Etiqueta: opinión

  • El tercer atentado contra Trump no es un hecho aislado, es una advertencia

    El tercer atentado contra Trump no es un hecho aislado, es una advertencia

    Tres atentados en menos de dos años no son coincidencia. Son un mensaje. El 25 de abril, en Washington D. C., un incidente armado obligó a evacuar de emergencia a Donald Trump durante la cena anual de corresponsales, uno de los eventos más vigilados del país. Podría pensarse que se trató de una falla puntual en seguridad. No lo es. Es la evidencia más reciente de un cambio que ya está en marcha: la violencia política dejó de ser excepcional y comienza a instalarse como parte del entorno.

    Cuando un mismo liderazgo ha sido blanco de tres atentados en tan poco tiempo, el análisis ya no puede centrarse en el episodio, sino en el sistema que lo hace posible.

    La secuencia es clara. En 2024, un disparo en Pensilvania dejó a Trump herido. Meses después, un hombre armado fue detectado en un campo de golf. En 2026, un evento institucional de alto nivel tuvo que ser evacuado. Tres escenarios distintos, una constante: la posibilidad real de que la violencia irrumpa en el corazón del poder político.

    Pero el fenómeno no se agota ahí. El asesinato del activista conservador Charlie Kirk durante un acto universitario y el ataque contra la familia de Nancy Pelosi en su domicilio confirman algo aún más preocupante: la violencia política ya no distingue entre cargos, espacios ni niveles de exposición. Puede ocurrir en una plaza pública, en una universidad o en una casa privada. Ese es el verdadero cambio.

    Lo que estamos viendo no es una suma de hechos aislados, sino la formación de un patrón. Y todo patrón responde a condiciones. La primera es la normalización social de la violencia. Cuando una parte de la población comienza a justificar el uso de la fuerza bajo ciertas circunstancias, el límite moral que antes contenía estos actos empieza a diluirse. No hace falta que todos aprueben la violencia. Basta con que deje de escandalizar.

    La segunda condición es la radicalización ideológica. En contextos de alta polarización, el adversario deja de ser un competidor y se convierte en una amenaza. Cada agresión refuerza esa percepción en el lado opuesto. Se instala entonces una lógica de escalada: acción y reacción. Un círculo que se alimenta solo. En ese terreno, la política ya no se disputa, se confronta.

    La tercera es la vulnerabilidad institucional frente a actores individuales. Hoy no se requieren estructuras complejas para generar un impacto político profundo. Un individuo con motivación ideológica, acceso a un arma y un objetivo visible puede alterar la estabilidad de todo un sistema. Las instituciones pueden reaccionar, pero cada vez les resulta más difícil anticipar. Ese es el nuevo desafío.

    Si miramos el fenómeno con enfoque de ingeniería política, lo que emerge es un sistema donde varias variables se potencian entre sí. La repetición de ataques reduce la sorpresa. La polarización legitima la confrontación. La acción individual multiplica los riesgos. Y las instituciones, diseñadas para amenazas organizadas, enfrentan un entorno cada vez más difuso. No es un problema de un evento. Es un problema de diseño del sistema.

    Para mexicanas y mexicanos, este análisis no es ajeno. Observar lo que ocurre en Estados Unidos debería servirnos como advertencia, no como espectáculo. Las democracias no se deterioran de un día para otro. Se desgastan cuando comienzan a tolerar aquello que antes rechazaban. En nuestro país, donde se ha apostado por fortalecer la vida pública desde la participación y el diálogo, el reto sería claro: no permitir que la polarización cruce el umbral de la violencia.

    El problema no es que ocurra otro atentado. El problema es que deje de sorprendernos. Porque cuando eso sucede, la violencia ya no es una ruptura del orden, sino parte de él. Y cuando la política se acostumbra a convivir con la violencia, la amenaza deja de ser coyuntural y se convierte en estructural.

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  • La larga sombra de la CIA en México

    La larga sombra de la CIA en México

    La noticia sobre agentes extranjeros fallecidos recientemente en Chihuahua, México, presuntamente vinculados a labores encubiertas y a esquemas de colaboración opacos con autoridades locales, volvió a encender una discusión que México suele posponer: la presencia e injerencia de agencias estadounidenses en territorio nacional.

    Más allá de los detalles específicos del caso —que deben esclarecerse con apego a la ley y transparencia institucional—, el episodio remite a una historia más amplia: la larga sombra de la CIA y de otros aparatos de seguridad de Estados Unidos sobre la vida política mexicana.

    Durante la Guerra Fría, México fue observado con especial interés por Washington. Su cercanía geográfica, su peso regional y la existencia de movimientos sociales, estudiantiles, sindicales y de izquierda lo convirtieron en un país estratégico. En ese contexto, la CIA operó en América Latina bajo una lógica conocida: contener cualquier proyecto que se percibiera como incómodo para los intereses estadounidenses y de sus grandes empresas.

