Etiqueta: opinión

  • Diputación a tres caídas

    Diputación a tres caídas

    La política la creó el ser humano para terminar con la violencia y cuando la violencia sustituye la política el retroceso es enorme. Son siglos tirados a la basura y más aún cuando se trata de un acto planeado para ganar espacios en la prensa, desviar la atención sobre el avance en el proceso de desafuero de Alejandro Moreno cárdenas, y los alcances en el ámbito de seguridad en el país.

    La política de los violentos se convirtió en un verdadero estorbo. Así lo hizo el diputado del PRI, Gutiérrez Mancilla, al planear un montaje contra un diputado de Morena, en complicidad con los reporteros de la fuente del Senado, que se caracterizan por ser muy acomedidos a cambio de un desayuno.

    En la mayoría de hechos violentos entre servidores públicos, la participación de Mancilla es protagónica, su reiteración violenta, coincide con el discurso agresivo de su jefe, Alejandro Moreno, quien se ve desesperado por perder todas las batallas en la que voluntariamente se ha entrometido.

    Tenemos el caso de la narrativa visual de Leticia Robles de la Rosa, reportera de Excélsior, y catedrática de lo que queda de la UNAM, quien pareciera tener la encomienda de ser camarógrafa desde el inicio del incidente en el patio del Senado, hasta el final. El caso era registrar que el morenista Arturo Ávila perdiera al cabeza o simplemente que alguno de los dos contrincantes terminara en el suelo sangrando y el espectáculo hubiera sido un éxito, evento que ocuparía espacios destacados de los medios convencionales por lo menos durante un mes marginando de la información el proceso de desafuero del líder nacional del PRI.

    Leticia de la Rosa, había tenido un desagradable papel protagónico en el primer round de mancilla en el pleno del Senado, cuando arremetió contra Gerardo Fernández Noroña y uno de sus ayudantes, a quien inventó que era hijo del senador morenista, fue desmentida de inmediato y, en lugar de ofrecer disculpas, se escudó en sus fuentes a las que responsabiliza de la mentira, y nunca aclaró la verdad. Ante tal acto, ahora se consagra como la camarógrafa fr Gutiérrez Mancilla y deja para la posteridad su segundo round.

    La catedrática de la UNAM se convierte en cómplice de un montaje que debería ser castigado severamente tanto en el Congreso como en los medios, pero éstos tienen la piel tan delgada que argumentarían un atentado a la libertad de expresión.

    El PRI oculta su agonía con agresiones de animal arrinconado, atrapado por sus propios excesos y sin más camino que el ingreso al reclusorio, su líder ordena atacar para aparentar fuerza social es tan pobre y su representación tan miserable, que sólo anuncia su funeral. Una muestra de cómo gobernaría el PRI y cómo la búsqueda del voto carece de importancia para la cúpula de ese partido se refleja en actividades en las que ningún partido civilizado puede incursionar, por sólidos que sean sus pretextos.

    El camino que lleva a la muerte a ese partido lleva consigo la credibilidad de algunos medios que también intentan hacer alarde de fuerza sin tenerla y lo único que evidencian es su vocación de mercenarios. Los tiempos de gloria son parte de un pasado que no pudo hacer historia.

  • CORRUPCIÓN EN GRINGOLANDIA

    CORRUPCIÓN EN GRINGOLANDIA

    La presión por parte del gobierno gringo en contra de algunos militantes de morena, como en el caso de la cancelación de la visa de Andrés Manuel López Beltrán. Refleja la incomodidad dé las autoridades gringas al estar siendo expuestas como los verdaderos responsables de la crisis de salud a causa del consumo, distribución, incluso de lavado de millones de dólares de ganancias en bancos de Estados Unidos.

    Su estrategia en evidente, cómo siempre lo ha hecho a través de sus agencias, donde buscan cooptar autoridades locales que coincidan con su proyecto imperialista y se dejan sobornar, cómo en este caso Alito Moreno, el prófugo Cabeza de Vaca, Ricardo Anaya delincuente prófugo protegido en su país o la actual gobernadora Maru Campos que se puso a disposición de sus agencias de espionaje

    Todo esto está siendo expuesto gracias a la facilidad actual en el proceso de difusión de la información, aún cuando en los medios corporativos se dan versiones tan absurdas en contra del proyecto emanado de la lucha social que llevo a lograr un cambio profundo en la administración pública y política de nuestro país, ejemplo a nivel mundial.

    La oposición Prianista ya se alineó en favor de los intereses imperialistas, poniéndose a las órdenes de personajes tan oscuros cómplices de encubridores, como es el caso del Secretario de Estado norteamericano Marco Rubio y Cristopher Landau vinculados en los archivos de Jeffrey Epstein.

  • VISAS, DENUNCIAS Y NARCOCANDIDATOS: LOS NUEVOS TIEMPOS ENTRE MÉXICO Y ESTADOS UNIDOS

    VISAS, DENUNCIAS Y NARCOCANDIDATOS: LOS NUEVOS TIEMPOS ENTRE MÉXICO Y ESTADOS UNIDOS

    La cancelación de la visa estadounidense de Andrés Manuel López Beltrán, hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador, ha provocado una nueva tormenta política en México y, como sucede frecuentemente en estos tiempos, inmediatamente aparecieron quienes pretenden convertir una decisión administrativa del gobierno estadounidense en una sentencia de culpabilidad y quienes, desde el otro extremo, quieren presentarla necesariamente como una persecución política. Creo que ambas posiciones se adelantan a los hechos.

    Hay que comenzar por entender algo fundamental: tener una visa estadounidense no constituye un derecho permanente de entrada a Estados Unidos. Es una autorización migratoria que puede ser revisada y, bajo determinadas circunstancias, revocada por las autoridades de ese país. El caso de Andrés Manuel López Beltrán adquiere relevancia por tratarse del hijo de un expresidente de México y de un personaje importante dentro de Morena, pero forma parte de un contexto migratorio mucho más amplio.

    El Departamento de Estado informó recientemente que durante la actual administración de Donald Trump han sido revocadas más de 175 mil visas. Entre las razones señaladas por las autoridades estadounidenses aparecen violaciones a las condiciones de la visa, problemas relacionados con la ley y cuestiones de seguridad nacional. Se han mencionado casos relacionados con conducir bajo los efectos del alcohol o las drogas, agresiones, robos, fraude y otras conductas que pueden generar problemas migratorios para extranjeros.

    La Embajada de Estados Unidos en México fue igualmente clara después de conocerse el caso de López Beltrán: una visa puede ser cancelada cuando existan razones para hacerlo, independientemente de quién sea su titular.

