Etiqueta: opinión

  • El T-MEC bajo presión

    El T-MEC bajo presión

    La revisión sexenal del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) constituye uno de los ejercicios institucionales más relevantes para la estabilidad económica de América del Norte. No se trata de una renegociación automática ni de un mecanismo para reabrir discrecionalmente las obligaciones asumidas por las Partes; jurídicamente, la cláusula de revisión prevista en el artículo 34.7 responde a un principio de evaluación periódica destinado a garantizar la vigencia, funcionalidad y continuidad del acuerdo. Sin embargo, la práctica del derecho internacional demuestra que los tratados comerciales rara vez permanecen aislados del contexto político que los rodea.

    La revisión prevista para 2026 se desarrollará en un escenario geopolítico particularmente complejo. La creciente competencia entre Estados Unidos y China, la redefinición de las cadenas globales de suministro, el fortalecimiento de políticas industriales nacionales y la seguridad económica como eje de la política exterior estadounidense han modificado la naturaleza del comercio internacional. Hoy los acuerdos comerciales son, además de instrumentos de integración económica, herramientas de proyección estratégica.

    En ese contexto, resulta jurídicamente cuestionable utilizar un mecanismo de revisión convencional como instrumento de presión política. El principio de buena fe, reconocido en la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados, exige que las Partes ejecuten las obligaciones internacionales conforme al objeto y fin del tratado. Ello implica que cualquier diferencia debe resolverse dentro de los procedimientos expresamente previstos por el propio T-MEC y no mediante condicionamientos políticos que alteren el equilibrio originalmente pactado.

    La posición del Estado mexicano ha consistido en defender la naturaleza jurídica del tratado y preservar la certeza que demandan los inversionistas y los sectores productivos de la región. Esa postura no sólo responde a una necesidad económica, sino también a un principio elemental del derecho internacional: la estabilidad de los compromisos convencionales constituye un presupuesto indispensable para la confianza entre los Estados.

    No obstante, sería ingenuo ignorar la realidad de las relaciones internacionales. Estados Unidos posee una capacidad de negociación considerable derivada del peso de su mercado interno y de la profunda integración comercial que mantiene con México. Más del ochenta por ciento de las exportaciones mexicanas tienen como destino territorio estadounidense, circunstancia que inevitablemente genera una relación asimétrica. Esa condición permite que asuntos aparentemente ajenos al comercio, como la migración, la seguridad fronteriza, el combate al tráfico de fentanilo o la cooperación energética, terminen permeando las negociaciones comerciales.

    Precisamente ahí radica el principal desafío jurídico y diplomático para México. La defensa del T-MEC no puede limitarse a la invocación formal de sus disposiciones, sino que exige una estrategia integral que combine argumentación legal, diplomacia económica y fortalecimiento institucional. La eficacia de un tratado internacional no depende exclusivamente de su texto, sino también de la capacidad política de las Partes para respetar las reglas que libremente aceptaron.

    Las controversias registradas durante los últimos años en materia energética, reglas de origen para la industria automotriz y comercio agroalimentario evidencian que el mecanismo de solución de controversias previsto por el tratado funciona y ofrece cauces institucionales para resolver diferencias. Precisamente por ello, cualquier intento de trasladar disputas políticas al ámbito de la revisión sexenal desnaturalizaría la finalidad del propio acuerdo y generaría incertidumbre para los mercados de la región.

    Debe recordarse que el T-MEC no constituye una concesión unilateral de Estados Unidos hacia México. Se trata de un instrumento de integración regional cuyos beneficios son recíprocos. La competitividad manufacturera de América del Norte depende de la complementariedad de las economías de los tres países, del fenómeno del nearshoring y de cadenas de valor profundamente integradas. En consecuencia, debilitar el tratado mediante presiones políticas terminaría afectando la competitividad regional frente a otros bloques económicos.

    La revisión de 2026 representa, por tanto, una prueba para la madurez institucional de América del Norte. México tiene el derecho y la obligación de defender la observancia estricta del tratado, no desde una lógica de confrontación, sino desde la legalidad internacional y el principio de cumplimiento de los compromisos asumidos. Si el comercio internacional pretende seguir siendo un espacio regido por normas y no por decisiones unilaterales, la revisión del T-MEC deberá prevalecer como un ejercicio jurídico de evaluación y no como un mecanismo de presión de política exterior. En ello no sólo está en juego la estabilidad económica de la región, sino la credibilidad del propio sistema internacional basado en reglas.

  • Aprender a gestionar emociones

    Aprender a gestionar emociones

    Termina el mundial para México y una de las cosas más interesantes que observé fueron las emociones desbordadas, sobre todo de los extranjeros en nuestro país. Hay una gran cantidad de videos en donde distintos aficionados en los Fanfest de la Ciudad de México disfrutaban de los partidos, se emocionaban con cualquier juego y apoyaban a los equipos. Llama la atención que tanto extranjeros como nacionales apoyaron a la selección mexicana hasta su último partido.

    Una emoción es una reacción orgánica breve de las personas ante estímulos, ya sea internos o externos y responden a la ira, miedo, alegría o tristeza. Estas reacciones suelen ser diferentes en cada persona, y es necesario considerar que el componente cultural es fundamental en la forma en que las identificamos, reaccionamos y gestionamos. 

    El adjetivo “emocional” culturalmente, había sido una característica de las mujeres porque nuestras reacciones las hacían evidentes. Para los varones, durante mucho tiempo las emociones tuvieron que ser negadas, hasta el punto de ser presa de su contención. La norma de anular las emociones como si no existieran, permite que sea perpetuada la actitud. Por ejemplo, cuando un niño observa que la expresión facial del otro no cambia ante situaciones diversas, esta forma de relacionarse con el mundo es aprendida; pero si además a este mismo niño se le obliga a negar las reacciones de forma constante, se validan y se incorpora la acción.

    El mundial de 2026 nos demostró que las emociones se pueden expresar de muchas formas. He visto a hombres, mujeres, niños y niñas, reaccionar por haber perdido el domingo ante Inglaterra.  Me llama la atención los hombres que rompen televisiones, lloran, gritan, se tiran al piso, patalean. Nunca he sido aficionada al fútbol, pero reconozco que tiene una función social. Antes de este mundial suponía que la función social era conformar una identidad, un sentido de pertenencia, un elemento que le permitía a los sujetos construir una identificación de género, aunque se están rompiendo los marcos donde este deporte es exclusivo de varones y eso también es otro punto muy relevante. Hoy después de tener todo este material observacional, me soy cuenta que para muchos es la única forma de descargar o expresar sus emociones.

