Etiqueta: opinión

  • Lula a la cabeza

    Lula a la cabeza

    Luiz Inácio Lula da Silva tiene dos enemigos a vencer en las próximas elecciones: la ultraderecha más rancia del mundo y los evangelistas, religión que adoptó su contrincante Jair Bolsonaro, quien fuera presidente de ese país de 2019 a 2023, padre del contrincante actual de Lula, quien lleva más de 8 puntos de ventaja en intención del voto.

    Jair Bolsonaro, se aferró con tanta fuerza a esa religión que hizo de algunos pastores no sólo sus mecenas y voceros sino congresistas. El fanatismo producto de la ignorancia que le caracteriza a los Bolsonaro, lo llevó a conducir a su pueblo como si fueran ovejas al matadero durante la pandemia.

    Jair no sólo se negó a adquirir vacunas de China y Rusia, por provenir de países “comunistas”, sino que determinó que la pandemia se alejaría de Brasil con oraciones, de tal suerte que tuvo como resultado ser el segundo país con más muertes en el mundo durante ese periodo.

    La ignorancia de Jair Bolsonaro no fue gratuita, desde la preparatoria fue instruido en escuelas militares, donde era más importante saber usar una pistola que leer.

    Ahora, el hijo proveniente del mismo adoctrinamiento fascista, es un mediocre abogado, cuyo padre lo convirtió en diputado estatal a los 21 años y en senador a los 37. Ha sido acusado por corrupción, lavar dinero y maltrato familiar; sin embargo, esto es sólo anecdótico comparado con sus declaraciones sobre seguir el mismo método de gobierno que Javier Milei, en Argentina, es decir, llevar al país a la bancarrota y al pueblo a padecer hambre.

    Lula, junto con la presidenta de México se han convertido no sólo en los líderes de los pueblos de América Latina sino en el contrapeso de las irrupciones antidemocráticas financiadas por Estados Unidos que llevan al poder a sus títeres, como ha sucedido en Colombia, Perú, Ecuador, El Salvador, Chile, Bolivia, Honduras, Costa Rica, República Dominicana, Guyana, Panamá, etc.

    El triunfo de Lula consolida la hermandad de los pueblos de américa Latina y cierra la puerta de la región a la ultraderecha para la que representa un verdadero manjar en ganancias y especulaciones financieras, acompañada de la sobrexplotación laboral que los conservadores acostumbraron en el pasado.

    Flavio Bolsonaro elogia las medidas de seguridad de Bukele, quien sacrifica salud, educación, vivienda, empleo, para tener a todos los jóvenes en la cárcel, acusándolos no sólo de pandillerismo con la simple sospecha de serlo, sino de terroristas por instrucciones del delirante presidente de Estados Unidos.

    La derecha en México guarda especial afecto por Flavio, aunque critica en México al gobierno del número de muertes por la pandemia y carencias en el sector Salud no cuestiona esos mismos problemas en sus aliados de América Latina, a quienes apoya incondicionalmente. Recordemos la felicitación de los panistas a Milei cuando llegó al poder, cuando Lilly Téllez lo invitó a ofrecer conferencias en México, “para que los poltícos mexicanos aprendieran a gobernar”. La invitación fue declinada por el gobierno argentino debido al escándalo que produjo la convocatoria de la panista.

    Desde ahora la derecha se organiza diferentes tipos de fraudes, financiados por Estados Unidos. Los medios ya empezaron a inducir el voto al afirmar que están empatados cuando la diferencia a favor de Lula es evidente.

  • De cosas a seres sintientes: Ley de bienestar animal

    De cosas a seres sintientes: Ley de bienestar animal

    Este martes el Senado aprobó, con 115 votos a favor y uno en contra, la Ley General en Materia de Bienestar, Cuidado y Protección de los Animales. Conviene aclarar algo desde el principio: todavía no rige. La minuta ya está en la Cámara de Diputados, donde una iniciativa parecida pasó más de un año congelada. Lo de ayer es un primer paso firme, pero no el último.

    Los animales dejan de ser cosas

    Lo más importante de la ley no son las multas sino una idea: reconoce a los animales como seres sintientes, capaces de sufrir y de disfrutar. Para el derecho mexicano, que durante décadas los trató como bienes muebles, eso cambia la premisa. El texto incorpora además los cinco dominios del bienestar animal (nutrición, ambiente, salud, comportamiento y estado mental), un marco que la veterinaria usa desde hace tiempo y que ahora se vuelve obligación federal.

    Una sola regla para todo el país

    Hoy la protección depende del código de cada estado: lo que en una entidad se sanciona, en otra pasa sin consecuencias. La nueva ley, de 125 artículos, fija un mínimo común y reparte las competencias entre Federación, estados y municipios. Suena técnico, pero es justo donde estas leyes suelen fallar. Cuando nadie sabe a quién le toca actuar, nadie actúa.

    Lo que te toca si tienes una mascota

    Nace la figura de la tutela responsable. Quien tenga un perro o un gato deberá alimentarlo bien, llevarlo al veterinario, darle condiciones dignas, esterilizarlo y mantener al día su registro de salud. Habrá un Registro Nacional de Animales de Compañía, centros de atención en los municipios y campañas permanentes y gratuitas de vacunación y esterilización. Es, a mi juicio, lo más acertado del texto, porque intenta frenar el abandono desde la raíz, que es la sobrepoblación, y no solo castigarlo después.