    Ese contexto resulta fundamental porque hoy el tema migratorio estadounidense es mucho más complejo de lo que muchos mexicanos imaginan. Sobreestadías, determinadas violaciones migratorias, ciertos antecedentes o conductas delictivas y otra información considerada relevante por las autoridades pueden generar consecuencias sobre una visa. Incluso el manual del Departamento de Estado contempla las llamadas ¨prudential revocations¨, mediante las cuales una visa puede ser revocada cuando llega determinada información adversa procedente de agencias estadounidenses de seguridad, inteligencia o aplicación de la ley.

    Sin embargo, aquí debemos tener muchísimo cuidado. Una visa cancelada no equivale a una sentencia penal ni demuestra automáticamente que una persona haya cometido un delito. Tampoco una simple denuncia presentada por alguien significa automáticamente que el gobierno estadounidense cancelará la visa del denunciado. Las propias reglas consulares establecen que una visa no debe revocarse simplemente por sospechas o por información negativa insuficiente para establecer una causal correspondiente.

    Una denuncia puede provocar que una autoridad revise determinada información, pero de ahí a afirmar que existe culpabilidad hay una distancia enorme.

    Y precisamente por eso considero delicado el ambiente político que estamos viviendo entre México y Estados Unidos.

    Durante los últimos meses hemos observado a políticos mexicanos acudir a Estados Unidos para presentar denuncias, señalamientos o información relacionada con presuntos vínculos entre adversarios políticos y el crimen organizado. Denunciar ante las autoridades competentes es perfectamente válido. Si alguien posee pruebas sobre narcotráfico, corrupción, lavado de dinero o cualquier otro delito, tiene derecho a presentarlas y corresponde a las autoridades determinar si existe materia para investigar.

    Pero quien acusa también adquiere una responsabilidad.

    Una cosa es presentar hechos, documentos, operaciones financieras, nombres, fechas y elementos susceptibles de ser investigados, y otra completamente diferente es trasladar la guerra política mexicana a instituciones estadounidenses esperando que una acusación produzca consecuencias migratorias contra un adversario.

    Por eso las autoridades estadounidenses también deben verificar cuidadosamente la información que reciben. Si alguien proporciona deliberadamente información falsa a una autoridad estadounidense, deberá responder conforme a la legislación que resulte aplicable. La justicia no puede funcionar únicamente en una dirección.

    Como dice el viejo refrán mexicano, ¨tanto peca el que mata la vaca como el que le agarra la pata¨.

    No afirmo que eso haya sucedido en el caso de Andrés Manuel López Beltrán. No existe, hasta donde conocemos públicamente, evidencia suficiente para asegurar que la cancelación de su visa haya sido producto de una denuncia fabricada, de una investigación criminal o de alguna acusación determinada. Precisamente por eso sería irresponsable inventar una historia para llenar los espacios que Washington mantiene en reserva.

    Lo que sí sabemos es que Estados Unidos canceló su visa y que las razones específicas no han sido divulgadas públicamente. También sabemos que los expedientes de visa tienen un alto grado de confidencialidad bajo la legislación estadounidense.

    Por eso considero que López Beltrán debería poner a trabajar a buenos abogados estadounidenses. No solamente para analizar la posibilidad de solicitar nuevamente una visa, sino para determinar, hasta donde legalmente sea posible, qué originó la decisión y si existe algún otro asunto relacionado que requiera atención.

    Una visa cancelada puede ser simplemente una determinación migratoria. Pero si existiera una investigación independiente, la cancelación del documento no necesariamente significaría que el asunto desapareció. Son cuestiones jurídicas diferentes y precisamente por ello no conviene ni minimizar la situación ni convertirla en una condena anticipada.

    Estamos entrando en una etapa particularmente delicada de la relación entre México y Estados Unidos. Washington ha endurecido considerablemente su política migratoria y de seguridad, y México atraviesa simultáneamente una confrontación política en la que las palabras “narcopolítico”, “narcogobierno” y “narcocandidato” aparecen cada vez con mayor facilidad.

    Eso me preocupa.

    Porque si permitimos que una acusación sea suficiente para destruir políticamente a una persona, tarde o temprano todos los partidos terminarán utilizando la misma herramienta.

    Si existen pruebas, que se investiguen. Si existen delitos, que se castiguen. Si existen políticos vinculados con organizaciones criminales, que no aparezcan en una boleta electoral y que respondan ante la justicia. Pero si no existen elementos suficientes, una declaración, un video, una publicación en redes sociales o una denuncia sin comprobar no pueden sustituir al debido proceso.

    Y precisamente ahí cobra importancia lo expresado recientemente por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo respecto a las elecciones de 2027. La presidenta ha señalado que el Gabinete de Seguridad se encuentra preparado para detectar posibles candidatos relacionados con el crimen organizado y que la Unidad de Inteligencia Financiera realiza investigaciones de manera permanente.

    El gobierno federal también ha planteado mecanismos para revisar información de aspirantes mediante instituciones del Estado.

    Me parece correcto, siempre que se haga quirúrgicamente, con evidencia y sin colores partidistas.

    México no puede darse el lujo de permitir narcocandidatos en 2027, pero tampoco puede permitir que la etiqueta de “narco” se convierta en un instrumento electoral para eliminar adversarios. Morena, PAN, PRI, Movimiento Ciudadano o cualquier otro partido deben ser medidos exactamente con la misma vara.

    Si hay pruebas, que caiga quien tenga que caer.

    Y si alguien acusa falsamente, que también responda.

    Dentro de toda esta discusión llamó mi atención la explicación que Luisa María Alcalde sostuvo recientemente frente a Joaquín López-Dóriga. Más allá de simpatías partidistas, me pareció un encuentro interesante entre dos personas que saben perfectamente cómo manejar los medios.

    Desde mi perspectiva personal, don Joaquín López-Dóriga es un gran periodista y tiene muchísimas tablas. Sabe preguntar, regresar sobre una respuesta, conducir una conversación y manejar los tiempos de una entrevista. Se podrá estar o no de acuerdo con él, pero sería absurdo negar la experiencia que tiene frente a un micrófono.

    Luisa María Alcalde tiene otro estilo. Con un tono mucho más tranquilo intentó explicar su posición y sostenerla frente a un entrevistador experimentado. Al final ocurrió lo que tenía que ocurrir: dos personas con experiencia defendiendo sus posiciones sin necesidad de convertir la conversación en un espectáculo de gritos.

    Ambos tienen muchas tablas.

    Y hablando de personajes que comienzan a adquirir presencia, quiero mencionar al diputado Arturo Ávila.

    Recientemente he utilizado servicios de taxi y plataformas en diferentes ciudades de México. Siempre me ha gustado conversar con los conductores porque tienen contacto diariamente con personas de todos los sectores sociales y suelen ofrecer una lectura interesante del ánimo de la calle.