    Celebro los videos que compartían los familiares de niños y niñas de todas las edades, porque he visto que han comenzado a aprender a gestionar sus emociones a través de expresiones validadas socialmente. Hay mamás que abrazan a sus niños bañados en llanto porque “perdieron” el partido. Hay niños y niñas enviándole mensajes de consuelo a los jugadores de la selección. Jóvenes que no son aficionados al juego, pero que también comenzaron a sentir la profunda tristeza y se identifican con los aficionados.

    No sé si este sea un parteaguas para desterrar el profundo machismo que ha construido a nuestra sociedad actual, pero sí creo que todos esos espectadores ahora tienen una experiencia diferente sobre el fútbol. Gracias a la selección mexicana de fútbol porque nos ha llevado a abrazar las emociones y enseñarnos que todos y todas necesitamos expresarlas.

  • Inseguridad y golpe

    Inseguridad y golpe

    La inseguridad es la herramienta favorita de la derecha porque es el mejor pretexto para convencer a la población de que su vida está en peligro por deficiencias del gobierno.

    Donde no puede controlarse la delincuencia es en Estados Unidos, y nadie en México intenta asesorar al FBI, al ICE, a la CIA o a la DEA, para mejorar su lamentable condición.

    La inseguridad es el puente de la injerencia, y un insumo invaluable a la hora de invadir un territorio extranjero, ha servido a Estados Unidos en muchos países de América Latina para esos fines. Porque una vez perpetrado el golpe de Estado, ya sea blando o militar o el fraude electoral, la inseguridad será pretexto para llevar a cabo una feroz represión en su nombre.

    Arma de largo alcance, la inseguridad debe ser ponderada como el principal problema de un país que tiene, en el miedo, la mejor forma de manipular la realidad. Aunque haya otros problemas de mayor urgencia, México debe darle prioridad al tema por presión de Estados Unidos. Muchos de estos conflictos arrojan inseguridad en el futuro, pero como Trump quiere resultados inmediatos, se encaminan hacia las detenciones sin atacar las causas, que es donde tiene colocada su estrategia México.

    Por su utilidad la inseguridad es una herramienta, que quiere imponerse como hábito en la mente de quienes han sido condicionados a temer, a considerar que siempre haya alguien superior, a menospreciarse. A creer que todavía hay un tutelaje de Estados Unidos sobre el gobierno de México.

    Un ejemplo claro es la identidad que la oposición busca a partir de los dichos y declaraciones de Estados Unidos, vecino respetable, pero no autoridad omnipresente en el continente.

    Para ser de oposición basta con exigir que Rocha Moya debe ser juzgado en México y enviado Estados unidos, o castigado en México, por órdenes de una investigación, cuyas características aún son desconocidas. Estados Unidos carece de credibilidad en el mundo, a excepción de un segmento de la población en México que, al carecer de una auténtica oposición, retoma las injerencias jurídicas del vecino para hacerlas realidad y convertirlas en consigna política.

    Nadie habla de la exoneración ordenada por Trump del ex presidente de Honduras, Orlando Hernández, sacándolo de la cárcel a cambio de que trabaje contra el gobierno de México, a través de los medios y las redes.

    Tampoco se habla la protección que brinda Trump al presidente de ecuador, Daniel Noboa, en la comercialización de cocaína en Turquía, Rusia, Europa y África.

    Pero sí debe darle juego al miedo, a ese que quita y pone presidentes en América latina, por ejemplo ordenó la difusión de que el presidente usurpador de Colombia, Abelardo de la Espriella, anunciara que el 7 de agosto, día en que asumirá el cargo, firmará un decreto para crear un “bloque de defensa para la seguridad urbana”.

    La seguridad fue uno de los principales ejes de la campaña de De la Espriella, quien durante la contienda electoral prometió endurecer la respuesta del Estado frente a las organizaciones criminales y fortalecer la coordinación entre la fuerza pública y las autoridades locales. Es decir, la expresión autentica y espontánea de los colombianos será acallada a golpes, cárcel y balas, en nombre de la inseguridad.

  • El mundial que nos hizo creer

    El mundial que nos hizo creer

    Mi primer recuerdo de una Copa del Mundo no es un gol. Es una derrota.

    Era Estados Unidos 1994 y México acababa de quedar eliminado en penales frente a Bulgaria. Yo era demasiado pequeño para entender cómo funcionaba un Mundial o qué tan lejos estaba nuestra selección de las grandes potencias. Lo único que comprendí aquella tarde fue que el fútbol podía doler. Descubrí, quizá por primera vez, la tristeza de ver terminar un sueño que apenas comenzaba.

    Desde entonces el fútbol ha estado presente en momentos muy específicos de mi vida. No soy de quienes viven cada jornada o siguen todas las ligas del mundo. Mi pasión despierta cuando juegan los Pumas o cuando la Selección Mexicana representa al país. Entonces el fútbol deja de ser un deporte y se convierte en un sentimiento compartido.

    He visto a México campeón del mundo en categorías juveniles, campeón olímpico y ganador de la Copa Oro. Cada uno de esos triunfos produjo la misma sensación: por un instante parecía que todo estaba bien. Dejábamos de discutir sobre política, inseguridad o economía para celebrar algo mucho más simple: que México había ganado.

    Quizá por eso el fútbol resulta tan difícil de explicar.

    No cambia la economía ni resuelve los problemas del país. Sin embargo, pocas cosas tienen la capacidad de modificar el estado de ánimo de millones de personas como un balón rodando sobre el césped. Durante noventa minutos desaparecen las diferencias políticas, económicas y sociales. Solo permanece una idea profundamente humana: la posibilidad de que David vuelva a derrotar a Goliat.

    Eso fue exactamente lo que ocurrió durante este Mundial.

    Después de una fase de grupos impecable, de avanzar sin recibir un solo gol y de eliminar con autoridad a Ecuador, apareció una pregunta que comenzó a repetirse en todas partes.

