultivo de cereales, olivares y la cría de ovejas. Sus calles estrechas y casas de piedra recordaban las secuelas recientes de la Reconquista. Claro, mozuelo, conoció la ciudad de Salamanca: una de las ciudades más prestigiosas del reino de Castilla, que en 1500 debió de haber estado habitada por cerca de quince mil gentes. Sus calles de piedra dorada bullían con estudiantes, clérigos, comerciantes y nobles llegados de distintos territorios. Bajo el reinado de los Reyes Católicos, la ciudad vivía un momento de prosperidad cultural, con iglesias, conventos y edificios universitarios en expansión. Para el joven Hernán Cortés, que llegó allí para estudiar leyes, Salamanca ofrecía un primer contacto con el humanismo, la política y las ambiciones del mundo castellano en plena era de expansionismo. Luego, tres años después, el joven llegó nada menos que una de las dos ciudades más grandes de España en ese momento, Sevilla, la que bullía con la vida de unas sesenta mil personas. Para los ojos de un extremeño como Cortés, en 1503, Sevilla debió haberle parecido una colosal desmesura y un espectáculo de diversidad: un hervidero humano de mercaderes genoveses, marineros vizcaínos, esclavos africanos, frailes, soldados, pícaros y burócratas de la Corona que abarrotaban las callejas alrededor de la catedral y del puerto sobre el Guadalquivir, por donde comenzaban a entrar las riquezas y noticias del recién descubierto Nuevo Mundo. Aquel año, además, la ciudad acababa de convertirse en el centro neurálgico de la expansión ultramarina castellana con la creación de la Casa de Contratación, institución destinada a controlar el comercio y los viajes hacia las Indias.

    Hernán Cortés cruzó el Atlántico por ocasión primera en 1504; cuando tenía alrededor de 19 años partió a La Española. Cuando desembarcó en Santo Domingo encontró una ciudad improvisada, ruda, y al mismo tiempo altiva: el principal enclave castellano en el Caribe y la primera capital duradera del imperio español en el Nuevo Mundo. Levantada a orillas del río Ozama, la población mezclaba construcciones de madera, bohíos y algunas pocas construcciones de piedra en edificación; por sus calles polvorientas transitaban funcionarios reales, soldados hambrientos de fortuna, frailes, comerciantes, aventureros recién llegados de Europa y sobrevivientes curtidos por las enfermedades, el hambre y las violentas campañas de conquista. El aire, cargado de trópico, olía a puerto y a eventualidad: Santo Domingo era todavía más un campamento que una ciudad colonial.

    Siete años después arribó a un asentamiento español aún más pequeño: Santiago de Cuba. Santiago, en 1511, era un asentamiento precario de chozas y construcciones rudimentarias entre las montañas y una bahía profunda, sitiada por mosquitos. En la diminuta villa convivían soldados, burócratas, sacerdotes, aventureros y población taína sometida por la conquista, en total no más de medio millar.

    Así que, imaginemos, incluso cuando don Hernando conoció el antañón mundo indígena mesoamericano en Cempoala debió de haber quedado boquiabierto: tan sólo en términos poblacionales, Cempoala era aproximadamente entre 40 y 100 veces más grande que Santiago de Cuba. Incluso usando cálculos conservadores, la diferencia era brutal. Recordemos que Bernal Díaz del Castillo describe Cempoala con una mezcla de asombro urbano y fascinación por la abundancia. En su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España insiste en que era una población “muy grande”, llena de casas bien construidas, patios y aposentos amplios, y subraya el movimiento incesante de hombres y mujeres, animales, alimentos y tributos. Le impresiona especialmente el orden urbano y la densidad humana, algo que para soldados curtidos en las Antillas resultaba insólito: “No sé cómo lo cuente: ver cosas nunca oídas, ni vistas, ni aun soñadas…” Y ya traía yo a cuento aquí la semana pasada la sorpresota que se llevaron los ibéricos cuando llegaron a Tlaxcala. Los hispanos quedaron anonadados…

    Pues México-Tenochtitlán era descomunal incluso comparada con Tlaxcala. Las estimaciones varían, pero Tenochtitlán tenía entre 250 mil y 300 mil habitantes en 1519, mientras que la ciudad de Tlaxcala acaso rondaba entre 30 mil y 50 mil. En otras palabras: la capital mexica era aproximadamente entre cinco y siete veces más grande.

    Pero el verdadero vértigo, aquel que seguramente dejó a don Hernando no sólo descalzonado, sino despojado de toda certeza europea, estaba en la escala regional. Porque aquello no era simplemente una ciudad, por muy monumental que fuera; era la Cuenca de México completa, una superpotencia demográfica con cerca de millón y medio de habitantes distribuidos en unos siete mil kilómetros cuadrados. Una densidad alucinante de hasta doscientas personas por kilómetro cuadrado que convertía al valle en un sistema urbano interconectado, una red de ciudades-estado que bullían como un hormiguero humano sobre el agua. Si Tlaxcala había sido un choque para los sentidos, Tenochtitlán fue el descontón mental: una metrópolis compacta, imperial y acuática que borraba cualquier mapa conocido por el extremeño. Mientras que en Castilla la gente vivía dispersa en campos y villas, aquí el paisaje entero era una ciudad que respiraba, cultivaba y comerciaba al unísono. Al poner un pie en aquella calzada, debió haber sentido que su mundo —el de las murallas de piedra, los latifundios medievales y las villas europeas— era apenas un boceto ante la complejidad tecnológica, estética y demográfica de aquella civilización… 

    @gcastroibarra