Augusto Gómez Villanueva, señalado por un fraude turístico de más de 932 mdp en Nayarit, es el padrino político de la diputada Tania Larios, quien sumó a su equipo de marketing y estrategia digital a Augusto Gómez Ibarra, nieto de su padrino político.
Por Martha Rojas y Carla Wing
La diputada priísta Tania Larios es respaldada por Augusto Gómez Villanueva, un priísta de pura cepa que ha enfrentado diversas acusaciones de corrupción a lo largo de más de cinco décadas de trayectoria.
Tania Larios define a Augusto Gómez como un verdadero ejemplo, “una guía, muestra de integridad, un humano virtuoso, un verdadero revolucionario”, un “amigo y maestro” que en diversas ocasiones le ha mostrado su apoyo de manera franca y bondadosa.
Es el mismo Augusto que en 1974 bajo el Gobierno de Luis Echeverría fue nombrado jefe del Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización, para convertirse, un año después, en el flamante secretario de la Reforma Agraria. El mismo Augusto que años después de su nombramiento huiría a Italia como embajador para escapar de las acusaciones que lo implicaban en un fraude millonario a Banobras – con el cual se apropió de buena parte de las playas de Bahía Banderas en Nayarit- y el mismo que hoy en día, a fuerza de palancas y conocidos, mantiene a su nieto Augusto Gómez Ibarra dentro del equipo de comunicación de Tania Larios.



La historia negra de los Gómez Villanueva
El patriarca Augusto Gómez Villanueva inició su carrera política en 1960, pero la bonanza le llegó en el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz, donde tuvo un breve paso por la Secretaría de Gobernación para más tarde convertirse en el presidente de la Cámara de Diputados. Fue ahí donde conoció a Luis Echeverría a quien impulsó hasta que este consiguió la presidencia de México.
Años antes, Augusto Villanueva había saltado a los reflectores públicos como uno de los priístas más influyentes del país. No sólo porque guardaba una estrecha relación con los presidentes, sino porque había cosechado un fuerte liderazgo en el sector agrario.
Tras acusar a los estudiantes del 68 de “traidores a la patria” y apoyar públicamente las acciones violentas de represión y desaparición de Días Ordaz, Augusto se hizo con la secretaría general de la Confederación Nacional Campesina, una estructura clave en el partido que se encargaba de movilizar los votos del campesinado
En 1970, con Luis Echeverría, Augusto Villanueva se convirtió en secretario de la Reforma Agraria, pero al mismo tiempo ostentaba el cargo de presidente del Consejo Técnico del Fideicomiso Bahía Banderas.
Este era un órgano de gobierno encargado de administrar y planear el desarrollo urbano de la zona chica de Nayarit. Básicamente se encargaba de distribuir fondos, supervisar y controlar el desarrollo turístico de la zona.
Lo cual no constituiría ningún peligro, salvo que por ese tiempo el flamante Augusto Villanueva, también era accionista de la empresa Nuevo Vallarta, una empresa en la que compartía crédito con Alfredo Ríos Camarena.
Desde 1970, el Estado expropió más de 4 mil 136 hectáreas de los ejidos Jarretaderas, Bucerías Higuera Blanca, Cruz de Huanacaxtle Sayulita, Las Varas, Peñita de Jaltemba y El Capomo con el pretexto de que eran tierras con potencial turístico.
Y esto se hizo una realidad cuando la empresa de Augusto Gómez Villanueva, la “Nuevo Vallarta” comenzó la compra de 70 kilómetros sobre la playa.
Los recursos con los que Augusto compró los terrenos provenían de Banobras y el permiso del Fideicomiso Bahía Banderas, el mismo que él presidía.
“Funcionarios obligaron a Banobras a comprar acciones de la empresa privada Nuevo Vallarta”, reza una denuncia interpuesta por Federico Martínez Menatou.
La compra de aquellos terrenos implicó un conflicto de interés, un fraude con valor de 938 millones de pesos, pues los accionistas de Nuevo Vallarta se habían quedado tanto con los recursos de Banobras como con las tierras y con ganancias de más de 298 millones de pesos.
En cuanto se destapó el caso, Ríos Camarena fue arrestado por el FBI en Miami, pero Augusto Gómez escapó a Italia con el cargo de embajador. En 1982, regresó a México para inmediatamente ser enviado a Nicaragua. Al final, Augusto se estableció en México, donde ha sido legislador decano.
Pero eso no ha impedido que Villanueva extienda su influencia en el PRI, partido en el que es venerado con idolatría maliciosa. Sobre todo, por Alejandro Moreno, quien le ha otorgado cargos como presidente de la Comisión Nacional de Procesos Internos o de la Comisión Nacional de Fortalecimiento.
En alguna reunión del PRI conoció a la joven Tania, quien desde los 17 años se decía admiradora del PRI y quería ser militante.
Según su propia versión, la diputa se hizo militante con 18 años, le encantaban los debates, los voluntariados en las juventudes del PRI. Y así, con rapidez y sigilo, la joven se convirtió en Secretaría General del PRI y luego en diputada.
Hoy, por segunda ocasión, Tania Larios ejerce como diputada en el Congreso local de CDMX, con un equipo de nueve asesores que le cuestan al erario más de 3 millones de pesos al año y cuyos resultados son mediocres o nulos.
Externamente, Tania cuenta con un equipo de redes sociales y comunicación, entre los que destaca Augusto Gómez Ibarra, encargado de la estrategia digital y de marketing de la diputada.

Augusto, acompaña a Tania a todas sus actividades públicas. Es el encargado de tomarle fotos, hacerle videos y escribir los guiones que la diputada recita. Es en pocas palabras su estratega personal.
Gómez Ibarra, quien en su perfil de LinkedIn se describe como un estudiante de comunicación de la Universidad del Valle, recibió recursos de la Secretaría del Bienestar en 2024 y actualmente forma parte de un equipo de asesores que la diputada costea con no se sabe qué recursos. Pues oficialmente, sólo 9 de sus colaboradores reportan actividades al Congreso.

Entre el padrinazgo y el nepotismo, la relación de Tania con los “Augustos” se extiende en los más oscuros pasillos del PRI.

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