    ¿Y si sí?

    Tres palabras bastaron para resumir el estado de ánimo de un país entero.

    ¿Y si sí podíamos competir con cualquiera?

    ¿Y si sí era posible romper la historia?

    ¿Y si sí dejábamos de ser la selección que siempre se quedaba cerca?

    Durante algunas semanas esa ilusión consiguió algo extraordinario: unir a México.

    Cantamos el Himno Nacional con un orgullo difícil de explicar. Personalmente tuve el privilegio de hacerlo cinco veces, siempre de pie y con la emoción de quien sabe que representa mucho más que un partido de fútbol. Nos abrazamos con desconocidos después de cada gol, suspendimos reuniones para seguir los encuentros y volvimos a sentir que, por encima de cualquier diferencia, existía algo capaz de reunirnos bajo los mismos colores.

    Eso también es identidad nacional.

    Por eso la eliminación frente a Inglaterra dolió mucho más de lo que explica un marcador.

    Nunca compartí aquella frase de que “jugamos como nunca y perdimos como siempre”. Esta vez vi algo distinto. México compitió de tú a tú frente a una de las mejores selecciones del mundo. La diferencia no estuvo en la entrega ni en el compromiso. Estuvo en esos pequeños errores que, frente a los grandes equipos, suelen decidir una Copa del Mundo. La victoria estuvo al alcance de las manos y terminó escapándose un gol a la vez.

    Cuando sonó el silbatazo final sentí que el Mundial había terminado, aunque el torneo siguiera para los demás. Porque para millones de mexicanos el verdadero objetivo nunca fue conocer al próximo campeón del mundo. Era ver a nuestra selección escribir la página más importante de su historia.

    No ocurrió.

    Todavía no.

    Pero sería profundamente injusto reducir este Mundial a una eliminación.

    México encontró una selección que volvió a competir sin complejos. Julián Quiñones hizo suyo el escudo con cada carrera; Gilberto Mora confirmó que el futuro ya comenzó; Raúl Rangel transmitió seguridad bajo el arco, y Rafa Márquez consiguió algo que parecía incluso más difícil que ganar partidos: devolverle credibilidad a la camiseta nacional.

    Esa, quizá, sea la mayor victoria de este verano.

    Porque México necesita crecimiento económico, instituciones más fuertes y mayor seguridad. Pero también necesita algo que ningún indicador puede medir y que, sin embargo, sostiene a cualquier sociedad que aspira a ser mejor: la capacidad de creer.

    Durante unas semanas olvidamos nuestras diferencias para compartir una misma ilusión. Descubrimos que todavía somos capaces de emocionarnos, de abrazarnos con desconocidos y de imaginar que lo imposible puede ocurrir.

    No levantamos la Copa del Mundo.

    Pero esta Selección nos recordó algo que vale mucho más que un resultado.

    Los Mundiales terminan.

    La esperanza de un país no debería hacerlo.

  • ¿Por qué perdió México ante Inglaterra?

    ¿Por qué perdió México ante Inglaterra?

    La selección mexicana mostró algo que durante muchos años no había tenido: carácter. Peleó, compitió, hizo sufrir a uno de los favoritos incluso cuando el marcador parecía sentenciado. Pero el fútbol de élite no premia el esfuerzo; premia los proyectos bien construidos. Y ahí es donde México volvió a fracasar.

    En la cancha hubo errores evidentes. Faltó imaginación para romper una defensa ordenada. El ataque dependió demasiado de impulsos individuales y nunca encontró variantes cuando el rival cerró espacios. Tácticamente el equipo tardó en reaccionar y defensivamente hubo desconcentraciones imperdonables en la marca que terminaron costando goles. Esos errores existen y deben señalarse.

    Pero quedarse únicamente con el análisis del partido sería engañarnos otra vez. México no perdió este Mundial por noventa minutos malos. Lo perdió durante años. Lo perdió cuando el fútbol dejó de ser un proyecto deportivo para convertirse exclusivamente en un negocio.

    Porque mientras las grandes potencias invierten en formación, infraestructura, desarrollo de talento y competencia, aquí seguimos administrando un mercado cautivo.

    La abolición del ascenso y descenso fue quizá el golpe más duro para la competitividad del fútbol mexicano. Se eliminó el miedo al fracaso. Se acabó la urgencia por mejorar. Muchos clubes entendieron que ya no era indispensable competir para permanecer; bastaba con cumplir los requisitos administrativos y financieros.

    ¿Para qué invertir en fuerzas básicas si el descenso ya no existe? ¿Para qué arriesgar con jóvenes si es más sencillo traer futbolistas extranjeros de nivel mediocre que, además, generan comisiones para representantes y directivos?

    Nadie discute que los extranjeros enriquecen una liga cuando elevan su nivel. El problema es que en México llegan demasiados jugadores que no son mejores que el talento nacional. Ocupan plazas, frenan procesos y reducen oportunidades para futbolistas mexicanos que necesitan minutos para desarrollarse.

    Después nos preguntamos por qué en la Selección faltan laterales, centrales o extremos capaces de competir al máximo nivel. La respuesta juega todos los fines de semana… sentado en la banca. 

    Y mientras eso ocurre, las televisoras y los grupos empresariales siguen controlando buena parte del ecosistema del fútbol mexicano. Durante décadas el balón dejó de ser solamente un deporte para convertirse en un producto televisivo. Los horarios responden al rating. Los calendarios a los contratos. Las decisiones deportivas a los intereses comerciales. Los dueños poseen varios equipos. Los conflictos de interés se normalizan. Las multipropiedades sobreviven.

    Y la Federación Mexicana de Fútbol parece mucho más preocupada por vender derechos comerciales que por construir un modelo deportivo capaz de competir con las mejores selecciones del mundo.

    Cada fracaso mundialista promete una “reestructuración histórica”. Cambian nombres, cambian entrenadores, cambian directores deportivos; pero nunca cambia el modelo. Porque tocar el modelo significa afectar negocios y eso nadie quiere hacerlo.

    Resulta mucho más sencillo culpar al entrenador de turno o al delantero que falló una oportunidad que preguntarse quién diseñó este sistema donde la rentabilidad importa más que la competencia.