    A lo largo de décadas, distintas investigaciones periodísticas y desclasificaciones han mostrado redes de intercambio de información, cooperación irregular y relaciones estrechas entre agencias estadounidenses y cuerpos de inteligencia nacionales. Organismos como la Dirección Federal de Seguridad y, años después, el Centro de Investigación y Seguridad Nacional, convivieron en una zona gris donde la frontera entre colaboración legítima e injerencia política no siempre fue clara.

    El problema de fondo no es la cooperación internacional en materia de seguridad. Ningún país serio renuncia al intercambio de inteligencia frente a amenazas transnacionales. El problema aparece cuando esa cooperación se realiza al margen de la ley, sin controles democráticos, sin rendición de cuentas y, peor aún, subordinando la soberanía nacional a intereses externos.

    México tiene un marco jurídico claro respecto a la actuación de agentes extranjeros. La presencia, funciones y límites de cualquier colaboración deben sujetarse a la Constitución y a las leyes nacionales. Cuando existen operaciones encubiertas, acuerdos informales o vínculos directos con gobiernos estatales por fuera de los canales federales, no estamos frente a cooperación institucional: estamos frente a una anomalía política.

    La historia latinoamericana ofrece suficientes ejemplos de cómo la intervención externa en nombre de la seguridad termina degradando instituciones, alimentando conflictos internos y debilitando la confianza pública. Golpes de Estado, espionaje político, persecución ideológica y operaciones clandestinas no son fantasmas del pasado: son antecedentes concretos.

    Importa el caso de Chihuahua porque obliga a preguntar quién autorizó qué, bajo qué marco legal y con qué supervisión. Importa porque evidencia el riesgo de que algunos gobiernos locales conviertan la seguridad en un espacio de relaciones paralelas con actores extranjeros. E importa porque recuerda que la soberanía no se pierde solo en grandes tratados: también se erosiona en convenios opacos y prácticas toleradas.

    La relación con Estados Unidos será siempre compleja por razones geográficas, económicas y de seguridad. Precisamente por eso debe construirse desde la legalidad entre Estados soberanos, no desde zonas oscuras donde unos mandan y otros obedecen.

    Redes sociales

  • Los gritos del PAN

    Los gritos del PAN

    El PAN ha llegado al extremo que nunca debió alcanzar en las sesiones del Congreso. Porque toca la última alternativa de mostrar que existen: reventar las sesiones.

    Se saben minoría, sin fuerza militante, sin líder, sin dirigentes, sin simpatías y a punto de perder dinero en sus gobiernos en el interior del país.

    Ellos mismos se han propuesto mostrar su debilidad ante el pueblo, aunque en los medios se presenten como el PAN, así, en abstracto, es decir, un grupúsculo de conservadores que en nombre de un membrete quiere aparecer como si tuvieran fuerza social, siendo, en realidad un club de amigos.

    El PAN descuidó de manera evidente, la atención a la militancia, su relación con la población, la creación de cuadros, su estrategia electoral, su propuesta política. En México hay conservadores y disidentes del gobierno, que no encuentran en el PAN una representación popular real, porque se han dedicado en las sesiones, a salvar de la cárcel a sus correligionarios antes que voltear a mirar a los ciudadanos.

    Lo que pasa que muchos de sus funcionarios, ex presidentes, líderes tienen tantos delitos que aprovechan la tribuna para tratar de limpiar su imagen en lugar de buscar alternativas que en realidad construyan puentes hacia la población.

    Al dedicar el tiempo de tribuna en limpiar la imagen de los delincuentes que tienen en sus filas, empezando por el líder del cártel inmobiliario y terminando con la gobernadora de Chihuahua, muestra su responsabilidad en delitos que van desde el homicidio por razones de corrupción y traición a la patria.

    Es por eso que revientan las sesiones, lo cual representa un acto de sabotaje a las labores naturales de un país, es decir son golpistas.

    Con golpe de estado o sin golpe, Maru Campos estaba destinada a ser la candidata favorita de Estados Unidos a la Presidencia de la República. Como sucedía hace algunos años Estado Unidos quiere volver a imponer a los presidentes como lo hizo prácticamente toda la vida hasta 2018.

    Ante las constantes derrotas de los panistas, la derecha en México ha decidido convertir a Maru Campos en la María Corina Machado de México, sabe que con la franquicia del PAN tiene poco futuro porque se trata de un partido por demás vulnerable, pero con una imagen internacional que pueda convertirse en la oposición desde le extranjero, así tanto Maru como el PAN recibiría dinero del extranjero, de tal manera que las prerrogativas del INE no serían importantes.

