El mundo arde pero el balón sigue rodando…

Mientras los titulares deportivos se llenan de entusiasmo por el Mundial de 2026, la realidad internacional muestra una escena mucho menos festiva. Resulta imposible no preguntarse si estamos viviendo una época en la que el espectáculo sirve para distraer de tragedias que deberían indignar a la humanidad entera.

En los últimos años, Estados Unidos e Israel han protagonizado episodios que han sido duramente cuestionados en el escenario internacional, bombardeos devastadores, ataques que han dejado miles de civiles muertos entre ellos niños y niñas, operaciones militares desproporcionadas, bloqueos humanitarios y un uso del poder militar que muchos organismos y analistas han señalado como violaciones graves al derecho internacional.

Gaza reducida a escombros, poblaciones enteras atrapadas sin agua ni medicinas, ciudades del Medio Oriente convertidas en tableros geopolíticos donde la vida humana parece valer cada vez menos.

Estados Unidos, por su parte, continúa sosteniendo militar, económica y diplomáticamente una política exterior que ha intervenido durante décadas en países soberanos, desestabilizando regiones enteras mientras habla de democracia. La historia reciente está llena de ejemplos, invasiones, golpes indirectos, sanciones que castigan a pueblos enteros y una maquinaria militar que sigue marcando el ritmo de conflictos globales.

Ante ese panorama, resulta casi surrealista que la conversación global pretenda girar hacia la fiesta del fútbol. No porque el deporte no sea valioso lo es, sino porque la contradicción moral es demasiado grande, estadios iluminados mientras ciudades enteras viven bajo bombas.

¿De verdad el planeta puede celebrar un Mundial organizado, en parte, por la misma potencia que financia guerras y sostiene conflictos que hoy están costando miles de vidas?

Mientras el balón rueda, las preguntas incómodas desaparecen de la conversación pública?

Recordemos que el mundial 2026 no es un evento que México haya organizado en este momento, fue asignado desde 2018 a una candidatura conjunta con Estados Unidos y Canadá, es un compromiso internacional ya firmado, con inversiones hechas, contratos en marcha y expectativas económicas enormes, cancelarlo o retirarse no es sencillo ni barato, implicaría sanciones, pérdidas millonarias y un impacto reputacional fuerte.

Estemos de acuerdo o no, México tiene que dar continuidad al compromiso internacional. Y sí, el balón rodará, pero la conciencia no debería detenerse, porque ningún espectáculo, por grande que sea, debería hacernos olvidar lo que el mundo está viviendo fuera de la cancha.

Porque mientras algunos contaran goles, otros seguirán contando muertos.

Les mando un abrazo fraterno.

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