Cuando un mundial también se convirtió en un mensaje político para el mundo

Durante décadas, la imagen de México en el extranjero estuvo marcada por narrativas de violencia, corrupción e inestabilidad, y prejuicios que opacaron la fortaleza, el talento y la grandeza de nuestro país.

En este mundial, millones de personas descubrieron otro México, un país que supo ponerse la camiseta, organizar uno de los eventos más grandes y complicados del planeta, recibir con los brazos abiertos a miles de visitantes y presumir con orgullo, nuestra cultura, música, gastronomía, nuestra historia y la calidez de nuestra gente.

Este evento ha significado un reto enorme por las restricciones migratorias, el endurecimiento de los controles fronterizos y el ambiente político hostil generado por el gobierno de Donald Trump, aún así, México demostró al mundo su capacidad de organización, y su hospitalidad.

Todo este esfuerzo recayó en el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, y la verdad es que todo su equipo ha estado a la altura. La coordinación entre las dependencias federales, el trabajo de su gabinete y el esfuerzo conjunto con los gobiernos locales hicieron que el país estuviera a la altura del desafío.

También hay que destacar el extraordinario trabajo del Gobierno de la Ciudad de México, encabezado por Clara Brugada, la capital mostró ser una ciudad con una amplia oferta cultural, espacios públicos activos con servicios urbanos, y mucha organización, también quiero hacer un reconocimiento especial para quienes pocas veces aparecen en las fotografías, el personal de limpieza de nuestras ciudades. Con su trabajo diario, muchas veces silencioso y poco reconocido, contribuyeron a que México luciera limpio, ordenado y digno ante millones de visitantes. Ellas y ellos también han sido parte del éxito de este Mundial.

Millones de personas han seguido el mundial desde todos los continentes y pudieron observar que México es un país capaz de recibir visitantes con infraestructura moderna, seguridad, conectividad, riqueza cultural y una grandiosa hospitalidad que sigue siendo uno de sus mayores distintivos. Las imágenes de estadios llenos, calles convertidas en espacios de celebración, alegría y una afición apasionada, proyectaron una visión muy distinta a la que con frecuencia ocupaban los titulares.

Esa, quizá, fue la victoria más importante.

Les mando un abrazo fraterno

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