    Porque María Corina vive sin trabajar, y vive bien, incluso con lujos. Ella no se preocupa por la renta ni por la despensa surtida en la cocina de su casa. La mantiene una derecha internacional de la que quiere ser beneficiario directo el PAN y tiene en Maru Campos, el personaje ideal, convertido no sólo en víctima del supuesto autoritarismo del gobierno mexicano sino en una heroína que lucha por liberar al mundo libre del flagelo de las drogas.

    Por el momento el PAN debe hacer más escándalo que proselitismo, para esto tiene a los medios que colocan a ese partido como si tuviera la mayoría en el Congreso y más de la mitad de los mexicanos tuvieran simpatías por sus líderes y candidatos. No es así.

  • Hipocresía, ilegalidad e impunidad

    Hipocresía, ilegalidad e impunidad

    Acción Nacional y los gobernadores salidos de sus filas causan vergüenza por su incongruencia entre el discurso anticorrupción que espetan sin decoro y pleno de cinismo.

    Se llenan de dizque patriotismo y respeto a las leyes, juran y protestan cumplirlas, pero en los hechos se enriquecen inexplicablemente , junto con sus familiares y amigos. Luego accidentalmente, son desnudados de cuerpo entero asociados a los peores intereses que pululan en México.

    La CIA y el FBI y solo Dios sabe que otras agencias del imperio son consentidas y aceptadas como si nada por gobiernos panistas y al parecer, también por emecistas. Es vergonzoso que cuando el país avanza en un proyecto de nación capitalista, pero que busca independencia real y desarrollo, estos partidos derechistas y protofascistas pretendan justificar su actuar ilegal y antinacional.

    Lo que más desespera, es que la autoridad federal solo pida explicaciones y no haya una acción directa en contra de estos traidores. ¿Habrá impunidad?

    Así parece y se puede sospechar que el propio gobierno federal acepta estas presencias en secreto. Lo digo porque una Senadora de la República estaba haciendo trabajo de base en Chihuahua y fue frenada por el Poder Ejecutivo Federal de manera estricta. Ahora aparece el fondo del asunto. Habrá impunidad otra vez, igual que con Fox, Calderón, Peña, Zedillo y demás. 

    La intervención estadounidense no ha sido frenada por décadas, desde la “victoria” carrancista; en esos días había amenaza de otra invasión y extrañamente los carranclanes recibieron armas y parque gringos. Simulación como los atentados a Trump y tantas acciones de la 4T, como la reforma laboral, en la que la jornada de trabajo, el patrón y el trabajador y trabajadora, ahora tienen otro nombre y eso permitirá a la patronal cometer más abusos. 

    Las violaciones a la Ley de Seguridad Nacional y a la Constitución son asunto mayor y tienen que ser castigadas, además es imprescindible que se investigue a cada gobierno estatal, incluso a los emanados de MORENA, pero profundizando en aquellos en los que hay entreguismo y deseo de que México sea intervenido, especialmente los de gobiernos emanados del  PAN y del MC en los que el crimen organizado actúa con más constancia y evidencia, léase Guanajuato, Jalisco, Nuevo León, Chihuahua y Querétaro. 

    Sin embargo, todo apunta a una continuidad de la impunidad. El Gobierno Federal no parece confiar en el Poder del Pueblo. 

    Se nos viene el 2027 y esta escalada intervencionista debe ser detenida, la movilización popular es necesaria para derrotar a las organizaciones políticas traidoras, no se puede esperar al voto, es necesario que se haga algo ahora o las consecuencias serán catastróficas. 

    Antes nadie creyó que Trump golpearía como lo ha hecho, decían que era “puro pájaro nalgón”. Ojalá que ahora escuchen. 

  • Se arranca la locomotora

    Se arranca la locomotora

    En política, casi nunca hay silencios inocentes. Cuando empiezan a circular versiones sobre movimientos en la dirigencia, ajustes internos y reacomodos de operación, lo que realmente se escucha no es el ruido de la crisis, sino el arranque de la maquinaria electoral. Eso parece estar ocurriendo hoy: Morena ya abrió una nueva fase de organización rumbo a 2027 con el nombramiento de Citlalli Hernández al frente de su Comisión Nacional de Elecciones, mientras medios nacionales reportan que también se perfila una transición en la dirigencia partidista. Más que un accidente, parece el anuncio de una nueva etapa. Y, como era de esperarse, la oposición ya comenzó a echarle carbón al fogón.

    En ese contexto, vuelven también los viejos apellidos, los expedientes reciclados y las acusaciones de temporada. En Veracruz, donde la memoria política es larga pero la reconciliación pública casi nunca termina de llegar, los Yunes regresan una y otra vez al ojo del huracán mediático. Ahí conviene poner pausa. Una cosa es que existan cuestionamientos históricos sobre patrimonio, poder y redes de influencia; otra, muy distinta, es convertir el pasado en una condena perpetua útil para cada nuevo ciclo electoral.

