AMLO, Monsiváis, la homofobia y la mentira

Hay errores periodísticos. Y hay publicaciones que terminan exhibiendo algo mucho más grave: la renuncia al principio más elemental del periodismo, verificar antes de publicar. Digo, es algo normal en la prensa de derecha.

Eso ocurrió con la supuesta entrevista de Carlos Monsiváis difundida por El Universal. El diario terminó retirando el texto y ofreciendo una disculpa pública a la familia del escritor al reconocer que no pudo acreditar la autenticidad de las declaraciones que le fueron atribuidas, pero curioso jamás se disculparon con AMLO las ternuritas estas.

La publicación apareció en un contexto político donde Andrés Manuel López Obrador ha sido, durante décadas, objeto de un intenso linchamiento mediático. Desde que era jefe de Gobierno de la Ciudad de México, pasando por los procesos electorales de 2006, 2012 y 2018, y durante todo su gobierno, alrededor de su figura circularon rumores, montajes, noticias falsas, campañas de desprestigio y narrativas construidas más desde la confrontación política que desde los hechos.

En este caso, además, existe otro elemento igual de preocupante: la homofobia. La fuerza de la historia atribuida a Monsiváis descansaba en una vieja lógica discriminatoria: presentar una supuesta relación entre dos hombres como si eso constituyera un escándalo político.

Vale la pena preguntarse por qué esa historia pretendía resultar explosiva. La respuesta es incómoda: porque todavía hay quienes consideran que la orientación sexual puede utilizarse como arma para desacreditar a una persona.

No sólo se utilizó el nombre de uno de los intelectuales más importantes de México sin una verificación suficiente. También se recurrió, de manera implícita, a un prejuicio que Carlos Monsiváis combatió durante toda su vida.

Monsiváis fue un defensor de las libertades, un crítico del conservadurismo moral y una de las voces que ayudó a abrir el debate público sobre los derechos de la diversidad sexual en México. Resulta irónico que, años después de su muerte, su nombre apareciera vinculado a una historia cuya eficacia dependía precisamente del morbo y de la persistencia de prejuicios homofóbicos.

Porque, incluso si la anécdota hubiera sido cierta, ¿cuál sería el escándalo?

¿Que dos hombres hubieran sostenido una relación?

Sólo una sociedad que todavía arrastra prejuicios podría convertir eso en una noticia destinada a destruir reputaciones.

Obliga a reflexionar sobre los límites entre el periodismo y la propaganda, entre la investigación y la especulación, entre el derecho a informar y la tentación de publicar aquello que confirma prejuicios o alimenta la polarización política.

Las disculpas eran necesarias. Pero también hace falta reconocer el daño que producen las noticias falsas cuando se insertan en un ambiente de confrontación permanente. Porque una mentira no deja de ser mentira sólo porque encaje con las ideas de quienes desean creerla.

El periodismo tiene la responsabilidad de incomodar al poder, sí. Pero también tiene la obligación de hacerlo con pruebas. Cuando renuncia a esa obligación, deja de servir a la sociedad y termina sirviendo a los poderosos.

El Universal y otros medios de derecha actuaron como lo han hecho a través de los años, a base de mentiras construir narrativas que golpeen al obradorismo. Por eso los combatimos, porque son mercenarios de la información y unos pinches mentirosos.

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