    Multas, arresto y un padrón

    Por maltrato, la ley prevé multas superiores a los 200 mil pesos y hasta 36 horas de arresto. Quien sea sancionado entrará a un padrón de infractores por un máximo de cinco años y, mientras siga en él, no podrá recibir apoyos públicos para el cuidado animal. También tendrá que costear lo necesario para que el animal se recupere. Se prohíbe la venta de animales en mercadillos y se crea un directorio de criaderos, albergues, refugios y rescatistas, con lo que se busca ordenar un mercado que hoy opera en buena medida a ciegas.

    Lo que se quedó fuera

    Las corridas de toros y las peleas de gallos seguirán en manos de cada estado; seis ya las regulan. Para los espectáculos con animales, la ley se limita a pedir que respeten su bienestar. Tampoco se prohíbe de golpe su uso en investigación y enseñanza: se habla de una transición. Quien esperaba una ley más contundente tiene motivos para sentirse a medias.

    Hay también críticas puntuales. Activistas de Morelos, por ejemplo, temen que el texto facilite el sacrificio de animales rescatados. Ese punto tendrá que aclararse en el reglamento, con criterios veterinarios estrictos.

    El reto es aplicarla

    Aprobar una ley es la parte fácil. Los municipios serán la primera línea y muchos cuentan con presupuestos mínimos y poco personal. Sin dinero para los centros de atención, sin inspectores y sin un registro que funcione, la norma corre el riesgo de quedarse en el papel. Y antes de eso falta el trámite en Diputados, que pueden aprobarla tal cual o modificarla; en ese caso regresaría al Senado.

    Aun con sus huecos, el mensaje del Senado es claro: el maltrato animal ya no se ve como un asunto menor. Si los diputados están a la altura, México tendrá por fin un marco federal. Lo demás (presupuesto, reglamentos y ganas de hacerlo cumplir) dirá si sirve de algo.

  • Trump, China y la presión sobre México

    Trump, China y la presión sobre México

    Trump acaba de abrir una pausa con China y una presión renovada sobre México. Mientras Xi Jinping recibía honores de Estado en Washington, Trump presentaba ante la ONU a los cárteles mexicanos como una amenaza para la civilización occidental. ¿Son hechos aislados? No. La tregua con Pekín le está comprando tiempo y margen para endurecer su política hacia México antes y después de las elecciones intermedias.

    El trasfondo es un escenario que ya dejó de parecer remoto: un ataque casi simultáneo de Rusia contra un país de la OTAN y de China contra Taiwán. The Atlantic documentó que estrategas militares ya analizan esa posibilidad. En la mayoría de las simulaciones, Washington prioriza el Indo-Pacífico y deja a Europa con respaldo limitado. China es el único rival capaz de alterar el equilibrio mundial; Rusia, aunque peligrosa, es considerada una amenaza regional. La guerra con Irán también redujo las reservas estadounidenses de misiles avanzados.

    La advertencia no significa que una guerra de dos frentes sea inevitable. Significa que el problema existe y que Estados Unidos necesita evitar una escalada en Asia. Por eso la visita de Xi, del 23 al 25 de septiembre, tuvo más importancia estratégica que comercial.

    La cumbre produjo acuerdos limitados: extensión de la tregua comercial, reducciones arancelarias sobre bienes no sensibles, compras chinas de carbón y un diálogo sobre “superinteligencia”. No resolvió la rivalidad por Taiwán, la tecnología ni el liderazgo mundial. La pausa no eliminó el conflicto. Lo administró.

    Para Xi, el beneficio fue concreto: reconocimiento como igual y un respiro económico sin ceder sus líneas rojas. Para Trump, la fotografía de estabilidad le permitió vender la tregua como prueba de liderazgo. No hubo reconciliación, sino una pausa útil para que cada potencia reorganizara sus prioridades.

    Ese respiro permitió a Trump mirar hacia el hemisferio occidental. Un día antes de recibir a Xi, desde la ONU, calificó a México como “el epicentro de la violencia de los cárteles”, comparó a esos grupos con el Estado Islámico y dijo que debían ser “asesinados, exiliados o detenidos”. Al mismo tiempo, afirmó mantener una “muy buena relación” con el gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum.

    La contradicción es solo aparente. Trump puede elogiar la relación bilateral y usar a México como símbolo de una amenaza que exige respuestas extraordinarias. El mensaje convirtió un problema de seguridad binacional en un asunto hemisférico. El Canciller Roberto Velasco respondió con la fórmula mexicana: cooperación sin subordinación y defensa de la soberanía.

    La presión tendrá dos reguladores. El primero serán las elecciones intermedias del 3 de noviembre. Si los republicanos pierden terreno, Trump necesitará victorias visibles y México ofrece una narrativa sencilla: frontera, drogas y seguridad. Si el resultado le favorece, podrá mantener una presión calibrada.

    El segundo regulador será el T-MEC. En julio, Estados Unidos no aceptó renovarlo en su forma actual. El tratado sigue vigente, pero quedó abierta la revisión anual y se perdió la certeza de una extensión automática por otros 16 años. Así, el acuerdo comercial se convirtió también en una palanca política.

    La negociación ya no se limitará a reglas de origen o contenido regional. También puede incorporar seguridad nacional, control de inversiones chinas y cooperación contra los cárteles. El escenario más probable es una presión calibrada, aunque un resultado electoral adverso podría activar amenazas arancelarias. Si además estallara una crisis en Europa o Taiwán, Washington exigiría que México asumiera mayores responsabilidades con menos atención estadounidense disponible.

    De aquí a mediados de 2027 veremos tres señales: endurecimiento retórico, amenazas comerciales y descalificación pública de los avances mexicanos. Si aparecen juntas, la presión dejará de ser una herramienta de negociación para convertirse en una estrategia de confrontación.

    La respuesta a la pregunta inicial es clara: Trump utiliza la tregua con China para comprar tiempo estratégico y trasladar su agenda de fuerza hacia México. La pausa en Asia no significa tranquilidad para nuestro país. Significa que Washington tiene más espacio para exigir, condicionar y negociar desde una posición de presión.

    México no puede decidir cuándo Trump necesitará una nueva victoria política. Sí puede decidir si esa victoria se construirá a costa de su soberanía, su economía o ambas. La tregua con China no cerró el tablero. Solo le dio a Trump el tiempo necesario para mover la siguiente pieza.

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  • Colosio y Colosito

    Colosio y Colosito

    Si Benito Juárez sólo hubiera acuñado su fase célebre, sin mayores logros patrióticos, su lugar en la historia no existiría. No puede trascender el tiempo una simple frase sin más peso político que un discurso al que se le adjudican todos los méritos existentes, sólo porque el orador fue asesinado

    El homicidio convirtió a Luis Donaldo Colosio Murrieta en un mártir del PRI, y los medios extendieron una admiración partidista a un culto artificial para un parte de la sociedad, totalmente desinformada. Aquí se ubica la necrofilia y la necesidad de mitos.

    Colosio no fue un teórico de la política, ni un analista de la realidad del país, mucho menos aportó algo a México, simplemente dejó de existir injustamente para que fuera imposible comprobarse sus posibles méritos, supuestos y especulaciones.

    Ni siquiera puede decirse que el homicidio de Colosio Murrieta influyó en la derrota del PRI, o en el triunfo del PAN. El cambio de partido fue negociado con Estados Unidos, con el objetivo de que nada cambiara.

    El cambio de régimen en 2018, colocó a Colosio en el lugar que le corresponde en la historia, cuyo mérito fue haber sido asesinado, y su única obra una frase en un discurso de aniversario de su partido, ya para entonces, 1994, muy desgastado, porque seis años después perdería la presidencia de la República.

    Lo que se pudo rescatar de la política que le caracterizaría fue una sola frase, sobre la sed y hambre de justicia de los mexicanos, de ahí extrajeron lo que algunos llamaron el “ideario” de Colosio, libros anécdotas fantasiosas y hasta amistades inexistentes.

    Ahora, ante la posibilidad de que por fin su hijo se convierta en un político, los medios no saben cómo resurgir la imagen de Colosio Murrieta ante la total carencia d e méritos del junior, tanto que en el norte del país lo mencionan gratuitamente con el mínimo pretexto.

    Por ejemplo, ante el asesinato de la periodista activista y candidata Lucy Aponte Polo en Perú, sin duda perpetrado por el gobierno que encabeza Keiko Fujimori, se hace referencia a Colosio Murrieta, por el simple hecho de que el homicidio sucediera en un mitin. La mayoría de los candidatos asesinados han tenido lugar en actos de proselitismo, pero para el diario Debate, dirigido por priistas de la vieja guardia, es necesario mencionarlo injustificadamente, todos los días para darle fuerza artificial a las simpatías del junior.

    Revivir el recuerdo de Colosio Murrieta ante la imposibilidad de que el hijo tenga aciertos muestra su miseria intelectual, que nada tiene que hacer en la política, representa un recurso desesperado ante la posible muerte de un mito priista. Porque una vez que pierda las elecciones Colosio, el PRI y Movimiento Ciudadano se quedarán sin el chantaje sentimental que han mostrado con ese apellido durante más de 30 años.

    Un ejemplo de falta de conciencia fue que dijera el junior que no descansará hasta encontrar a los culpables del asesinato de Carlos Manzo, cuando los responsables del homicidio de su padre todavía no están identificados.

    A Colosio jr. lo hizo a un lado Samuel García, líder de facto de Movimiento Ciudadano, para que no le hiciera sombra a su esposa Mariana para competir por la gubernatura, le significa un estorbo que ni gana ni deja ganar.

  • No mentir

    No mentir

    Uno de los principios emanados del proyecto de la Cuarta Transformación que de manera insistente promovió el presidente Andrés Manuel López Obrador fue “no mentir”, principio que en la oposición no tiene sentido, ya que de manera natural, a veces cínica, utilizan los medios corporativos como Televisa, TV Azteca, Imagen, Fórmula… para manipular la información.

    Durante el sexenio del presidente Obrador se creó una cofradía entre los medios corporativos, los partidos opositores y sus seguidores para controlar de manera masiva la información, con el objetivo de crear una idea falsa de un gobierno fallido. La mentira se ha vuelto la mejor arma para la oposición, que busca contrarrestar los evidentes beneficios que en nuestro país se perciben, que inclusive han sido reconocidos por instancias internacionales donde los parámetros muestran el avance en materia económica, social y de seguridad alcanzados desde que el pueblo de México decidió votar por el cambio verdadero que le ofreció el proyecto de la Cuarta Transformación.

    En este sentido, es de suma importancia promover desde la sociedad civil una nueva práctica para contrarrestar el flagelo de la “mentira” promovida por los medios corporativos y sus voceros, gente sin escrúpulos que solo busca sacar beneficio económico que durante décadas les fue proporcionado desde el mismo gobierno a través de pagos millonarios. No olvidemos los vergonzosos acuerdos que se firmaron para evitar la difusión de la violencia generada durante la famosa guerra contra el narcotráfico promovida por el presidente Felipe Calderón, a través de su secretario de Seguridad, Genaro García Luna. Acuerdo manchado de la sangre de muchos inocentes, víctimas que Calderón denominó como daños colaterales.

    La mejor opción para que desde la sociedad se contrarreste el flagelo de la “mentira” debe ser el abandono total de los medios corporativos y de sus voceros, enemigos de la verdad y traidores a la patria.

  • Trumpas y la oposición

    Trumpas y la oposición

    Trump salió con que México es el epicentro de todo el mal, el epicentro de los cárteles del narco que azotan a su país. Solo que se le olvidó un detallito, o varios, como, por ejemplo, que los gringos son el país más consumidor de drogas del mundo, que básicamente no hacen nada para detener el tráfico dentro de los EUA (no creo que la droga llegue a EUA y la gente llegue a recogerla así nada más porque sí), se le olvidó decir que tanto la CIA y DEA son los traficantes de drogas más grandes del mundo, que los gringos armaron, arman a los narcotraficantes de México.

    Ahora que, si él se lamenta, compartir frontera con un país que dejó, en cierta medida, de ser el tapete de los gringos, a nosotros nos da más pena, coraje, compartir frontera con un país sumido en las drogas, con un país que tiene a un pedófilo/payaso como presidente, y lo peor, a un país que es el más grande terrorista del mundo, de todo esto tenemos que lamentarnos. Y lo peor que el comercio no quiera ver hacia otros lados.

    Y como siempre, la oposición no nos puede fallar, y nuevamente se puso de tapete de Trumpas, ahí tienen a Alito, a su mascota Mancilla haciendo el ridículo con su gorrita verde al estilo de Trump, que esa idea es de uno de los genios influencers, precisamente del hermano de la muchacha que increpó a Fernández Noroña en el Aeropuerto, esa que se cayó en las temibles escaleras del Bienestar, ese mismo sujeto, que usa modelos en bikinis, para hacer sus buenas obras… También, cómo no podría faltar el líder del cartel inmobiliario, ahora dirigente del PAN junto a Canayín, pidiendo a gritos que Trump intervenga en México, solo para que les regresen el poder y obviamente el dinero del pueblo. A la vez que lloran y chillan por una alianza, para ahora sí sacar a Morena del poder, y regresar ellos, que solo quieren vender México al mejor postor o al peor postor, solamente.

    Y por si no fuera poco, andan muy álgidos con la ley que se inventaron, un meme = cárcel, porque este gobierno censura, claro, gritan, bufan en esta terrible dictadura, y como los sujetos que tienen doble nacionalidad, que la presumían en todos lados, ya podrán ser candidatos – hasta que renuncien a ella –, andan más que encaprichados, con sus fake news, sus chismes, que solo entre ellos se la creen y eso, es supuestamente.

    Y como la oposición no es capaz de ser honesta, adivinen quién empezó la campaña electoral del 2027 de forma adelantada, obviamente la oposición. Pero si se les dice algo, es “censura” de este “narco gobierno”.

    Lo único bueno es que el pueblo ya despertó, como AMLO hizo que hiciéramos, a pesar de muchos, y ya no nos creemos las falacias de la oposición, y en muchas ocasiones las de los nuevos chayoteros pro 4T, que se quemaron por andar defendiendo a los sionistas en México, y defendiendo a Citlalli Hernández, que ha hecho un pésimo trabajo, y en presidencia la siguen defendiendo, obvio, desde allá la pusieron a la feminazi de Hernández, cómo pedirá el voto a los hombres para ella ahora que aparentemente “ganó” para ser alcalde Cuauhtémoc en la Ciudad de México, no vaya a ser que desde Presidencia, al compartir las mismas ideas feminazis, la quieran imponer para ser la sucesora de Clara Brugada en la Ciudad de México.

    Y #laperritadetrump sigue ladrando, igual que Alito el traidor a la patria, y en el Poder Legislativo siguen sin hacer nada para castigarlo…

    No se les olvide, este texto está plagado de opiniones, cuestionamientos personales, algunos hechos reales y chunga.