    En la política mexicana, muchas veces no se investiga para esclarecer, sino para administrar el daño, dosificar el escándalo y reactivar antagonismos cuando más conviene. Eso no fortalece la rendición de cuentas; apenas alimenta el espectáculo. Sobre ese terreno, Veracruz sabe demasiado.

    También es cierto que toda contienda necesita villanos, símbolos y distractores. Por eso no sorprende que, a medida que se acerca el calendario electoral, resurjan figuras, apellidos y pleitos de otra época. Lo interesante no es sólo quién reaparece, sino para qué reaparece. En el fondo, la oposición intenta instalar la idea de desgaste, fractura y relevo forzado en Morena; mientras el oficialismo busca presentar sus cambios como parte natural de una reorganización con disciplina, método y continuidad. Lo que está en disputa no es solamente el control interno de un partido, sino la narrativa de estabilidad rumbo a la sucesión intermedia.

    En medio de ese tablero, una declaración reciente del embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson, volvió a poner un tema incómodo sobre la mesa: corrupción y soborno. Johnson dijo que vienen acciones importantes en el marco del T-MEC para castigar esas prácticas y recordó que el tratado obliga a los tres países a criminalizar el cohecho y fortalecer las medidas anticorrupción. No es un tema nuevo, pero sí una señal política fuerte. La diferencia entre el discurso anticorrupción y su aplicación real ha sido, durante años, uno de los grandes vacíos de nuestro sistema público. En México, casi todos condenan la corrupción; muy pocos la investigan hasta el fondo, y menos todavía pagan costos judiciales o políticos por ella.

    Ahí está uno de los puntos centrales del momento: México no enfrenta solamente una presión electoral interna, sino también un escrutinio externo cada vez más directo sobre la calidad institucional del Estado. Si Washington eleva el tono en corrupción dentro del marco comercial regional, no lo hace por filantropía democrática. Lo hace porque la corrupción altera mercados, distorsiona inversiones, rompe condiciones de competencia y se cruza, cada vez más, con seguridad, tráfico ilícito y captura de instituciones. Cuando el vecino del norte habla de soborno en la conversación del T-MEC, está hablando también de gobernabilidad.

    Otro episodio reciente ilustra esa tensión: la polémica en torno a los agentes estadounidenses fallecidos en Chihuahua. La discusión pública se encendió porque primero hubo negaciones, luego matices y finalmente reconocimiento de algún nivel de coordinación con autoridades mexicanas, aunque con versiones encontradas sobre el papel exacto de los estadounidenses. Reuters reportó que el gobierno de Claudia Sheinbaum ordenó revisar si hubo violaciones a la ley de seguridad nacional; AP documentó las contradicciones oficiales y el malestar que el caso generó por los límites de la participación extranjera en operativos ligados al combate al narcotráfico.

    La lección es delicada: la cooperación bilateral existe, seguirá existiendo y en muchos casos es necesaria; pero en México cualquier ambigüedad sobre soberanía, inteligencia y presencia extranjera tiene un costo político inmediato.

    No hay que caer tampoco en alarmismos de sobremesa. La soberanía nacional no se pierde por reconocer cooperación técnica o de inteligencia, siempre que ésta ocurra dentro de la ley y bajo conducción del Estado mexicano. Lo que sí la debilita es la opacidad. Cuando los gobiernos comunican mal, se contradicen o permiten zonas grises en asuntos de seguridad, abren la puerta a la sospecha, al uso partidista del tema y a la narrativa de subordinación. En un asunto tan sensible como la colaboración con Estados Unidos contra el narcotráfico, la forma de explicar también es fondo.

    Y ya que en redes sociales algunos reclaman hablar más del “fundamentalismo” contra la educación STEM, vale la pena decirlo con claridad: sí, ese tema importa, y mucho. En el nuevo orden económico, la soberanía también se mide por la capacidad de formar ingenieros, científicos, programadores y talento técnico de alto nivel. La OCDE advirtió en su Encuesta Económica de México 2026 que ampliar la formación técnica y las oportunidades en áreas STEM es crucial para aumentar el número de profesionales con habilidades digitales avanzadas. IMCO, por su parte, ha insistido en que los empleos del futuro se concentran justamente en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, y que México sigue corto en ese frente. Debilitar el rigor en esas áreas no produce justicia social: produce dependencia tecnológica.

