La represión de Pablo Lemus recordó a Díaz Ordaz en 1968, no sólo por las acciones que rememoran el pasado más salvaje del priismo, sino por la justificación a la violencia que hace el novato político en los medios. Lo cual no extraña en un militante de un partido nacido en la cárcel y creado por un ex priista acusado de corrupción.
Al saber de la manifestación masiva la decisión de Lemus fue una estrategia dividida en dos partes: la primera dejar de ensuciar el agua desde el río Santiago, y reprimir primero a los medios que no le son afines.
La imperdonable represión, y la impunidad que le acompaña no se detuvo ahí. Tan grave como la agresión física es el atentado contra la verdad que se difundió al día siguiente por medios como Radio Fórmula, a través de Azucena Uresti, quien dijo que Morena había infiltrado un grupo de choque para tratar de penetrar en la casa del gobernador. Le siguieron Latinus, Milenio y Tv Azteca.
Hubo una subasta de la verdad que costó millones de pesos del erario de Jalisco y fueron pagados, en la mayoría de los casos sin factura por Pablo Lemus a los medios convencionales. Al no haber factura los políticos corruptos pueden negar la entrega de dinero al medio de información, y, además, el medio deja de pagar impuestos por las cantidades recibidas por debajo del agua.
Los medios difunden la realidad que el dinero les dicta, a pesar de que hay testigos de lo contrario. Acostumbrados a que, por muchos años, la prensa, el radio y la televisión dictaban la historia de México y sus “historiadores” del micrófono eran admirados y hasta idolatraos por un público al que el gobierno alejó del conocimiento con el propósito de perpetuarse en el poder, los medios ahora repiten lo que en estos momentos carece de aceptación popular.
Los medios convencionales mienten, y un delito adicional es que lo hacen por dinero. Esto es los que defienden los medios cuando se trata de regular la información y prohibir la mentira. Se dice agredidos y acusan violación a la libertad de expresión. Tienen la piel muy delgada y no permiten un cambio mínimo a la reglamentación de medios, a pesar de que los verdaderos propietarios e las concesiones es el estado mexicano.
Es decir, que el dueño de una casa que quiere hacer mejoras a su vivienda, en beneficio de todos, es impedida por los inquilinos porque se sienten agredidos. Lo absurdo llega a niveles de exceso de tolerancia, aunque el término parezca absurdo, pero así de absurda es la información que emana de esos medios que, inexplicablemente tiene público, desde luego, con coeficiente intelectual muy bajo.
La renuncia del gobernador es lo único que puede deslindar a Movimiento Ciudadano de los excesos de poder del gobernador, pero como hay muchos negocios pendientes en jalisco, donde saldrán beneficiados los integrantes de su cúpula ese partido prefiere dejar a Pablo Lemus aunque desaparezca su registro en las próximas elecciones. La lana es primero.
Hacemos comunicación al servicio de la Nación y si así no lo hiciéramos, que el chat nos lo demande.

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