    No pretendo convertir esas conversaciones en una encuesta científica porque evidentemente no lo son. Pero cuando uno abre el tema del gobierno, Morena y eventualmente los posibles sucesores o personajes que vienen creciendo políticamente, me ha llamado la atención escuchar repetidamente el nombre de Arturo Ávila.

    El diputado ha sabido construir presencia en los medios, defender sus posiciones y colocar su nombre en la conversación pública. Por lo que personalmente he escuchado en estas conversaciones, tiene aceptación y comienza a ser reconocido por ciudadanos que quizá nunca han tenido contacto directo con él.

    Eso, en política, cuenta.

    Las encuestas profesionales tendrán en su momento la responsabilidad de medir porcentajes, conocimiento, positivos y negativos. Yo solamente puedo hablar de lo que he escuchado en la calle y, desde esa perspectiva, Arturo Ávila parece estar haciendo bien su trabajo.

    Felicidades por el desempeño, diputado.

    México se aproxima a 2027 en un escenario muy distinto al de elecciones anteriores. Tenemos una relación más complicada con Estados Unidos, una política migratoria estadounidense mucho más estricta, una batalla bilateral contra organizaciones criminales y una confrontación política mexicana en la que cada vez aparecen acusaciones más graves.

    Precisamente por eso necesitamos prudencia.

    La cancelación de la visa de Andrés Manuel López Beltrán merece atención, pero no una sentencia fabricada desde las redes sociales. Los más de ¨175 mil visados revocados¨ por Estados Unidos ayudan a dimensionar que estamos ante una política mucho más amplia y que no todo retiro de visa significa narcotráfico, corrupción o una investigación penal.

    Al mismo tiempo, tampoco debemos minimizar una decisión de esa naturaleza cuando afecta a personajes de alto nivel político. Corresponde a sus abogados determinar qué pueden conocer y qué acciones pueden emprender.

    Y a los políticos mexicanos que viajan a Estados Unidos para denunciar a sus adversarios también les corresponde una enorme responsabilidad: ¨llevar pruebas, no historias; hechos, no rumores¨.

    Estados Unidos investigará lo que considere que afecta su seguridad y decidirá quién puede ingresar a su territorio. México, por su parte, tiene que hacer su propio trabajo.

    Si realmente queremos llegar a las elecciones de 2027 sin narcocandidatos, que se investigue.

    Pero que se investigue a todos.

    Sin apellidos.

    Sin partidos.

    Sin amigos.

    Sin enemigos.

    Y, sobre todo, ¨con pruebas¨.

    Porque cuando una acusación sustituye a una investigación y la política sustituye a la justicia, ya no importa quién tenga la razón.

    El país entero termina perdiendo.

  • Desde el sombrero

    Desde el sombrero

    ¿Se acuerdan a finales de 2025, principios de 2026, cuando muchos festejaban y apoyaban al Movimiento del Sombrero, apoyaban a Grecia Quiroz porque era mujer y por haber perdido a su esposo en un atentado? ¿Se acuerdan de que muchos se indignaban, molestaban y enojaban con los que criticamos u opinamos contra esta señora y su actuar? ¿Y cómo olvidar cuando muchos fans del Movimiento del Sombrero apoyaron que se heredara la alcaldía de Carlos Manzo a su esposa?

    Pues el tiempo nos dio la razón. Como muchos que estábamos contra el Movimiento del Sombrero habíamos opinado y dicho, el propio Movimiento del Sombrero fue el que entregó a su “líder” al crimen organizado, como las investigaciones escuetas de la Secretaría de Seguridad Ciudadana Federal, a cargo de García Harfuch, han demostrado. Pero falta un eslabón en ese grupo criminal y es, obviamente, la propia Grecia Quiroz, quien ha protegido y defendido a todos los inculpados en el caso del asesinato de su esposo, ya ni digamos del supuesto amante, que resultó ser una fichita.

    Pero, según el gobierno federal, las mujeres son buenas y son incapaces de hacer el mal; eso explica el porqué Grecia Quiroz continúa libre. Quien, por cierto, será candidata del MC por la gubernatura de Michoacán. Pareciera que se le olvidaron las primicias del dichoso Movimiento del Sombrero.

    Y hablando de otro ejemplo de “dama”, tenemos a la distinguida líder de las madres buscadoras y ahora miembro de “Somos México”, o “SomosMX”, o “Somos corruptos”, o como se llamen actualmente, a la distinguida Ceci Flores, cuyo hijo, ejemplo para la sociedad, era un delincuente y por fin su madre ya lo reconoció (y aceptó también que todos en su distinguida familia son delincuentes) y excusó con que delinquía, pero ayudaba a los pobres. ¿Sería a los pobres de su mamá y de su familia?

    Esta misma señora, que exige a la presidenta y al gobierno que se frenen los programas sociales y “Sembrando Vida” para seguir con la búsqueda de su angelito. Por este tipo de sujetos, los movimientos de lucha social, que inician con una causa justa y apoyo del pueblo, empiezan a perder fuerza y apoyo del pueblo, y quedan en lo que ahora son: grupos de choque pagados por la oposición a lo que queda de la 4T. Sí, lo que queda de la 4T, porque alguien se ha encargado, poco a poco (y no por gusto propio), de destruir la 4T que dejó AMLO. ¡Qué vergüenza, la verdad!

    Entre esta izquierda que quiere entregar el país a BlackRock, porque los “favores” políticos se pagan; tarde que temprano se tienen que pagar. Cómo olvidar las mantas de publicidad, que nadie supo quién las pagó, pero plagaron México, entre otros actos de precampaña adelantada e ilegal, pero a nadie le importó.

    ¿O cómo se explicaría la terquedad del fracking “ecológico” (cuando no existe como tal y lo justifican para la independencia energética), aun cuando la presidenta desmiente a ella misma, cuando era candidata (una joya prianista)? ¿O el agua del norte de México? Ya sabemos que a la presidenta le urge vender el agua, desde que era delegada —ahora alcaldesa— en Tlalpan, y después como jefa de Gobierno en la Ciudad de México. Solo que AMLO le paró el chistecito, pero seguro no se acuerdan de esos episodios de la vida de México.

    Mientras tanto, todos los apoyadores/nuevos chayoteros de la dizque 4T se fueron a defender la ley de audiencias; han dejado, o ni tomaron, el tema del fracking y del agua en el norte del país.

    Y ni hablemos de que Trump se quiere apropiar de los pozos petroleros en el Golfo de México. Por esto quiere cambiar el nombre a Golfo de América, para apoderarse del petróleo y gas mexicanos. Pero tampoco nadie dice nada.

    Acusaron de loco y misógino a Fernández Noroña sobre Grecia Quiroz y el Movimiento del Sombrero; y tuvo razón. Acusan de loco, conspiranoico y demás a Jalife y, a la fecha, ha tenido razón. Hay que exigir un cambio al gobierno antes de que sea tarde.

