Mira, Bartola…

tú no aprecias mis centavos
y los gastas que da horror

Chava Flores, La Bartola.

A lo largo del año pasado, en México, la gente destinó la mayor parte de sus recursos a la adquisición de bienes y servicios para satisfacer necesidades cotidianas: al gasto corriente total correspondió 83% de su gasto total —gasto corriente: gastos que se realizan regularmente en el hogar para la adquisición de su canasta de consumo, además del gasto regular no destinado al consumo—. O sea, en 2025, los hogares mexicanos destinaron 83 centavos de cada peso que gastaron a compras regulares para la canasta básica y otros desembolsos habituales no ligados a consumo inmediato. Así que sólo una fracción menor se destinó a otros tipos de gasto —por ejemplo, ahorro, inversión o compras ocasionales—. Ahora, ¿cómo lo sabemos? Lo sabemos porque, del 25 de diciembre de 2024 al 7 de enero de 2026, el INEGI levantó en 28,668 viviendas particulares de todo el país la Encuesta Nacional de Gasto (ENG 2025).

Con los resultados que arrojó la ENG, puede estimarse que en 2025 en nuestro país había un total de 38’348,376 hogares. En cada hogar en promedio hay 3.4 integrantes. La ENG permite también estimar que 24% de la población total de México radica en localidades rurales —menores a 2,500 habitantes— y el 76% restante en localidades urbanas: 31.6 millones y 99 millones, respectivamente. Eso quiere decir que si todo México fuera una pequeña isla en la que toda su población viviera distribuida en 50 hogares, entonces en esa isla habría 37 niñas y niños menores de 15 años, 116 personas de entre 15 y 64 años, y 17 adultos mayores de 65 años y más.

¿Y cuánto gastamos? Durante 2025, el gasto total promedio trimestral por hogar fue de 89,752 pesos. De ese monto, 74,404 pesos se destinaron a gasto corriente. El gasto corriente mensual promedio por hogar fue entonces de 24,801 pesos, y si consideramos el promedio de integrantes por hogar, resulta que, mensualmente, por persona, a lo largo de 2025 en promedio el gasto corriente ascendió 7,278.69 pesos.

¿En qué se nos va la vida —y el ingreso— y esos poco más de siete mil pesos mensuales por cabeza? Naturalmente, el mosaico del gasto revela una jerarquía dictada por la urgencia: la mayor parte de esos recursos se concentra en alimentación, transporte y vivienda, los tres pilares sobre los que gravita la rutina de los hogares mexicanos. Conviene ponerle número al batallar de todos los días: según los datos de la ENG 2025, al examinar el promedio mensual del gasto corriente monetario para todo el año, los hogares destinaron 6,746 pesos a alimentos, bebidas y tabaco; 3,863 pesos a transporte y comunicaciones; 1,634 pesos a educación y esparcimiento; 1,555 pesos a cuidados personales; 1,524 pesos a vivienda y servicios; 1,324 pesos a enseres domésticos, artículos para limpieza y cuidado de la casa; 925 pesos a vestido y calzado; 901 pesos a salud; y 839 pesos a transferencias y otros gastos. Al examinar de cerca esta arquitectura de la subsistencia, la encuesta del INEGI dibuja una parte importante del autorretrato de un país que destina una proporción fundamental de su esfuerzo económico a mantenerse a flote, lo que debería hacernos recordar que en la economía de la gran mayoría de las familias el margen para el asueto o el ahorro robusto sigue siendo un territorio estrecho y cuesta arriba.

Por supuesto, ese promedio nacional se desdobla en dos realidades geográficas muy distintas al cruzar la frontera entre la ciudad y el campo. En las localidades urbanas, el gasto corriente monetario promedio trimestral por hogar fue de 62,985 pesos, impulsado principalmente por alimentos, bebidas y tabaco (21,382 pesos), transporte y comunicaciones (12,637 pesos), educación y esparcimiento (5,646 pesos), vivienda y servicios (5,291 pesos) y cuidados personales (5,122 pesos). En contraste, los hogares en localidades rurales registraron un promedio trimestral sensiblemente menor, de 40,465 pesos, donde si bien los alimentos (16,288 pesos) y el transporte (7,964 pesos) vuelven a ocupar los dos primeros sitios, los montos generales evidencian la profunda desigualdad estructural y los menores márgenes de maniobra económica que marcan el día a día fuera de los grandes centros urbanos.

Como era de esperarse, el mapa nacional del gasto revela también una profunda cartografía de contrastes regionales. Frente al promedio nacional de 57,930 pesos trimestrales por hogar, las brechas entre entidades federativas dibujan dos Méxicos asimétricos. En el extremo superior se ubica la Ciudad de México con 84,564 pesos por hogar, seguida de cerca por Querétaro (81,685 pesos), Nuevo León (80,716 pesos) y Baja California Sur (78,826 pesos). En el extremo opuesto, marcando el reverso de la moneda, los hogares de entidades como Veracruz (42,554 pesos), Oaxaca (42,010 pesos), Tabasco (41,181 pesos), Campeche (39,299 pesos) y Chiapas —que registra el nivel más bajo del país con 38,203 pesos trimestrales— evidencian cómo las inercias del desarrollo económico regional condicionan de forma drástica el volumen de recursos con el que las familias encaran la vida cotidiana.

Los resultados de la ENG 2025 muestran la imagen de un país cuyo esfuerzo económico se concentra, en buena medida, en salir adelante día con día. Mientras la urgencia de lo cotidiano devora la mayor parte del ingreso, la brecha entre lo necesario y lo posible sigue marcando, con números fríos, la distancia entre sobrevivir y vivir.

@gcastroibarra

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