    #PalestinaLibre #FreePalestine

    Gracias.

    BLOG: https://chimpando.blogspot.com/

  • La mexicana promedio

    La mexicana promedio

    Hace cinco años escribí La mexicana promedio, en dos entregas. Cinco años han transcurrido desde aquel ejercicio censal que nos mostró el rostro de una sociedad confinada y en mutación. La distancia entre el Censo de Población y Vivienda 2020 y los nuevos datos que arroja la Encuesta Intercensal 2025 (ENIC) no es meramente cronológica; es la marca firme de una transición demográfica que avanza sin pausa. Volver al espejo de las cifras es un ejercicio necesario para descifrar qué nos dice el número frío sobre nuestra carne, nuestra historia cotidiana y el porvenir previsible.

    En principio, somos menos de lo que se esperaba. Las proyecciones demográficas (CONAPO, ONU) indicaban que el país tendría en 2025 entre 132 y 133 millones de habitantes. La ENIC indica que a octubre del año pasado habitamos México 130.9 millones de personas. Poco menos de lo esperado, pero un montón de hombres y mujeres. Al cruzar la mirada desde el inicio del siglo XX hasta los datos de la ENIC 2025, el salto demográfico es monumental: pasamos de 13.6 millones de habitantes en 1900 a 130.9 millones hoy. Eso significa que la población de México se ha multiplicado por 9.6; es decir, casi se ha decuplicado en siglo y cuarto.

    Tomando como base la población total registrada por la ENIC 2025 —130,911,314 habitantes—, la mitad exacta de esa cifra es de 65,455,657 personas. Según los datos censales históricos, en 1970 éramos 48,225,238 y en 1980, 66,846,833. Haciendo una interpolación lineal entre ambas décadas, la población de México cruzó la marca de los 65.4 millones en los últimos meses de 1978. En otras palabras, en poco más de cuatro décadas y media (de finales de los setenta a 2025), el país duplicó por completo su volumen demográfico, un reflejo condensado de la vertiginosa explosión poblacional del siglo XX.

    Nos mantenemos en la posición 11 entre los países más poblados del mundo, justo por arriba de Japón (122 millones) y atrás de Etiopía (140 millones). La nuestra es la tercera nación con más gente de América, solamente atrás de Estados Unidos y Brasil (349 y 214 millones, respectivamente), y muy distante de la que se halla en cuarto lugar, Colombia (54 millones). Si en India, país más poblado del orbe, viven 18 de cada 100 habitantes del planeta, en México radicamos 1.6 de cada 100 seres humanos.

    Los resultados de la EIC permiten observar un perfil demográfico detallado de México: hoy se confirma que seguimos envejeciendo y concentrándonos en las manchas urbanas.

    Me parece que la revelación más importante que arroja el pulso intercensal de 2025 se encuentra en el calendario vital de la población. Ya no nos cocemos al primer hervor: si nuestra edad mediana —edad que divide a una población en dos grupos numéricamente iguales, es decir, la edad en la cual la mitad de la población tiene una edad menor o igual, y la otra tiene una edad mayor o igual— en 2020 era de 29 años, ahora ya rebasó los treinta. El país ha dejado atrás la juventud que lo caracterizó durante el siglo pasado. Cuando yo nací, a mediados de la década de los sesenta, la edad mediana de la población era de menos de 18 años, es decir, poco más de la mitad de la población en México era menor de edad. Hoy la edad mediana es de 32 años. Con todo, a pesar de este envejecimiento paulatino, nos mantenemos a la par de la media global y distamos aún de las estructuras profundamente envejecidas de otras latitudes: mientras que en China y Estados Unidos la edad mediana ronda los 38 años, en Francia asciende a más de 41 y en Alemania supera con holgura los 45.

    El predominio femenino persiste y se consolida. Las mujeres continúan siendo una mayoría constante en el mosaico demográfico nacional, superando ligeramente el 51% del total de los habitantes. Así que, considerando la distribución por edad y sexo de los habitantes de nuestro país, bien podría afirmarse que el mexicano promedio no es un mexicano sino mexicana, una mujer mayor de edad que este año celebra su 33 aniversario.

    Por supuesto, la mexicana promedio seguramente no existe en la realidad concreta. La mexicana promedio es solamente una abstracción que puede ayudar a entender un poco la complejidad de un colosal conglomerado sociodemográfico, integrado por una riquísima diversidad de gente de carne y hueso. Advertido lo anterior, pongámosle un nombre a la mexicana promedio… Me niego a usar el predecible María Guadalupe que exigen la probabilidad estadística y la idiosincrasia nacional —¿algo más indiscutible ligado a la mexicaneidad, otra abstracción, que la Virgen Morena? —, así que, sin caer en la tentación de las excentricidades, bauticémosla como María Alejandra. Si bien eso no lo reportan los resultados de la EIC, la historia y el sentido común indican que la mexicana promedio es mestiza. Lo que sí nos deja afirmar la información estadística es que María Alejandra no se considera a sí misma ni indígena ni afromexicana negra o afrodescendiente —el 18.6% y apenas el 1.6% de la población se declaró así, respectivamente— y que no habla una lengua indígena —a nivel nacional, apenas el 6% de la población de 3 años y más declaró hablar una—. Sabemos también que sabe leer y escribir —la tasa de alfabetización de nuestro país en personas de 15 años y más es de 96%—, que tiene completada la educación básica y que no sufre ninguna discapacidad, —en el grupo de edad que va de 30 a 59 años únicamente 3.6% de los habitantes del país dijo presentar alguna— ni reporta algún tipo de problema o condición mental —como sí lo declara el 1.1% de la población de nuestro país—. Y, claro, María Alejandra vive en algún municipio mexiquense integrado a la Zona Metropolitana del Valle de México, y seguramente no tiene ni quiere tener hijos.