    Mientras Argentina exporta futbolistas formados en una estructura competitiva y Europa convierte a sus ligas en laboratorios de desarrollo, México presume estadios llenos, contratos millonarios y balances financieros saludables.

    El negocio funciona. El fútbol, no. Quizá por eso este Mundial deja una sensación distinta, no porque México estuviera cerca de eliminar a Inglaterra, sino porque quedó claro que los jugadores pelearon con las herramientas que tenían.

    El problema no fueron únicamente ellos, el problema empieza mucho antes de que ruede el balón. Empieza en las oficinas donde se decidió cancelar el ascenso y descenso, empieza cuando se privilegió el espectáculo sobre la formación, empieza cuando se entendió al aficionado como consumidor y no como parte de una cultura deportiva, empieza cuando la Federación olvidó que el objetivo de una liga profesional no es únicamente producir ganancias, también debe producir futbolistas.

    Y mientras esa lógica no cambie, seguiremos haciendo lo mismo cada cuatro años: cambiar de entrenador, buscar culpables en la cancha y convencernos de que el próximo Mundial será diferente. No lo será, porque México no necesita otro director técnico, necesita recuperar el fútbol de quienes hicieron del negocio su cancha favorita.

    Redes sociales

  • MC obligado a la alianza electoral

    MC obligado a la alianza electoral

    Movimiento Ciudadano mantiene un perfil bajo a pesar de la proximidad de las elecciones, sus dos gobernadores son muestra evidente de ser inoperantes en el presente.

    Samuel, incurre en un delito al intentar menospreciar la inteligencia del pueblo que gobierna, al aparentar inocencia en una de sus muchas triangulaciones de capital, con dinero del erario, teniendo como depositario final a su padre; el otro, con una ignorancia supina sobre su propia responsabilidad, Pablo Lemus, cree que todavía se vive en la edad media y exige a sus colaboradores inclinarse ante el rey de España, como sucedía hace más de cinco siglos.

    Ante esta realidad, poco puede decir Movimiento Ciudadano frente a las elecciones, sin candidatos, ni lideres, ni cuadros, sólo esperar la buena voluntad de los ingenuos que todavía creen que pueda haber política joven en las acciones de dicho partido que rescata lo más añejo de la política priista de hace más de medio siglo.

    Además, legisladores del PAN Y PRI denunciaron ante la Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción del Estado y la Unidad de Seguimiento e Investigación de la Auditoría Superior de Nuevo León al gobernador Samuel García y a su esposa, Mariana Rodríguez, por uso de recursos públicos con fines electorales al comprar objetos en beneficio de su imagen.

    Por su parte, Pablo Lemus, gobernador de Jalisco, y la alcaldesa de Guadalajara, Verónica Delgadillo, mostraron su mentalidad discriminadora y añeja, luego de ser denunciados por colectivos de personas con discapacidad, al recomendar que las personas con discapacidad no acudan a las concentraciones públicas, lo cual contradice principios establecidos en la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad.

    Con esa torpeza de sus únicos dos gobernadores, Movimiento Ciudadano se ve atado de manos pro sus propios líderes, que pudieron convertirse en candidatos para puestos superiores y ahora sólo pueden esperar el juicio de la población y, de la justicia.

    Los líderes de MC consideraron que eran genios del manejo mediático, sobre todo en redes sociales y lo que ocurrió fue exactamente lo contrario. Cuando militantes de otros partidos renuncian para afiliarse a Movimiento Ciudadano pagan espacios en los medios, pero cuando hay deserciones en sus filas, tratan de ocultarlo, como la salida de Jorge Portilla Manica, presidente del consejo político de ese partido, lo cual desmembra la militancia en Quintana Roo.

    La fragilidad que se le ha impuesto a MC lo obligará a coaligarse con algún partido político a partir de 2027, la aceptación de esta alianza mostrará su vulnerabilidad, que se ha dedicado a despreciar cualquier sociedad en las urnas, pero si quiere sobrevivir no tiene otra alternativa.

    Un partido que nace en la cárcel, –ideado por Dante Delgado, durante su estancia en la prisión de Pacho Viejo, por actos de corrupción cuando era gobernador de Veracruz, a donde quieren colocar a otro ex presidiario José Manuel del Río Virgen, como candidato a la gubernatura, acusado de asesinato y liberador por exigencia de Ricardo Monreal, y no por ser inocente–, no puede tener otro destino que la extinción.

    Movimiento Ciudadano requiere una revisión, supervisión y auditoría, a fondo y seguramente, más de uno de los actuales dirigentes estaría en prisión.

  • EL COMBATE A LA IMPUNIDAD EN EL CASO GILDA LOZOYA: JUSTICIA SIN PRIVILEGIOS Y CON APEGO A LA CONSTITUCIÓN

    EL COMBATE A LA IMPUNIDAD EN EL CASO GILDA LOZOYA: JUSTICIA SIN PRIVILEGIOS Y CON APEGO A LA CONSTITUCIÓN

    Es un caso que confirma que en México hoy se realizan esfuerzos históricos para abatir la impunidad de la que durante años gozaron exfuncionarios y sus cómplices, incluidos familiares, durante la etapa del neoliberalismo en el país. Durante ese periodo, amplios sectores de la sociedad percibieron que el poder político y económico generaba redes de protección que dificultaban la investigación y sanción de actos de corrupción de gran escala. Hoy, independientemente del desenlace judicial que corresponda en cada expediente, el hecho de que las instituciones investiguen y sometan a proceso a personas que durante mucho tiempo parecían intocables constituye un mensaje claro: el combate a la impunidad debe alcanzar a todos, sin distingos, pero siempre dentro de los límites que impone la Constitución.

    El caso de Gilda Lozoya vuelve a poner el dedo en la llaga y pone a prueba la madurez y los avances del sistema penal acusatorio mexicano. Más allá de la relevancia política y mediática del asunto, este proceso refleja que las instituciones de procuración e impartición de justicia hoy enfrentan investigaciones que durante años parecían inalcanzables, incluso cuando involucran a familiares de altos exfuncionarios. Al mismo tiempo, este caso obliga a preguntarnos: ¿para qué sirven realmente las medidas cautelares?

