Narco, el origen del mal

Estados Unidos considera que el narcotráfico es el origen de todos los males, como si se tratara de una pandemia contagiosa que inunda el mundo de maldad, enfermedad y muerte, a pesar de que en su territorio habitan más de 50 millones de adictos, muchos de ellos sobrevivientes de las guerras que su gobierno impone al mundo.

Esta visión que debe ser particular de ese país ha contaminado inexplicablemente a los mexicanos. El narcotráfico es el peor de los pecados para los religiosos y el peor de los delitos para los jueces.

La adicción, venta, producción o distribución de drogas, si bien no puede ser menor que un homicidio, sí puede equipararse, pero no ser más grave.

Muestra de esta mancha que permea en México, contamina a todos los que están alrededor y cercanos del suceso, gracias a los medios.

El narcotráfico afecta a quienes participan en este delito, los demás salvo muy mala suerte. Pero el peligro es generalizado de manera artificial.

Por ejemplo, si un abogado defiende a un violador, nadie lo califica de pederasta, si defiende a un homicida, nadie le imputa complicidad, pero si defiende a un narcotraficante, se le califica de narcoabogado.

A este abogado no le queda otra alternativa que seguir en la misma línea, porque está señalado por el gremio y la sociedad. Incluso se le llama abogado del diablo, cuando son sólo narcos, aunque sea sólo por esa ocasión que lo asiste.
El abogado crea un bufet con esa especialidad y la industria del narco crece.

Nadie que combata el narcotráfico habla de la prohibición de series de televisión o películas con ese tema, corridos, música ropa alusiva, etc. Cuando se trata de regular esto los medios brincan argumentando Ley mordaza, porque son arte del negocio.

La conversión de los valores, la distorsión de la moral, la alteración de la economía, los conceptos básicos, fueron impuestos desde el otro lado de frontera.

El concepto de vida o muerte no es el mismo. Sin embargo, Estados Unidos intenta unificar sentimientos alrededor de la vida y la muerte, elementos que dan identidad a los pueblos. Nuestra concepción de la muerte es famosa en el planeta entero, por su originalidad y manera de ser adoptada y honrada.

Ese concepto de muerte no es el mismo en Europa o Medio Oriente; sin embargo, la sumisión de los regímenes del pasado permite que el vecino del norte influya hasta en la manera de llorar en un velorio, nuestra manera de asumir el duelo penetró hasta la médula en los sentimientos más profundos de los mexicanos ahora celebramos el Halloween y no conmemoramos a la muerte.

Ahora se trata de manipular los valores, los juicios legales, las condenas penales, la culpabilidad y la responsabilidad social que arroja la historia contemporánea.

Ni el narcotráfico es el peor mal del mundo ni la inseguridad es el conflicto de mayor envergadura en el país. Son temores que intentar dominar, a través del miedo, pretextos para la represión y causas de homicidios “legales”. Sólo hay algo peor que los narcotraficantes en Estados Unidos: quienes los combaten.

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