Termina el mundial para México y una de las cosas más interesantes que observé fueron las emociones desbordadas, sobre todo de los extranjeros en nuestro país. Hay una gran cantidad de videos en donde distintos aficionados en los Fanfest de la Ciudad de México disfrutaban de los partidos, se emocionaban con cualquier juego y apoyaban a los equipos. Llama la atención que tanto extranjeros como nacionales apoyaron a la selección mexicana hasta su último partido.
Una emoción es una reacción orgánica breve de las personas ante estímulos, ya sea internos o externos y responden a la ira, miedo, alegría o tristeza. Estas reacciones suelen ser diferentes en cada persona, y es necesario considerar que el componente cultural es fundamental en la forma en que las identificamos, reaccionamos y gestionamos.
El adjetivo “emocional” culturalmente, había sido una característica de las mujeres porque nuestras reacciones las hacían evidentes. Para los varones, durante mucho tiempo las emociones tuvieron que ser negadas, hasta el punto de ser presa de su contención. La norma de anular las emociones como si no existieran, permite que sea perpetuada la actitud. Por ejemplo, cuando un niño observa que la expresión facial del otro no cambia ante situaciones diversas, esta forma de relacionarse con el mundo es aprendida; pero si además a este mismo niño se le obliga a negar las reacciones de forma constante, se validan y se incorpora la acción.
El mundial de 2026 nos demostró que las emociones se pueden expresar de muchas formas. He visto a hombres, mujeres, niños y niñas, reaccionar por haber perdido el domingo ante Inglaterra. Me llama la atención los hombres que rompen televisiones, lloran, gritan, se tiran al piso, patalean. Nunca he sido aficionada al fútbol, pero reconozco que tiene una función social. Antes de este mundial suponía que la función social era conformar una identidad, un sentido de pertenencia, un elemento que le permitía a los sujetos construir una identificación de género, aunque se están rompiendo los marcos donde este deporte es exclusivo de varones y eso también es otro punto muy relevante. Hoy después de tener todo este material observacional, me soy cuenta que para muchos es la única forma de descargar o expresar sus emociones.
Celebro los videos que compartían los familiares de niños y niñas de todas las edades, porque he visto que han comenzado a aprender a gestionar sus emociones a través de expresiones validadas socialmente. Hay mamás que abrazan a sus niños bañados en llanto porque “perdieron” el partido. Hay niños y niñas enviándole mensajes de consuelo a los jugadores de la selección. Jóvenes que no son aficionados al juego, pero que también comenzaron a sentir la profunda tristeza y se identifican con los aficionados.
No sé si este sea un parteaguas para desterrar el profundo machismo que ha construido a nuestra sociedad actual, pero sí creo que todos esos espectadores ahora tienen una experiencia diferente sobre el fútbol. Gracias a la selección mexicana de fútbol porque nos ha llevado a abrazar las emociones y enseñarnos que todos y todas necesitamos expresarlas.
Hacemos comunicación al servicio de la Nación y si así no lo hiciéramos, que el chat nos lo demande.

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