    Por eso la locomotora ya se escucha. No sólo arrancó la electoral, también la geopolítica. Morena entra a una fase de ajuste y disciplina interna; la oposición busca instalar la idea de desgaste; Estados Unidos aprieta sobre corrupción y seguridad; y, entre tanto ruido, México sigue obligado a resolver una pregunta de fondo: si quiere administrar el poder del presente o construir las capacidades del futuro. Porque sin Estado de derecho no habrá confianza, sin claridad en seguridad no habrá soberanía firme, y sin educación de alto nivel incluida la STEM no habrá competitividad real en el mundo que ya llegó.

    Lo demás, como siempre en política mexicana, será narrativa. Pero el país ya no está para vivir sólo de ella

  • La CIA en México

    La CIA en México

    Ahora la CIA está operando en México, en estados de oposición, en los mismos, que siempre han pedido la intervención gringa; de no ser por desafortunado accidente, donde 2 agentes de la CIA perdieron la vida, nunca hubiéramos sabido con la certeza de que operan en México, y menos sin la audacia de Canayín, no hubiéramos sabido que son al menos 4 agentes de la CIA que operan en México o en Chihuahua, aunque quieran seguir disfrazando de agentes de la DEA o del FBI, que ni la CIA, ni el FBI, y menos la DEA, deben de operar en México.

    Y casi al mismo tiempo pasa lo de la persona que se puso a disparar en plenas pirámides de Teotihuacán, y resulto que fue un “disparador solitario”, y por alguna extraña coincidencia, hablaba como extranjero, pero si era mexicano.

    Y lo mejor de todo este complot, salió un video de extranjero o pocho – parece- que grabo al individuo desde que subió a la pirámide, lo siguió con la cámara, hasta que se posicionó en el lugar donde empezó a disparar, y por otra extraña casualidad momentos antes de que empezarán los tiros, el dichoso camarógrafo empezó a bajarse de la pirámide, y el pretexto de que grabó a la persona esta, lo haya seguido hasta el lugar donde iniciará los tiros, fue que es una cámara 360, cuantas coincidencias, ¿no?

    Y no, una cámara 360 no sigue a una persona al “azar”, en todo caso, graba todo lo que está enfrente de la cámara no sigue los pasos de alguien al “azar”, aunque en las redes sociales donde ese video fue publicado, todos son expertos en cámaras 360 y todos tienen una, y estos mismos son los que echan la culpa al gobierno de este suceso, otra gran coincidencia.

    No importa que haya salido a la luz, que en la embajada gringa paguen a “influencers” por seguirle la corriente y promocionar la derecha gringa.

    Y hablando de la embajada, es momento de que el gobierno mexicano exija al embajador gringo, una explicación del por qué había agentes de la CIA o de la DEA o del FBI operando en México. Y por supuesto se exige al gobierno un castigo ejemplar para la gobernadora de Chihuahua, que traicionó a la Patria, y el fiscal chihuahuense, también saldrá salpicado.

    Ya suficiente tenemos con que alguien quiera venderle, en el mejor de los casos, toda la infraestructura de México a sus patrones de BlackRock, como puertos, fracking, agua, etc.

    En Chihuahua ya se expuso de la intervención gringa, en el Estado de México, como guión de película gringa, pasó lo de las pirámides, se rumora que, en Nuevo León, también hay agentes gringos, ¿en cuáles más estados habrá agentes gringos trabajando con la venía de los gobiernos locales? ¿en cuáles estados trabajan sin que nadie sepa?

    Ahora, eso de que nadie supo, fue falla de inteligencia del gobierno de México, falla de la inteligencia de la Secretaria de Seguridad Ciudadana (García Harfuch), falla del ejército mexicano/marina o alguien no aviso.

    No se les olvide, este texto está plagado de opiniones, cuestionamientos personales, algunos hechos reales y chunga.

    Gracias.

    • BLOG: https://chimpando.blogspot.com/
  • La dejadez y los años

    La dejadez y los años

    Siempre es joven en los viejos la capacidad de aprender bien.
    Esquilo, Agamenón.

    Conforme a los resultados de la Encuesta Nacional sobre Salud y Envejecimiento en México (ENASEM), levantada por el INEGI en diciembre de 2024, algunas de las enfermedades más comunes entre la población de 50 años y más son la artritis y los problemas cardiacos, tanto para mujeres como para hombres: de ellas, 13.7% reporta padecer artritis y 6.1% problemas cardiacos; mientras que entre los varones los porcentajes son de 5.3% y 5.8%, respectivamente. Artritis y problemas cardiacos, claro… Digo “algunas de las más comunes” y no las más comunes porque, claro, en primerísimo lugar se encuentran la diabetes y la hipertensión arterial, ambas clasificadas formalmente por la OMS como Enfermedades Crónicas No Transmisibles. He ahí los grandes males de la población entrada en años.

    Los datos que arroja la ENASEM muestran que, en 2024, 41.5% de las personas de 50 años y más tenía diagnóstico de hipertensión: 47.9% correspondió a mujeres y 34.3%, a hombres. Esos datos son fundamentales para entender la carga de morbilidad en nuestro país, y apenas son la punta estadística del iceberg.

