Una narrativa que confunde

La imagen es potente y, para muchos de nosotros incómoda, nuestra presidenta Claudia Sheinbaum sentada con Larry Fink, presidente de BlackRock, el fondo de inversión más grande del mundo y Adebayo Ogunlesi, figura clave en la infraestructura global. No es una reunión menor, tal vez sea un gran mensaje, porque BlackRock no es cualquier empresa, es en muchos sentidos, el símbolo más claro del capitalismo financiero, ese que invierte en todo, energía, tecnología, infraestructura, incluyendo la industria militar y cuya lógica central digamos que no es ideológica, ni humanista.

Y ahí es donde aparece la tensión, porque un gobierno que se define de izquierda, antineoliberal y humanista, que se siente a dialogar con quienes encarnan exactamente el modelo que históricamente ha sido criticado, por generar desigualdad, explotación, extractivismo, y concentración de poder económico, pues claro que causa ruido.

Veamos… ¿Es contradictorio? Sí. ¿Es inusual? No, porque todos los gobiernos, incluso los progresistas, terminan negociando con el capital global. Y bueno, la diferencia está en cómo se hace y bajo qué narrativa se sostiene.

El problema aquí, no es la reunión en sí, nuestro país necesita inversión, negarse al diálogo sería ingenuo, pero lo que resulta cuestionable es el desfase entre el discurso político y las alianzas estratégicas, más aún cuando ese dinero suele estar metido, aunque sea de “rebote”, en cosas bastante polémicas, como en saquear y bombardear países por su petróleo, y en un mundo como el de hoy, con lo que está pasando en Gaza, en Irán, donde cada vez más personas nos preguntamos quién pone el dinero y para qué, estas reuniones no pueden pasar desapercibidas, gobernar es negociar con la realidad, por supuesto pero también es ser congruente, se debe de tener posturas claras, porque si el lenguaje sigue siendo de izquierda, pero las mesas de negociación se llenan de los nombres de siempre, entonces se corre un gran riesgo, y no es solo político, es el mensaje y la postura que da nuestro gobierno.

Y ese mensaje, sí pesa. Les mando un abrazo fraterno.

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