    Por cierto, pobre pueblo de Colombia, vive una tragedia por el temblor, y su nuevo presidente de derecha teme que los rescatistas especializados del mundo entren a ayudar e izquierdicen a su pueblo, o terminen de convencerlos de que haberlo elegido fue un error.

    Y, en vez de preocuparse por su pueblo, prefiere dilatar la ayuda, aludiendo a los expertos en rescate avalados solo por los gringos. Ya ven que ellos son unos verdaderos expertos en las películas de acción.

    Y para rematar, el gasolinazo en Perú, de la mano de la nueva presidenta, Keiko Fujimori. Espero que, con esos ejemplos de la derecha/ultraderecha gobernando Latinoamérica, los que han pensado en que el PRIAN regrese al poder corrijan el rumbo.

    ¡Qué vergüenza, Latinoamérica! Se creyeron superiores, se creyeron gringos, se vendieron a los gringos y ahora están peor que antes…

    #laperritadetrump sigue ladrando, igual que Alito, el traidor a la patria, y en el Poder Legislativo no hacen nada para castigarlo…

    No se les olvide: este texto está plagado de opiniones, cuestionamientos personales, algunos hechos reales y chunga.

    Gracias.

    BLOG: https://chimpando.blogspot.com/

  • ¿Y la salud mental en el mundo? Empeora

    ¿Y la salud mental en el mundo? Empeora

    Un vistazo al estado de ánimo mundial

    Año con año, la aseguradora AXA, en colaboración con la agencia de investigación Ipsos, realiza un extenso sondeo para medir el pulso emocional de la población mundial. El AXA Mind Health Report es un termómetro global que, desde 2021, ofrece datos para tratar de entender cómo estamos mentalmente en distintos países. Para la edición 2026, 19 mil personas de entre 18 y 75 años fueron entrevistadas en 18 naciones, durante el primer bimestre del año.

    La conclusión general no es alentadora: por sexto año consecutivo, la salud mental mundial sigue deteriorándose. Aunque hoy se habla más del tema que nunca —de hecho, la gente ya identifica los problemas mentales como una prioridad superior al cáncer—, los datos muestran que el 46% de la población mundial se encuentra en un estado de “lucha” o “decaimiento” psicológico. ¡Casi la mitad! Se trata de un incremento de 6 puntos porcentuales desde 2021. Simultáneamente, cada vez son menos las personas que florecen en la cima del bienestar mental.

    ¿Qué está pasando?

    Los impulsores principales de este malestar global son las condiciones económicas, el estrés laboral y la incertidumbre. Pero hay un factor nuevo que agrava la situación: nuestros hábitos digitales. Pasamos más de cinco horas diarias frente a pantallas fuera del horario laboral, y dos de cada tres personas admiten que esto afecta para mal su vida cotidiana. Paradójicamente, la hiperconectividad no ha reducido la soledad; la ha profundizado, más entre los jóvenes.

    Preocupante es el incremento de los trastornos graves. El 26% de los encuestados presenta síntomas potenciales de depresión, ansiedad o estrés en niveles severos o extremos, tres puntos más que en 2022. Esta situación tiene enormes costos, tanto sociales como económicos: se estima que los problemas de salud mental provocan pérdidas de productividad de aproximadamente un billón de dólares al año a nivel mundial.

    Los jóvenes, en primera línea

    La gente de entre 18 y 34 años es los más afectada. El 59% de este grupo se encuentra en situación de languidecimiento o lucha, trece puntos por encima del promedio global. Son también los que más sufren de soledad y aislamiento, y los que más tiempo pasan en redes sociales, con una media de seis horas diarias frente a la pantalla. Entre los menores de 35 años, la probabilidad de recibir un diagnóstico severo de depresión, ansiedad o estrés es más del doble que en el resto de la población.

    Sin embargo, se abre una rendija de optimismo: los jóvenes son también los más abiertos a hablar de sus problemas y a buscar ayuda. Rompen tabúes y normalizan las conversaciones sobre salud mental.

    Mujeres, las más golpeadas

    Las mujeres siguen mostrando peores indicadores que los hombres en todos los parámetros. El porcentaje de mujeres que florecen es cinco puntos menor que el de hombres, y la brecha en trastornos severos es de tres puntos. La carga mental, la doble jornada laboral y doméstica, y la mayor exposición a ciertos factores de estrés explican en parte esta diferencia.

    La inteligencia artificial: ¿aliada o enemiga?

    Seis de cada diez personas han recurrido ya a herramientas de IA para obtener consejo sobre su bienestar emocional. Y es lógico: la IA es gratuita, inmediata, está disponible las 24 horas y elimina la vergüenza de hablar con otro ser humano. Es lógico, pero es equivocado porque conlleva riesgos graves. Casi uno de cada tres encuestados admite que ha seguido consejos no validados médicamente, y el 28% afirma que el uso de IA le ha llevado a comportamientos perjudiciales. Un tercio de los usuarios confía más en las plataformas de IA que en los profesionales de la salud mental, y muchos prefieren volcar sus preocupaciones en un algoritmo antes que en amigos o familiares. Este desplazamiento de la confianza hacia las máquinas es una tendencia de locos.

    Falta de autopercepción

    El principal obstáculo para acceder a tratamiento no es el dinero, ni el tiempo, ni el estigma. Es, sencillamente, que muchas personas no consideran que su situación sea lo bastante grave como para merecer atención profesional. El 36% de los encuestados cree que sus problemas no requieren ayuda médica, a pesar de que el 46% presenta niveles clínicamente significativos de malestar.

    El 60% de los encuestados no ha visitado a un profesional de la salud mental en el último añoAunque la concienciación ha aumentado, no siempre se traduce en comprensión real.

    ¿Y México?

    Si observamos el ranking de los 18 países participantes en el estudio, México se sitúa en una posición intermedia-alta, con una puntuación de 63.5 en el Índice de Salud Mental. Esta cifra está por encima de la media global (61.8) y coloca al país por delante de naciones como Estados Unidos (62.7), Francia (62.7), España (62.3) o Alemania (61.4), aunque por detrás de Tailandia (66.5), Suiza (65.4) o China (63.8).

    Este índice combina indicadores de florecimiento, bienestar, resistencia y capacidad de afrontamiento. Un puntaje más alto refleja una mejor salud mental general. En ese sentido, México supera el promedio mundial y muestra un panorama favorable en comparación con otros países latinoamericanos como Brasil (59.8) o con naciones europeas. No significa que estemos exentos de problemas. Las tendencias globales también aplican a México: la presión financiera, el estrés laboral, la incertidumbre y el uso excesivo de pantallas son factores que afectan a los mexicanos, especialmente a los jóvenes.

