Por: X. García
Mientras en Estados Unidos un jurado federal ya puso contra la pared a Ticketmaster por prácticas monopólicas, en México la historia va en sentido contrario: denuncias, escándalos y quejas se acumulan sin que haya consecuencias reales para la empresa.
La resolución en Estados Unidos no deja dudas: Live Nation-Ticketmaster domina la industria de conciertos, limita la competencia y termina afectando tanto a artistas como a fans.
Pero en México, pese a los múltiples antecedentes, la empresa sigue intacta. Ticketmaster ha sido señalado una y otra vez por la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), sin que las sanciones logren un cambio en el problema. Las quejas se han convertido en una figura que se repite evento tras evento, como si ya fuera algo normal.
Uno de los ejemplos es el concierto de Bad Bunny en 2022, el cual fue un punto de quiebre, puesto que cientos de personas con boleto en mano se quedaron afuera por supuestas clonaciones. La indignación fue masiva, pero la respuesta por parte de la empresa quedó corta, lo que evidenció que incluso pagar un boleto de alto costo no garantiza la entrada al evento.
Asimismo, preventas fallidas recientes, como las de BTS en enero-febrero de 2026, donde miles de usuarios denunciaron la falta de claridad sobre cuántos boletos había realmente disponibles, así como fallas constantes en la plataforma.
Por otro lado, está la sobreventa, donde se han colocado más boletos de los que el recinto permite, dejando al público, y sobre todo fans, con entradas sin acceso. Un momento que se ha vuelto demasiado común, exhibiendo un modelo que prioriza ingresos por encima de cualquier compromiso con el consumidor.
La falta de transparencia en los precios es otro golpe que va directo a los bolsillos. Los cargos por servicio pueden alcanzar hasta el 20% del costo real; aparecen sin explicación clara. Y como si eso no bastara, los llamados “precios dinámicos” han elevado tarifas en tiempo real, convirtiendo la compra de boletos en una subasta disfrazada.
En conjunto con OCESA, Ticketmaster concentra alrededor de 65% del negocio en México, con contratos de exclusividad que dejan fuera a posibles competidores, es decir, los usuarios no tienen alternativas.
¿Y cuando algo falla?
En cuanto a los eventos cancelados, pospuestos o preventas colapsadas, como ha pasado últimamente en este 2026, la historia vuelve a ser la misma: los reembolsos son tardíos, incompletos y el proceso suele ser desgastante. La empresa es muy lista al cobrar rápido, pero para devolver el dinero parece haber obstáculo tras obstáculo.
Si hablamos de fallas, la más reciente sucedió el pasado martes 14 de abril con el show de la banda icónica Soda Stereo “ECOS” en el Palacio de los Deportes, donde el concierto comenzó con más de dos horas de retraso, provocando presión e inconformidad por parte de los fans. Cuando finalmente inició, los asistentes exhibieron que el sonido era malo y no estaba sincronizado con el holograma, arruinando de esta forma la experiencia de miles de fanáticos.
Ticketmaster no vende boletos: administra un abuso sistemático donde el cliente siempre pierde. Cobra caro, falla seguido y responde poco. La empresa sigue operando con la certeza de que, pase lo que pase, nadie la va a frenar.

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