    @gcastroibarra

  • Gobernar no es ganar elecciones: es dar la cara ante la gente

    Gobernar no es ganar elecciones: es dar la cara ante la gente

    Gobernar no concluye con el conteo de los votos. El compromiso de fondo empieza cuando las decisiones públicas deben traducirse en resultados tangibles y en explicaciones claras frente a la sociedad.

    A propósito de su Segundo Informe de Gobierno, la presidenta Claudia Sheinbaum no limitó su encargo a la entrega formal ante el Congreso de la Unión exigida por el artículo 69 constitucional. La decisión de recorrer las 32 entidades federativas para exponer los avances de la administración pone sobre la mesa una distinción fundamental: la diferencia entre acatar un trámite republicano y asumir la rendición de cuentas de cara a la población.

    Ya que una cosa es cumplir con una obligación constitucional y otra, es acercar esa información a la ciudadanía.

    La gira “Honestidad y Resultados” trazó una ruta por el país que comenzó en Morelos y concluirá este 27 de septiembre en la Ciudad de México, tras recorrer 24 estados. En cada entidad, la conversación no fue general ni abstracta. Se habló de lo que a cada comunidad le preocupa de verdad: el agua que falta en la llave, los caminos y trenes para trasladarse, una vivienda propia, un hospital con medicinas o una escuela digna para las hijas y los hijos.

    Y hagámonos esta sencilla pregunta: ¿por qué importa que un informe de gobierno salga de las oficinas y se presente directamente en el territorio? La respuesta es, porque los números cambian de sentido cuando tocan la vida diaria de las y los mexicanos.

    Ya que hablar de millones de pesos en un documento oficial, con lenguaje técnico y presentado por escrito, suele sonar lejano e incomprensible. En cambio, cuando el presupuesto se explica en la calle y frente a la comunidad, la cifra se vuelve tangible: se traduce en una obra terminada, en un servicio que funciona o en una necesidad que aún no se resuelve.

    Rendir cuentas en el territorio transforma de raíz la relación con el poder. Cuando los servidores públicos salimos del escritorio, el informe deja de ser un monólogo lejano y se convierte en un ejercicio honesto de cara a la gente: un espacio donde se explican las decisiones de frente y la ciudadanía tiene la posibilidad real de contrastar las palabras con lo que vive todos los días.

    Hablar de cifras multimillonarias resulta abstracto para una familia ocupada en resolver lo urgente: cómo llegar a tiempo al trabajo, conseguir una cita médica, pagar la renta o asegurar la escuela de sus hijos. En cambio, explicar con claridad cuánto costó un camino, cuándo llegará el agua a su colonia o cuántas viviendas se van a construir, le devuelve sentido al servicio público, permitiendo que cada persona comprenda con exactitud qué significa el presupuesto en su propia vida.

    Ese es, para mí, el verdadero sentido de la rendición de cuentas: que el gobierno no solamente informe, sino que explique, que busque que la mayoría de los mexicanos entienda. Que se acerque al pueblo de México, que busque generar cultura jurídica en el país, que explique aquello que es técnico en algo sencillo para que pueda ser comprendido por la mayoría de las personas.

    Hay datos que permiten dimensionar el tamaño de lo que está en juego. Por ejemplo, el Gobierno Federal ha señalado que durante este año los Programas para el Bienestar alcanzan casi un billón de pesos y que su financiamiento forma parte del presupuesto público.

    Una cantidad de esa magnitud no puede entenderse únicamente como una cifra presupuestal. Son recursos que pertenecen a todos los mexicanos y, por lo mismo, deben estar sujetos a reglas, controles, transparencia y evaluación.

    La rendición de cuentas, entonces, no consiste en escuchar únicamente los logros de una administración. También implica preguntar cuánto costó, quién recibió el beneficio, cuándo estará terminada una obra, qué resultados produjo y qué problemas continúan pendientes.

    Ahí está una de las diferencias entre informar y rendir cuentas. Informar es decir lo que se hizo. Rendir cuentas supone explicar y responder por ello. Y esto no corresponde solamente al Poder Ejecutivo.

    Como jueza federal, considero que este principio también debe aplicarse a las instituciones de justicia. El Poder Judicial tiene una obligación particularmente importante: explicar a la sociedad cómo funciona la justicia, cuáles son los derechos de las personas y qué pueden hacer cuando una autoridad vulnera sus derechos. La ciudadanía no tiene por qué ser experta en derecho para exigir justicia.