    La hermana del exdirector de Pemex enfrenta una imputación muy delicada por operaciones con recursos de procedencia ilícita dentro del caso Agronitrogenados. De acuerdo con la Fiscalía General de la República, Gilda habría participado presuntamente en una triangulación de aproximadamente 3.4 millones de dólares para la adquisición de un inmueble en la alcaldía Álvaro Obregón. Después de una audiencia inicial de más de diez horas, la jueza electa Norma Ileana García Peralta, respetando los derechos fundamentales de la imputada y con pleno apego al orden constitucional, determinó que Gilda Lozoya continuará su proceso en libertad, pero bajo diversas medidas cautelares: firma periódica ante la autoridad, colocación de un localizador electrónico, entrega del pasaporte y prohibición para salir de la zona metropolitana y del territorio nacional.

    La resolución, que puede resultar hasta cierto punto impopular, generó opiniones encontradas. Para algunos, permitir que una persona imputada por lavado de dinero enfrente el proceso en libertad representa un acto de impunidad o incluso de corrupción. Sin embargo, precisamente porque hoy existe una investigación seria y una imputación formal en un caso de alto impacto, conviene distinguir entre impunidad y respeto al debido proceso. Combatir la impunidad no significa desconocer los derechos fundamentales de quien enfrenta un proceso penal. Por el contrario, significa demostrar que incluso los casos más emblemáticos pueden conducirse conforme a la Constitución y no bajo la lógica de la condena anticipada.

    El artículo 19 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos es muy claro al establecer que la prisión preventiva constituye una medida excepcional y no una regla general. No se trata de una pena anticipada, y esa diferencia debe ser comprendida por toda la sociedad.

    Asimismo, los artículos 155 y 156 del Código Nacional de Procedimientos Penales disponen que el juez debe privilegiar la medida cautelar menos restrictiva posible, siempre que sea suficiente para garantizar la comparecencia del imputado al proceso, evitar la obstaculización de la investigación, proteger a la víctima, a los testigos o a la comunidad y asegurar el cumplimiento de una eventual sentencia.

    Este principio de mínima intervención no representa un beneficio para quien enfrenta un proceso penal; constituye una garantía esencial de todo Estado constitucional de derecho. La prisión preventiva no fue diseñada para satisfacer la exigencia social de castigo, sino para neutralizar riesgos procesales, como la afectación a la víctima, la obstaculización del procedimiento o la posibilidad de fuga de la persona imputada. Sin embargo, evitar esos riesgos no significa que la prisión preventiva deba ser la única opción. Por el contrario, debe ser el último recurso cuando ninguna otra medida resulte suficiente para cumplir con esas finalidades.

    La Suprema Corte de Justicia de la Nación ha sostenido que la prisión preventiva es la medida cautelar más gravosa dentro del proceso penal y, por ello, únicamente resulta constitucional cuando ninguna otra medida menos restrictiva permite alcanzar los fines del procedimiento. En la misma línea, la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha reiterado, en asuntos como Suárez Rosero vs. Ecuador, Bayarri vs. Argentina y Tzompaxtle Tecpile y otros vs. México, que la prisión preventiva no puede utilizarse como una pena anticipada ni justificarse por la presión mediática o por el interés público que genere un caso.

    La autoridad judicial no puede imponer prisión preventiva únicamente porque Gilda Lozoya sea hermana del exdirector de Pemex o por los prejuicios que existan en torno al caso. Resolver conforme a derecho fortalece la legitimidad del combate a la impunidad, pues demuestra que el Estado puede investigar y procesar a personas vinculadas con antiguos círculos de poder sin renunciar a los principios constitucionales que rigen todo proceso penal.

    También queda demostrado que las instituciones de justicia tienen hoy la oportunidad de consolidar una transformación profunda: dejar atrás un sistema en el que durante años coexistieron la impunidad para algunos y el abuso del poder punitivo para otros. La legitimidad de ese cambio dependerá de que las decisiones judiciales se expliquen con claridad y se sustenten siempre en la Constitución, no en presiones políticas o mediáticas.

    El debate jurídico sobre el caso Gilda Lozoya no debería centrarse exclusivamente en determinar si fue correcta o incorrecta la decisión de permitir que enfrentara el proceso en libertad. La verdadera discusión consiste en identificar cuáles son las medidas más eficaces para impedir la sustracción de la justicia, garantizar el desarrollo del proceso y asegurar, en su caso, la reparación del daño.

    En delitos patrimoniales y financieros, como las operaciones con recursos de procedencia ilícita, el riesgo procesal no siempre radica únicamente en la posibilidad física de abandonar el país. Con frecuencia, el mayor riesgo deriva de la capacidad económica de la persona imputada para movilizar recursos, ocultar activos, financiar una eventual evasión, impedir que el Estado recupere los bienes vinculados con la conducta investigada o incluso utilizar estructuras de corrupción para influir indebidamente en las autoridades.

    Por ello, además de las medidas cautelares personales impuestas por la autoridad judicial, resulta fundamental analizar, cuando corresponda, la imposición de medidas cautelares de carácter real, como el aseguramiento de cuentas bancarias, la inmovilización de activos, el embargo precautorio de bienes y la fijación de garantías económicas suficientemente robustas. Estos mecanismos permiten neutralizar el riesgo patrimonial sin afectar de manera desproporcionada el derecho a la libertad personal. Además, no sólo dificultan una eventual fuga, sino que preservan bienes que podrían destinarse a la reparación del daño en caso de una sentencia condenatoria.

    En un país donde durante años prevaleció un modelo que permitió que numerosos casos de corrupción permanecieran impunes y donde la cercanía con el poder político frecuentemente representó un escudo frente a la acción de la justicia, resulta indispensable que el combate a la impunidad alcance también a quienes antes parecían intocables. Ese legado de privilegios, asociado por muchos al periodo neoliberal, sólo podrá superarse mediante instituciones fuertes que investiguen sin excepción y juzguen sin favoritismos. Sin embargo, ese esfuerzo perdería legitimidad si las decisiones judiciales dejaran de responder a criterios constitucionales y legales para atender únicamente la presión mediática. La igualdad ante la ley exige rechazar tanto el populismo punitivo como cualquier trato privilegiado que permita a quienes cuentan con mayor poder económico sustraerse de la acción de la justicia.

