Votar en contra de lo contrario a los intereses contrarios

Da gusto atestiguar que un amplio sector de la izquierda institucional latinoamericana acusa al electorado colombiano, que votó por De la Espirella, de entregarse a la extrema derecha, de ser ignorante y manipulable, de traicionar los intereses populares, de ser estúpido. Da gusto que desde la izquierda se culpe a las clases subalternas de votar “en contra de sus intereses”, porque ello da fe de la renuncia de la izquierda al proyecto de la izquierda; el de construir una verdadera conciencia de clase y una organización que hable de tú a tú con todos aquellos que perdiendo el trabajo perdemos el sustento. Da gusto porque es la izquierda hablando con la voz de la derecha.

Hacer de la izquierda política un partido de derecha, sonroja al más reaccionario y fascista de los fascistas reaccionarios. Renunciar a entender el problema como uno de orden estructural, donde los de abajo aceptamos como natural lo que dictan los de arriba, es renunciar a entender la enajenación como la piedra angular de la dominación.

Si el dominado lustra la bota que lo aplasta es porque está seguro de que si la bota lo deja de aplastar, su vida —su precaria seguridad, su precaria estabilidad, su precario sustento— se irá al carajo por completo, es porque habita un sistema de creencias en el que el fracaso es culpa individual y no un mecanismo de control social.
Decir que el votante se equivoca cuando elige algo que no es la izquierda, es hacer volar por los aires la columna vertebral de todo pensamiento de izquierda, es sepultar la idea de que el sujeto tiene toda la capacidad de tomar decisiones. El que la izquierda institucional sostenga que el votante no sabe lo que es mejor para el votante, es afirmar desde la derecha de la izquierda que no hay revolución posible, que no hay contrahegemonía viable, que la acción colectiva es guajira y chabacana, un discurso de mercadotecnia política que nunca aspiró a conquistar horizonte alguno, al que jamás le interesó buscar nuevas posibilidades.

Entrados en gastos

Cuando la izquierda institucional del siglo XXI considera que una vez que el electorado ha votado por ella, no hay marcha atrás, se acerca a la derecha que le dice a la ciudadanía que debe votar por ella porque la ciudadanía no sabe lo que es mejor para ella. El relato es el mismo, aunque no sea igual. Ni a la derecha, ni a la izquierda le interesa transformar la estructura social, la realidad material y pulverizar el supuesto sentido común que las legitima. Nada de eso, por el contrario, buena parte de la izquierda institucional latinoamericana ha entendido que el poder no está para servir, que el poder está para servirse.

  • Carlos Bortoni es escritor. Su último libro es Polvo, publicado por Casa Editorial Abismos.

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