    Un dato relevante: en México, como en el resto del mundo, la falta de autopercepción es la principal barrera para buscar ayuda. Muchas personas no acuden a un profesional porque no consideran que su malestar sea “suficientemente grave”.

    La urgencia de actuar

    El AXA Mind Health Report 2026 deja un mensaje claro: la salud mental no es un tema menor ni pasajero. Es una crisis global que se agrava año tras año. La tecnología, bien utilizada, puede ser una herramienta poderosa para democratizar el acceso al apoyo, pero también puede agravar la soledad y la desinformación si no se regula adecuadamente.

    México, con una posición intermedia-alta en el ranking, tiene margen para mejorar.  Y usted, ¿cómo se siente?

    @gcastroibarra

  • ENTRE NARCOPOLÍTICOS, FAKE NEWS Y PLEITOS DE GUAJOLOTES

    ENTRE NARCOPOLÍTICOS, FAKE NEWS Y PLEITOS DE GUAJOLOTES

    Graves y particularmente delicadas son las acusaciones que viene realizando Alejandro “Alito” Moreno, presidente nacional del PRI y senador de la República, cuando habla públicamente de políticos presuntamente relacionados con el crimen organizado o el narcotráfico. Y aquí quisiera detenerme un momento, porque una cosa es la confrontación política, otra muy distinta es una denuncia y otra todavía más seria es señalar públicamente a personas atribuyéndoles posibles relaciones con organizaciones criminales.

    Alejandro Moreno ha utilizado expresiones como “narcopolíticos” y “narcopartido” para referirse a sus adversarios. El propio PRI publicó el pasado 7 de junio un comunicado encabezado con una declaración suya: “En Coahuila barrimos a los narcopolíticos de Morena”. Además, Moreno ha llevado algunos de sus señalamientos a Estados Unidos, donde ha denunciado lo que considera autoritarismo y persecución política en México y ha insistido en acusaciones relacionadas con presuntos vínculos entre personajes del oficialismo y el crimen organizado.

    Eso, viniendo del presidente nacional de un partido y de un senador de la República, me parece que merece mucho más que aplausos, gritos, entrevistas o publicaciones en redes sociales. Si el senador posee información concreta sobre políticos relacionados con el narcotráfico, entonces debería presentarla ante las autoridades correspondientes. Si conoce nombres, operaciones, circunstancias, movimientos financieros o cualquier otro elemento que pueda constituir evidencia, que lo entregue y que se investigue. Y si una autoridad considera necesario citarlo para que explique lo que sabe y aporte los elementos que dice tener, tampoco me parecería descabellado. Ya estuvo bueno de convertir acusaciones de semejante gravedad en simples instrumentos de propaganda electoral.

    Porque llamar narcotraficante a alguien no es decirle mal gobernante, corrupto, incompetente o mentiroso. Estamos hablando de atribuirle posibles relaciones con delitos gravísimos. Si queremos vivir en un verdadero Estado de derecho, entonces las acusaciones deben investigarse independientemente del color partidista del señalado. Morena, PRI, PAN, Movimiento Ciudadano o quien sea. Si existen pruebas, que se proceda; si existen indicios serios, que se investiguen; pero si solamente existen discursos, entonces tengamos mucho cuidado de convertir la sospecha en sentencia simplemente porque apareció en X, Facebook, YouTube o en una conferencia de prensa.

    Tampoco me parece prudente que un senador de la República y, más aún, dirigente nacional de un partido político, en su intento legítimo por recuperar espacios, simpatizantes y finalmente votos, termine construyendo toda una estrategia alrededor de desacreditar las acciones del Gobierno mexicano sin reconocer aquello que también ha sido reconocido fuera del país. Esto no significa que debamos aplaudirle todo al Gobierno ni mucho menos que México haya resuelto el problema del narcotráfico. Sería absurdo afirmarlo. Pero la relación de seguridad entre México y Estados Unidos ha mantenido mecanismos de cooperación y funcionarios estadounidenses han reconocido públicamente resultados de esa colaboración. Entonces tampoco podemos construir una realidad donde absolutamente nada sirve simplemente porque electoralmente conviene decirlo.

    Y de ahí pasamos precisamente al otro gran asunto de estos días: quién dice la verdad, quién miente y quién tiene derecho a decidirlo.

    Me llamó particularmente la atención la reacción del prestigiado periodista Joaquín López-Dóriga respecto de las acciones de Luisa María Alcalde y el ejercicio gubernamental denominado “Derecho de Réplica”. Hay algo incluso curioso en esta historia, porque fue precisamente en una entrevista con López-Dóriga donde Alcalde explicó el proyecto antes de que comenzara formalmente. La intención, según explicó entonces, sería identificar información que el Gobierno considera falsa, contrastarla con datos oficiales y responder públicamente.

    Aquí la discusión se vuelve mucho más interesante que simplemente decidir si estamos con el periodista o con el Gobierno.

    La prensa tiene que ser libre. Completamente libre. Un periodista debe poder investigar al presidente, a sus hijos, a un gobernador, a un senador, a un empresario, a un general o a quien sea sin pedir permiso y sin miedo a represalias. Esa libertad es indispensable en cualquier democracia que pretenda llamarse así. Pero la libertad de prensa tampoco puede significar que todo lo publicado automáticamente se convierta en verdad.

    Hay mucha información que se publica y después resulta falsa, incompleta, exagerada o simplemente imposible de comprobar. Donald Trump convirtió la expresión “fake news” en parte del lenguaje político mundial, pero el fenómeno evidentemente no nació con él. Lo que sí cambió radicalmente fueron las redes sociales. Hoy basta un teléfono celular y unos cuantos segundos para que una acusación pueda recorrer un país entero antes de que la persona señalada tenga siquiera oportunidad de enterarse.

    El poder de un medio de comunicación es enorme y precisamente por eso debe utilizarse con responsabilidad. Una noticia falsa puede destruir una reputación construida durante décadas. Puede afectar una familia, una empresa, una carrera profesional o una trayectoria política. Y después resulta prácticamente imposible regresar las cosas al punto donde estaban, porque la aclaración normalmente nunca alcanza la misma difusión que tuvo el escándalo.

    Pero aquí también debemos aplicar exactamente la misma regla al Gobierno. Si desde Palacio Nacional se afirma que determinada información periodística es falsa, entonces que se demuestre. Que presenten documentos, cifras, fechas y evidencias. El derecho de réplica es perfectamente legítimo; la censura no. Aclarar una noticia es válido; intimidar al periodista por publicar algo incómodo sería otra cosa completamente diferente.

    Entonces ni el Gobierno tiene derecho automático a la verdad por ser Gobierno ni un periodista tiene derecho automático a la verdad por ser periodista. Ambos deben responder por lo que dicen.