    En epidemiología, la diferencia entre quienes saben que tienen una enfermedad y quienes realmente la padecen se conoce como la brecha de diagnóstico o subdiagnóstico. Para estimar qué tan grande es esa población invisible, los especialistas suelen contrastar encuestas de autorreporte, como la ENASEM, con encuestas que incluyen mediciones clínicas y biométricas, como la ENSANUT. Se estima que, en México, aproximadamente 44 de cada 100 adultos que padecen hipertensión lo ignoran. Si aplicamos esta tasa de desconocimiento a la población de 50 años y más, la prevalencia real (quienes lo saben + quienes no) podría escalar fácilmente por encima del 65% en este grupo de edad. O sea: la gran mayoría de la población mayor es hipertensa. Aunque las mujeres reportan un mayor diagnóstico, esto suele deberse a que tienen una mayor frecuencia de contacto con los servicios de salud. En otras palabras, entre los hombres, el subdiagnóstico suele ser mayor debido a una menor cultura de prevención…, lo que mi abuela solía llamar dejadez

    En el caso de la diabetes, la brecha de diagnóstico suele ser un poco menor que en la hipertensión, pero sigue siendo significativa. Los análisis de la ENSANUT sugieren que cerca de 1 de cada 3 personas con diabetes en México no sabe que la tiene. Si la ENASEM 2024 indica que el 25.5% de los mayores de 50 años está diagnosticado, la población total afectada podría rondar el 37% de ese grupo demográfico si sumamos a los no diagnosticados.

    Redondeando, si 65% y 37% de la población de 50 años y más en México tiene hipertensión y diabetes, respectivamente, ¿cómo se muestra esta condición de salud pública respecto a otros países del mundo? ¿Es tan alta la prevalencia de estos padecimientos en otras naciones latinoamericanas? ¿Cómo se presentan las cosas en Estados Unidos y en Europa, por ejemplo, Alemania y en Francia? ¿Qué decir de los dos países más poblados del planeta, India y China?

    Los datos anteriores colocan a México en una posición de excepcionalidad epidemiológica, particularmente en lo que respecta a la diabetes.

    Mientras que la hipertensión parece seguir una tendencia global asociada al envejecimiento biológico, la prevalencia de diabetes en la población mexicana de 50 años y más supera significativamente los promedios de la mayoría de las economías avanzadas y de otros gigantes poblacionales. En el ámbito latinoamericano, México lidera en prevalencia de diabetes. En países con transiciones demográficas similares como Brasil o Argentina, la prevalencia de diabetes en adultos mayores suele rondar el 18% al 22% diagnosticados. Si sumamos el subdiagnóstico, podrían alcanzar un 28-30%, una cifra alta pero aún por debajo del 37% estimado para México. En cuanto a la hipertensión, la región es un poco más homogénea: en casi todo el Cono Sur más del 60% de los mayores de 65 años padece esta condición.

    Desafortunadamente, Estados Unidos es el país que más se acerca al perfil metabólico mexicano, y sospecho que eso se debe a la dieta y a la invasión de ultraprocesados. Del otro lado del Bravo, entre los mayores de 65 años la prevalencia de la diabetes, incluyendo no diagnosticados, es de aproximadamente 33%, mientras que alrededor del 70% de este grupo tiene presión arterial elevada.

    En Europa, el sistema de salud y la dieta marcan una diferencia notable en la diabetes, aunque no tanto en la hipertensión: por ejemplo, la población de 50 años y más diagnosticada con diabetes en Alemania es de 21% y en Francia de aproximadamente el 16.5%, en ambos casos, muy lejos del 37% que se estima para el caso de México.

    Resulta difícil evadir la conclusión: México presenta un fenómeno demográfico de “envejecimiento con enfermedad”. La dejadez de por sí es mala, pero si es colectiva resulta pésima.

  • Por favor, tratadnos como a viles imbéciles

    Por favor, tratadnos como a viles imbéciles

    Se agradece como agradecidamente se agradece cuando a uno lo tratan como imbécil, que los aparatos de control nos traten como se trata a un imbécil. Es loable que nuestra dirigida clase dirigente no solo se responsabilice de inventar realidades irreales, sino que también cargue con el pesado peso de convencernos de la realidad de lo irreal. Las últimas semanas dieron muestras de ello. Desde el bloqueo al bloqueo del estrecho de Ormuz, hasta la nada ridícula y peninsular forma de hablar del imitador teotihuacano de Columbine, pasando por el fracking del pueblo.

    Y es que si salvarnos de lidiar con la realidad es noble, hacerlo de manera que podamos imaginar que vivimos en una caricatura, una película con doblaje barato o una novela de Televisa, es ir más allá del más allá.