    El combate a la impunidad no comienza ni termina con la prisión preventiva. Comienza cuando el Estado es capaz de investigar a quienes durante años permanecieron fuera del alcance de la justicia y continúa cuando ese proceso se desarrolla con pleno respeto a las garantías constitucionales. En investigaciones por operaciones con recursos de procedencia ilícita, esa justicia no necesariamente se alcanza privando de la libertad a la persona imputada, sino asegurando los recursos económicos que podrían facilitar una eventual evasión y preservando el patrimonio que, en su caso, deberá responder frente a la sociedad.

    El verdadero reto no consiste únicamente en decidir quién merece una celda, sino en demostrar que ningún apellido, vínculo familiar o posición política puede colocar a una persona por encima de la ley. La justicia será verdaderamente transformadora cuando sea capaz de romper con las inercias de impunidad heredadas del periodo neoliberal, pero también cuando lo haga respetando escrupulosamente la Constitución, el debido proceso y los derechos humanos. Porque cuando un juez protege los derechos de una persona imputada no está otorgando impunidad; está garantizando que la ley se aplique con la misma fuerza y bajo las mismas reglas para todos.

    Romper con las inercias de impunidad heredadas del periodo neoliberal exige instituciones fuertes, ministerios públicos profesionales y jueces independientes. También exige comprender que el respeto al debido proceso no protege a una persona en particular; protege a todos los ciudadanos frente al ejercicio arbitrario del poder.

    Por: Jueza Amarande Riojas Orozco
    Maestra en Gobierno y Políticas Públicas por la Universidad Panamericana

  • Los pagos y sigue la historia

    Los pagos y sigue la historia

    La CNTE vive

    Dos temas, el primero ha aparecido como algo poco importante, pero debe encender luces parpadeantes, con ruido y todo, para la SHCP y la Presidencia de la República. Una reducción en la recaudación del 1.4%, lo que no se registraba desde 2012, parece menor pero también el consumo registra una reducción del 1.8% en el mismo período y con relación a 2025.  

    Es una voz de alerta, sobre todo si tomamos en cuenta que Enrique Peña Nieto excentó a la FIFA, garrapata del futbol mundial del pago de impuestos, hoy ilegal en la letra. ¡Gran negocio! México, nomás ve pasar el dineral y permite el daño social y laboral contra las mayorías sin chistar. ¿Será por eso que se atrasó el inicio de la dispersión de las Pensiones para Adultos Mayores? Hay que recordar que son un derecho constitucional gracias a Andrés Manuel López Obrador.

    Sería bueno que Clara Brugada se transportara en METRO, sin avisar y como cualquier habitante de la CDMX, o que tratara de hacer menos de 1 hora entre Indios Verdes y la Roma transitando en auto por Cuauhtémoc, o por la vía que quiera. Es terrible. 

    El segundo tema tiene que ser un testimonio de la historia de la lucha de maestros, fuerza laboral y proletariado en general en la segunda mitad del S. XX, que no murió y sí ha sido fuente de conciencia y combatividad de muchos apoyadores drl inico de la 4T, que después se ha convertido en una deplorable y frívola simulación. Lo más triste es que se convierte en suelo fértil para las aspiraciones de la ultraderecha. Hoy, hasta las pensiones de adultos mayores, derecho constitucional, ni se están pagando en tiempo y forma, pero las exenciones de impuestos, siguen existiendo. 

    Reproduzco la segunda parte del texto publicado por el Lic. Joaquín Ortega Esquivel sobre la historia de la CNTE y una parte de su vinculación a la lucha popular. El texto es continuación de lo publicado en mi columna del lunes 29 de junio pasado. 

    LA SILENCIADA HISTORIA DEL MOVIMIENTO MAGISTERIAL-POPULAR QUE INICIÓ LA CNTE.2ª Parte.

    Joaquín Ortega Esquivel

    “Luego siguieron las grandes batallas de los profesores de un poderoso Consejo Central del Valle de México, los del estado de Hidalgo, los de Guerrero y los del empobrecido estado de Chiapas quienes dieron grandes lecciones de dignidad en su lucha por rescatar la sección XXXVI del SNTE en favor de la democratización, así como de educación hacia el pueblo frente a la descomposición social y económica del Estado mexicano que durante el gobierno de Miguel de la Madrid quien, rompiendo con la simulación nacionalista revolucionaria de los gobiernos, acató las disposiciones del fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial para iniciar el desmantelamiento total de la economía nacional y anexarla totalmente a los intereses extranjeros.

    Indignados ante tantas injusticias, cientos de miles de padres de familia y ciudadanos de otros sectores salieron espontáneamente a solidarizarse de mil maneras con los maestros, llegando a la máxima manifestación de apoyo mutuo con la realización de Asamblea entre profesores y padres de familia alrededor de todas las escuelas, con lo que vendría la máxima expresión de poder obreros, popular y magisterial. Era un reflejo de odio del pueblo hacia el gobierno y sus formas de control social. (Con el tiempo, sin embargo, el movimiento magisterial perdió la iniciativa de unirse a todo el pueblo y se vio cada vez más aislado como gremio).

    Para tratar de contener la lucha magisterial, el gobierno utilizó todo el poder económico del Estado de México (la segunda economía más rica del país) para iniciar una cínica y criminal campaña para prostituir y corromper a miles de maestros y dirigentes del Valle de México que se perfilaban como la vanguardia de un movimiento nacional. A los principales dirigentes les ofreció cargos como supervisores, directores, dobles plazas, autos de lujo, dinero en efectivo, el aguinaldo más elevado que el de maestros todos los estados, y otras formas de corrupción que alejaron de la lucha independiente a no pocos profesores y corrompieron a otros más.

