La Alcaldía Cuauhtémoc constituye uno de los principales motores económicos de México. Por sí sola, si fuera considerada una entidad federativa, se ubicaría en el séptimo lugar nacional por el tamaño de su economía (representa el 5% del PIB nacional). Sin embargo, su relevancia no es meramente económica, sino que también tiene más de la mitad de los museos y centros culturales que se encuentran en la Ciudad de México.
Podríamos hablar de sus emblemáticos barrios y colonias —como Tepito, la Roma o Buenavista—; de los monumentos que alberga —como el Ángel de la Independencia o el Monumento a la Revolución—; de sus vestigios arqueológicos —como Tlatelolco y el Templo Mayor—. Incluso podría dedicar una columna entera a la riqueza histórica, cultural y económica de esta alcaldía. Sin embargo, en esta ocasión me concentraré en su importancia política.
No temo equivocarme al afirmar que la Alcaldía Cuauhtémoc es, sin lugar a duda, el corazón político de México. Aquí se encuentran los tres poderes federales, además de albergar las sedes de los tres poderes de la Ciudad de México.
Con semejante relevancia cultural, económica y política, la administración de la Alcaldía Cuauhtémoc adquiere una importancia que trasciende el ámbito local para convertirse en un asunto de interés nacional. Lo que ocurre en esta demarcación suele ocupar los principales espacios en los medios de comunicación y marcar la conversación pública. Por ello, quienes la gobiernan deben estar a la altura de las circunstancias y de la responsabilidad que implica encabezar el corazón político del país. Aquí le hago una pregunta al lector ¿Hemos tenido gobiernos buenos en los últimos años?
El PRIAN lleva gobernando nuestra alcaldía desde hace más de un lustro y los resultados están a la vista. Calles llenas de baches, un deterioro evidente del espacio público, servicios urbanos deficientes y una administración que, en demasiadas ocasiones, ha privilegiado la confrontación política por encima de la solución de los problemas cotidianos de las y los vecinos. Llevamos dos gobiernos de alcaldesas con un pensamiento en demasía superfluo y políticas deficientes en contraste con los problemas de la alcaldía.
Durante los últimos años hemos visto gobiernos más preocupados por la imagen que por la transformación de fondo de la alcaldía. Administraciones que han reducido la política a la promoción personal y a la disputa constante, dejando de lado las necesidades reales de quienes habitan, trabajan y recorren diariamente sus calles.
La Alcaldía Cuauhtémoc necesita una transformación. No basta con administrar los problemas ni con presentar soluciones temporales; se requiere un proyecto de gobierno que coloque en el centro a las personas y que atienda de manera seria los grandes retos de la demarcación.
Para que este cambio de rumbo sea posible, la Alcaldía Cuauhtémoc necesita abrir paso a una nueva etapa de transformación. Este cambio sin embargo requiere requiere organización, participación ciudadana y, sobre todo, unidad. Ningún proyecto que aspire a cambiar de fondo la realidad de una demarcación tan compleja puede avanzar si prevalecen las divisiones y los intereses particulares por encima del bienestar colectivo.
Hoy la Cuauhtémoc tiene ante sí una oportunidad histórica., la oportunidad de recuperar su papel como una alcaldía de vanguardia, donde la riqueza de su historia y la energía de su gente se traduzcan en mejores condiciones de vida para todas y todos.
Porque la Cuauhtémoc, por lo que representa para México, merece más.
Hacemos comunicación al servicio de la Nación y si así no lo hiciéramos, que el chat nos lo demande.

Deja un comentario