    Ahí está Doña Claudia Sheinbaum hablando de nuevas técnicas de fracturación con “bajo impacto ambiental” para extraer gas natural, una suerte de fracking sustentable, fracking bueno, fracking que benéficamente agrave el estrés hídrico, contamine suelo y aguas, libere metano a la atmósfera, erosione la tierra e induzca sismos, por enlistar algunas de sus virtudes. Ahí está la presidenta hablando de un fracking que fracture la idea misma del fracking.

    Igual que Don Donald Trump, inaugurando, con el bloqueo el bloqueo del estrecho de Ormuz, una sucesión de bloqueos donde no quede nada sin bloquear que no hubiera sido previa bloqueado por otro bloqueo a la espera de ser bloqueado. La madre de todos los bloqueos bloqueada por un bloqueo venidero. Sintetizando, en un bloqueo absoluto, aquella máxima de la derecha, que no se cansa de despreciar al otro por bien del otro, que reza que el pobre es pobre porque quiere, en un sencillo bloqueo que está bloqueado porque no bloquea.

    Entrados en gastos

    Resulta imposible cerrar esta breve antología, donde imbécilmente se agradece ser tratados como imbéciles, sin mencionar el burdo y melodramático, que no por burdo y melodramático es menos lamentable, atentado estilo preparatoria gringa a la teotihuacana. Una mala copia de una realidad tan irreal como insultante, donde el más decadente híbrido de Hernán Cortés y Travis Bickle, amenazó, a quienes tenía amagados, con frases como: “Y vosotros, y mierda, que habéis venido desde la puta Europa, no vais a regresar”, y “Si os movéis os sacrifico, esto se construyó para sacrificar, cabrones, no para que vengáis a hacer la puta fotito de mierda”, siguiendo un guión más kitsch, trillado y de mal gusto que la actuación más kitsch, trillada y de mal gusto de Laura Zapata en su peor telenovela, dejando claro que somos producto de una cultura tan carente de respuestas como de imaginación y alternativas que permitan algo diferente a ser tratados como se trata a un imbécil que no entiende que no entiende.

    • Carlos Bortoni es escritor. Su última novela es Historia mínima del desempleo.
  • Perú en vilo: la izquierda vuelve a escena

    Perú en vilo: la izquierda vuelve a escena

    La reciente elección presidencial en primera vuelta en Perú ha reconfigurado el mapa político del país y reavivado el debate sobre un posible retorno de la izquierda al poder. En un contexto marcado por la fragmentación partidista, el descontento social y la desconfianza en las instituciones, los resultados reflejan no sólo preferencias electorales, sino también un profundo malestar acumulado en amplios sectores de la población.

    Uno de los elementos más notorios de esta jornada electoral es la dispersión del voto. A diferencia de procesos anteriores donde dos o tres fuerzas concentraban la mayor parte del apoyo ciudadano, en esta ocasión múltiples candidaturas lograron porcentajes significativos, evidenciando una crisis de representación. Este fenómeno no es nuevo en Perú, pero se ha intensificado tras años de inestabilidad política, incluyendo la sucesión de presidentes, escándalos de corrupción y enfrentamientos constantes entre el Ejecutivo y el Legislativo.

    En medio de este escenario, las candidaturas de izquierda han logrado posicionarse con fuerza relativa. Aunque no necesariamente con mayorías contundentes, sí han captado el voto de sectores históricamente marginados, particularmente en regiones rurales y zonas urbanas periféricas. Este respaldo responde a una narrativa centrada en la desigualdad, la redistribución de la riqueza y el cuestionamiento al modelo económico predominante, el cual, si bien ha generado crecimiento macroeconómico en décadas recientes, no ha logrado traducirse en bienestar equitativo para toda la población.

    El posible regreso de la izquierda en Perú no puede entenderse sin analizar el contexto regional. En los últimos años, América Latina ha experimentado un nuevo ciclo político donde diversas fuerzas progresistas han recuperado espacios de poder. Este fenómeno, en ocasiones denominado como una “segunda ola progresista”, ha tenido expresiones en países como Chile, Colombia y Brasil, donde el electorado ha optado por proyectos políticos que prometen mayor justicia social y reformas estructurales.

    Sin embargo, el caso peruano presenta particularidades importantes. A diferencia de otros países donde los partidos de izquierda cuentan con estructuras más consolidadas, en Perú estas fuerzas suelen ser más débiles institucionalmente y dependen en gran medida del liderazgo personal de sus candidatos. Esto plantea interrogantes sobre la gobernabilidad en caso de que una opción de izquierda llegue al poder, especialmente considerando la fragmentación del Congreso y la posibilidad de conflictos políticos recurrentes.

