La manifestación del sábado 10 de enero en la Ciudad de México fue un aviso claro de los mexicanos para impedir la agresión militar. Para quienes desconocen la utilidad política de las marchas ese día se mostró el rechazo de la gente que vive en nuestro país.
Esto no quiere decir que el loquito de la Casa Blanca desista de adueñarse del petróleo de México, lo necesita para competir con China, su principal acreedor.
A pesar de las amenazas que representan los aviones de reconocimiento denominados “Matarraya”, y las visitas sospechosas al aeropuerto de Toluca, tendrá que pensar dos veces lanzar bombas sobre territorio nacional con el pretexto de exterminar campamentos de narcotraficantes.
El narcotráfico fue instaurado cómo una pandemia que debe aterrorizar al mundo, aunque sólo afecte a Estados Unidos. Trump dicta quién es el bueno y quién es el malo.
Ahora, ante a respuesta de una población inconforme con la conducta demente de Trump, se fortalecerá la idea de un golpe de Estado suave, donde medios, oposición y asociaciones mantenidas por la Casa Blanca deberán actuar de manera coordinada para obtener algo que la oposición no puede lograr en las urnas: el apoyo del pueblo.
El narcotráfico es un problema en Estados Unidos no en México, donde mucho del nivel de inseguridad se debe a la presión del vecino, que quiere tener claro el trazo de rutas y liderazgos de los cárteles, pero Trump quiere repartir responsabilidades a México que imponen trabajo, presupuesto y apertura de puertas a sus soldados, mientras él se queda con las ganancias de la venta e drogas, que es su verdadero interés. No sabe qué hacer para paliar la inminente quiebra financiera.
La oposición mexicana, ciega de rencor y sin una pizca de patriotismo, asegura que la inseguridad en México es el problema principal y que la causa es el narcotráfico, aunque sólo lo conozca a través de las series de televisión y de sus líderes presos y prófugos por delitos contra la salud.
De lo que todavía los halcones del vecino país todavía no se dan cuenta es que el conflicto del narcotráfico no es su principal problema actual de su país sino la quiebra inminente de su moneda y con ello de su economía, cuyas consecuencias son inevitables para el “mundo libre”.
Si los expertos economistas de Estados Unidos tuvieran una visión más allá de agradar al huésped en turno de la Casa Blanca podrían darse cuenta que la urgencia radica en la economía no en lo militar, por mucho que arroje ganancias este negocio de la muerte.
Como la derecha en México ya no tiene en sus manos a la Suprema Corte de Justicia tendrá que acudir a instancias internacionales, coordinadas y subsidiadas por la Casa Blanca, para tender el puente a denuncias y litigios de una oposición mexicana que cada día vende más barata la nación.
Los medios están al servicio de esa oposición y los ingenuos siguen consumiendo la desinformación como noticias chatarra en la que todavía creen. La trinchera más fuerte de México es el nacionalismo de los mexicanos expresado en las calles.
Hacemos comunicación al servicio de la Nación y si así no lo hiciéramos, que el chat nos lo demande.

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