Algo se está moviendo en Europa, y no es poca cosa. Después de años de políticas neoliberales, gobiernos alejados de la gente, desigualdad, precariedad laboral y una ultraderecha que pretende vender el autoritarismo como solución, los pueblos están volviendo a las calles.
En estos países las protestas tienen sus propias causas, pero comparten un hartazgo, el costo de la vida, los alquileres imposibles, los salarios que no alcanzan, la precariedad, la defensa de las pensiones y el rechazo a políticas que privilegian a unos cuantos mientras millones sobreviven haciendo malabares, el descontento termina por estallar.
Y esos recursos que deberían de irse a políticas públicas, al desarrollo y beneficio para los ciudadanos, se están empleando para guerras que ni siquiera son suyas, el dinero de los poderosos sigue financiando y avalando un genocidio, porque no hay democracia, justicia ni humanidad cuando se financia la muerte de un pueblo.
Y aquí viene algo muy interesante, algo que mueve, saber que la ultraderecha no es invencible. Y América Latina también tiene algo que decir.
Brasil, con Lula, demostró que la unidad puede cambiar el rumbo y frenar a la derecha. México lo hizo en 2018 después de décadas de gobiernos neoliberales, millones salimos a las urnas, sacudimos el viejo régimen y abrimos paso a Andrés Manuel López Obrador y a la Cuarta Transformación. Hoy, con Claudia Sheinbaum al frente, ese proyecto continúa, con una mujer presidenta que representa la voluntad de millones de mexicanos de no regresar al pasado.
No fue magia ni un regalo del poder, fue la voluntad de un pueblo que decidió que las cosas podían ser diferentes y que sigue defendiendo ese camino en las urnas y en la vida pública.
Y ahora también, increíble, Estados Unidos muestra señales de que la democracia puede recuperar terreno frente al autoritarismo y la polarización de la ultraderecha.
Por eso, lo que sucede en Europa no debería mirarse como un asunto lejano.
Que nadie se confunda la democracia no consiste solamente en votar cada cierto tiempo, también consiste en tener derechos, oportunidades, justicia y una vida digna.
Que lo entiendan bien quienes añoran el viejo régimen, los pueblos no están condenados a obedecer ni a soportar malos gobiernos.
¡Bendita democracia, esa que sirve para sacar del poder a quienes se creen dueños de los países! ¡Bendita democracia, esa que se defiende en las urnas, en las calles, con organización, conciencia y dignidad.
Lo viví en primera fila, Europa me permitió mirar de frente algo que desde lejos quizá no se alcanza a dimensionar, caminar entre las consignas, sentir la tensión en las calles, observar a los jóvenes organizándose, a la policía replegarse, y encontrarte, de pronto, con toques de queda, esto no es una postal turística, es la inconformidad de los pueblos haciéndose presente. Y ahí, entre el ruido, la indignación y las calles tomadas, entendí que algo está cambiando.
Amsterdam, Bruselas, París, Roma, y España son escenarios de un descontento que no puede reducirse a una simple inconformidad pasajera.
Después de vivirlo en estas calles, ver a la gente manifestarse, exigir y levantar la voz es una chispa que enciende conciencias, mueve la historia y para mí es una bocanada de aire fresco, fueron vivencias que me llenaron de fuerza y esperanza.
Les mando un abrazo fraterno
Hacemos comunicación al servicio de la Nación y si así no lo hiciéramos, que el chat nos lo demande.

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