    Y mientras discutimos sobre verdad, mentira, narcotráfico, libertad de expresión y responsabilidad pública, nuestros representantes populares decidieron regalarnos un espectáculo que parecía más un pleito de guajolotes que una discusión entre legisladores.

    Los diputados Carlos Gutiérrez Mancilla, del PRI, y Arturo Ávila, de Morena, protagonizaron un enfrentamiento en instalaciones del Senado que comenzó con acusaciones políticas y terminó entre insultos, jaloneos y empujones. Entre las expresiones que aparecieron durante la confrontación estuvieron “vocero del narco” y “porro de Alito”.

    Y ahí está nuevamente la palabra mágica de nuestra política actual: narco.

    Otra vez el narcotráfico convertido en insulto. Otra vez una acusación gravísima utilizada como proyectil político. Otra vez las palabras llegando mucho más rápido que las pruebas.

    Vi las imágenes y, independientemente de las simpatías políticas que cada quien pueda tener, me parece que Arturo Ávila hizo bien en no llevar el enfrentamiento todavía más lejos. Lo estaban provocando, hubo intercambio de palabras y evidentemente los ánimos estaban encendidos, pero precisamente ahí es donde un representante popular tiene que recordar dónde está y qué representa. En política no siempre gana quien pega más fuerte ni quien grita más. Muchas veces gana quien entiende cuándo no caer en la provocación.

    Y para ponerle la cereza al pastel apareció nuevamente Alejandro Moreno diciendo, palabras más, palabras menos, que él sí le habría entrado y habría puesto a Ávila “en su lugar”.

    No todo es pelear, señor Moreno.

    La política necesita firmeza, claro que sí. Necesita oposición, debate, denuncia y políticos capaces de defender con energía aquello en lo que creen. Pero el Congreso de la Unión no puede convertirse en una sucursal de la Arena México. Para eso existen las tribunas, los debates, las investigaciones, las fiscalías y, cuando corresponde, los tribunales.

    Y no lo digo por defender a la 4T.

    Lo digo por su apellido.

    Moreno.

    Porque casualmente quien escribe estas líneas también lleva ese apellido dentro de su propia historia familiar y sé perfectamente que no todos los Moreno pensamos igual, ni necesitamos resolver nuestras diferencias a golpes.

    Respecto de Arturo Ávila y Luisa María Alcalde, también hemos visto cómo desde hace meses se publican versiones sobre una supuesta relación sentimental entre ambos. Hasta pareja los hicieron ya. Carlos Loret de Mola escribió sobre esa presunta relación desde abril. Pero aquí vuelvo exactamente al mismo principio: una cosa es lo que se publica, otra lo que puede demostrarse y otra muy diferente aquello que realmente tiene relevancia pública.

    Si son pareja o no, francamente pertenece a su vida privada mientras no exista alguna consecuencia comprobable sobre el ejercicio de sus responsabilidades. Lo que sí podemos evaluar es su desempeño público. A Luisa María Alcalde por sus decisiones políticas y partidistas, y a Arturo Ávila por su actuación como legislador. Lo demás corre el riesgo de convertirse simplemente en combustible para las redes sociales.

    Y quizá ahí está precisamente el problema que atraviesa todos estos acontecimientos.

    Nos estamos acostumbrando peligrosamente a una política donde primero se acusa y después, si acaso, se investiga; donde una publicación en redes sociales puede adquirir para millones de personas el mismo valor que una carpeta de investigación; donde una declaración política se convierte en sentencia y donde una información periodística es inmediatamente considerada verdadera o falsa dependiendo únicamente de quién la publicó y de qué lado político estamos nosotros.

    Eso no fortalece la democracia.

    Si Alejandro Moreno tiene pruebas de políticos relacionados con el narcotráfico, que las presente y que las autoridades investiguen hasta las últimas consecuencias. Si el Gobierno afirma que una información publicada por un periodista es falsa, que presente las pruebas que la desmienten. Si un periodista realiza una acusación, que tenga las fuentes y los elementos suficientes para sostenerla. Y si dos diputados tienen diferencias políticas, que las resuelvan con argumentos desde la tribuna y no a empujones en los pasillos.

    Porque México tiene problemas demasiado serios como para reducir la discusión nacional a hashtags, acusaciones sin expediente, rumores sentimentales y pleitos de guajolotes.

    La verdad no debería tener partido.

    Y las pruebas tampoco.

  • Cuando la justicia habla una lengua que no entiendes

    Cuando la justicia habla una lengua que no entiendes

    Imaginemos por un momento que estamos sentados frente a una jueza. Escuchamos que hablan de una acusación, de pruebas, de nuestra libertad y de nuestro futuro, pero no entendemos lo que dicen. Queremos explicar lo ocurrido, responder las preguntas y defendernos, pero nadie habla nuestra lengua. La audiencia continúa y las decisiones se toman. ¿Podríamos llamar justicia a un procedimiento en el que la persona no puede comprender lo que está sucediendo? En mi criterio como juzgadora,  no puede existir una defensa adecuada cuando primero no se garantiza que una persona pueda comprender un procedimiento legal.

    Por eso considero relevante el Convenio Marco de Colaboración “Por la Defensa y Promoción de los Derechos Electorales de los Pueblos y Comunidades Indígenas y Afromexicanas”, recientemente suscrito por instituciones como el Instituto Nacional Electoral, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el Órgano de Administración Judicial, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas y el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas.

    El convenio busca fortalecer el ejercicio de los derechos político electorales y contempla, la formación, evaluación y certificación de intérpretes y traductores. Pero su importancia va más allá de la materia electoral: nos recuerda que una persona no debería tener que renunciar a su lengua para poder ejercer sus derechos frente al Estado.

    En el ámbito penal, esto adquiere una dimensión todavía más delicada. Las palabras tienen consecuencias. Una pregunta que no se comprende puede afectar una declaración; una resolución que no se entiende difícilmente puede ser impugnada; y una persona que no puede comunicarse adecuadamente con su defensa se encuentra en una situación de evidente desventaja. Por eso, el artículo 2° de nuestra Constitución reconoce a las personas indígenas, el derecho a acceder plenamente a la jurisdicción del Estado y a ser asistidas por intérpretes y defensores que conozcan su lengua y su cultura. No es un privilegio ni una concesión: es una condición para que la igualdad procesal sea real.