    Si una persona está detenida, debe saber qué derechos tiene. Si una autoridad no responde una solicitud, debe conocer qué mecanismos existen para reclamar. Si alguien necesita acudir al juicio de amparo, debe poder comprender, en términos sencillos, para qué sirve y cuáles son sus alcances.

    Las instituciones no podemos exigirle a la gente que domine el lenguaje técnico con el que trabajamos; somos nosotros quienes tenemos la responsabilidad ética y profesional de explicarlo con sencillez. Quienes integramos el servicio público, ya sea desde el Poder Judicial o desde cualquier otra trinchera del Estado, estamos para servir a la ciudadanía, y es nuestro primer deber hablarle con claridad, rendirle cuentas y responderle de frente a México.

    Por eso hablar con la ciudadanía no debe confundirse con hacer política partidista. Una institución pública puede acercarse a la sociedad sin perder su imparcialidad. Al contrario, una institución que explica cómo funciona, transparenta sus resultados y escucha las necesidades de las personas puede generar mayor confianza.

    Claro que un acto público, una plaza llena o una cifra presentada en un escenario no sustituyen los mecanismos formales de fiscalización, auditoría, transparencia ni control institucional. Tampoco sustituyen la obligación de que los datos puedan ser revisados y contrastados, ya que la rendición de cuentas necesita siempre de dos cosas: cercanía con la gente y controles institucionales.

    Porque la ciudadanía tiene derecho a escuchar a sus autoridades, pero también tiene derecho a preguntar, cuestionar y verificar. Ese equilibrio es indispensable.

    La gira de la Presidenta para informar sobre sus dos primeros años de mandato debe evaluarse más allá de las concentraciones masivas. Su trascendencia democrática depende de qué información llega a la gente y qué herramientas le otorga para exigir cuentas. Gobernar de frente significa no escudarse en escritorios ni en cifras incomprensibles.

    Esta obligación no admite excepciones: rige para el Ejecutivo, el Legislativo y, desde luego, para el Poder Judicial. El poder público no pertenece al servidor en turno, sino a la sociedad. Por eso la rendición de cuentas debe ser un hábito diario y no un evento anual: explicar, escuchar, responder y corregir cuando haga falta. En eso consiste, lisa y llanamente, la verdadera responsabilidad republicana

    Porque quien tiene el honor de servir a México también tiene la obligación de dar la cara ante México.

  • “Narco oposición”

    “Narco oposición”

    Durante los últimos años, la expresión narcogobierno ha ido ganando terreno en el lenguaje político mexicano. Se trata de una palabra estridente y de un recurso de la confrontación partidista, pero también de una operación discursiva compleja que pretende tomar un señalamiento concreto sobre la posible relación de una persona con el crimen organizado, extenderlo hacia el partido al que pertenece y terminar convirtiéndolo en una característica que define a todo un gobierno e incluso al Estado. Ese fue precisamente el fenómeno que me interesó estudiar en el artículo “La construcción discursiva del narcogobierno: del vínculo criminal atribuido a la identidad política (México, 2024-2026)”, recientemente publicado en la revista Symbolum de la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Los resultados obligan a mirar con mayor cuidado esta estrategia utilizada predominantemente por la oposición mexicana, porque una cosa es investigar y denunciar posibles vínculos entre funcionarios y organizaciones criminales, y otra completamente distinta convertir una acusación en una identidad colectiva. Por supuesto que una democracia necesita una oposición que investigue, cuestione y denuncie cualquier indicio de complicidad criminal; pretender lo contrario sería absurdo y antidemocrático, pero precisamente por la gravedad de esas acusaciones, tendría que existir una correspondencia igualmente rigurosa entre aquello que se afirma y aquello que puede demostrarse.

    En el corpus de la investigación encontré que sería metodológicamente irresponsable determinar que las acusaciones de la oposición son falsas por completo; sin embargo, para el debate público, lo revelador es la distancia que puede existir entre aquello que inicialmente se atribuye a una persona y la identidad política colectiva que termina construyéndose a partir de esa acusación. Es legítimo cuestionar si determinado personaje sostuvo relaciones con integrantes del crimen organizado y exigir que se investigue hasta sus últimas consecuencias, pero se requiere otro nivel de demostración para sostener que su partido es un narcopartido, que su gobierno constituye un narcogobierno o que México se ha convertido en un narcoestado. Entre una afirmación y otra, la repetición política puede volver imperceptible, aunque la evidencia, no necesariamente la cubra.

    En ese sentido, la oposición encontró en el prefijo narco una herramienta poderosa para simplificar a sus adversarios, pues se deja de discutir el fondo de las decisiones de seguridad, resultados gubernamentales o responsabilidades administrativas y se opta por colocar el prefijo delante de una persona o institución. Así, la acusación deja gradualmente de funcionar como una hipótesis que debe demostrarse para operar como definición: narcopolítico, narcopartido, narcogobierno. Bajo esa lógica podríamos trasladarnos deliberadamente al absurdo: Si una acusación contra una persona fuera suficiente para definir políticamente a todo el colectivo al que pertenece, entonces también podríamos inventar una nueva categoría: la “narcooposición”. ¿Sería razonable semejante simplificación? Evidentemente no, porque una acusación individual no demostraría por sí misma la naturaleza criminal de toda la oposición y justamente ahí reside la ironía: esa es la misma operación discursiva que permite pasar de una relación atribuida a una persona a una identidad adjudicada a todo un partido, un gobierno o incluso al Estado.