    Asimismo, el 30 de enero de 1981, ordenó el asesinato del valiente profesor Misael Núñez Acosta, en un barrio proletario de Ecatepec, Estado de México. Con ese motivo, el Consejo Central de Lucha del Valle de México-CNTE y Unidad Obrera Independiente, publicaron un manifiesto denunciando este crimen del gobierno y convocando a todo el pueblo de México a unirse a la lucha de obreros y maestros para terminar con el control de los criminales líderes oficiales que conforman el aparato de control político del sistema político dominante, destacando: “Los líderes y funcionarios desaprensivos están utilizando el terror contra los trabajadores. ¡que nadie se intimide, en estos momentos debemos actuar unidos para hacer imposible que los cadáveres insepultos (líderes y funcionarios) que se roban la vida de México destruyan el futuro de nuestros hijos! ¡Que cada quien tome su posición! ¡Viva la unidad obrero-magisterial! ¡Viva la acción organizada y unida de nuestro heroico pueblo!” Tiempo después los asesinos de Misael fueron detenidos temporalmente en el reclusorio de Nezahualcóyotl, pero extrañamente se escaparon luego de denunciar que fueron contratados por la entonces Tesorera general del SNTE, Elba Esther Gordillo, quien nunca fue detenida, pese a las denuncias que impulsaron en su contra los maestros de la Coordinadora.

    El 5 de febrero de 1982 este histórico movimiento obreros magisterial dio una muestra de organización y poder popular ocupando el Zócalo de la ciudad de México, que desde 1968 no había sido ocupado por ninguna manifestación. Mientras tanto, el gobierno preparaba provocaciones, corrompía a líderes para destruir sindicatos independientes, echaba manos de golpeadores, como en el caso de Volkswagen (Puebla), Vitrofibras, Dina Renault y Siderúrgica nacional (Ciudad Sahagún) Acero Solar, Fervi, Mexicana de Autobuses, Acros, Babco & Wilcox y muchos más, donde destruyó los sindicatos independientes, al tiempo que las corrompidas Juntas de Conciliación y Arbitraje negaban registro de nuevos comités independientes o promovían el cierre de las empresas antes de aceptar la democratización.” 

    Hasta aquí esta 2ª parte del texto original de Joaquín Ortega Esquivel. Pronto la 3ª parte.

    Quiero anotar que en aquella histórica marcha del 5 de febrero de 1982, yo iba formando parte de uno de los contingentes, el del entonces Sindicato Nacional de Trabajadores de Aviación y Similares (SNTAS), que agrupaba a 34 empresas del sector aeronáutico, entre ellas la antigua Compañía Mexicana de Aviación. En octubre de aquel año nos vimos obligados a estallar la huelga más larga en la historia de esa aerolínea, que era saqueada por los directivos que impuso aquel gobierno. 

    El entorno era delicado porque acababa de ser electo el neoliberal Miguel de la Madrid Hurtado y sabíamos que era un represor más terrible que sus antecesores, además había nombrado director a Enrique Loaeza Tovar, que era director de Aeroméxico y Mexicana al mismo tiempo. 

    El saqueo hizo que Mexicana de Aviación “perdiera” mas de 3 mmdp en el corto periodo de 3 meses en que duró en la dirección. Al final, la huelga logró un aumento salarial mayor al establecido por el tope salarial, el pago del 50% de los salarios caídos y la remoción inmediata del saqueador Loaeza Tovar y la reintegración de Dn. Manuel Sosa de la Vega como director de la empresa. Menos de un año después, para agosto de 1983, la empresa respaldada por sus trabajadores ya transportaba a más del 60% de pasajeros entre la República Mexicana y los Estados Unidos. Cuando una empresa respeta y respalda a sus trabajadores, con horarios, salarios y trato justo, los resultados son inmediatos. 

    En la actualidad, aún a pesar de las reformas laborales tan cacareadas por los personeros de la cuarta simulación, los derechos laborales en México no son respetados. Es increíble que después de la desaparición de las Juntas de Conciliación y Arbitraje, siga habiendo muchísimos casos sin resolver y no haya autoridad laboral en ninguna parte, que trabaje en serio para resolverlos. Todo son largas para los trabajadores, en cambio la patronal sigue gozando de todos los privilegios que le proporcionó y le proporciona el neoliberalismo, hoy disfrazado de “Humanismo Mexicano”.

  • Julio

    Julio

    Empieza julio y pues con la novedad que el T-MEC, para bien o para mal, sigue vigente, por lo menos hasta el 2036, ahora con una revisión anual, siendo la primera el 20 de julio de 2026, pese a los deseos de los prianistas, para gritar a los cuatro vientos que el Gobierno de México y la 4T, falló; y a los detractores dentro de la 4T y fuera de Ebrard, el T-MEC continúa.

    Aunque, es un buen momento para empezar a desafanarnos de los gringos, aunque sea complicado al principio, ese principio tiene que iniciar lo más pronto posible, antes de que la caída de los gringos nos lleve al baile. Como si no hubiera más mercados en el mundo. Eso y la aferración de alguien que pareciera más empleada de BlackRock que de México, pero ese es otro tema.

    Y ya que hablamos de la oposición, para ellos es normal quedar ridículo, hasta usando el tema del Mundial, antes del partido de México contra Ecuador, ahí están todos los de la oposición, presumiendo su mexicanismo, con “soy mexicano, pero esperemos que gané Ecuador, porque en México no hay nada que celebrar, o en México todo está mal” o ahora que ganó México, su tontería, “y si así nos organizamos para sacar al mal gobierno de México”, no se han dado cuenta que eso hicimos en 2018 cuando ganó AMLO, y si seguimos sin corregir el rumbo de este barco, se tendrá que repetir una marcha, sin la intromisión de la oposición de 1 peso que tenemos.

    La 4T debe de regresar a escuchar a su base, por la que ganó, empezar a sacar a todos los infiltrados que metieron Mario Delgado y secuaces con la bendición de la ahora presidenta, porque al final, son los que más daño han y seguirán causando a la 4T y al país, aunque a muchos no les guste.

    Y empezar a jalar a la juventud, porque todos esos andan muy güeritos con la derecha, con lo que les prometen, con lo que nunca les darán, pero al final resulta en un gran riesgo, no podemos olvidar lo que ha pasado con la “izquierda” en el resto de América, por desatender a los jóvenes, a las bases y no cumplir con las promesas de campaña, la “izquierda” fracasó. A las nuevas generaciones, la X, los centennials o cómo se hagan llamar, a todos esos que no pueden leer historia, que les da alergia la historia y la cultura general, todos esos son un peligro para la 4T y para el desarrollo de México, hay que educar de forma correcta a estos “jóvenes”.

