Alejandro Moreno Cárdenas se reunió con Keiko Fujimori y celebró que Perú se sume al “Escudo de las Américas”, promovido por Donald Trump y Marco Rubio. El dirigente priista aprovechó para pedir que México siga el mismo camino, ofreciendo como solución a la inseguridad una mayor subordinación a la estrategia de Washington.
Alejandro Moreno Cárdenas viajó a Perú para encontrarse con Keiko Fujimori y aplaudir sin pudor el acercamiento del gobierno peruano a la agenda de Donald Trump y Marco Rubio. El dirigente priista no encontró mejor manera de presumir su visita que felicitando a Fujimori por incorporar a Perú al llamado “Escudo de las Américas”, como si ponerse bajo el paraguas de Washington fuera una hazaña de soberanía y no una decisión política que merece, cuando menos, ser cuestionada.
Moreno celebró que Perú “pone por delante la seguridad de su pueblo” y aseguró que así se enfrenta a los cárteles: “trabajando coordinados, compartiendo inteligencia y construyendo una cooperación internacional seria”. El problema es que, detrás de esa retórica grandilocuente, el dirigente del PRI parece tener una receta bastante sencilla para México: abrir todavía más la puerta a Estados Unidos y seguir las instrucciones de Trump y Rubio. Para Moreno, aparentemente, la política exterior mexicana debe ser un ejercicio de obediencia y no de soberanía.
Pero el colmo llegó cuando utilizó su encuentro con Fujimori para decir que México “debería asumir ese mismo compromiso”. Es decir, ante los problemas de seguridad del país, la respuesta de Moreno no es fortalecer las instituciones mexicanas, combatir las redes financieras del crimen o mejorar las capacidades de investigación: es pedir que México copie el modelo que él acaba de celebrar en Perú. Alito encontró en Fujimori y en Washington el espejo donde quiere que México se mire.
La postal política es bastante elocuente: Moreno y Fujimori celebrando el acercamiento a Trump y Rubio mientras venden como independencia lo que parece un alineamiento descarado con Washington. Hablar de cooperación internacional es una cosa; convertir la estrategia de seguridad de una potencia extranjera en el modelo que México debe seguir es otra muy distinta. Moreno puede envolverse en discursos sobre los “narcopolíticos” y los cárteles, pero su visita deja algo mucho más claro: cuando se trata de enfrentar los problemas de México, su propuesta parece ser bajar la cabeza ante Washington y llamar “estrategia” a la subordinación.


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