    La Suprema Corte de Justicia de la Nación ha tenido que resolver casos que muestran las consecuencias que puede tener ignorar esta garantía. En el Amparo Directo 77/2012, la Primera Sala ordenó la inmediata libertad de una persona indígena que había sido sentenciada a 40 años de prisión, al advertir violaciones relacionadas con su defensa adecuada y la falta de un intérprete que conociera su lengua y cultura. En otro asunto, el Amparo Directo en Revisión 2434/2013, una persona indígena mazateca, había recibido una sentencia de 21 años de prisión por homicidio y la Corte determinó que debía reponerse el procedimiento, entre otras razones, porque no había contado con un intérprete que conociera su lengua y cultura. Son casos que deberían obligarnos a detenernos: detrás de un expediente hay una persona y detrás de una deficiencia procesal puede arruinarle la vida a una persona.

    Además, la Corte ha sido clara en que no basta con decir que la persona “habla español”. En el Amparo Directo en Revisión 4034/2013, la Primera Sala estableció que el derecho a contar con intérprete no puede condicionarse simplemente al grado de castellanización. Una persona puede comunicarse en español y, al mismo tiempo, no comprender el lenguaje jurídico, las consecuencias de una decisión o la complejidad de un proceso penal.

    Porque un intérprete no es simplemente alguien que cambia palabras de una lengua a otra. En un proceso penal, su función permite que exista una comunicación efectiva entre la persona, su defensa y la autoridad. Y esto es especialmente importante porque la Suprema Corte ha reconocido que el intérprete forma parte de la garantía de defensa adecuada y que recurrir a un intérprete práctico debe ser una medida de último recurso, después de agotar las posibilidades de contar con una persona intérprete profesional o certificada que conozca la lengua y la cultura correspondiente.

    El reto tampoco corresponde únicamente a los juzgadores, una persona indígena puede tener contacto con el Estado primero a través de una policía, una fiscalía, una defensoría pública o una autoridad administrativa. Por ello necesitamos instituciones preparadas para identificar estas necesidades desde el primer momento, intérpretes suficientes y profesionalizados, mecanismos para localizarlos oportunamente y servidores públicos capacitados para comprender que la perspectiva intercultural no significa favorecer a una persona, sino impedir que sus circunstancias culturales o lingüísticas se conviertan en una desventaja para ejercer sus derechos.

    México no habla una sola lengua. México tiene muchas voces y todas forman parte de este país. Cuando hablamos de derechos lingüísticos, no hablamos solamente de traducción: hablamos de igualdad, de defensa, de debido proceso y de dignidad; hablamos del derecho de una persona a contar su historia en la lengua que aprendió de sus padres y a defender su libertad sin que el idioma se convierta en un obstáculo frente al Estado.

    La justicia no debe pedirle a nadie que cambie su voz para ser escuchado. Debe aprender a escuchar todas las voces de México.

    Porque cuando una persona pueda entrar a un juzgado, hablar en la lengua de sus raíces y saber que el Estado hará todo lo necesario para comprenderla, no habremos cumplido simplemente con una formalidad procesal. Habremos dado un paso para que la justicia deje de ser una institución que habla desde arriba y se convierta en una institución que verdaderamente escucha al pueblo al que sirve.

  • El narcogobierno que sí tiene sentencia

    El narcogobierno que sí tiene sentencia

    Desde hace algunos años se ha vuelto recurrente escuchar en el debate público mexicano una palabra que, a fuerza de repetirse, pareciera explicar por sí misma buena parte de nuestros problemas políticos: narcogobierno. La expresión no nació con la elección presidencial de 2024, pero fue precisamente durante ese proceso cuando adquirió una dimensión distinta y comenzó a formar parte de una narrativa que primero habló de un narcopresidente, después de una narcocandidata, posteriormente de un narcopartido y, finalmente, de un narcogobierno que incluso habría terminado por convertir a México, según algunos de sus principales promotores, en un narcoEstado.

    El asunto no puede despacharse simplemente diciendo que se trata de una campaña de la oposición contra Morena, porque hacerlo sería quedarse corto. En México existen relaciones entre integrantes de la clase política y organizaciones criminales, las han existido durante gobiernos de distintos partidos, y contamos con investigaciones y procesos judiciales suficientes para advertirlo. El problema no es que esas relaciones se señalen: es que quienes hoy gritan más fuerte “narcogobierno” suelen ser, precisamente, quienes menos evidencia tienen detrás y más motivos para no recordar la que existe en su propia casa.

    Hace algunos meses comencé a estudiar este fenómeno con mayor detenimiento para un artículo académico y encontré algo que me parece revelador. Una cosa es afirmar que determinado funcionario mantiene o mantuvo una relación con alguna organización criminal y otra muy distinta convertir esa relación en parte de su identidad. En el primer caso estamos frente a una acusación concreta que, por grave que sea, tiene sujetos, circunstancias y hechos susceptibles de comprobarse o desmentirse; en el segundo, la relación desaparece y queda únicamente la identidad atribuida: ya no se dice que alguien presuntamente tuvo vínculos con el narcotráfico, sino que ese alguien es un narcopolítico, un narcogobernador o un narcopresidente. Lo que encontré, revisando decenas de casos, es que la inmensa mayoría de las veces en que se usa “narcogobierno” contra Morena, esa distancia entre la acusación y la prueba es enorme: se declara la identidad sin que exista, ni de lejos, el respaldo judicial que la sostenga.

    Compárese eso con lo que sí tenemos comprobado sobre el sexenio panista que más se ufana de perseguir al crimen organizado. Genaro García Luna, secretario de Seguridad Pública con Felipe Calderón, fue declarado culpable en 2023 por un jurado de Nueva York y sentenciado en 2024 a 38 años de prisión por recibir sobornos millonarios del Cártel de Sinaloa mientras encabezaba, desde el gobierno mexicano, la supuesta guerra contra el narco. No hablamos de un señalamiento en un mitin ni de una publicación en redes sociales: hablamos de una sentencia firme, dictada por una corte federal, con testigos, documentos y un veredicto unánime. Y sin embargo, es exactamente el bando que hoy más recurre a la etiqueta narcogobierno el que menos interés muestra en que se hable de esto.

    Ahí está la hipocresía que me parece necesario señalar sin medias tintas: no se trata de que todos usen la misma palabra con la misma ligereza, como si el fenómeno fuera simétrico y equivalente en ambos lados. Se trata de que quienes más presumen indignación ante un vínculo criminal apenas insinuado son quienes menos han rendido cuentas por el vínculo que sí se probó, en una corte, con nombre y sentencia. Por esa razón, la etiqueta narcogobierno funciona precisamente porque no exige ese contraste: reúne acontecimientos distintos bajo una misma explicación y evita que nadie tenga que comparar la solidez de sus propias acusaciones con la solidez de las que pesan sobre uno mismo.

    En fin, no se trata de desterrar una palabra del debate público, sino de exigir que quien la use la sostenga con la misma vara con la que juzga a los demás porque las relaciones entre política y crimen organizado son demasiado graves como para reducirlas a una consigna, y demasiado serias como para permitir que quien tiene una sentencia firme en su historial reciente, como en este caso Acción Nacional, sea paradójicamente, quien más cómodo se sienta señalando con el dedo.

    Luis Tovar
    Secretario General de la
    Fundación para la Defensa del Medio Ambiente. FUDEMA A.C.

  • 5a Mesa de Diálogo Metro-Megapolitana de Oriente

    5a Mesa de Diálogo Metro-Megapolitana de Oriente

    El martes 11 de agosto de 2026, asistí a la “5a Mesa de diálogo Metro-megapolitana del oriente del Valle de México y su entorno”. Un evento organizado por la alcaldesa de Iztapalapa Aleida Alavés Ruiz, en el que participaban una gran cantidad de alcaldes, presidentes municipales y diversas autoridades de varias localidades del oriente del país. Las sesiones se realizan año con año y tiene como objetivo congregar lugares que poseen ofertas turísticas a las cuales se puede tener acceso desde Iztapalapa, que es vista como un eje que conecta estas regiones del país. Participan estados como Morelos, Puebla, Estado de México, Tlaxcala, Hidalgo, Guerrero y Oaxaca; conformando una región que se une para impulsar el patrimonio cultural que cada estado o municipio posee. La visión de los participantes es interesante, dar a conocer cada región a través de invitaciones que destaquen la producción artesanal, gastronómica y cultural de cada lugar, pero con la visión de que cada persona  pueda tener la información de las rutas que le quedan cerca para conocer México a través de la riqueza histórica y cultural de sus pueblos.

    ¿Cómo se logra que los lugares puedan quedar a la mano de las personas cercanas? En esta sesión se concretó la aprobación de la publicación de un libro que contempla ese fin, titulado  Huerta de oriente, horizonte infinito, mismo que nos permite conocer, primero de forma digital, las rutas culturales, gastronómicas, artesanales y festivas que se ofrecen en cada región. La propuesta resulta interesante y en otra entrega de esta misma columna profundizaré en ese material que va a ser complementado con información que algunos de los participantes llevaron a la sesión.

    En la reunión destacó la presencia del Diputado Presidente de la Comisión de Desarrollo Metropolitano del Congreso de la Ciudad de México, Alberto Vanegas Arenas, quien de forma muy activa atiende su encomienda principal en tal comisión, realizando el impulso de la coordinación regional. Un evento interesante, aunque es necesario dar seguimiento a la publicación, difusión y promoción de la publicación anunciada, ya que representa un esfuerzo de diferentes regiones y estados para compartir de forma concreta las múltiples actividades con que cuentan aquellos pueblos que, al no estar en un punto “llamativo” o no formar parte de los llamados pueblos mágicos no tienen oportunidad de ser visitados.

    Esta mesa de diálogo me sirvió para saber que hay una gran cantidad de municipios que en cada zona del país es rica en tradiciones, ferias, producción agrícola y artesanal. Destacó el primer orador, el Presidente del Comisariado de Bienes Comunales de San Pablo Macuiltianguis, Oaxaca. Un pueblo maderero de la Sierra Juárez, que fue felicitado por el Presidente Andrés Manuel López Obrador por el uso sustentable que hacen de su bosque. Las actividades ecoturísticas del lugar permiten que los visitantes conozcan los detalles del corte, transporte y comercialización de su madera. Sin duda, uno de tantos lugares maravillosos que nuestro México nos brinda y tenemos que cuidar. Una iniciativa que promete tener alcances a mediano y largo plazo para distintos estados del oriente del país.

  • Los consejos ciudadanos

    Los consejos ciudadanos

    Separados de la cúpula y la militancia del partido, los Consejos Ciudadanos son parte esencial de cualquier gobierno que mantiene relación directa con la población desde el primer día de su mandato. Brigadas de defensa de lo votado, de blindaje a la ideología que defienden y representan y conciencia crítica de la actuación de los funcionarios que elevaron a cargos de decisión en el gobierno.

    La relación entre el funcionario y la gente que lo elige debe ir más allá de su tiempo de gestión y los Consejos ciudadanos son el puente establecido en la sociedad para acercar inquietudes, intereses y necesidades.

    El voto convierte al militante de un partido en líder definitivo de sus espacios, de sus gremios, de sus vecinos, v incluso que lejos de romperse debe estrecharse continuamente. Es responsabilidad de ellos, principalmente la formación de consejos ciudadanos en defensa del partido en el poder, o de la izquierda,
    Intensa e importante tarea la de los Consejos ciudadanos que en toda democracia debe haber, sobre todo en los gobiernos donde el pueblo debe tener no sólo más espacios sino influir, de manera determinante en las decisiones de gobierno, de tal manera que no sea sólo un acompañamiento inicial de las propuestas de los morenistas sino una permanente autocritica de sus declaraciones y disposiciones.

    El diputado federal Emiliano Álvarez congregó a más de 5 mil habitantes de Cuautepec en el EDEN Juventino Rosas de la alcaldía Gustavo A. Madero, donde expresó su apoyo a la presidenta Claudia Sheinbaum y reafirmó su compromiso con la defensa de la soberanía nacional y los derechos sociales. La concentración fue parte de la Asamblea en Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional, modelo que deberá repetirse en todo el país, como ha sucedido en otros países, impidiendo la penetración de la derecha.

    El golpe de Estado contra Salvador Allende encontró en estos consejos un difícil enemigo a vencer, a pesar de la desproporción de fuerzas. Así, en Brasil, Cuba, Nicaragua, Colombia, Bolivia. Rusia, los jóvenes son la parte más sólida de una democracia, cuyos miembros no tienen que estar afiliados forzosamente como militantes al partido en el poder, pero sí estar conscientes de la amenaza permanente de una derecha que no descansa para recuperar privilegios e imponer criterios medievales.

    Álvarez destacó que la defensa de los derechos conquistados no debe limitarse a las instituciones, sino mantenerse en las calles con un pueblo organizado y consciente de los avances logrados durante la Cuarta Transformación. El legislador reivindicó la continuidad del proyecto iniciado por Andrés Manuel López Obrador y actualmente encabezado por Claudia Sheinbaum.

    Detectar los objetivos inmediatos de la derecha apoyada en los medios, es una tarea de varias personas, como es el caso de la creciente embestida contra Andrés Manuel López Obrador, a quien tratan de desprestigiar a como dé lugar. Es el primer paso para que un golpe de estado pueda avanzar, a pesar del mutis que hace el ex presidente centrado en sus libros.

    Las disposiciones neofascistas en las leyes laborales de Argentina ni siquiera hubieran sido anunciadas si hubiera alrededor de las empresas un Consejo Ciudadano, consciente de que la lucha contra la explotación creciente es parmente, tarea no sólo de asalariados sino de jóvenes y pueblo.