    Vista de esa manera, narcooposición es una expresión deliberadamente absurda, pero su absurdo permite exhibir el problema: dejamos de preguntar qué está probado y hasta dónde alcanza realmente la evidencia para comenzar a construir identidades políticas mediante asociaciones sucesivas. Si consideramos injustificado generalizar una acusación individual para caracterizar a toda la oposición, tendríamos que aplicar el mismo estándar cuando la generalización se dirige contra el gobierno. Por eso mi crítica a la oposición puede resumirse en una exigencia muy sencilla: demostrar más y etiquetar menos porque si la acusación sustituye a la prueba, la discusión termina convertida en un círculo políticamente rentable, pero socialmente estéril.

    Finalmente, la oposición mexicana tiene el derecho y la obligación democrática de cuestionar posibles vínculos criminales, pero si aspira a presentarse como alternativa de gobierno, tendría que comprender que la contundencia de una denuncia no depende del tamaño del adjetivo y su repetición permanente, sino de la solidez de la evidencia que sea capaz de colocar detrás de él.

    https://uatx.mx/publicaciones/revistas/ftssyp/SYMMOLUM_2026_6_12.pdf

    Luis Tovar
    Secretario General de la Fundación para la
    Defensa del Medio Ambiente. FUDEMAH A.C.

  • Hablar de la independencia desde los pueblos originarios

    Hablar de la independencia desde los pueblos originarios

    Vivir las fiestas patrias en una comunidad indígena de la Sierra Juárez de Oaxaca es una experiencia solemne e interesante. Me gustaría dar paso al docente de la Escuela Secundaria Técnica N°31, Rodrigo Aldahir Rendón Pérez, responsable del discurso de la ceremonia conmemorativa del 216 Aniversario de la Independencia de México, de esa comunidad:

    La lucha de hace más de dos siglos […] fue, sobre todo, un llamado a construir un país de iguales, un país donde la justicia no fuera privilegio, sino un derecho. La historia nos recuerda que la independencia no fue un regalo, sino el fruto del valor, de la unidad y del compromiso de un pueblo que no se resignó. Y esa enseñanza sigue siendo actual. Porque si somos honestos, todavía hay cadenas que no hemos roto del todo.

    En Oaxaca, lo sabemos de cerca. Somos una de las entidades con mayor riqueza indígena de todo el país (zapoteca, mixteca, mazateca, chinanteca, mixe, y tantos pueblos más) y sin embargo, seguimos viendo cómo se discrimina por el color de piel, por hablar una lengua originaria, por el apellido. 

    No podemos honrar a Hidalgo, a Morelos, a la Corregidora, mientras sigamos permitiendo que en las aulas, en la casa, en las calles, se trate como inferior a quien lleva en la sangre la raíz más antigua de este país. La independencia que no reconoce esto como una herida abierta, es una independencia incompleta.

    Nos enseñaron que México dejó de ser colonia en 1821. Pero la soberanía de un pueblo no es solamente un acta que se firma una vez; es algo que se defiende cada generación, frente a cada nueva forma de dependencia. Hoy esa dependencia no llega con ejércitos extranjeros marchando por nuestras calles. Llega en forma de contratos, de tratados desiguales, de decisiones sobre nuestra tierra, nuestra agua, nuestro maíz y nuestros minerales que se toman lejos de aquí, sin preguntarle a la gente que va a vivir con las consecuencias. Defender la soberanía hoy significa defender el derecho de México y de sus pueblos a decidir sobre lo que es suyo.

    Durante décadas se nos dijo que el progreso significaba abrirlo todo al mercado, entregar lo público a manos privadas, medir el valor de las personas por lo que producen y no por lo que son. Ese modelo prometió bienestar para todos y en el camino dejó comunidades enteras sin tierra, sin agua, sin las formas de vida que sus abuelos conocían. Prometió individualismo como libertad, y lo que trajo, muchas veces, fue soledad.

    Pero aquí, en nuestros pueblos, siempre hemos tenido otra respuesta, una que es más vieja que cualquier modelo económico importado: la organización comunitaria. El tequio, la asamblea, gozona, el cuidado colectivo de la tierra y del agua. Esa sabiduría ancestral (que algunos quisieron hacer ver como atraso) es en realidad una alternativa real frente a un sistema que nos quiere aislados y compitiendo entre nosotros…(Rendón, 2026).

    Pensar la independencia desde los pueblos originarios es sentir la deuda histórica con ellos, que la “modernidad”, el “desarrollo”, el “progreso” y más elementos que se han usado para ocultarlos. Hoy necesitamos darles reconocimiento, respeto y acercarnos a nuestros orígenes porque México es una mezcla de las culturas originarias y una gran cantidad de culturas con las que hemos convivido desde hace siglos, esa es nuestra subjetividad constitutiva.