    Si salen a festejar la fiesta de fútbol, recuerden que todos somos responsables de nosotros mismos y de los menores –en caso de ir con ellos–, el gobierno no puede ponernos a nuestro cuidador personal, para que nos diga cuándo tenemos que tener sentido común, si en la celebración, empiezan los desmanes de algunos (que probablemente meterán los prianistas en un intento de desestabilizar al Gobierno), la mejor opción es caminar hacia el lado contrario y regresarse a sus domicilios.

    Antes de que se me olvide, ¿se han fijado que muchos de los críticos apartidistas, trabajaron en la izquierda, conocieron a alguien “muy importante” o “muy pesado” y ese alguien es un asco de persona, y por esta razón decidieron migrar al PAN o al PRI, no importando que ese alguien también esté en el PAN o en el PRI? Qué coincidencia, no es porque no les hayan dado hueso…

    Ya estamos en julio, el 2026 se está acabando muy rápido y viene un 2027 bastante interesante políticamente hablando, esperamos que la 4T esté preparada y lista para lo que vendrá.

    Por cierto, sigamos haciendo que el hashtag #laperritadetrump siga vigente, también pudiéramos optar por #laperritadeecuador o #laperritadenoboa.

    No se les olvide, este texto está plagado de opiniones, cuestionamientos personales, algunos hechos reales y chunga.

    Gracias.

    BLOG: https://chimpando.blogspot.com/

  • Mundial a medias

    Mundial a medias

    Esta obligada prisa que inexorablemente
    quiere entregarme el mundo con un dato pequeño.

    Carlos Pellicer, Nocturno.

    Es muy probable que en estos días mucha gente en Europa esté pensando que el fin del “mundo” se aproxima, al menos, una mayor proporción respecto a quienes ahora en México puedan creer eso mismo. Lo creo así porque no es difícil sentir la proximidad del fin cuando acabas de sufrir una terrible ola de calor que nunca antes habías vivido. Las cifras que acompañan este desastre dotan de realidad a ese temor: desde el 21 de junio, se han vinculado a esta ola de calor en el continente más de mil 300 muertes en exceso, con Francia reportando cerca de mil decesos en apenas unos días. No se trata solo de estadísticas, sino de termómetros que marcaron picos históricos —como los 41.7°C en Alemania o los 43.7°C en España— desafiando los límites físicos de una población que, en su mayoría, no cuenta con los recursos básicos, como el aire acondicionado, para enfrentar tal asfixia. Imaginen ustedes noches enteras durante las cuales los termómetros se mantienen rondando los 30°C. Los análisis climáticos más recientes sugieren que este fenómeno no debe leerse como una anomalía aislada, sino como un “ensayo general” de lo que está por venir. Europa, que se está calentando al doble del promedio global, enfrenta una vulnerabilidad estructural crítica: sus ciudades y viviendas, históricamente diseñadas para retener el calor ante inviernos gélidos, se han convertido en trampas térmicas frente a un clima que ya no responde a los modelos de adaptación previos. Lo que hoy día millones de europeos pueden estar percibiendo como el fin de un mundo conocido no es sólo una sensación apocalíptica, sino la confrontación material con un sistema climático que, con la forma de olas de calor cada vez más severas, frecuentes y prolongadas, está reescribiendo la cotidianidad y desafiando la capacidad de respuesta de nuestras sociedades modernas.

    Pero subrayo: seguramente el fin del “mundo” no se siente igual en todo el orbe. Pongamos por caso: para la mayoría de mis conciudadanos, supongo, la noche del martes 30 de junio, después de que la selección nacional mexicana derrotara a Ecuador y asegurara así el ansiado quinto partido en el Mundial, la idea del fin de los tiempos estaba muy lejos de sus pensamientos.

    Mundo y mundial, así como global, son palabras que expresan poderosas abstracciones, abstracciones inmensas más o menos apuntaladas en parte de la realidad concreta. El lenguaje no sólo nombra y describe la realidad, sino que la construye y, en este caso, la delimita. Así que es perfectamente pertinente preguntarse qué tan realmente mundial es nuestra concepción del mundo. Por ejemplo, pensemos en el dichoso “Mundial” de Futbol… En esta edición no participaron las selecciones de los dos países más poblados del planeta, India y China —de hecho, China únicamente ha participado en una ocasión, en 2002, en la Copa del Mundo Corea-Japón, la primera que tuvo lugar en suelo asiático, mientras que jamás hemos visto al equipo de India, el país con más habitantes de todo el mundo, jugar en el torneo—. Recordemos que, en conjunto, en India y China viven 2.9 mil millones de seres humanos, de tal suerte que en el Mundial México 2026, sólo considerando la ausencia de indios y chinos, no tienen representación uno de cada tres habitantes del mundo. Además, deberíamos sumar otras ausencias importantes. Ningún ciudadano de los países que ocupan las posiciones 4, 5, 6 y 8 en la tabla de las naciones más pobladas —Indonesia, Pakistán, Nigeria y Bangladesh— está viendo jugar a su selección en este campeonato. Más relevante en términos geopolíticos resulta la falta del equipo del país más extenso del planeta, Rusia —noveno en la tabla en cuanto a cantidad de habitantes—. Y dado que tampoco participa Etiopía, resulta que ocho de los diez países más poblados del mundo no están convidados al Mundial: en ellos radica nada menos que el 49% de todos los hombres y mujeres vivos en la actualidad, es decir, prácticamente la mitad de todos los seres humanos.

    Al final, tanto el colapso climático que calcina a Europa como la algarabía de nuestra celebración futbolística nos revelan una misma verdad: nuestra mundialidad es un espejo que sólo refleja parcialidades, usualmente lo que nos conviene mirar. Mientras Europa enfrenta un fin del mundo tangible, físico y dolorosamente local, con todo y los amenazantes tambores de guerra sonando, nosotros disfrutamos por ahora un clima lluvioso, templado, y el “Mundial” en casa, un mundial que, por diseño, excluye a la mitad de la humanidad. Quizás el peligro de estas abstracciones es que nos reducen: nos hacen creer que el mundo es sólo aquello que cabe en nuestras pantallas, ocultando que, más allá de ese encuadre, existe una realidad mucho más vasta y diversa.

    Éxito a la selección el próximo domingo.