Diputación a tres caídas

La política la creó el ser humano para terminar con la violencia y cuando la violencia sustituye la política el retroceso es enorme. Son siglos tirados a la basura y más aún cuando se trata de un acto planeado para ganar espacios en la prensa, desviar la atención sobre el avance en el proceso de desafuero de Alejandro Moreno cárdenas, y los alcances en el ámbito de seguridad en el país.

La política de los violentos se convirtió en un verdadero estorbo. Así lo hizo el diputado del PRI, Gutiérrez Mancilla, al planear un montaje contra un diputado de Morena, en complicidad con los reporteros de la fuente del Senado, que se caracterizan por ser muy acomedidos a cambio de un desayuno.

En la mayoría de hechos violentos entre servidores públicos, la participación de Mancilla es protagónica, su reiteración violenta, coincide con el discurso agresivo de su jefe, Alejandro Moreno, quien se ve desesperado por perder todas las batallas en la que voluntariamente se ha entrometido.

Tenemos el caso de la narrativa visual de Leticia Robles de la Rosa, reportera de Excélsior, y catedrática de lo que queda de la UNAM, quien pareciera tener la encomienda de ser camarógrafa desde el inicio del incidente en el patio del Senado, hasta el final. El caso era registrar que el morenista Arturo Ávila perdiera al cabeza o simplemente que alguno de los dos contrincantes terminara en el suelo sangrando y el espectáculo hubiera sido un éxito, evento que ocuparía espacios destacados de los medios convencionales por lo menos durante un mes marginando de la información el proceso de desafuero del líder nacional del PRI.

Leticia de la Rosa, había tenido un desagradable papel protagónico en el primer round de mancilla en el pleno del Senado, cuando arremetió contra Gerardo Fernández Noroña y uno de sus ayudantes, a quien inventó que era hijo del senador morenista, fue desmentida de inmediato y, en lugar de ofrecer disculpas, se escudó en sus fuentes a las que responsabiliza de la mentira, y nunca aclaró la verdad. Ante tal acto, ahora se consagra como la camarógrafa fr Gutiérrez Mancilla y deja para la posteridad su segundo round.

La catedrática de la UNAM se convierte en cómplice de un montaje que debería ser castigado severamente tanto en el Congreso como en los medios, pero éstos tienen la piel tan delgada que argumentarían un atentado a la libertad de expresión.

El PRI oculta su agonía con agresiones de animal arrinconado, atrapado por sus propios excesos y sin más camino que el ingreso al reclusorio, su líder ordena atacar para aparentar fuerza social es tan pobre y su representación tan miserable, que sólo anuncia su funeral. Una muestra de cómo gobernaría el PRI y cómo la búsqueda del voto carece de importancia para la cúpula de ese partido se refleja en actividades en las que ningún partido civilizado puede incursionar, por sólidos que sean sus pretextos.

El camino que lleva a la muerte a ese partido lleva consigo la credibilidad de algunos medios que también intentan hacer alarde de fuerza sin tenerla y lo único que evidencian es su vocación de mercenarios. Los tiempos de gloria son parte de un pasado que no pudo hacer historia.

Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *