La reforma incómoda

Mucho se ha hablado respecto a la dichosa reforma electoral propuesta por el Ejecutivo: que si la oposición no está de acuerdo, que si los propios aliados la rechazan, que si a los partidos en formación tampoco les cuadra, etcétera. Lo cierto es que, por más que la presidenta de la República hace hincapié en el verdadero espíritu de la reforma, no existe un solo actor político de la oposición capaz de establecer un argumento sólido sobre puntos específicos que den sustento a su rechazo. En pocas palabras, no existe un debate real que pueda permear hacia los verdaderos destinatarios de la reforma, es decir, el electorado, que —dicho sea de paso— realmente se expresa en contra de ese sector de la clase política tan desprestigiado desde hace muchos años: las y los diputados.

Para nadie es extraña la opinión negativa de una buena parte del electorado hacia los integrantes de las cámaras alta y baja, como lo demuestran mediciones recientes en las que la confianza en el Congreso se coloca como una de las instituciones con menor confianza pública. Hablamos de no más del 35 % de nivel de confianza, lo que no es otra cosa que la evaluación del trabajo de diputadas y diputados que se traduce en un escaso nivel de legitimidad. De acuerdo con el Latinobarómetro 2023, la confianza en el Congreso mexicano ronda el 32 %, mientras que mediciones del INEGI a través del Módulo de Confianza en la Administración Pública (ENCOAP) ubican a los legisladores entre las instituciones con menor credibilidad social.

Por esa sencilla razón, resulta incomprensible que los opositores a la reforma apuesten más por descalificar políticamente al Ejecutivo que por debatir el contenido concreto de la reforma, lo que les permitiría demostrar a la ciudadanía su interés por generar una nueva relación entre la clase política y la sociedad. Incluso caen en expresiones por demás ridículas que en nada abonan a una discusión seria, como lo expresado por el nepo baby Enrique de la Madrid, quien afirma que “la reforma constitucional en materia electoral no procede porque deriva de un Congreso ilegítimo”. Si este es el nivel con el que se pretende demostrar que la reforma es un retroceso —como muchos han planteado—, déjenme decirles que van por mal camino.

Ahora bien, hay quienes expresan que la reforma es innecesaria, que sería un error de la presidenta presentarla a sabiendas de que no pasará. Yo creo que realmente no existe un análisis profundo en dichas aseveraciones, y eso que lo expresan voces con cierta credibilidad. En lo personal creo que, en el fondo, presentarla resulta todo un acierto, pues nadie debe dejar de lado que los que se oponen a la reforma ni son todos los que están ni están todos los que son. ¿Alguien se ha detenido un poco a pensar a qué actores de Morena les incomoda esta reforma? Tendría que caerse de plano en la ingenuidad para no reconocer que existen muchos viejos lobos de mar dentro del morenismo que desde hace tiempo operan para que la reforma no se concrete.

Por cierto, existe otro elemento que nadie ha estudiado en lo absoluto: con esta reforma, ¿qué papel juegan los probables nuevos partidos? ¿Acaso no es pertinente dedicar un espacio para la reflexión en el que se revise cómo esta reforma puede impactarles profundamente?

No resultaría nada extraño que la propia presidenta haya esperado un tiempo considerable para saber qué fuerzas de las que aspiran a convertirse en partido político realmente alcanzaron a cubrir los requisitos, aún faltando el proceso de validación y fiscalización por parte del INE. Aquí también habría que ser muy ingenuo para no considerar este elemento, pues para nadie es extraño que entre esas fuerzas hay quienes se identifican, ya sea con el proyecto de Claudia Sheinbaum o con el bloque opositor.

En fin, creo que estas interrogantes son en las que realmente habría que poner atención, no en el hecho de que se apruebe o no la reforma, sino en las consecuencias que traerá para cada uno de los bandos.

P.D. Si se trata de disminuir los costos de las elecciones y, sobre todo, de que las posiciones plurinominales dejen de ser para el mundo parasitario de los partidos políticos, yo estoy de acuerdo con la reforma.

  • Luis Tovar
    Secretario General de la Fundación para la Defensa del Medio Ambiente. FUDEMAH

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