    Otro factor clave es el discurso antisistema que ha acompañado a varias candidaturas. Más allá de la ideología tradicional de izquierda, muchos candidatos han canalizado el hartazgo ciudadano frente a la clase política tradicional. Este discurso, que combina propuestas de cambio estructural con críticas a las élites, ha resultado atractivo para un electorado que percibe que el sistema actual no responde a sus necesidades.

    No obstante, el avance de la izquierda también enfrenta resistencias. Sectores empresariales, grupos conservadores y parte de la clase media expresan preocupación por posibles cambios en las reglas económicas, temiendo impactos negativos en la inversión y la estabilidad. Estas tensiones podrían intensificarse de cara a una eventual segunda vuelta, donde el debate se polarizará entre continuidad y cambio.

    En este sentido, la elección en primera vuelta no solo define quiénes competirán en la etapa final, sino que también marca el tono del debate político en los próximos meses. La capacidad de las candidaturas de izquierda para ampliar su base de apoyo, moderar su discurso o construir alianzas será determinante para sus posibilidades de triunfo.

    En conclusión, la elección de primera vuelta en Perú evidencia un país en búsqueda de rumbo. El posible regreso de la izquierda no es únicamente una cuestión ideológica, sino el reflejo de demandas sociales profundas que han sido postergadas por años. El desenlace del proceso electoral dependerá de la capacidad de los actores políticos para interpretar estas demandas y ofrecer respuestas viables en un contexto de alta incertidumbre.

  • Claudia Sheinbaum: Una advertencia política

    Claudia Sheinbaum: Una advertencia política

    La presencia de Claudia Sheinbaum en Barcelona es de destacarse dado que no hace más sino confirmar que México vuelve a tener voz en espacios donde durante años habló en tono bajo, sumiso o, peor aún, repitiendo guiones ajenos muy distantes a nuestra destacada postura internacionalista del siglo pasado. Hoy no, nuevamente hay interlocución, hay posicionamiento y, sobre todo, hay dirección política.

    Hay que decirlo con mucha claridad, el hecho de que algunos medios internacionales la coloquen entre las figuras más influyentes del mundo no es en lo absoluto producto de la casualidad, sino un indicador de que la presidenta mexicana tiene la capacidad de incidir en la conversación global a partir de una agenda propia que la ha permitido construir un liderazgo incuestionable especialmente en el terreno de la democracia.

    Por esa razón, la narrativa que emplea en el viejo continente viene a dejar en claro que la verdadera Cuarta Transformación posee un significado más profundo: la acumulación histórica de luchas, la transformación del acceso al poder y la resignificación del Estado como instrumento de justicia social con todo y las vicisitudes, ya sea internas o externas que se enfrentan a diario.

    Pero como en todo, hay un problema: Claudia Sheinbaum cuenta con la aprobación y respaldo de un número importante de ciudadanos, su liderazgo se ha ganado el reconocimiento en el ámbito internacional, el problema es que ese mismo liderazgo deja al descubierto una tensión que comienza a ser inocultable: la situación interna en MORENA.

    No hay por qué negarlo, en más de un momento el proyecto que encabeza la presidenta Sheinbaum parece ir por delante de su propio partido y no porque ese instituto político carezca de base social o de capacidad electoral, sino porque en su interior persisten inercias, disputas y visiones que no terminan de comprender la dimensión del momento político y mucho menos lo que reamente está en juego para el país. Pero bueno, no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo aguante y, como todo apunta (como los movimientos en MORENA y los cambios en el gabinete) el movimiento de la 4T entrará a un nuevo proceso que probablemente logre resarcir la principal carencia de su partido más visible: la institucionalidad.

    Claro está que la apuesta es mayor y se ve muy cuesta arriba, precisamente por esas inercias y vicios de los que hablamos y que pudieran significar una desventaja, pero aquí, lo interesante es que al movimiento y a la propia presidenta, le quedan muchos cuadro valiosos y leales que tienen la capacidad probada para recomponer el rumbo, pero además de imprimir los valores que algunos liderazgos han abandonado a conveniencia.

    Por esa razón, los ajustes son más que necesarios y corresponden a una decisión estratégica dada la próxima contienda electoral y ante la postura cuestionable de los aliados, ya que significaría romper con la inercia que se carga donde muchos velan por sus intereses y pocos se ajustan al proyecto de transformación; así que la discusión de fondo radica en comprender si el movimiento en el que confiamos, incluso si las estructuras que lo rodean (gobierno y partido) serán capaces de acompañar el liderazgo que hoy demuestra nuestra presidenta a nivel internacional o si, por el contrario, terminarán confirmando que el proyecto les queda grande.

    Y esa, más que una crítica, es una advertencia política.

    Luis Tovar
    Secretario General de la Fundación
    para la Defensa del Medio Ambiente. FUDEMAH